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El bespoke

Parece que hablar de lujo hoy día es algo vergonzante. El low cost es lo que impera más por delicadeza moral para con los que lo pasan mal que porque el lujo haya sido efectivamente desterrado. De ninguna manera, el lujo sigue más vivo que nunca y no siempre es un asunto relacionado con las grandes empresas y la globalización. El lujo, el gusto del sibarita y elegante, también ayuda a mantener engrasada la maquinaria de la economía, sino que se lo digan a todas esas sastrerías que dan trabajo a tantas personas en este país. Por ellos he querido rescatar este texto que hace tiempo publiqué en elEconomista y que me parece interesante rescatar hoy:

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Chaqueta en proceso en la Sastrería Lopez Larrainzar (Lopez herbón)

Si algo caracteriza a un gentleman es su gusto por el lujo bien entendido, ese lujo íntimo que reside en los detalles, que se disfruta sin ostentación, y que empieza por las calidades. Uno de los lujos que se permite el verdadero gentleman es el prescindir de las prisas, que son malas consejeras, sobre todo a la hora de vestir. Cada cuerpo es un mundo, pero la necesidad de ir impecable es un deseo universal. La mejor opción es la confección a medida, pero no cualquiera, sino el bespoke tailoring que va más allá del simple concepto ‘a medida’ y engloba el trabajo de cortar el traje a medida sobre el cuerpo del individuo bajo la supervisión y personalización del sastre, ofreciendo al cliente la opción de elegir los detalles que van desde las telas empleadas, el tipo de puntada, número de bolsillos externos e internos, revestimientos, forros… Todo un trabajo artesanal que puede llevar más de 50 horas de trabajo, de los que el 90% de los procesos productivos son realizados a mano y que suele estar acabado en tres pruebas. Lo usual es que el precio de estas piezas parta de los 1200 €, pero todo depende del tipo de traje, las telas seleccionadas, etc… que pueden poner el precio medio fácilmente en los 3000 €. Las ventajas de un bespoke están en que son trajes para toda una vida por la calidad de sus materiales, porque las costuras se calculan para poder ser modificadas ante posibles variaciones de peso, y su estilo atemporal los hacen una apuesta segura a pesar del transcurso del tiempo, ya que lo que diferencia uno de estos trajes de hoy en día de los de hace 25 años son simples matices, casi imperceptibles, como la forma y grosor de las solapas, la colocación de los bolsillos y la anchura de hombros. Hay que tener en cuenta que no toda sastrería puede ser encuadrada en esta categoría, sino que hablamos de ‘sastrerías de lujo’ de las que se pueden contar en España con los dedos de las manos (unas 30, siendo generosos, que se concentran mayormente en Madrid, seguido de Valencia). Estas sastrerías no se publicitan, y aunque pueden encontrarse en las Páginas Amarillas, no es el método común por el que sus clientes acceden a ellas. Su calidad y el boca a boca es su forma de hacer negocios, como bien demuestra el hecho de que cuando se llama para concertar una cita preguntan “¿quién les envía?”

“Me envía Su Majestad”

Esta bien podría ser la clave de acceso a la casa López Herbón y Cía., propiedad de la familia Larraínzar, y fundada en la calle Cedaceros nº 9 de Madrid, en 1918. La familia Larraínzar cuenta entre su prestigiosa clientela a Emilio Botín, Zubin Mehta, Enrique Ponce, Oscar de la Renta y Su Majestad el Rey D. Juan Carlos I, que llegó a ellos mediante la recomendación de Simeón de Bulgaria después de la muerte de Ángel Collado, el sastre D. Juan Carlos de toda la vida, y proveedor de Don Juan de Borbón. En López Herbón la calidad es su sello de identidad empezando por su predilección por las telas de Gorina, una importante casa textil de Sabadell, aunque Su Majestad se decanta por los tejidos italianos de Loro Piana que encarecen significativamente el traje ya que el metro sube de los 180€. Estos sastres navarros viajan a París y Nueva York una vez al año para atender a clientes como De la Renta o Plácido Domingo. Una vez que se elige el tejido y se confeccionan los patrones, se realizan dos pruebas, una con hilvanes y la segunda ya terminada, totalizando el proceso en un mes y medio.

Por su parte el príncipe Felipe y Jaime de Marichalar se ponen en manos de Jaime Gallo (Ayala nº 27, Madrid). Y concretamente Marichalar, sibarita reconocido, es cliente asiduo de un ‘bespoke shomaker’ o zapatero a medida, Norman Vilalta, que es uno de la veintena de couturiers del calzado entre los que se incluyen John Lobb, Berluti o Stefano Bemer, este último maestro del que aprendió Vilalta el oficio en Florencia. Vilalta viaja a la ciudad del cliente para realizar las medidas, hacer las pruebas y entregarle los zapatos, un proceso de más de 200 pasos artesanales que implica una media de 50 horas invertidas en cada par de zapatos, comprensible pues que sus precios partan de los 1.750 €.

El dandy

Aunque existen diferentes tipos de cortes en sastrería como el español y el italiano, la cuna del gentleman radica en Londres, concretamente en Saville Road. Saville Road es la calle de los sastres: Kilgour, Dege & Skinner, Darren Beaman, Davies and Son… Pero quizás el más famoso es el ubicado en el número uno de la calle, Gieves & Hawkes, proveedor del príncipe Carlos de Inglaterra y sus hijos. Nacida por la fusión dos prestigiosas sastrerías, Gieves (1785) y Hawkes (1771), que pasaron a ser sólo una en 1912. Entre su clientela se han contado ilustres personajes históricos como el almirante Nelson y el duque de Wellington hasta llegar a celebridades actuales como Robbie Williams y Will Young que se ponen en manos del diseñador actual de la firma, Casely Hayford, que realiza una línea prêt-à-porter de tendencia.

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