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Diario de un aristócrata III Nobleza obliga… a trabajar.

Mamá, La Baronesa, dice que tengo que trabajar, que no quiere que adopte costumbres plebeyas como eso de estar parado. Dice que en tiempos de crisis la nobleza ha de marcar la diferencia. Me ha dado hasta el lunes para que decida qué quiero hacer con mi vida. Me pregunto: ¿en qué puedo trabajar? Y más importante: ¿cómo se trabaja?conde-de-paladin.jpg

Si antes digo que en mi familia lo de trabajar siempre ha sido como muy demodé, antes voy y me cruzo a mamá en los jardines de palacio cuando me disponía a practicar el golf. Realmente golfear en palacio es un incordio, porque nuestras posesiones están enclavadas en pleno casco histórico y las bolas salen inexorablemente por encima de los muros del jardín. A pesar de que pongo a Estebaneo, vestido de librea (por supuesto), a vigilar extramuros para que cace toda pelotita descarriada, siempre que practico termino con gente impertinente del vulgo llamando a la puerta para reclamar parabrisas de coches, cristales de ventanas o heridas en la zona craneal. Para colmo la ley está muy mal dispuesta, y me di cuenta la primera vez que llamó a la puerta un tipo con la pelotita en la mano y un buen bollo en la frente. Yo simplemente recogí la pelota y le cerré en las narices. El muy rufián no se conformó con que me rebajara a darle las gracias por devolver mi pelota de golf hecha en Alemania, sino que me demandó, y el juez me obligó a resarcirle con 300 euros. Si hoy día el ser aristócrata no nos exime de cumplir la ley, ¿para qué demonios queremos los títulos?

El caso es que esperaba pasar una tranquila mañana en el jardín cuando me encuentro a mamá sentada en un banco con su buena amiga Doña Dorotea López de Guzmán y Hermoso, lo que en otro tiempo se hubiera llamado ‘camarera mayor’ y que hoy se ha democratizado hasta disfrazarse de amistad íntima. Pues va y me dice que ha estado pensando y que dado lo agitado que están los ánimos proletarios con esto de la crisis y el desempleo, cree que sería una idea excelente que buscara un empleo y me convirtiera en un ejemplo para el vulgo. Y yo pienso “¿y por qué no trabajas tú, vieja marsopa?” pero le digo “excelente idea mamá, de hecho ya tengo un empleo”.

Le cuento la propuesta que me han hecho los de PG Magazine esperando que esto le sea suficiente, pero la metomentodo de la de López de Guzmán y Hermoso me pregunta por el salario. ¡Y yo que creía que entre la nobleza el dinero era un tema de mal gusto! Así que le respondo, ya que mamá secunda su pregunta, que me van a pagar 200 euros por colaboración. Que al principio les dije que no quería favoritismo por mi nombre y me ofrecieron 85 euros, que es lo que cobra un redactor freelance, así que regatee y conseguí los 200 euros y una suscripción gratuita a todas las revistas de la editorial.

Mamá puso el grito en el cielo y me conminó a buscar un trabajo de verdad, algo como asesor de algún consejo de administración.

–¿Que tal si monto mi propia empresa de relaciones públicas?, eso se me da bien –le sugiero.

–¡Ni hablar!, ya sabe la máxima de la familia “trabajar sí, negocios no”.  –Estoy tentado de corregirla y decirle que eso es lo que siempre dice el tío Juanca, pero que nosotros no somos casa reinante–. No quiero imaginar en qué chanchullos te ibas a meter, te tendría que sacar de la foto familiar que mandamos por Navidad. Ya tengo bastante con lo de tu hermana la bohemia y el retiro a Suiza de tu hermano. Este año solo saldremos en la foto tu padre, yo, los perros y tú. Eres el único hijo que me queda en el christmas y no quiero que lo estropees.

Bueno, ni mi hermana es bohemia, sino una hippy que deshonra la familia, ni mi hermano está de retiro en Suiza, sino que eso es un eufemismo para su “retiro” verdadero (no podemos hablar de ello, mamá  nos obligó a firmar una cláusula de confidencialidad).

