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Shara Spinella, estudiante de periodismo, me realiza una entrevista para un trabajo de clase

mia.jpg Shara Spinella es una estudiante de periodismo de Duke University. Hace un par de meses me contactó porque estaba realizando un proyecto de clase en el que trataba de dar una visión global del periodismo especializado en moda a través de la visión de destacados profesionales de diferentes países. ¿Por qué me eligió a mí? No tengo ni idea, pero el caso es que me realizó una pequeña entrevista para tal fin, y debo confesar que la chica tiene talento para hacer preguntas y le auguro futuro. Hace unos días me pasó su trabajo terminado y entregado, y tras leerlo le pedí permiso para reproducir la entrevista que me realizó. Estas fueron sus preguntas y estas mis respuestas más sinceras:

¿Hacia dónde se dirige el periodismo de moda? Hacia la creación de un profesional multiplataforma, como en todos los otros ámbitos del periodismo. En breve se nos pedirá no sólo que seamos ‘gurús’ de la moda, sino que fomentemos nuestro trabajo a modo de comunity manager estando presente en distintas redes sociales y gestionándolas eficientemente. El modelo del periodista que simplemente escribe está abocado a desaparecer, ahora debemos tomar fotos y vídeos en exclusiva con los iPhones, editarlos y promocionarlos. Ya no habrá distinción entre papel y contenidos digitales. Un ejemplo de esta tendencia es lo que ha ocurrido con el Chicago Sun-Times, que despidió a todos sus fotógrafos (incluso con premio Pulitzer) y le ha pedido a sus reporteros que usen sus iPhones para generar contenidos gráficos y vídeos.

¿Y eso a dónde nos lleva? Al Darwinismo periodístico. A la supervivencia del más apto, que en este caso es el profesional más versátil, más estregado y con menos necesidades de un sueldo digno que refleje el costo del trabajo real que realiza.

Quieres decir que estás en contra, ¿no? Efectivamente. El camino de la evolución productiva desde la Revolución Industrial ha tenido como foco la ‘especialización’. Ahora tratamos de volver a un modelo renacentista en el que haya que saber hacer de todo, aunque no se domine nada con maestría. A los medios a la postre les importa poco que el periodista  sea bueno o no en su terreno. Hoy día lo que importa es rellenar páginas a bajo coste porque los contenidos ya no se diseñan en redacción, sino en el departamento de contabilidad y marketing.

¿Estás desencantado con el periodismo de moda? No, en absoluto, aún creo en un periodismo de calidad y trato de formarme cada día para llegar a ser un profesional como los que admiro, que no lo soy ni de lejos.

¿A quién admiras? De los que están en activo hoy admiro, por supuesto, a Suzy Menkes, a Hillary Alexander, a Tery Agins, Cathy Horyn… Pero hay figuras que siempre me han fascinado, como la de Cecil Beaton, que venía a ser lo que hoy demanda el sector. Beaton era un pionero de la fotografía de moda, un ilustrador inteligente y un sagaz cronista. Tocaba todos los palos y lo hacía bien.

¿Qué es lo que menos te gusta de tu profesión? El matiz de celebridad, de personaje público, que te exigen para considerarte un profesional de primera línea. Yo creo que el periodista ha de ser invisible y sin embargo da la impresión que ahora muchos periodistas estrellas están más interesados en autopromocionarse. Creo que en el fondo tenemos envidia del papel que el bloguero se ha arrogado dentro del sistema de la moda.

Usted es bloguero también. No, yo soy un periodista con blog, que es muy diferente. Es algo que siempre recalco. De hecho cuando me mandan invitaciones a eventos para blogueros las desestimo. No es un gesto de esnobismo, en absoluto. Creo que el bloguero tiene su función dentro de este sistema, pero yo simplemente, como periodista, tengo otra función distinta.

