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Archivo de Octubre, 2009

Yo soy ‘feo’… y me gusta

Mircoles, 7 Octubre 2009

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El periódico The Guardian se hizo eco de la iniciativa de la revista femenina alemana Brigitte por la que a partir de 2010 prescindirían de modelos profesionales al sentir que no representan a sus lectoras. ¡Bravo! ¡Por fin una voz sensata! Ya empezaba a preguntarme si estaba loco, si era el único que veía que la imagen de la actriz Keira Knightley en la publicidad de Chanel no sólo puede ser considerado apología de la anorexia extrema, sino que me atrevería a calificarlo como terrorismo sanitario-emocional contra las mujeres. (Que conste que adoro Chanel y su publicidad, especialmente aquella época de Inès de la Fressange, solo que lo de la Knightley me pone de los nervios porque es antiestético).

La firma cosmética Dove ya puso en práctica su especial cruzada en pos de la dignificación de la mujer real. ¿Qué hay de malo en la mujer real? ¿Por qué han de hacernos sentir mal con ser como somos? ¿La moda no debería embellecer y ayudarnos en vez de tener que ser nosotros los que tenemos que sacrificarnos por la moda? ¿Cuántas veces te has sentido humillada/o cuando has entrado en una tienda y un/a dependiente insolente te ha soltado a bocajarro “no tenemos nada de su talla”? A mí no me humillan con esa actitud, me ponen de mala leche, por lo que siempre respondo “no, no tienen nada que esté a mi altura”. ¡Y encima no comprenden a qué viene esa respuesta! Es como cuando entras en una tienda de Calvin Klein, por ejemplo, y te encuentras esos dependientes que en vez de entrevista de trabajo han debido de hacer un casting, porque son ultra delgados y esbeltos, vestidos con la ropa de Calvin Klein, y te dices: aquí no compro nada, porque por mucho que me gaste jamás jamás me estará la ropa como a él.

La gente real no tiene glamour” me dijo una vez un aspirante a fotógrafo cuando le propuse hacer un edito de moda con gente real. “No la tendrá tu madre o tu hermana” me dio ganas de decirle. Pues yo creo que sí tiene glamour la gente real, porque el glamour no es algo que vaya asociado a una talla. Es una actitud. Y si en el post del otro día sobre la ecuación de la elegancia introducía la variable F (Físico), no es porque el físico dé la elegancia sino que los diseñadores generalmente no saben hacer ropa que quede bien a físicos no convencionales (o con un poquito de tripita tan siquiera)… afortunadamente aún tenemos a los sastres y modistas en el negocio.

Andreas Lebert y Brigitte Huber, cabezas visibles de Brigitte, afirman que dejarán de lado a las modelos profesionales y recurrirán a la mujer de la calle y se les pagarán tarifas similares a las de las modelos (adelantándose a los maldicientes que apuntan a un intento de ahorrar costes). Lo cierto es que una publicación que saca al mercado 720.000 ejemplares cada dos semanas puede sentar un buen precedente para subir la autoestima de todos aquellos que nunca seremos sílfides. Es gracioso cómo comentan desde la revista que el uso del Photoshop es el inverso al tradicional, lo aplican a engordar los muslitos de pajarito de las modelos profesionales y darles formas más rotundas a sus siluetas, para que se aproximen a lo que la mujer ‘real’ puede considerar un modelo a seguir.

Las revistas ‘aspiracionales’ no son ajenas a este movimiento, y de cuando en cuando dedican números especiales a “todas las tallas” o “todas las edades”, pero no deja de ser anecdótico. Hay que firmar un compromiso por la mujer real, empezando por los diseñadores, que deben formarse (digo bien, “formarse”) para hacer prendas para todas las tallas, no que cuando quieren hacer una talla grande lo único que se les ocurre es ampliar la escala, como si quisieran vestir a una giganta de hechuras perfectas. “Tú te llevas el vestido –le dijo una vez una dependienta de boutique de un diseñador español a una amiga gordita– y una buena modista te lo puede ajustar por que tiene de donde sacarle”. Mi amiga no compró el vestido, sino que se compró una tela bonita, se fue a la modista y le hizo que le copiara el modelo. ¿Por qué tenía que pagar dos veces? Una vez al diseñador que le ofrecía un vestido imperfecto y otra a la modista que arreglaría la imperfección.

