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2012: un año para no recordar

Estaba pensando hacer un repaso de 2012 en la moda: quién vino, quién se fue, quién fue fichado, grandes fiascos, momentos emocionantes… Y de pronto me asaltó una duda a la cabeza: “¿A quién le importa?”.  Debe existir aún síndrome que se llame ‘la crisis de fin de año’ o algo parecido, porque a mí me asalta siempre por estas fechas. Si te pones a recapacitar, el ritmo de la moda hace todo lo que pasara más allá de antes de ayer irrelevante. Que en febrero se anunció que Pilati dejaba Yves Saint Laurent después de ocho años como director creativo… ¿Y qué?, es más, ¿quién recuerda (o habla) a Pilati a estas alturas? (Esto es un sarcasmo, of course).

Yo me quiero apear de este carrusel vertiginoso. Es como tratar de disfrutar de uno de los famosos filet mignon del chef Laurent Tourondel mientras conduces una Vespino a 150 km/h por Broadway en hora punta. Imposible cogerle el sabor. Así que tiro la toalla, no pienso hacer un resumen del año, máxime cuando 2012 no es un año propicio para celebrar nada.

Muchos compañeros de prensa han perdido su trabajo este año (muchos otros lo perdieron antes), y los que quedan ven precarizadas sus vidas por los nuevos métodos de trabajo impuesto para sanear unas cuentas editoriales descalabradas por las decisiones obtusas de señores que tienen una agenda propia que dista de pasar por la preservación de la calidad informativa. Es triste, sí. Es lo que hay.

El periodismo de moda no es que esté mejor. La ‘frivolidad’ es lo primero que se desdeña de los diarios. Entiéndase como frivolidad la moda, un sector tan importante y que da de comer a tanta gente. (Otro sarcasmo, se está convirtiendo en un hábito). Algunos dirán que el interés informativo de la moda ha caído en picado, y es posible que así sea, porque razones hay, ¿os cuento algunas?:

1. Cuando en las revistas los contenidos editoriales se pusieron en manos de los comerciales que vendieron los reportajes y entrevistas al mejor postor publicitario se quebró uno de los pilares del periodismo de moda independiente.

2. Cuando los periódicos decidieron que para qué tener un crítico de moda en plantilla cuando hay muchas agencias que proporcionan reseñas de pasarela a buen precio (aunque la repitan todos los medios), ahí se perdió el factor criterio y la razón de ser de la crónica de moda. Leed cualquier contenido de agencia: además de mal escritos se evidencia que no tienen ni idea de lo que dicen y que se limitan de redactar al dictado del diseñador de turno o de la organización del evento.

3. Cuando los medios digitales sacaron la moda de los contenidos y los relegaron a blogs consiguieron degradar una digna profesión haciendo creer al lector que vale lo mismo las palabras que escribe un profesional con años de experiencia que las que escribe un adolescente sin referencias que solo piensa en lo molona que es tal falda “y ojala que la marca me la mande como regalo de agradecimiento”.

4. Cuando las secciones de tendencias, moda, estilo, etc… terminan colonizadas por un hongo invasor cuyo nombre técnico es “celebrities” y los jefes de redacción confunden una sección de cultura con una de crónica rosa, entonces le demostramos a los lectores que los tomamos por idiotas profundos.

5. Cuando se menosprecian las palabras y solo se valora la imagen, cuando el texto desaparece y solo queda la galería de fotos, ahí es donde nosotros, profesionales de la información hemos olvidado nuestra razón de ser.

Señores, ese no es el periodismo de moda en que quiero trabajar. Las ventas y el número de visitantes no es la patente de corso para destruir una tradición, un oficio. Hemos caído en el menosprecio a la palabra, al criterio, a la cultura, y hemos ensalzado el departamento comercial. Son muchas las lacras que se ceban con este país nuestro, pero si destruimos el periodismo (y ya hablo en general) estamos destruyendo el futuro de nuestra sociedad. Este post es en solidaridad con todos esos colegas que a lo largo del año han perdido sus trabajos, y de todos los freelances que han dejado de recibir encargos.

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