¿Lee blogs de moda? No. Son muy pocos los que realmente tienen una calidad que a mí, como profesional del medio, pueda aportarme algo. Yo devoro información, no opinión. Para opinión ya tengo la mía propia. Y la información que los blogueros ofrecen suele venir ya de segunda y tercera mano. A mí solo me interesa la información inédita, la que emana de las fuentes. Algunas veces, muy pocas, curioseo por los blogs y los que más me gustan son los que sus autores los usan para recabar imágenes impactantes y fuentes de inspiración.

¿Entonces a qué cree que responde el éxito del fenómeno blog? Al cambio generacional. A la cultura de consumo rápido. A la superficialidad con que se abordan hoy los temas de moda. Imágenes, imágenes, más imágenes. Las revistas por ejemplo se han convertido en un catálogo publicitario sin contenidos con profundidad. Y esa nueva generación de lectores de publicaciones de moda ya no pasan páginas sino que clickean con el ratón. El enfoque de las marcas hacia los blogueros creo que es un error de base, porque estás dando visibilidad a tu producto en un foro que no frecuenta tu público objetivo. Una chica de quince o veinte años que consume blogs no compra moda, sino absorbe ideas para replicarlas con firmas de fast fashion.

¿Cómo ve el fenómeno del fast fashion? Es un tema difícil de abordar. Me parece que el fast fashion ha elevado la cultura de moda en general porque al posibilitar a mucha gente el poder seguir las tendencias ha redundado en que el interés por la moda ha crecido. Pero por otro lado está el lado perverso de este modelo que tiende a plagiar ideas. Aunque esto tampoco es un gran problema, ya que aquel que tiene capacidad adquisitiva para comprarse un bolso de Vuitton nunca va a recurrir a una copia, y el que no tenga esa capacidad adquisitiva, ¿qué más da que compre una imitación?, eso no le afecta a Vuitton. Sí creo que en cualquier compañía de fast fashion debería prevalecer la honestidad creativa y no ‘copiar’, pero para eso haría falta que su departamento creativo tuviera una estructura como la de cualquier firma, con un director creativo que marcara un estilo y que fuera públicamente reconocido, y no una equipo de diseño “anónimo” que van pillando ideas de aquí y de allá. Pero posiblemente eso iría contra la esencia misma del modelo de fast fashion, por eso digo que es un tema complicado. Lo que sí es doloroso es que la moda española se identifique internacionalmente con Zara y Mango.

¿A qué diseñadores es usted más afecto? Yo no tengo diseñadores fetiches. Cada temporada, cada colección, es un examen del que parten para mí con una hoja en blanco. Sí es verdad que por el trato puedo tener más afinidad con unos que con otros, pero eso no hace que una colección que no sea buena se convierta en excelente a mis ojos. En eso soy muy estricto. Si elogiara a un diseñador por motivos que no estuvieran estrictamente relacionados con la colección en cuestión de cada momento estaría defraudando a mis lectores. Soy consciente que en esta profesión siempre tenemos filias y fobias, pero trato de ser objetivo y sincero. Eso me ha granjeado más de un problema.

¿Por qué? Porque hay diseñadores que no conciben que sean objeto de crítica (no ellos, sino sus colecciones). Es verdad que con los años me he relajado y ya simplemente lo que no me gusta lo ignoro en vez de dedicarle una crítica contundente. Hay demasiadas colecciones en el mundo, demasiados diseñadores, para empecinarte con hablar solo de lo negativo.

¿Qué cree que debiera ser el objetivo de la industria de la moda? Creo que la industria de la moda debe tener como objetivo vender, porque es un motor dinamizador de la economía y basta ya de identificar la moda con cultura, hay muy pocos diseñadores que merezcan ese calificativo. Ahora bien, si de paso nos ayuda a ser un poco más felices haciendo que nos sintamos a gusto con nuestra imagen, estaría genial. Lo malo es que desde la eclosión del prêt-à-porter la moda ya no está al servicio de las personas, sino que poco a poco la relación se ha invertido. Eso nos crea desazón e insatisfacción en múltiple niveles de la vida.

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