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McQueen nunca se fue

París, París y París. Una vez más París eclipsa al resto de las fashion weeks del mundo. En París todo es radical. Ellos se saben la cuna del savoire faire. Tienen asumida su condición de pueblo elegido que se alza sobre la colina para iluminar al mundo. Como pronunció John Winthrop a bordo del Arabella en 1630 a los peregrinos que arribaban a Nueva Inglaterra: “For we must consider that we shall be as a city upon a hill. The eyes of all people are upon us”. Pues eso, los ojos del mundo están sobre ellos… sobre los diseñadores que desfilan en París.

Si en alguien estaban puestas todas las miradas, clavadas hasta hacer sangre, es en Sarah Burton, la sucesora de Alexandre McQueen al frente de la casa que lleva su nombre. Esta era su primera colección de prêt-à-porter femenino con su firma tras el fallecimiento del genio. ¿Podéis imaginar la presión que ha podido vivir mientras la preparaba? Muchos tendrían escrita a priori su crítica en plan: “un trabajo excelente donde Burton sigue los paso de su mentor pero sin la genialidad de este”. Los que lo hayan hecho habrán tenido que tirar sus prejuicios a la basura y empezar a buscar nuevos calificativos para ensalzar a Burton sin sentir que traicionan la memoria de McQueen. En un caso tan trágico como el de Alexander todos tenemos un sentimiento semejante a que nuestro papá (Robert Polet, CEO de Gucci) nos ha metido en casa a una madrastra (Sarah) tras la recentísima muerte de mamá (Alexander), y no podemos negar que tenemos sentimientos encontrados al respecto. ¿Pero se nos olvidaba que Sarah no es una desconocida, trabajaba con ALexander desde  ya era la directora de diseño de la línea femenina de McQueen?

Tras la colección presentada en París ayer sólo puedo decir: ¡olé, olé y olé! El primer olé por mantener el legado McQueen y respetar el sentimiento de orfandad que nos dejó. Olé por haber buscado su propia voz en la colección, y que imagino se irá haciendo más fuerte y cristalina a lo largo del tiempo, porque no se puede pedir a ningún diseñador que quede preso bajo la sombra de su antecesor y mutile su propio discurso. Y olé por su humildad al reconocer en una entrevista a pie de desfile a WWD que ella es “a bit lighter” que McQueen. Con ello no nos está pidiendo que seamos condescendientes con su trabajo, sino que respetemos su estilo, que sabe que no es el de su mentor.

La silueta de la colección es indiscutiblemente McQueen, pero hay un tono más relajado en todo lo que la envuelve. Hasta la puesta en escena abandona ese dramatismo gótico que siempre ha acompañado al trágico diseñador. Desaparecen las rigideces y aparecen prendas de caída más relajada, no tan exigentes con la impecabilidad de su arquitectura. Hay drama, sí, pero menos histrionismo (que en manos de Alexander ponía los vellos como escarpias y te podían hacer llorar víctima de un síndrome de Stendhal… y que como sucesor, si no estás seguro de conseguirlo, mejor no lo intentes).

La canción que cerró el desfile no tengo claro si ponerla en boca de los vivos que se quedan o tiene matices de ultratumba. “I’ll Be There” era el tema de clausura. ¿Estaré ahí, yo, Sarah Burton, con mi propia personalidad a pesar se caminar a la sombra del mito? ¿O estaré ahí, yo, Alexander McQueen, el mito que nunca abandonará nuestros corazones proyectando su enorme sombra sobre los que se calcen sus zapatos?

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Una respuesta to “McQueen nunca se fue”

  1. Hong Kong Blues Dice:

    ¡Qué bueno que sucedan cosas como ésta!
    Un abrazo

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