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Archivo de Marzo, 2010

¿En qué se parece Lagerfeld al Titanic?

Mircoles, 10 Marzo 2010

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¿En qué se parece Lagerfeld al Titanic? En que los dos toparon con un iceberg. 

¡Eso se avisa! En esta ocasión no he ido a París: porque el cuerpo no es de chicle y uno ya no tiene 20 años. El abuelete Agustín se ha quedado en casita atento a las presentaciones con sus zapatillas de paño y la calefacción a una temperatura ideal. Y por una vez me he alegrado de perderme una semana de la moda, porque si llego a ir al desfile de Chanel me corto las venas. No, no es que la colección haya sido horrible, al contrario, me ha encantado [con sus sombras y sus luces], el problema estaba en la temperatura ambiente.

Tengo ‘informadores’ por todo el globo. Gente que a lo largo de estos años ha fraguado una buena relación conmigo y que me da sus impresiones de lo que ven allá donde se encuentren. Una buena amiga, medio española y medio francesa, redactora de un prestigioso periódico francés era mi topo en el desfile de Chanel (¿no os encanta la palabra ‘topo’?). Ayer calculé más o menos a que hubiera terminado el desfile y la llamé para conocer sus impresiones, el ambiente, personalidades que había asistidos, cotilleos que circulan entre los asistentes…

Al otro lado del teléfono había mucho bullicio.

-Aló, Marianna, soy Agustin.

-Hola, Augustin –tengo esa cruz, siempre meten una U en mi nombre donde no debe haberla.

-Hay mucho ruido, ¿estás todavía en el show de Chanel?

-Non, estoy en un restaurante, ¡achissssss!

-¡À tes souhaits!

-Merci.

-Te noto la voz rara, ¡estás temblando!

-Y voy a caer enferma por culpa de las locas ideas de Lagerfeld.

Yo no comprendía nada hasta que me explicó que “notre ami Karl” no se le había ocurrido otra cosa que llevar 256 toneladas de iceberg al Grand Palais para crear la escenografía del desfile. ¿¿¿??? Así me quedé yo.

Hielo importado expresamente desde la zona norte de Suecia. Y esto suscita mil preguntas: ¿dónde se compra un glaciar?, ¿vas a la embajada de Suecia y les pide que te manden 256 toneladas de hielo?, ¿o le dices a los becarios del estudio de Chanel que cojan un pico y un ‘furgoneta’ y se hagan una excursión de fin de semana?, ¿qué trámites burocráticos son necesarios para importar un iceberg?, ¿a quién se lo compras?, ¿qué se hace con él después?, ¿se deja que se vaya derritiendo mientras las limpiadoras del Grand Palais van recogiendo el agua con sus fregonas? ¡Qué alguien me lo explique!

Así los asistentes empezaron a ver su gélido aliento cuando accedieron al espacio donde se realizó el desfile. La temperatura había descendido a -4ºC de repente. Escalofríos, estornudos, invitados que trataban de mantener el tipo… ¡eso se avisa, Lagerfeld! Eso se pone una nota a pie de invitación que exija ir con ropa para la nieve y la gente ya no puede quejarse. ¡Porque mi amiga Marianna estaba de un humor de perros! Tal como terminó el show salió corriendo a un restaurante que hace esquina entre la Rue Jean Goujon y la Avenue Franklin Delano Roosvelt para tratar de entrar en calor con un café hirviendo.

El mensaje de este despliegue estaba claro: Con el cambio climático las vastas extensiones de hielo merman y la vida salvaje está en verdadero peligro… Y yo añadiría: y tú llevándote el hielo a París no ayudas en absoluto.

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[Lo que es seguro es que Lagerfeld ha conseguido que todos hablemos de su desfile].

Oscar a la elegancia a…

Lunes, 8 Marzo 2010

Este año el buen gusto  ha regresado a la alfombra roja del Teatro Kodak de Los Angeles. Reñido como estaba desde hace algunas ediciones con Los Oscars, vuelvo a rendirme al poder de su escaparate de glamour. Parece que las actrices y estilistas han dejado atrás la fase “discreta” y anodina que venía marcando esta fecha para retomar el esplendor y el espectáculo. Este año parece haber dominado un triunvirato de color contundente: gris-lila-borgoña y sus derivados tono arriba o tono abajo.

