Blogs

MBFWM P/V 2013: La insoportable fidelidad a uno mismo

El día de ayer de la Madrid Fashion Week (he decidido dejar de usar el “Mercedes Benz” porque no me pagan para tanta publicidad) fue uno de esos momentos de seguridad y certeza, en la que cada uno juega el papel que tiene asignado y que da lo mejor de si mismo sin salirse un ápice de la definición estética que los particulariza. Un ejemplo: La fantástica colección/caja de bombones de Ágatha de la Prada. Otro ejemplo: la también estupenda propuesta colorista de los sevillanos Victorio&Lucchino, en esa línea tan Prada que han cogido en los últimos tiempos. Así, uno por uno, los diseñadores cumplieron las expectativas que ponemos en ellos. Nadie produjo conmoción… Una lástima.

No sé si comprendéis lo que trato de poner en palabras. Mirad a Davidelfin. No soy sospechoso de ser un detractor de su trabajo, a lo largo de mi carrera profesional le he dedicado maravillosas reseñas, y esta colección presentada en su décimo aniversario no debería ser distinto, ya que él sigue en su línea, mantiene su concepto creativo inalterable, sus prendas gozan de cortes interesantes dentro de su eterna dislocación estética… pero precisamente por eso me enerva. Tanta autoreferencia, tanta autorevisión y autoreinterpretación, no le lleva a ninguna parte salvo al inmovilismo conceptual. Al final el desfile de Davidelfin levanta más interés por la puesta en escena y por configurarse en el crisol donde se da cita el quién es quién del moderneo patrio que por otra cosa. ¿Cómo lo llamaba Cecilia Casero en su crónica para Vogue.es? Ah, sí: “las estrellas de la troupe davidelfinana“. (Cecilia, te odio, me hubiera gustado que ese término se me hubiera ocurrido a mí). Es cierto. Davidelfin es a la moda lo que Almodovar es al cine, salvando las grandes distancias que los separan y centrándonos en el universo social que congregan a su alrededor. Porque al final, a Delfín lo que le ha funcionado profesionalmente ha sido cultivar esa vertiente de diseñador fetiche de la modernidad que le granjea esos contratos como decorador de automóviles y demás bagatelas.

dr-martens-en-el-desfile-de-davidfelfin-1.jpg

Yo no mido a un diseñador por las veces que aparece en prensa o por los contratos de ‘peregrinas’ colaboraciones que consiga. A un diseñador lo valoro por su ropa, prenda a prenda, y comparativamente en una evolución temporal. Y lo lamento, pero en el caso de Delfín no encuentro un revulsivo que me haga desear su siguiente colección, porque está tan centrado en sus propias señas de identidad que es incapaz de romper consigo mismo. Cosa que no tiene que ser mala comercialmente necesariamente, en el mundo de la copla se dice aquello de “copla conocida, copla aplaudida” por muy mal que se interprete. Pero si precisamente ese estatismo conceptual se lo critico a diseñadores como Larrainzar o Lemoniez, ¿por qué no voy a reprochárselo a Delfín por el simple hecho de estar más en sintonía con su paradigma creativo?

Repito: la colección me ha gustado. Y vosotros diréis: ¡pues menos mal!

Comparte este post:
  • Meneame
  • Digg
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google

Tags: ,

Deja tu comentario