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Isabel de Pedro, diseñadora y empresaria: “En España desfilar es totalmente prescindible, algo inútil y de escasa repercusión”

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En un universo, el de la moda española, en el que abundan los ejemplos de diseñadores-burbuja, es decir, aquellos que se inflan en un par de temporadas para terminar desapareciendo de la faz de la industria, es interesante encontrar una diseñadora que lleva en la brecha desde finales de los sesentas. Me refiero a la bilbaína Isabel de Pedro, una creadora autodidacta que comenzó en este mundo de la moda como modelo. Hace un par de entradas la nombraba como ejemplo de firma que funciona perfectamente sin caer en la artificial dinámica de exhibición en pasarelas y prensa por el simple hecho de ‘figurar’. Así que me pareció interesante acercarme al concepto de negocio de esta mujer de gran fuerza.

Escribía en mi blog recientemente que ser diseñador y vender es algo que la prensa parece “castigar” de forma inconsciente. ¿Tener éxito comercial es algo que la prensa española no perdona? Sinceramente, no lo sé. Casi no he mantenido contacto con la prensa.  Quizás, en efecto, porque tengo un negocio con el que me gano la vida o porque simplemente no la he cuidado. He tratado de mantenerme al margen.

¿Qué es lo más importante que ha aprendido desde que comenzó en moda? Que hay que asumir que cada seis meses te someterás a un duro examen. Que deberás ofrecer algo nuevo,  reinventarte, sin traicionar tu estilo e intentando mantener los costes de manera razonable. En mi caso no sólo se trata de gustar o impresionar, sino de vender algo en lo que creo.

Creo recordar que solo ha desfilado una vez en España, en Gaudí, ¿por qué no le interesan las pasarelas españolas? ¿Es la pasarela una herramienta prescindible?  Desde mi humilde punto de vista, en España es totalmente prescindible, algo inútil y de escasa repercusión y no sólo a escala internacional sino, lo que es más grave, en el mercado interno. Fuera ya es otra cosa. Han sabido maridar perfectamente magia y business, aunque quizás de un tiempo a esta parte deciden demasiado los hombres de negro en detrimento de la creatividad (al menos la que no va orientada sólo al mercado ruso, árabe o chino).

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Desapareció Gaudi, desapareció Circuit, desapareció Pasarel·la Barcelona, desapareció B&B Barcelona, 080 siempre está cambiando de propósito… ¿Qué le parece el planteamiento de la Generalitat frente a la promoción de la moda catalana? Errático, obviamente. Como en todos los lobbies se han protegido figuras de renombre sin valorar si este nombre era una simple quimera o no. Ahora todo el mundo tiene prisa para exportar cuando es un proceso muy complejo. Por un lado no se ha entendido que la moda debe ser un negocio y por lo tanto hay que ayudar a tejer  una red de empresas solventes que acojan a los nuevos diseñadores. Y por otro está el hándicap de la formación. Habría que importar el modelo de ciertas escuelas internacionales de diseño, apostar por un temario infinitamente más exigente, hacer entender que la moda es un oficio, que en algunos casos geniales, puede devenir un verdadero arte, pero que en última instancia,  de lo que se trata es de diseñar una buena falda que siente como un guante. Incluso el más maravilloso y teatral vestido de McQueen debe encajar en el cuerpo de la mujer que lo lleve puesto.

Cuando vemos el 80% de las colecciones de los diseñadores españoles constatamos que los diseños están muy alejados de las necesidades reales de la mujer en su día a día. ¿Qué papel juegan las necesidades reales de la mujer en sus colecciones? Diseño lo que yo quiero ponerme. El día a día de la mujer ha cambiado. ¿Cómo conciliar largas jornadas laborales, con salidas del cole de niños y luego empalmar con una cena? Trabajando con tejidos cómodos, casi siempre stretch, ligeros, que no se arruguen y con patrones que te permitan con un simple cambio de zapato sentirte guapa todo el día. 

¿Un diseñador puede ser ajeno a la vertiente empresarial de este negocio de la moda? ¿Se implica usted en la gestión del negocio o lo delega en manos de socios especializados en la gestión financiera y empresarial? Para mí la implicación en la gerencia ha sido una suerte y al mismo tiempo una desgracia. Soy empresaria y entiendo de números así que si he sobrevivido en mi negocio ha sido por las decisiones que he ido tomando a lo largo de mis 40 años de carrera. Pero por otro lado a veces esto me quita energías para lo que realmente es mi vocación, el ser diseñadora. Hay un momento en que debo aislarme y centrarme exclusivamente en sacar adelante el muestrario, parir una buena colección.  El hecho de ser propietaria me otorga una libertad imprescindible para crear. A veces esta libertad se echa en falta cuando el diseñador no es propietario.  Los hombres de negro deciden demasiadas cosas. Y a menudo me pregunto qué se esconde de verdad tras algunos de los grandes nombres. Sabemos lo que los directores creativos y los estilistas quieren. ¿Pero qué quieren realmente  los diseñadores?

Tom Ford dijo que Internet, los medios digitales, los blog… la inmediatez de la cultura digital hacía que las colecciones se quemaran incluso antes de estar disponibles en las tiendas. ¿Cree  que esto es así? ¿Cree que el ritmo vertiginoso de la moda (que actualmente exige lanzar 4 colecciones al año) está haciendo que las colecciones sean obsoletas a velocidad igualmente vertiginosa? Es un delirio.  Ya no interesa degustar las cosas,  ya ni te digo gozar del propio concepto de espera, sino que todo es en tiempo real. Lo quiero, lo tengo. Decía Vicente Verdú que hoy en día “saber es equivalente a sorber. O menos todavía, similar a catar”. Crear, consumir, tirar. Casi nada permanece, ni tan solo en la retina, porque al mínimo atisbo de aburrimiento el ratón te permite saltar a otra cosa. Con la moda pasa exactamente igual.  

Usted tiene un perfil empresarial muy enfocado a la exportación. ¿Es España territorio hostil para el diseñador español? ¿Puede vivir un diseñador exclusivamente del mercado nacional? Es España se puede vivir si vas a precio. Encontrar la fórmula de algo barato con gracia es el único camino.

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Estoy seguro que a lo largo de una trayectoria como la suya ha debido haber momentos de desanimo. ¿Ha pensado alguna vez “basta, hasta aquí he llegado, no me compensa seguir”? ¿En qué circunstancias? Cada seis meses, cuando me enfrento al vértigo de la página en blanco, de verdad, saldría corriendo y no pararía. Pero a base de mucho trabajo el nudo se desvanece. Todo acaba encajando y vuelta a empezar. Aún así me agobia luchar contra el tiempo, intento no saber en qué día vivo.

¿Qué es lo que le sigue ilusionando de su profesión? Me ilusiona lo que al mismo tiempo más me agobia.  Ser protagonista del brutal proceso en que pasas del cero al todo.

www.isabeldepredro.com 

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