Si una firma se está imponiendo con fuerza en este evento es el dúo que lleva el nombre de Marchesa, que desde que aparecieran en 2004 se han convertido en un nombre ineludible a la hora de los resúmenes anuales de la alfombra roja. Este año hemos visto de Marchesa a las actrices Sandra Bullock y Vera Farmiga, cada una con un estilo radicalmente opuesto, la primera con un vestido de terciopelo brillante de tono achampanado con bordados de silueta minimalista pero impacto visual rotundo, mientras que la segunda ha preferido darle vuelo y movimiento a su look con un espectacular vestido fucsia de grandes volantes rizados.

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Es muy importante que el diseñador avise a sus clientas de qué otras celebrities vestirán con su nombre en la gala y qué clase de vestidos llevarás para que no coincidan en gustos y se lleven el susto de Jennifer Lopez y Amanda Seyfried, que coincidieron en dejarse vestir por Armani Privé. Y si siempre digo que Armani me abuuuuurrrreeeeee con su prêt-à-porter, he de quitarme el sombrero con su alta costura. Peeeeeroooooo… ambas actrices llevaban vestidos confeccionados con la misma tela, que a pesar de estar materializados en siluetas bien diferentes, el efecto óptico es el de “¡coincidencia!”. Y eso, conociendo a JLo ha tenido que ponerla de los nervios.

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Volviendo a Marchesa: otra actriz que recurrió a ellas fue Gabourey Sibide, que fue envuelta en drapeados que no lograban contener su desbordante anatomía, y es que esta gala ha tenido una destacada presencia de mujeres ‘rotundas’, algunas vestidas con más acierto que otras, algunas con unas carnes más estéticas que otras. Sólo hay que ver cómo lucia Gabourney y cómo destacaba Queen Latifah en su Badgley Mischka, sacando partido a sus curvas.

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Igual que las mujeres entradas en carnes tienen que ser muy cuidadosas al elegir su ropa, otro colectivo que debe tener en cuenta ciertos códigos estéticos son aquellas actrices que ya no pueden hacer papeles de treintañeras, es decir, las que ya pasan de la cincuentena en vocabulario no-hollywoodiense. Kathy Bates se mostró muy consecuente con su edad y talla, resplandeciendo como gran dama de la escena con un vestido negro sin ningún misterio (salvo su diseñador) y un chal transparente que cubría sus brazos desnudos, cosa que una mujer de edad debe evitar mostrar. Helen Mirren también se decantó por Badgley Mischka, y del mismo modo que Bates cubría sus brazos con tul transparente. Y es que Mirren siempre destaca por ser de las actrices maduras que mejor visten.

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El look grecorromano dejó buenos momentos sobre la pasarela, ya sea por parte de Molly Ringwald, así como de la mano de la maravillosa Sigourney Weaver en su espléndido Lanvin. Ambas se decantaron por escotes asimétricos recogidos al hombro y telas recogidas formando drapeados. Ambas espléndidas y sin ostentación.

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Pero las ganadoras de la noche, si hubiera un Oscar a la elegancia, fueron dos, una senior y una junior. En la liga senior Meryl Streep ha demostrado una vez más que es la reina de los Oscars, ya sea siendo nominada, llevándose estatuillas a casa o simplemente paseando a la entrada de la ceremonia. ¿De quién iba vestida? De Chris March, una de los participantes de Project Runaway, que no ha tenido una trayectoria muy seria pero que esta aparición de Meryl Streep podría consagrarlo. Entre las jóvenes destacó Zoe Saldano y su epatante vestido de Givenchy que hace que nos reafirmemos en el convencimiento de que Riccardo Tisci es uno de los grandes maestros de la nueva generación de couturiers.

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PD. ¿Penélope Cruz? Correcta, discreta, no muy favorecida… es decir, vestida de no-ganadora. Ella sabía que no se lo llevaba, atraer las miradas en esa tesitura hubiera sido un error.

Carine Roitfeld abofeteada por Balenciaga… metafóricamente

Viernes, 5 Marzo 2010

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¿Hay cosa menos elegante que un ‘lista negra’? Sin embargo en el mundo de la moda abunda la práctica del ‘blacklisteo’ (término inventado por mí –creo– y que significa poner en la lista negra a alguien, así que si lo usáis pagadme royalties). La última que lo ha padecido ha sido la mismísima Carine Roitfeld, sacerdotisa suprema del Vogue París. Cuando se supone que cualquier diseñador daría un ojo, un riñón, un trozo de colón y parte del hígado para que esta mujer se sentara en el frontrow de su desfile, van los de Balenciana y la ponen en su lista negra. Ni Roitfeld ni su equipo fueron invitados al desfile de Nicolas Ghesquière. Cuando se le preguntó a la editrix más tarde en el desfile de Nina Ricci confirmó que los habían metido en la lista negra: “Está muy mal, es una bella casa y es francesa, espero que no sea para siempre” dijo Roitfeld, elegante ella pero no muy afectada. La casa Balenciaga no dejará ropa para los editoriales y no se anunciará en las páginas de Vogue París. ¡¿Por qué?! Eso es lo que quisiéramos saber todos. Roitfeld solo dijo “preguntádselo a ellos”. Y “ellos”, por supuesto, declinan hacer comentarios.

