Blogs

Archivo de la categoría ‘Actitudes y aptitudes’

El síndrome del ceño fruncido

Lunes, 27 Octubre 2014

botox1.jpg

Empezamos la semana con un consejo: sonríe… si no quieres terminar en el cirujano plástico. Sí, asombroso, siempre habíamos pensado que el sonreír demasiado era lo que realmente nos llevaría al cirujano que se afanaría por reducir nuestras patas de gallo. Y sin duda es así, la sonrisa causa arrugas de expresión, que incluso son atractivas, pero siempre es mucho mejor eso que terminar en el cirujano plástico por depresión. ¡¿En el cirujano por depresión?! Me explico.

¿Sabéis esos tipos que van por la vida enfurruñados, con cara de que todo les preocupa sumamente, como si toda la amargura del mundo recayera sobre sus hombros? Sí, seguro que conoces a alguno, pues esos con cara de vinagre son caldo de cultivo para la depresión, o su rostro es el escaparate de la depresión que sufren. Pues según el  Journal of Psychiatric Research, la solución (o el alivio a la depresión) puede venir del cirujano plástico.

Los autores del estudio que os refiero son el doctor Norman E. Rosenthal, Profesor de Psiquiatría en Georgetown, y el dermocirujano Eric Finzi, que han tirado del hilo de la teoría que sostiene que la expresión facial influencia el humor sotenida por Charles Darwin y William James. Pues bien, el estudio clínico ha cogido a 74 pacientes deprimidos y se les ha inyectado Botox (o un placebo, al grupo de control) en los músculos corrugador y prócer, en el entrecejo. El resultado es sorprendente: El 47 % de los participantes del test clínico experimentaron una disminución de los síntomas de la depresión.

La conclusión es que suavizar la tensión muscular entre las cejas manda una señal a tu cerebro relajando la angustia y mejorando el estado anímico general. Así que puedes probar el sucedáneo casero, es decir, sonríe más. No esperes a ser feliz para sonreír, sonríe para ser feliz… O coge cita en el cirujano.

¿Relojes femeninos en muñecas masculinas?

Lunes, 1 Septiembre 2014

Recuerdo que  hace un par de años se dio una tendencia que hizo correr algo de tinta. Los relojes masculinos empezaron a ocupar las delicadas muñecas femeninas. Una vez más las mujeres hacían suyos elementos del vestir del hombre y como la ‘masculinidad’ volvía a ser un principio rector de las tendencias femeninas, los impresionantes relojes pensados para las robustas muñecas femeninas ocupaban ahora las de ellas a modo de accesorio oversize. Esto, la transposición de elemento del vestir, siempre se dan en un dirección, de ellos a ellas, teniendo poco éxito en el sentido inverso. La camisa masculina se puede convertir en fondo de armario para las chicas, pero las faldas masculinas seguirán siendo una excentricidad por mucho tiempo que pase y mucho que se empeñe Marc Jacobs en llevarlas él mismo. Son muchos los factores psicológicos que inciden en que las cosas sean así y ni tenemos ganas ni fuerzas para empezar a apuntarlos en este blog.

Todo viene a que hace unas semanas, tomando un gin tonic en una terracita veraniega, me despedí de un grupo de amigos porque ya era tarde. Uno de ellos miró su reloj y se sorprendió de la hora que era. Entonces me fijé en la pieza que lucía: un bonito reloj plano, bastante  minimalista, con una correa estrecha de piel… quizás demasiado estrecha para un hombre. Elogié su reloj y su novia respondió “es mío, pero se lo ha quedado él por la cara y no lo suelta”. Realmente quedaba bonito y me sorprendí cuán estúpido podía ser el convencionalismo de identificar un grueso determinado de correa con un sexo concreto.

Hoy retomo esa bombillita que se encendió con aquel episodio (y que apunté en mi curtida libretita en el taxi de vuelta a casa) y os hago una propuesta muy simple: ¿por qué no? Fijaos por ejemplo en este reloj de la firma danesa Skagen, marca contemporánea basada en la sencillez, la funcionalidad y la accesibilidad. El modelo Ditte es hermoso por su sencillez. Un reloj pensado para ellas pero que puede perfectamente ser traspuesto al hombre. Una esfera completamente blanca y cuyo único adorno son unas olas circulares en el bisel, con caja en acero inoxidable de 36.5 milímetros (unas medidas generosas y apropiadas para un hombre), sumergible a 3 atmósferas… Lo que lo delata como femenino en la correa de suave cuero de solo 14 milímetros. Pero si luce bonito, ¡¿qué importa el tamaño?!

para-el-blog.jpg

Modelo Ditte de la colección otoño/invierno de Skagen [129 euros] www.skagen.com

Una actitud diferente

Lunes, 25 Agosto 2014

perry-ellis.jpg

Campaña o/i 2014 de Very Perry Elllis 

Yo soy muy de Diana Vreeland, la gran sacerdotisa de la moda del siglo XX. Y sus máximas son para mí ley. Para esta temporada otoñal que encaramos creo que deberíamos hacer un mantra de algunas de sus fases lapidarias. Por ejemplo: “No temas ser vulgar. Lo verdaderamente terrible es ser aburrido y común” o  “Demasiado buen gusto, aburre”. Y de pronto pienso en el traje de tres piezas y en cómo el paradigma de la elegancia puede hacernos parecer totalmente fuera de órbita.

