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Hasta las narices de las musas anglosajonas

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Hay una cosa que me revienta de la moda española: la falta de referencias culturales o estéticas patrias de la que hacen gala. Es más fácil encontrar un homenaje a David Hockney que a Zurbarán, es más fácil que en una nota de prensa se nombre la influencia de Dior que de Manuel Piña, y si nos remitimos a las musas que inspiran las colecciones… De Peggy Guggenheim a Diana Vreeland, de Greta Garbo a Virginia Wolf, etc… ¿Y las españolas? ¿Qué dices, que no hay mujeres interesantes y que sentaron cátedra de estilo? ¡¡Qué ignorancia!! Lo que pasa es que aquí siempre esperamos que vengan de afuera para descubrirnos nuestros iconos y somos incapaces de bucear en nuestra historia para dar con ellos. Es más fácil que venga Christian Dior y nos redescubra a  Zuloaga o Velázquez en sus colecciones, ¿para qué vamos a hacer el esfuerzo de gozar de nuestro patrimonio si ya estamos obsesionados con los iconos anglosajones?

Aquí en España también ha habido mujeres muy interesantes dignas de estudiar y reinterpretar en clave de moda. A bote pronto, a ver qué se me ocurre: ¡La Bella Otero! Espero que su nombre suene, porque si no es como para cortarse las venas, ya que a finales del s. XIX fue un equivalente (a nivel celebridad) a lo que hoy es Penélope Cruz. Nacida en España, esta bailarina hizo su carrera en Francia y fue uno de los personajes más destacados de la Belle Époque, figura imprescindible en los círculos artísticos y la vida galante de París.

Su biografía no tiene desperdicio. Fue hija de madre soltera, huyó de su casa en A Ponte de Valga con solo 10 años tras sufrir una agresión sexual y se enroló en una compañía de cómicos ambulantes portugueses. De bailarina de baja estofa y prostituta llegó a ser una bailarina conocida en toda Francia como La Bella Otero, que sonaba muy exótico para los franchutes, por eso fomentó ese lado ‘español’ y llegó a inventar que era andaluza y de origen gitano. Conquistó el mundo con giras internacionales que la llevaron de Nueva York a Moscú donde conoció al mismísimo Rasputín. Y fue amante de Guillermo II de Alemania, Nicolás II de Rusia, Leopoldo II de Bélgica, Alfonso XIII de España, Eduardo VII de Inglaterra… Como cortesana de lujo amasó una gran fortuna que tiraba en los grandes casinos de la época por culpa de su ludopatía, así es que al final de sus días subsistió con una pensión que le pasaba el Casino de Montecarlo en agradecimiento por los millones que se dejara en sus mesas de juego.

Fue gran estrella de Folies Bergère (eso mucho antes de que Norma Duval se hiciera la reina de aquel escenario) y como gran artista su estilo iba siempre en consonancia. Si John Galliano la descubriera estoy seguro que le dedicaría una colección de Alta Costura, porque si miráis las fotos… ¿a que hay imágenes muy Dior?

PD. Este tipo de research creativo que yo he plasmado someramente en este post es lo que Amanda Harlech hacía para Galliano y ahora hace para Lagerfeld, así que si hay algún diseñador que quiera convertirme en su ‘asesor creativo’ con un sueldo inmoral que deje la ficha de Cristiano Ronaldo en pañales lo podemos negociar.

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4 respuestas to “Hasta las narices de las musas anglosajonas”

  1. Rocío Melo Dice:

    Te doy toda la razón.
    Un beso.

  2. Hong Kong Blues Dice:

    No puedo estar más de acuerdo contigo. Así somos en este país. La Bella Otero fue icónica. Y no la única.
    Por cierto que me acordé de ella en Cannes, pues se dice que las cúpulas del hotel Carlton fueron inspiradas por sus pechos. Por no hablar de otras anécdotas.
    Genial post. Y necesario.
    Un abrazo.

  3. mayte soler Dice:

    Eres genial, con toda la razón. Hoy te has superado a ti mismo impresionante.

  4. physician assistant Dice:

    My cousin recommended this blog and she was totally right keep up the fantastic work!

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