Yo soy real, vulgar, normal, hiper normal o subnormal, feo incluso… como quieran llamarme, me da igual, y estoy muy orgulloso de ser como soy, porque lo perfecto (o lo que gustan denominar ‘perfecto’) me aburre hasta la extenuación.

La importancia de llamarse Lomana

Lunes, 5 Octubre 2009

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No sé si voy a hacer una reseña de una persona con estilo, una crítica televisiva, o un híbrido de ambos géneros. Lo cierto es que el viernes pasado me encontraba arrumbado ante el sillón con ganas cero de existir y con el propósito de vegetar, y en aquello de que hacía zapping me topé con Carmen Lomana en el plató de Salvame Deluxe, que como dice Jorge Javier Vázquez hasta la saciedad suena a puticlub.

Aquí hago un alto en el camino y admito mi adicción a Sálvame en sus dos formatos. Han conseguido, independientemente de su contenido, crear una fórmula que engancha como el crack, con ese toque circense que te arranca una sonrisa y esa descarnada crueldad que hace que tu vena morbosa disfrute a rabiar. Su plató es un campo de minas que sólo pueden pisar dos tipos de personajes populares: los acorazados e intocables, que están por encima del bien y del mal, o los desesperados que no tienen nada que perder porque ya lo perdieron todo por el camino. Carmen Lomana pertenece a los primeros, a los intocables, aunque los colaboradores pensaron que podrían con ella, como confesó honrosamente Pilar Eire, que comentó que había llegado con el propósito de poner en evidencia a una Lomana superficial y se iba con los esquemas rotos sobre ella.

Porque eso es lo que hizo Carmen: romper esquemas. Ya nos lo habían avisado algunos en artículos escritos, que La Lomana era mucho más que la imagen que daba, pero hacía falta una entrevista en directo para constarlo, porque ya se sabe, una imagen vale más que mil palabras. La mujer frívola, superficial, de personalidad plana que conocemos del front row de las pasarelas se rompió en añicos y nos reveló que había un cerebro debajo de su rubia melena, un corazón bajo el vestido de Oscar de La Renta, y una gran personalidad que hasta ahora había pasado desapercibida por esa forma de hablar que tiene que parece el efecto adverso de un porrito.

Y ahora que lo pienso, las mujeres con verdadera clase (en España y fuera de ella), esa gente que se ha criado en un ambiente distinguido desde pequeñas y han sido educadas en consonancia, siempre hablan despacito, como rumiando las palabras. Recuerdo una rica heredera muy mediática que conocí en Nueva York que hablaba con la cadencia de Isabel Preysler (por aquel entonces no sabía que existía Carmen Lomana), a la que le pregunté por qué se tomaba tanto tiempo para estructurar cada frase y expresar las ideas, a lo que me respondió que lo hacía simplemente porque podía hacerlo, porque la gente estaba interesada en lo que estaba dispuesta a decir y que esa gente esperaría cuanto fuera necesario para que ella dijera lo que quería decir, ni más ni menos. Lo cierto es que hablar despacio es una manera de hablar correctamente y no cometer atrocidades con el lenguaje, y sobre todo de no decir nada que no sea conveniente.

Carmen Lomana se merece un lugar en el panteón de los iconos del estilo patrio, porque entre otras cosas, alegra las pasarelas con su presencia y su costumbre de no repetir modelito. Con el chófer a la puerta de IFEMA aguardando, entre desfile y desfile, para corre a casa a cambiarse y aparecer brand new en la primera fila del siguiente desfile. Yo, si fuera diseñador, es el tipo de front row que querría para mis shows, porque a diferencias de otras que jamás gastan un céntimo en ropa y siempre exigen que se les preste la ropa (e incluso cobran por comparecer), La Lomana es cliente de pago (justo lo que necesita nuestra industria de la moda).

