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La visita de Anna Wintour… Y ahora venid a por mí, que os espero.

Lunes, 5 Octubre 2015

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¡Y la Virgen se nos apareció! Digo la Virgen porque aquí en España somos muy marianos, lo mismo podría haber dicho perfectamente que se nos apareció Dios. Pero no se nos reveló ni en forma de zarza ardiente, ni sobre un fresno en El Escorial, ni con el sol a la espalda en plan halo celestial plenipotenciario… No. Dios, la Virgen y Buda, si nos ponemos, se nos aparecieron en el Museo del Traje de Madrid encarnados, cual Divina Trinidad, en la persona de la inefable Anna Wintour, directora de Vogue USA. Allí se dirigieron en peregrinación la industria el sector de la moda española a clamar por el milagro.

Por lo que ha trascendido y he podido recabar, la conferencia o charla que dio se mantuvo en los cabales límites de la corrección. La sacerdotisa suprema dio unas vagas nociones de cómo navegar en el proceloso mar de la moda internacional. Obviedades, que no por obvias menos ciertas e instructivas. Pero no se entienda que critico a la Sra. Wintour por esa conferencia de Perogrullo, no me atrevería en la vida, soy así de cobarde. Sino que mi desagrado se focaliza en el sector de la moda nacional porque no entiendo qué esperaba. Wintour ofreció el catón más básico, pero es que a un niño que aún no sabe sumar y restar no se le puede meter en una clase de física cuántica del MIT. Así es la moda española (en su conjunto), un bebé en pañales, muy listo y con muchas posibilidades, pero que aún no sabe dar tres pasos sin tambalearse.

Días antes de la conferencia, y casi desde que Wintour expresara su interés por conocer en primera persona la asombrosa logística de Zara que le había elogiado Christopher Baily en una conversación privada (o no tan privada, habida cuenta que trascendió en el WWD), la moda española entró en ebullition. ¡Que viene La Wintour, que viene La Wintour…! En su momento escribí en Facebook que esto me olía a Bienvenido Mr. Marshall II, sin Berlanga pero con el mismo grado de disparate. Yo me imaginaba a los protagonistas de las pasarelas madrileñas yendo cogidos del brazo a recibir a nuestra Sra. Wintour cantando al unísono aquello de:

Los yanquis han venio’ ¡olé, salero! con mil regalos.

Y a las niñas bonitas van a obsequiarlas con aeroplanos.

Con aeroplanos de chorro libre, que corta el aire.

Y también rascacielos bien conservaos en “frigidaire”.

Y es que los españoles somos muy mucho de montarnos películas y ver El Dorado al alcance de la mano. En una conversación pública a raíz de ese ‘estado’ de Facebook, Txema Mirón (@FadFix), consultor freelance de prensa, comunicación e imagen, un profesional que respeto sobremanera, ¡e invitado al evento con la papisa organizado por la Embajada de los EE.UU!, me decía que en su opinión para acceder al Olimpo de la industria/ventas norteamericanas “las claves son muy claras: presentar allí, y participar del mercado estadounidense, ya sea con empresa, taller, desfiles, abriendo puntos de venta, y/o comprando páginas de publicidad. Creatividad sí, pero sin olvidar industria (norteamericana)”, algo que Wintour diría más tarde con sus propias palabras. El problema es que muchos pensaban que Anna (la llamo Anna porque en un desfile de Calvin Klein le mantuve la mirada casi 12 segundos sin que viniera un responsable de prensa y me pidiera que me marchara) vendría a España con una varita mágica y, ¡hala!, todos a las páginas del Vogue USA.

Marina Conde, diseñadora de La Condesa (@LaCondesaConde) me aclaraba vía Facebook igualmente, y tras hacerse público en diversos medios el malestar de ciertos diseñadores por cómo se desarrolló todo, que Wintour incitó a las nuevas generaciones a preocuparte más por la tecnología, “que todos deberíamos aprender nociones básicas de programación porque, como ha podido ver en sus recientes visitas al Silicon Valley, el futuro pasa porque todos sepamos controlar la tecnología que nos llega”.