Supongo que ya nos enteraremos, estas cosas terminan trascendiendo, y casi siempre son o malentendidos absurdos o guerras editoriales encubierto. Si Roitfeld adora el trabajo de Ghesquière… ¿Qué ha podido hacer para agraviarlo? ¿O tiene algo que ver la estrecha amistad de Nicolas con Anna Wintour (ahí paro de leer)?

Me imagino la sorpresa de Roitfeld, tan apuntalada en su atalaya de la Rue du Faubourg Saint-Honoré, cuando se enteró de que alguien osaba blacklistearla. En estos casos todo empieza cuando programas los desfiles a los que vas a asistir y te das cuentas de que te falta alguna invitación. Entonces le preguntas a tu asistente. Esta se recorre toda la redacción buscando la invitación extraviada hasta que constata que no sólo no ha llegado la de la editora en jefe, sino que nadie del equipo ha recibido la suya. Entonces llama al cuartel general de la marca, desde donde con voz glacial y desagradable (llevan semanas preparados para esa llamada) le comunican que lamentándolo mucho no están invitadas. ¿Qué opciones tiene un editor en esos casos?, ¿te cabreas y emprendes una vendetta pública y mediática contra la firma, dándole popularidad y publicidad gratuita?, ¿o mejor te callas elegantemente y esperas a que se les pase el enfado pensando para dentro “arrieros somos y en el camino nos encontramos”?

Un editor de moda que no haya estado en una lista negra es que no ha hecho bien su trabajo, es decir, se ha mostrado complaciente a diestro y siniestro, más siniestros que diestros. Suzy Menkes, por irme al escalafón más alto, a lo largo de su carrera ha estado vetada en ocasiones en los desfiles de Miucca Prada, Versace y famosos son sus “agarrones” con Marc Jacobs; Cathy Horyn del New York Times se convirtió en persona non grata en los desfiles de Armani y Dolce & Gabanna; Karla Martinez, también del New York Times, tampoco recibía calurosas invitaciones a asistir a los desfiles de Carolina Herrera… Ese es el precio de la independencia. ¡¡Ay, si Cibeles no se hiciera con dinero público en cuantos desfiles estaría vetado yo!!… Eso sí, de mis buenos insultos no me ha librado nadie.

Sobreviviendo a DVF

Mircoles, 3 Marzo 2010

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Es increíble cómo el personaje puede fagocitar al diseñador. La mayoría de las veces  la cara que le ponemos a una firma de moda sólo es la punta del iceberg. Por debajo de ese ‘personaje’ hay equipos amplísimos de gente que investiga, diseña, hace pruebas… Y de vez en cuando uno de esos trabajadores de second row tiene su oportunidad para ponerse bajo el foco. Pero mal negocio es cuando abandonas un puesto en la sombra para ocupar uno en la penumbra. Eso es lo que ha hecho Yvan Mispelaere (a la derecha en la foto de arriba), que se incorpora como director creativo a Diana von Furstenberg el día 1 de abril, aunque ya está haciendo tourné por París de la mano de su nueva jefa.

Mispelaere (ahora toca aprenderse el nombre, ¡¿para qué ponérnoslo fácil con un simple ‘Smith’?) tiene un curriculum impresionante: ha pasado por Lanvin, Louis Feraud, Valentino y fue director de diseño de Phoebe Philo en Chloé. Diana se lo ha robado a Frida Giannini, ya que hasta el momento Yvan estaba al frente del departamento de diseño de mujer de Gucci. ¡Oh, sí! Llega “enamorado del ADN de la firma Diana von Furstenberg” pero ya anuncia una nueva era.

¿Pero es un buen negocio este puesto? Espero que le compense económicamente y sinceramente pienso que este no es un destino final, sino un escalón más que hay que dar para que su propio nombre se establezca algún día. Porque… decidme, ¿a quién sustituye Yvan Mispelaere?