–Vale, una empresa no –le digo–, ¿y una fundación?

-¡No! He dicho que no. No más fundaciones. ¡Nada más que te fijas en las ovejas negras! Ya dije yo que dar cabida a plebeyos en el seno de la aristocracia solo nos traería dolores de cabeza. ¡Pero como ahora todo el mundo se ha vuelto tan moderno!

Así que me fui con el firme propósito de buscarme un trabajo serio. Llamé a mi íntima amiga Carmen L y le pedí consejo, porque ella es una mujer muy trabajadora y versada en la guerra de las mil gestiones diarias. Dice que trabajar es muy vulgar, pero que si debo hacerlo que explote mi imagen. Estoy de acuerdo: tengo elegancia, estilo, clase… no debe ser difícil encontrar algo en que estas raras cualidades se valoren, ¿o no? Yo no soportaría ser asesor de nada en plan ir a reuniones cada seis meses para escuchar discursos llenos de tecnicismos y votar a favor de lo que sea. No, eso no me interesa.

Lo mejor será buscar alguien que me encuentre trabajo y creo tener a la persona adecuada. Cojo el teléfono y en media hora… ¡Tengo agente! Toni es una excelente relaciones públicas que va a llevar mi carrera. Le digo que quiero algo que me ocupe poco tiempo, bien remunerado y que no me haga salir de casa antes de las 12 de la mañana. Me contesta que le deje pensarlo, que cree tener opciones, que hará unas llamadas. Me da buena espina, su bolso de Mulberry me da confianza. Siempre que he coincidido con ella llevaba unas pintas raras, muy ochentas, pero en el brazo nunca le ha faltado un buen bolso de marca. A una mujer se la conoce por su bolso.

***

Dos horas. Ha tardado en dar con algo sólo dos horas. Ya decía yo que esta chica era buena. A ver qué tiene que ofrecerme…

¡¿¿Sartenes??! Toni me ha propuesto ser imagen de un juego de sartenes. El slogan sería “cocina con clase”. Era una idea detestable incluso antes de que me confesara que tendría que ir a un sitio horrible llamado algo así como Carrofur para firmar sartenes, mezclarme con el populacho, darles la mano… Le he dicho que se lo quite de la cabeza, que no me mezclo con gente que huele a fritanga.

Me confiesa que el mercado de la imagen está muy mal. Que entre Olivia de Borbón y Rafa Medina tienen monopolizadas todas las firmas y presentaciones dignas que requieren de aristócratas. Por lo visto hoy día es más útil ser deportista o salir en Tele 5. Que habrá que buscar clientes nuevos que no hayan hecho con anterioridad campañas de imagen. O nos exprimimos las neuronas o termino haciendo promoción de una dieta milagrosa. ¡Pero si yo estoy estupendo!, ¿qué dice esta insensata? Ah, que era un decir. De pronto se me enciende una luz. Busco en la agenda y le paso un teléfono donde no me pueden decir que no.

***

He desayunado en palacio con mamá. Le conté mis planes laborales: voy a ser imagen de Sastrería Guzmán. Todos los varones de la familia somos clientes de Guzmán desde que mi bisabuelo, el Vizconde de Monfort, entrara por casualidad en ella para hacerse con un traje de urgencia cuando una paloma se le cagó encima yendo en la comitiva de la reina Victoria Eugenia. ¡Malditas palomas republicanas!

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4 respuestas to “Diario de un aristócrata III Nobleza obliga… a trabajar.”

  1. Clara Guzmán Dice:

    Muy bueno, Agustin. Me encanta tu ironía, tu sarcasmo y tu punzante ingenio. Enhorabuena.

  2. Virginia Dice:

    De nuevo, fenomenal! Una entrega divertida e ingeniosa, como las anteriores! Rápido, la próxima, que estoy deseosa de saber cómo le irá como imagen de Sastrería Guzmán!

  3. Esmoquin room Dice:

    ¿De sartenes? :O

    Jejejejejejejeje.

    Un abrazo,
    Jose

  4. Costas las de Levante Dice:

    Sartenes, pues no sé. Pero oye, ¿qué tal los cazos?

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