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McQueen rompe el corazón de la moda

Viernes, 12 Febrero 2010

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El mundo de la moda llora desconsolado. Alexander McQueen (Lee para los amigos) ha decidido dejarnos a los 40 años. Hoy fue encontrado muerto en su casa londinense y todo apunta a que ha cometido suicidio. La policía se muestra cauta y no quiere pronunciarse hasta después de la autopsia, pero en principio no barajan la hipótesis de la muerte violenta. La noticia corrió como la pólvora en el día de ayer y los amantes de la moda, que es lo mismo que decir ‘los admiradores de McQueen’, intentaban buscarle una respuesta lógica a esta sin razón. Tan sólo hace nueve días el propio McQueen reveló vía Twitter a sus seguidores que su madre, Joyce, había fallecido y cómo de devastador había sido ese golpe para él. Hoy viernes 12 de febrero estaba programado el funeral de su madre. Parece que la depresión en que le sumergió la desaparición de su madre pudo con el genio, que puso punto final a su sufrimiento ahorcándose

McQueen deja padre y seis hermanas que serán los encargados de cuidar su legado. Su muerte ha marca el transcurso de la semana de la moda de Nueva York, y sobre todo descabalará la London Fashion Week que se inicia el día 19. Muchas preguntas se abren ahora, la más apremiante es la incógnita sobre si se mostrará su colección de otoño-invierno 2010-2011 en París, cuya presentación estaba fijada para el día 9 de marzo en La Conciergerie, el palacio residencial de los reyes de Francia de los siglos X al XIV y más tarde prisión del Estado desde 1392, considerada, durante el Terror, como la antecámara de la muerte, de la que muy pocos pudieron salir con vida. Una terrible casualidad que se viene a unir a que la editora de moda Isabella Blow, su descubridora y buena amiga, también se suicidó hace tres años. Isabella, al ver su colección de graduación de Saint Martins, la adquirió toda para su uso personal, pagando las 5000 libras en que se valoró en cuotas mensuales de 100 libras.  

Cuando Bernard Arnault, presidente de LVMH, colocó a John Galliano al frente de la maison Dior, echó el ojo a un joven McQueen de 27 años para rellenar el hueco que Galliano dejaba en la dirección creativa de Givenchy. Ya por entonces Alexander evidenciaba fuertes crisis de personalidad, rasgo común a otros genios, ya que desaparecía sin dejar rastro en momentos de crisis y con frecuencia terminaban dando con él en el apartamento neoyorquino del diseñador español Miguel Adrover, con el que mantuvo una maravillosa relación a lo largo de los años. Cuando consiguió el contrato en Givenchy estaba con Miguel en su casa de Mallorca, donde alquiló durante tres veranos consecutivos alquiló una casita por dos semanas. Miguel ha afirmado en los últimos días que sin la figura de McQueen la pasarela londinense no sería nada hoy, ya que fue el diseñador que lo cambió todo en los noventas y devolvió esta plataforma al ojo del huracán de las tendencias. “Él hizo sueños realidad y también pesadillas” dice Adrover refiriéndose al poder estético de su discurso sobre la pasarela. 

McQueen ha sido, y ahora lo será más, un icono absoluto” afirma la diseñadora Ana Locking, “es a la moda lo que Warhol, por ejemplo, es al arte. Lo reúne todo como diseñador, sabiduría, vanguardia… Tenía una visión muy trágica de la vida y eso se reflejaba en sus colecciones. En sus creaciones y en sus puestas en escena había una mezcla sublime de tragedia y romanticismo, una mezcla muy británica, como en el cuadro Ofelia Muerta de Millais”.

Ramón Fano, Director de la revista Neo2, ensalza su figura como revolucionario de la moda: “Recuerdo que en los 90 devoraba sus declaraciones e imágenes en revistas como, la también desaparecida, The Face. Aquellas imágenes con Isabella Blow serán siempre míticas. Supongo que para muchos de nosotrosMcQueen representó ese icono generacional transgresor, tan necesario para mover el mundo y levantar pasiones, en este la pasión por la moda y sus creadores” .

McQueen es alguien irrepetible, un genio incuestionable” nos cuenta Carmen Garijo, Subdirectora de la revista Glamour. “Un artista enorme que ha sabido jugar con la figura femenina convirtiéndola a su capricho, modificando sus volúmenes, eligiendo sus formas, reinventando sus armonías. Y siempre con el toque preciosista de la costura más exquisita. Cada uno de sus shows era más que un desfile, era una invitación a soñar, una experiencia estética. Nos ha ofrecido toda una lección de moda en cada uno de sus hallazgos. Nos ha emocionado hasta las lágrimas en cada uno de sus desfiles. No ha sido un diseñador de moda, sino un creador, un artista, una de esas personas privilegiadas que poseen el don de convertir en belleza todo lo que su mente imagina”.

Paloma Leyra, Subdirectora de la edición española de Harper’s Bazaar, remarca la pasión que emanaba de su trabajo: “Para mí, Alexander McQueen tenía dos cosas importantísimas para ser especial, y una de ellas no es precisamente haber muerto joven: Su trabajo se balanceaba entre lo visible y lo invisible y en ambos casos su pasión era extrema. Conocía perfectamente el valor de la transgresión en el arte, amaba la transgresión y empleaba la rebeldía como gesto diferenciador, pero al mismo tiempo y era un perfeccionista con la confección, algo que sólo perciben quienes tienen entre sus manos una pieza perfecta y sutil. Entre ambos extremos, lo visible y lo invisible, le concedieron el título de enfant terrible de la moda. Pero lo único terrible que hizo en su vida fue quitársela”.