UNO

DOS

TRES…

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¡Basta! ¡No se tarda tanto en buscarlo en Internet! El que se va es Nathan Jenden (junto a Diana en la foto de arriba), y ha trabajado nueve años al lado de la carismática Diana… y aún así es un desconocido. Me pregunto: si la firma Diana von Furstenberg ha sufrido un espectacular crecimiento de ventas y popularidad en estos últimos 10 años (después de un largo periodo en que estuvo totalmente olvidada) y Jenden lleva trabajando nueve años en la firma… ¿no encuentran una correlación puramente estadística?

Jenden se va a centrar en su colección ahora y no le deseo suerte porque tiene talento, y con eso todo sobra. A Mispelaere sí le deseo suerte, cuando termine su asociación con Diana tendrá seguramente material para escribir una autobiografía que se titule “Sobreviviendo a DVF“?

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La ‘Unstructured’ de Roberto Diz

Lunes, 1 Marzo 2010

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En España no abundan los diseñadores que hagan colecciones ‘crucero’, no es una tendencia muy arraigada en los climas mediterráneos. Pero el otro día, justo antes de Cibeles, asistí a una presentación de una cruise collection, la de Roberto Diz, que para los asiduos a este blog ya es conocida mi ‘adoración’ por esta alma creativa desterrada… sí porque trabajar en moda desde Andalucía es como un destierro (con calidad de vida). Pero cuando existe ‘talento’, sea donde sea donde lo ejerzas termina convirtiéndose el centro del universo. ¡Qué críptico! Me aclaro… vamos, que al lado mío en el desfile tenía a una señora que llegó esgrimiendo un “Danke! Danke!” que despertó mi curiosidad, y resultó ser una de las clientas del diseñador gallego venida expresamente desde Liechtenstein. ¿Podéis imaginar el nivel en el que nos estábamos moviendo? De hecho, le gasté una broma a una a mis acompañantes, una socialité sevillana, y le dije que “la PETA aquí no sabría por dónde meter mano”, en referencia al aquelarre peletero al que las señoras se habían sometido. Y es que a la postre a un diseñador no lo define su trabajo, sino los invitados a sus desfiles, y en el de Roberto Diz había mucha fortuna reunida, pero fortunas silentes, de las que extienden talones sin pestañear, no como en los desfiles madrileños en que hay mucha cara elegante que se pasa por el estudio del diseñador para que le ‘presten’ (o le regalen, si le echan morro al asunto) un vestido mono.

Roberto presentó una colección extremadamente elegante, muy pensada para su clientela, con una concepción muy ‘Hollywood años dorados’ que en ocasiones recordaba las maravillosas imágenes de Horst P. Horst de los años 30 donde retrataba a Helen Bennett como una diosa grecorromana y ponía frente a su objetivo los maravillosos evening gowns de genios ya olvidados como Alix. Roberto sabe que en esa década radica una elegancia que jamás se repetirá y la trae al presente adoptando un estilo plagado de telas con caídas, perfectas para crear drapeados de aspecto anárquico pero que un estudio más profundo revela un determinismo inamovible en cada pliegue. Hombros muy marcados, caderas rotundas al gusto de las poderosas amazonas de antaño, ciertos toques lenceros y corseteros, y detalles casi invisibles que marcan la diferencia como los toques que en ciertos pliegues pone de strass, invisibles para la vista salvo por sus destellos.

El título de esta colección es ‘Unstructured’, y puede ser paradójico, porque cualquiera que vaya a lo obvio podría esperar un ejercicio de desestructuración al más puro estilo belga. Pero hete aquí que el título no es ‘Desestructured’ sino que el diseñador elige la negación de la estructura como hilo conductor, creando unos patrones en sus vestidos que son un canto ‘aparente’ a la libertad y la anarquía arquitectónica. Sus siluetas parecen improvisaciones: caftanes hiperholgados que cobran forma cuando son ceñidos por una correa a la cintura, looks que parecen piezas de telas que envuelven a la mujer de manera premurosa…

El desfile se realizó en el espacio en dos plantas que ofrece el Hotel Palacio Villapanés de Sevilla, y es que Roberto lleva algunos meses ya residiendo en Sevilla, a donde ha desplazado su atelier desde Jerez. Un movimiento muy inteligente, porque para su selecta clientela jerezana (allí hay muuucho dinero y poca ostentación, signo de buen gusto) venir a Sevilla es un gesto común y habitual, mientras que una nueva clientela sevillana (más de la que ya acudía a su estudio) tiene ahora a mano a este genial diseñador, y lo que es más importante, con un puente AVE Madrid-Sevilla que dejan sin excusas a las más perezosas de la capital.

La moda ni acaba ni empieza en Cibeles, tomad nota.

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