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Cómo identificar prendas de inspiración ‘lencera’

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A veces uno lee cosas en la prensa especializada en moda como para caerse de espalda y no levantar jamás. Pero donde verdaderamente dan ganas de darse de cabezazos contra la pared es al repasar los textos de moda que aparecen en los periódicos generalistas. Muchas veces los medios ponen a prueba la imaginación de pobres redactoras no especializadas que se ven en los menesteres de hablar de tendencias. Estas terminan recurriendo a términos que por sonar cool los meten por doquier. Uno de ellos es ‘deconstrucción’ y todos sus derivados. Cuento una anécdota de hace años que es muy recurrente en mi archivo de batallitas. Fue en Cibeles, ya hace tiempo, tanto que recuerdo que desfilaba Rocabert porque dejé en la sala de prensa un colgante que regalaron en su desfile y me desapareció para siempre jamás por el magistral hacer de una mano ágil. Recuerdo que volví a la sala de prensa para escribir mi crónica de un desfile cuando me percato que una chica joven sentada junto a mi ordenador habla sobre la colección en cuestión con otra que permanecía de pie. Le decía:

-¿Qué te ha parecido? –es muy común esa pregunta en apariencia inocente cuando no se tiene ni idea de lo que se ha visto.

-Ha estado bien –la otra, periodista vieja y maleada se negó a darle pistas de por dónde iban los tiros.

-A mí me ha gustado –insistía la joven-, las telas eran estupenda, ¡y esa deconstrucción!

¿¿¿¿???? ¿Cómo? ¿”Deconstrucción”? ¿De qué hablaba? La colección en cuestión era una sucesión estupenda de trajes chaqueta sastre, abrigos sastre, y vestidos Jackie Kennedy, todo dentro de la más estricta ortodoxia costurera. No había NADA que pudiera tildarse de deconstrucción. Lo único deconstruido que se vio ese día en Cibeles había sido mi pantalón, cuyo bolsillo se había quedado enganchado en un saliente de una mesa y ahora se mantenía en su sitio gracias a un imperdible de emergencia (seguramente aquella chica pensaría que aquello debía ser lo último de lo último en tendencias).

Otra palabra que se usa alegremente es ‘LENCERO’. Para aquellos que no lo sepan es un palabro derivado de ‘lencería’ (en verdad lencero según el diccionario de la R.A.E. es aquel que hace lencería, no un adjetivo). En moda cualquier sustantivo se puede convertir en adjetivo añadiéndole el sufijo “-ero” como en el caso de ‘corsetero’, ‘ochentero’…

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En mi sempiterna labor didáctica voy a iluminar al mundo ofreciendo una selección de prendas lenceras (abajo) para que el término nunca más sea equívocos. ¿Qué prendas podemos llamar ‘lenceras’? Toda aquella que nos recuerde a la lencería en la que se utilicen tejidos propios de ella y recursos como encajes y jaretas… Quieto, no toda prenda con encajes es de inspiración lencera. Esta temporada está muy en boga todo lo que nos recuerde la ropa interior de nuestras abuelas, aquellas prendas íntimas hechas en algodón o lino adornada con primorosas puntillas. Un buen ejemplo es el top de Mango que reproduzco un poco más arriba. En estos casos ilustrativos una imagen vale más que mil palabras pero tened en cuenta que lencero es todo aquello que os recuerde a pijamas, saltos de cama, combinaciones, ropa íntima y (en algunos casos) ropa de cama al estilo de las sabanas que tu madre guarda aún intacta del ajuar de su madre.

Por favor, utilizar correctamente las palabras… incluso las que nos inventamos los redactores de moda. ¿No creeis que debería haber algunos redactores de moda y belleza en la Real Academia de la Lengua Española para dignificar las atrocidades que hacemos con el lenguaje en las revistas?

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