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Pasión a primera vista

Esta es la historia de un amor. Cierto aparejador amigo de Valencia capital cuyas iniciales son M.V., y no puedo dar más pistas porque me mata… iba paseando por la ciudad un domingo con su esposa cuando vio en una recoleta calle que un negocio de los de toda la vida, casi centenario, echaba el cierre. Un cartel anunciaba su defunción empresarial. Se acercó a su clásica reja de ballesta, esas que se abren y cierra como un acordeón, y atisbó en su interior. Realmente era un lugar con encanto, lleno de estantes y cajoneras de los años 40, y con un mostrador sólido de los de toda la vida, todo cuidado con esmero.

Mi amigo no dejó de pensar en algo que había visto allí y al día siguiente, a las 9:15 h, después de dejar al pequeño en el colegio, estaba apostado en la terraza de una cafetería cercana esperando que alguien apareciera por aquella antigua tienda de ultramarinos. No aparecía nadie, el cerrojazo estaba echado ya definitivamente. Preguntó por la zona hasta que dio con otro comercial de toda la vida que le proporcionó un número de teléfono… que resultó ser el de la tienda que estaba cerrada. Mi amigó ya estaba obsesionado en ese punto y a través de los registros público averiguó el nombre del propietario. Googleo y nada, en la guía telefónica on-line no encontró nada. Así que fue a la biblioteca pública para ver si tenían guías telefónicas antiguas, y nada. Llamó a su madre, que es de las que lo guardan todo, y esta le indicó que probara con un tío paterno solterón con un nivel de Síndrome de Diógenes socialmente admisible. ¡Eureka! Tenía unas Páginas Blancas de mediados de los 80. Encontró varios teléfonos que podían corresponder al dueño de aquel negocio y comenzó la tarea de llamar uno por uno. El primero era un número fuera de servicio y eso lo desalentó un poco, ¿y si ya no tenía el mismo teléfono después de casi 30 años? Eras algo muy plausible. Pero no se desanimó y marcó otro número. ¡¡¡Dio con él!!! Le explicó su propósito, y este señor lo derivó a su hijo, que es el que llevaba el negocio desde hacía más de 15 años tras jubilarse él. Lo llamó y…

Una semana después llegaba un camión de mudanzas a las puertas del edificio donde él tenía su estudio de aparejador. Los operarios evaluaron la situación y vieron que la única opción era usar la terraza del piso para introducir lo que llevaban en el inmueble. Sudor a raudales costó subir aquello. Cuando lo tenían en la zona principal se percataron de un nuevo problema. ¡No pasaba por la puerta para poder introducirlo en el despacho de mi amigo! Así que le dijeron “eso ya no es nuestro problema” y se fueron. Mi amigo pensó y pensó y no le quedó otro remedio que contratar unos albañiles para que tiraran un tabique, entraran aquella mole a su despacho y reconstruyeran el tabique de nuevo.

¿Qué es lo que le había costado tanto esfuerzo y dinero a mi amigo? Tened en cuenta que pagó por ello 200 euros, toda una manga, pero había que sumar el transporte, una pequeña ‘adaptación’ encargada a un carpintero ebanista para adecuar aquello a sus necesidades y la pequeña obra realizada en el inmueble para que pudiera ocupar el lugar al que estaba destinado. Era una preciosidad de mueble cajonera industrial de oficio vintage cuya función original era guardar tarros de especias, según sospechaba mi amigo, a decir por el aroma a comino, orégano y canela que se mezclaba en el interior de sus cajones.

cajonera.jpg

En cuanto lo vio en una esquina de aquel antiguo ultramarinos supo que tenía que ser suyo. Que era justo lo que necesitaba para su despacho. No me ha autorizado a mostrar las fotos que me envió por Whatsapp así que me he encargado de buscar uno parecido entre las tiendas de muebles vintage que mejor conozco y he hallado una pieza similar en Va de Retro (Alejandro Villegas, 42) que datan de los años 40 o 50 y que vendieron por 600 €. Personalmente pienso que los viejos muebles industriales y de oficio dan un toque muy singular a cualquier despacho. Harto estoy del mueble de oficina contemporáneo que no aporta nada, cuando no del fácil recurso que es una incursión a Ikea. Un despacho es una extensión de la personalidad del que la ocupa y bien merece un pequeño (o gran) esfuerzo a la hora de decorarlo.

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