¿Puede seguir de modas el traje con chaleco y no suscitar miradas de asombro? Sí, basta con que nos saquemos la chaqueta y la sustituyamos con una alternativa más ‘light’. Las campañas de las firmas de moda son un buen termómetro de ideas, y en esta ocasión alguna firma nos muestra cómo hacerlo (el usar de una forma diferente el traje de tres piezas) sin perder un ápice de estilo.

El lema de la campaña de Perry Ellis viene a ser que no nos tomemos a nosotros mismos, y mucho menos a la moda, demasiado seriamente. Un ejemplo de cómo hacerlo es sustituyendo la chaqueta del terno por un cárdigan ligero. Por otro lado tenemos a Hackett, que primero nos lo propuso sobre la pasarela y después ha reproducido la idea en su campaña estacional, cambiando la chaqueta del tres piezas por plumas o una chaqueta enguatada.

hackett1.jpg

Temporada o/i 2014/15 de Hackett: campaña (izquierda) y sobre la pasarela (derecha)  

Sonría, por favor

Mircoles, 25 Junio 2014

sonria.jpg

Tu imagen mejora ostensiblemente con una sonrisa. Muchos hombres parecen pensar que sonreír debe restarle autoridad o menoscabar su imagen, sobre todo cuando ostentan una posición de liderazgo o están en la cúspide del mundo de los negocios. ¡Qué errados están! Un gesto serio perpetuo pierde todo sentido y efecto, mientras que si muestras una sonrisa habitual y de pronto adoptas un rictus serio el efecto de este es multiplicador. Además la sonrisa en un arma socializador y de negocios muy proactiva. Yo llevo mucho tiempo practicándola, sobre todo cuando quiero conseguir algo en ambientes hostiles. Ejemplo: el trato con la administración, con funcionarios saturados de usuarios maleducados y exigentes que les invitan a practicar el muy sano hábito del “vuelva usted cuando lo tenga todo”. Una sonrisa abierta y franca cuando te acercas a la ventanilla o mesa de turno predispone al trabajador público a solucionar tu problema en la medida de sus capacidades y más allá. El gesto Victoria Beckham, entiéndase ‘cara de asco’, o el modo de cabreo permanente enrarece los ambientes de trabajo y menoscaba la imagen profesional de quien se rinde a ello. Recuerdo particularmente una larga estancia en el hospital con un familiar que me dio la oportunidad de practicar la sociología organizacional con el mundo de la medicina. Recuerdo dos casos muy concreto: 1) un internista afable, empático y que siempre regalaba una sonrisa a sus paciente, incluso en las peores situaciones, y 2) un cirujano que tenía aterrorizadas a las enfermeras que no se atrevían a dirigirle la palabra ni a mirarle a los ojos. El primero desprendía un halo de competencia y de implicarse al mil por cien en su trabajo, el otro, que no dudo sería un excelente médico, daba la impresión de uno de esos profesionales mediocres que necesitan aterrorizar a su entorno para encubrir su falta de aptitudes (cosa muy común en cualquier organigrama empresaria, especialmente en la parte alta de este).

¿Pero cualquier sonrisa vale? No. Una cosa es sonreír y otra parecer un simple que vive en un mundo feliz. Mírate en el espejo. Analiza las diferentes sonrisas que proyectas: amplia, recatada, cínica, ladeada… Elige la que mejor le vaya a tu rostro y practícala hasta convertirla en un tic. Será tu mejor arma. Con ella conseguirás que la gente haga lo que pides e irritarás a aquellos que tratan de sacarte de tus casillas. ¿Cómo decía Anne Bancroft en La asesina, film de John Badham (remake de una película de Luc Besson), tratando de educar a una desarrapada Bridget Fonda? Sí, decía algo como que cuando estuviera en una situación que la sobrepasara se limitara a sonreír y dijera algo como “nunca me importaron las pequeñas cosas”… Bueno, eso de la frase no lo comprendí muy bien en su momento, pero sí es cierto que el esbozar una sonrisa y repetir un mantra (el mío es “realmente encantador”, que puede ser textual o irónico) ayuda a mantenerse siempre bajo control y no cometer locuras pasionales ni estallar en exabruptos.

Además la sonrisa es terapéutica. Si te levantas encabronado con la vida en posible que la vida se encabrone contigo, pero si afrontas el día con una sonrisa todo se trivializa. La risa no es sólo buena para tu estado de ánimo sino que tiene un efecto muy positivo en la materia gris de tu cerebro, tal y como dice un reciente estudio realizado por Loma Linda University, una institución académica Adventista del Séptimo Día del sur de California dedicada a las ciencias de la salud. Allí al investigador Gurinder S. Bains se le ocurrió someter a un grupo de adultos al visionado de vídeos divertidos durante 30 minutos y se comparó sus resultados en unos test de memoria con los de otro grupo que durante ese tiempo había estado simplemente sentado de brazos cruzados. La conclusión es que la risa puede reducir el estrés (¡qué listos!) al disminuir las hormonas relacionadas con este, como el cortisol y las catecolaminas, y esto equivale a un mejor funcionamiento de la memoria. ¿No es un buen motivo para sonreír al menos?