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Ovejas negras: los verdaderos poseedores de estilo

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Por qué las ‘ovejas negras’ tienen siempre estilo? No lo sé, es un misterio. ¿O no? Mi teoría (evidente) es que el estilo radica en transgredir las normas con naturalidad, y eso es algo que saben hacer muy bien las ‘ovejas negras’.

Pongamos por caso el Príncipe Harry, oveja negra por excelencia de los Windsors con permiso de su tío-bisabuelo Eduardo. Harry está en boga por las escandalosas imágenes desnudo en un hotel de Las Vegas que se les atribuyen. Pero vistámoslo y fijémonos en cómo suele le dar un punto desaliñado-chic a toda su indumentaria. Es indiscutible que su hermano es más guapo, pero es tan sosito como lo era su madre. Harry por el contrario, y quizás por aquello de que nunca se ha esperado mucho de él, se deja llevar y resulta un rufián irresistible al que le molesta la corbata y sabe llevar el cuello abierto con desaliño.

Quizás los genes de Eduardo VIII, posteriormente Duque de Windsor, estén presentes en Harry. Este efímero rey que puso en jaque la monarquía británica por su cuelgue de una americana divorciada y vuelta a casar (cuando la conoció), fue también un modelo de clase, elegancia y desafactación. Según los biógrafos, Eduardo era muy inmaduro y hasta que conoció a su Señora Simpson no había tenido una relación sexual plenamente satisfactoria. Esto, unido a los rumores de las preferencias por ser dominado que se dicen la americana hizo realidad, puede hacer muy comprensible que prefiriera la abdicación a perder dicha joyita, de la que también se publicó hace unos años un libro en que se decía que podría haber sido un transexual… la cosa es rizar el rizo (la reseña del libro que mantenía eso la leí en el Vogue USA, y si se publica allí…). Lo único cierto es que Eduardo fue todo un icono de la moda de su tiempo que dio incluso nombre al famoso nudo de la corbata.

Si nos vamos a Italia basta con fijarnos en la genealogía de los Agnelli. ¡Lapo Elkann! El heredero del estilo de l’Avvocato es el miembro más conflictivo de la familia, amante de todo lo ‘poco sano’, y protagonista de numerosos episodios comprometedores. Y sin embargo ha brillado con luz propia como dandi del siglo XXI, portada de las revistas de moda e imagen de su propia marca de moda y complementos. Que sí, que a veces luce looks imposibles, ¡pero le quedan tan bien!

Cuando en el mundo masculino escucho la frase “es todo un dandi” refiriéndose a un hombre impecable y elegante, me da dolor de barriga, porque constato que el que lo dice no tiene ni idea. Por lo general el dandi, el original, destacó precisamente por buscar una elegancia que rompiera con lo establecido, inventaban nudos de corbata, imaginaban nuevos usos para los pañuelos de cuello, compraban joyas nada discretas que lucían sin pudor… Un hombre con un traje gris de corte sastre, con camisa blanca y corbata roja puede ser todo lo elegante que se quiera, impecable, pero un dandi es otra cosa. Seguramente un dandi tiene alma de oveja negra, sino que le pregunten a Oscar Wilde.

Todos estos ejemplos de rebeldes chics tienen en común precisamente que les importa un pito las normas, y si para algo están las normas en moda es para transgredirlas. Cuando veo estos autodenominados estilistas que ponen a las celebrities de lo más correctas y monísimas me pregunto qué aportan al panorama. Cuando lo verdaderamente importante es ir un paso más allá y proponer retos estéticos. Eso lo sabía Isabella Blow, Anna Piaggi, Diana Vreeland… y lo saben Camilla Nickerson, Anna Dello Russo, Carine Roitfeld…

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