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Olivia de Borbón, imagen de Aristocrazy: “La moda es un sueño y estamos siendo demasiado sobrios”

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La pasada semana tuve la suerte de entrevistar a Olivia de Borbón, que ejercía una vez más como imagen de la firma de joyería Aristocrazy, la hermana joven y atrevida de Joyería Suárez. Personalmente tengo cierto desafecto por los personajes populares y trato de centrarme en el núcleo empresarial o creativo de las firmas de moda y soslayar el terreno de la ‘imagen’. Pero Olivia tiene demasiados puntos de tangencia con la moda como para considerarla una celebridad más. Ser hija de la primera directora de Vogue España, Beatriz von Hardenberg Zü Furstenberg, modelo de dilatada carrera, y asidua del front row de la moda nacional, hacen de Olivia una espectadora de excepción de la moda que nos ha tocado vivir. De ella, en verdad, sabía poco más que esto, a lo que añado algunos titulares que ha protagonizado en la prensa del corazón, pero tengo la costumbre de no juzgar los libros por la portada y procuro de cargarme de prejuicios frente a mis propios prejuicios a la hora de enfrentarme a un personaje popular. ¿Qué me encontré? Una mujer serena, de mirada muy inteligente, de esas miradas que te dicen que sabe lo que quiere y no está dispuesta a dejarse manipular, y una sonrisa medida y comedida, propia de la gente con una excelente educación. Siempre ha creído que a un aristócrata se le detecta por su sonrisa, esa sonrisa tan peculiar que no puedo explicar ahora mismo. Empezamos hablando, cómo no, para eso nos habíamos encontrado, de joyas:

¿Cómo es tu relación con las joyas? Es una relación que me viene desde niña. Me recuerdo buscando en el joyero de mi madre y probándomelo todo, para mí era como el cofre del tesoro. Me llamaba sobre todo las joyas con brillo. Con los años he tenido la suerte de encontrarme con Aristocrazy, que tiene una joya para cada momento, piezas verdaderamente indispensables.

¿Qué es lo que más te identifica con Aristocrazy? Yo soy muy camaleónica, lo mismo me ves en vaqueros y camiseta blanca que vestida de gala, tengo mucha tendencia a cambiar de look, y con Aristocrazy siempre encuentro la pieza adecuada para complementarlo.

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¿Y por la moda? ¿Cómo nace tu interés? Esa es una relación que viene desde que yo tenía cuatro años. Mi madre fue la primera editora de Vogue en España y recuerdo que me llevaba a la oficina. Siempre estaba rodeada de modelos, fotógrafos, diseñadores. Cuando la propietaria falleció la edición cerró y tardó en renacer como diez años. En aquel momento que le tocó vivir a mi madre no había, por así decirlo, moda en España. Ni existían los diseñadores de hoy, y los que había estaban empezando, ni fotógrafos. Allí se buscaban la vida como podían, incluso haciendo las fotos ellos mismos.

¿Y cuál es la principal lección que ella te ha transmitido en cuanto a moda? Que hay que vestirse según tu personalidad, nunca perder tu esencia. Aquí en España tenemos ese problema, parece que todos salimos de una fábrica, hay miedo a romper el look imperante. Tienes que ser consciente de quién eres y no ponerte lo que no te haga sentir cómodo. Y hay que innovar.

¿Qué te pareció la última edición de la pasarela madrileña? Se ha notado mucho la crisis sobre la pasarela. Hemos sido demasiado… No sé cómo expresarlo. He notado cierta falta de ilusión. La moda es un sueño y estamos siendo demasiado sobrios.

Tú desfilaste en Nueva York hace años, ¿verdad? Por todo el mundo. Con seis años hice mi primer anuncio de Schweppes y desde entonces no he parado.

¿Cómo recuerdas el tiempo que viviste en Nueva York? Como una etapa muy divertida. Yo estudiaba interpretación en el Lee Strasberg Theatre and Film Institute y mientras trabajaba de modelo buscándome la vida. Era un sueño hecho realidad: estudiaba lo que siempre había querido y estaba siempre rodeada de actores.

¿Cómo va el proyecto de las camisetas? (Serial Lover se llamaba, ¿no?) Ahí está. Abrimos hace unos meses, quizás no en el mejor momento, pero era un proyecto que venía de largo y había que tirar para adelante.

En contra de lo que muchos piensan llevar un apellido famoso, como Borbón, debe ser pesado a veces, ¿cierto? Bueno, y no hablemos de mi apellido materno, que es muy importante en Alemania. Por suerte pasé la infancia en Estados Unidos y allí no tenían ni idea de quién era yo, así que no viví con presiones y pude desarrollar mi personalidad.

Ser un personaje público debe hacer que muchos se te acerquen con prejuicios. Sí, es cierto, es muy común enfrentarte a gente que hace juicios y críticas sin conocer mi vida. Pero a estas alturas tengo mis escudos, aunque sí que ha habido momentos donde me ha dolido mucho.

¿Y no hiciste un ejercicio de reflexión previo a lanzarte a la palestra pública? No lo tuve. El periodo de reflexión fue después. Me retiré dos años de la vida pública. No quería enfocar mi carrera a ser conocida por mi apellido, sino por mi trabajo. Es duro darte cuenta que todo el mundo piensa que te conoce cuando ni se acercan lo más mínimo a lo que realmente eres. Ahora, con la perspectiva del tiempo, soy capaz de recordar aquello incluso con cariño… pero fue muy duro.

Pero volver a empezar de cero es un lujo que no siempre nos está permitido. Afortunadamente la prensa es efímera. Dejas de salir en prensa y desapareces del mundo. No me costó trabajo volver a empezar desde cero.

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