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El síndrome del ceño fruncido

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Empezamos la semana con un consejo: sonríe… si no quieres terminar en el cirujano plástico. Sí, asombroso, siempre habíamos pensado que el sonreír demasiado era lo que realmente nos llevaría al cirujano que se afanaría por reducir nuestras patas de gallo. Y sin duda es así, la sonrisa causa arrugas de expresión, que incluso son atractivas, pero siempre es mucho mejor eso que terminar en el cirujano plástico por depresión. ¡¿En el cirujano por depresión?! Me explico.

¿Sabéis esos tipos que van por la vida enfurruñados, con cara de que todo les preocupa sumamente, como si toda la amargura del mundo recayera sobre sus hombros? Sí, seguro que conoces a alguno, pues esos con cara de vinagre son caldo de cultivo para la depresión, o su rostro es el escaparate de la depresión que sufren. Pues según el  Journal of Psychiatric Research, la solución (o el alivio a la depresión) puede venir del cirujano plástico.

Los autores del estudio que os refiero son el doctor Norman E. Rosenthal, Profesor de Psiquiatría en Georgetown, y el dermocirujano Eric Finzi, que han tirado del hilo de la teoría que sostiene que la expresión facial influencia el humor sotenida por Charles Darwin y William James. Pues bien, el estudio clínico ha cogido a 74 pacientes deprimidos y se les ha inyectado Botox (o un placebo, al grupo de control) en los músculos corrugador y prócer, en el entrecejo. El resultado es sorprendente: El 47 % de los participantes del test clínico experimentaron una disminución de los síntomas de la depresión.

La conclusión es que suavizar la tensión muscular entre las cejas manda una señal a tu cerebro relajando la angustia y mejorando el estado anímico general. Así que puedes probar el sucedáneo casero, es decir, sonríe más. No esperes a ser feliz para sonreír, sonríe para ser feliz… O coge cita en el cirujano.

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