Eso me recuerda un momento revelador (perdonadme la digresión) que tuve hace unos 20 años. Fui a la entrega de un premio literario y el veterano escritor, que no recuerdo quien era, la verdad sea dicha, dijo a los jóvenes aspirantes al oficio que leyeran mucho y de todo, de ciencia, tecnología, sociología, psicología… Especialmente de aquello que no les interesara a priori, porque es justo de lo que hay que formarse para enriquecer la literatura tanto en su forma como en su fondo, en el estilo y en la temática. ¡Joder, qué razón tenía! Pues Wintour ha dicho lo mismo: Señor diseñador, no puede estar usted encerrado en su atalaya de diseño con sus lápices de colores. Usted como cabeza de una empresa debe saber de TODO, básicamente para controlar los resultados (no se trata de que sepa usted hacer una página web, sino que tenga criterio para saber a quién encargársela y que lo que hace esa persona corresponde a las posibilidades reales que ofrece la tecnología en ese momento; o poder juzgar si su comunity manager está haciendo una labor que aprovecha todos los recursos comunicativos a su disposición; o si sus sueños creativos pueden realizarse o no en base a las tecnologías y técnicas desarrolladas o en desarrollo, y no acepte nunca la vía fácil que fabricantes desactualizados le ofrecen como alternativa porque saben darle solución a su reto…). Esto es como lo que dicen en las presentaciones de los Másteres en Dirección Turística que te prometen que pasarás por todos los departamentos de un hotel, desde contabilidad a limpieza, porque “para saber mandar primero hay que saber hacer las cosas”.

El Mundo se hacía eco del malestar de la moda española por cómo se ha gestionado todo, a quien se ha invitado, que asiento se le ha dado… Pero en el fondo de ese malestar lo que reside es cierta sensación de que el convoy de Mr. Marshall ha pasado de largo como en Villar del Rio (en este caso de paso a la Paris Fashion Week). Marina Conde me decía “la sensación que me da es que los asistentes quedaron resentidos porque no les impuso las manos encima y les solucionó la vida para siempre”. ¡Ahí le diste, querida! Aquellos no fueron a escuchar lo que Wintour tenía que decir, sino a perseguir un sueño.

¿Pero qué sueño? ¿Salir en Vogue USA? ¿Para qué? Olvídense de Anna Wintour, ella es una mujer de negocios, su interés en esta visita radicaba en reunirse con los ejecutivos de Inditex, cuyo modelo de negocio lo ha revolucionado todo, o está en el camino de hacerlo. Y con Dimas Gimeno, director general de El Corte Inglés (¿veremos más marcas americanas en El Corte Inglés en los próximos años?, ¿veremos marcas de El Corte Inglés en EEUU?), y con Isak Andic, fundador de Mango. INDUSTRIA. ¡INDUSTRIA! NEGOCIOS. RED DE VENTAS. LOGISTICA. SISTEMA DE PRODUCCIÓN… MONEY. La charla que dio en el Museo del Traje fue un gesto de buena voluntad y educación, y hay que agradecérselo.

Diseñadores, ¿quieren ustedes ser bendecidos por Vogue USA? Pues háganse esta pregunta: ¿PARA QUÉ QUIERO SALIR EN VOGUE USA?

Es que quiero vender en Estados Unidos. Bueno, pues su persona no es Anna Wintour, sino los responsables de compras de las principales boutiques y grandes almacenes, lo que se llaman ‘BUYERS’. Quizás les sería más rentable dejar de desfilar y pagarles un viaje de lujo a España a algunos de ellos. Una vez aquí se les realizan presentaciones privadas en un salón del Hotel Ritz, a puerta cerrada, y se les brinda unos días de turismo cultural, buen yantar y la legendaria cordialidad Made in Spain.

Digamos por un momento que consiguen traerse a Madrid a Eric Jennings, vicepresidente y director de moda masculina de SAKS (por aaquello de que este blog está ahora dedicado a la moda masculina española), y le presentan su colección. Digamos que Jennings queda impresionado por su talento (¡claro que sí!, el talento de los diseñadores nacionales no solo merece estar en primera línea, sino mucho más), y pongamos que le hacen un pedido in situ. ¡UPS! ¿Me dejan adelantar la respuesta del diseñador? “Vaya, esas cantidades no las podemos producir, necesito tiempo para buscar quien pueda fabricar…” Para  cuando vaya a terminar la frase, Mr. Jennings ya ha abandonado España y ha olvidado su nombre. Los americanos no compran sueños (ya no compran ni el tan traído y llevado sueño americano) sino realidades tangibles e inmediatas.

Pongamos ahora que su interés, señor diseñador, es simplemente un minuto de gloria en las páginas de Vogue USA, alimentar su ego. Ya lo dijo Wintour en su charla, “con internet es más fácil hacerse famoso. Pero la Red tiene una doble cara: es más difícil mantenerse”, o “es fácil hoy ser famoso, pero que eso no significa tener éxito en tu negocio“, tal y como han recogido algunos medios. Creo que algún asistente debió de sentirse ofendido porque se pusiera en tela de juicio su arrasador talento (pero sin ventas). Para salir en Vogue USA hay que seducir a sus editoras:

1) Vendiendo allí. Yo, como editora, ¿qué interés puedo tener en tu ropa si mi público no puede adquirirla? No olvidemos que las páginas de una revista son un negocio, no un proyecto artístico (eso me lo dijo Adolfo Dominguez en una entrevista en este mismo blog: “Si eres un artista te puedes dedicar a no vender. Van Gogh sólo vendió un cuadro en su vida. Pero un diseñador tiene que vender. Está claro que esta es una actividad con un alto componente artístico pero sobre todo es una actividad económica”).