No me importa de dónde ha salido, si es millonaria vía viudez o si ya venía de una familia bien, no me importa que se levante a la hora que se levante y que no tenga trabajo reconocido, o que tenga una batalla inacabable con “las mil gestiones”. Ser Carmen Lomana ya es un empleo full time. ¡Y ya era hora que tuviéramos una en esta patria nuestra en que todo es tan campechano y poco glamouroso!

Diego della Valle nos tiene en vilo

Viernes, 2 Octubre 2009

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Creo que Diego della Valle es un ejecutivo de la moda cojonudo, siempre pensando cómo darle un giro a las firmas de su grupo Tod’s S.p.A. Porque sabe que de la tradición solamente ya no se vive. Ya puedes tener un producto con el prestigio de 300 años de buen hacer, que si no va acompañado de una imagen moderna y vanguardista te lo comes con patatas fritas. Un ejemplo claro es lo que yo siempre he llamado “El Efecto Prorsum”, es decir, la línea de diseño de Burberry que Rose Marie Bravo (ejecutiva de la firma que se unió al grupo en 1997) se sacó de la manga fichando a Roberto Menichetti, primero, y a Christopher Bailey después. ¡Qué buen trabajo hizo Rose Marie Bravo! ¡Bravo por ella! Y contagió a todas las casas centenarias británicas que quisieron un lugar bajo el sol fashionista también: Aquascutum, Daks, Pringle of Scotland…

Pues Della Valle se propuso lo mismo. “Oye –se dijo–, ya que tenemos un producto tan bueno en Tod’s, unos zapatos y bolsos italianos tan chulos, vamos a posicionarlos en el mercado, que la cosa está muy malita con tanta competencia” (obviamente ni yo sé lo que pensó, ni él se expresaría así… pero para hacernos una idea vale). Así que en 2006 nombró al diseñador americano Derek Lam como director creativo del su buque insignia, Tod’s.

¿Y todo esto a qué venía hoy? ¡Ah, sí! A que me encanta la línea de ropa que Thakoon Panichgul ha creado para Hogan, otra de las firmas del grupo Tod’s S.p.A de perfil más asequible. En esta ocasión Panichgul ha prescindido de los maniquís de plástico y ha usado modelos de verdad como un modo de reafirmar el hecho de que la ropa está dejando de ser un complemento a los bolsos y está cobrando identidad propia. Lo que ha presentado es tan coherente con la línea de bolsos que Della Valle seguro que no está defraudado con la elección que hizo para ponerles las pilas a Hogan.

Es curioso como Diego della Valle siempre cuenta con la importante opinión de Anna Wintour para contratar diseñadores. Anna va colocando a sus ‘niños’ con cuidado e inteligencia, y Della Valle, sabiendo que “hoy por ti, mañana por mí”, le da cancha a la Wintour de la espera una repercusión mediática para sus firmas. ¿La próxima? Elsa Schiaparelli. Desde que se hiciera con los derechos de la prestigiosa firma que marcó las décadas de los 20 y 30, los rumores de relanzamiento han sido incesantes. Si “cuando el rio suena, agua lleva” el posible fichaje del belga Olivier Theyskens para revivir Schiaparelli es el Amazonas. Todo confluye para que sea así: Theyskens es de los pocos que tienen el talento para reinterpretar a la gran dama del surrealismo que fue Schiaparelli; Theyskens está sin trabajo desde que Nina Ricci decidiera darle un giro comercial a su línea de moda; Theyskens es uno de los diseñadores favoritos de Anna Wintour… Pero repito, son rumores. También se postulan para ese puesto Roland Mouret y Giles Deacon, o al menos esos dicen las malas lenguas.

Sea como fuere, tendremos que esperar a principios de 2010 para saber cuál es la decisión de Diego della Valle al respecto.