2) Promoviendo tus colecciones en USA a través de un showroom y gabinete de prensa que te las muevan tanto entre la prensa como entre las tiendas, y colocándola a celebrities o socialites que pongan tu trabajo en el disparadero mediático…

3) Comprendiendo la idiosincrasia del público americano. El americano quiere el diseño al servicio de la vida diaria, de su rutina. Puede necesitar un traje de noche maravilloso, de los que los españoles sabemos (saben, yo no soy diseñador) hacer tan bien, pero donde está la clave del negocio es en la calle, en la oficina, en las reuniones familiares… Eso es lo que se ha llamado estilo Americano: un streetwear de gran calidad. Una mujer puede necesitar un traje de noche espectacular una vez al año, pero ¿cuantos pantalones se tiene que comprar?, ¿cuantas blusas?, ¿y zapatos?

4) Cultivando a la prensa (cosa que en España muchos toman a la ligera pensando que son el ombligo del mundo). Allí has de cuidar a la periodista o estilista, mimarla, mostrarle tu trabajo, que se sienta bien atendida, facilitarle los recursos, el acceso a tu mundo… Aquí en España muchos piensan que como son ‘diseñadores’ la prensa come de ellos, de sacarlos en sus páginas, cuando la verdad es que los que se aprovechan de los réditos de esas salidas en prensa son exclusivamente ellos. Una revista vende los mismos ejemplares sacando a Pepito Malote o a Ralph Lauren, sin embargo la revista no come de la no-publicidad que mete Pepito Malote y sí de las páginas que paga Ralph Lauren. Así que cuando un periodista español los llame, háganme el favor, no les hagan perder el tiempo.

Si todo esto no lo dijo Wintour en su visita a Madrid supongo que es porque lo daba por sobrentendido.

No quiero terminar sin señalar que tanto digo una cosa, como digo la otra (así de polifacética y contradictoria es mi honorable persona). Quiero romper una lanza por todos aquellos diseñadores y firmas que sí que hacen sus deberes. Que se mueven con inteligencia en las nuevas tecnologías y las redes sociales, que trabajan con respeto con la prensa (no queremos –al menos yo- regalos, lo que queremos –al menos yo- es que el trabajo no sea cargar con la piedra de Sísifo constantemente). Esos diseñadores que saben que el objetivo de su trabajo no es inflar su ego sino satisfacer a una clientela. Los hay. Los hay en la industria de la moda española, y no son poco. Podría ser elegante y no nombrar ninguno, pero como soy un zafio voy a poner un ejemplo: Lander Urquijo. Lander ha sabido conjugar perfectamente su enfoque de moda de lujo con las necesidades del hombre real de la calle; ha creado un mundo de exquisitez artesanal trabajando de manera envidiable su presencia en las redes sociales (sobre todo en Twitter); siempre accesible para nosotros, la prensa, con portavoces (tanto si llamas a la tienda como si hablas con su maravillosa responsable de prensa, Marina) de trato entregado, solícito e impecable; Lander mismamente es un caballero de trato impecable y cálido… No existe un pero. Igual que Lander Urquijo puedo nombrar a firmas como SOLOiO, diseñadores como Purificación García, talentos como Roberto Etxeberría que sabe rodearse de buenos profesionales, o creadores con lo que cada charla es una experiencia enriquecedora como Agatha Ruíz de la Prada o Modesto Lomba. Parándome aquí sé que habrá quien diga, “¡jo, con lo bien nos llevamos y no me ha mentado, que tío más capullo!”. Perdóname, la confianza da asco.

Grace y su verdad edulcorada

Martes, 27 Noviembre 2012

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No quería abordar el tema de la biografía de Grace Coddington sin haberla leído previamente. No la he terminado, he ido a capítulos de su vida que me interesaban especialmente, y así contrastar qué grado de similitud encontraba con lo que públicamente se sabe de ella y aquellos episodios que han construido su mito. Sí, mito, por mucho que Grace insista en recalcar desde el principio del libro que ella era una persona anónima hasta la irrupción en su vida del documental The September Issue, lo cierto es que ella ya era un personaje con dimensiones de leyenda dentro de la industria.

Me ha parecido en líneas generales que su relato de la historia es bastante honesto, incluso reconociendo que ella no es precisamente una persona fácil. Si bien parece que en el imaginario popular se ha forjado la idea de que el tándem Wintour/Coddington es un arquetipo del poli bueno/poli malo, lo cierto es que quienes trabajan con ellas saben que el poli bueno debe estar de baja por depresión desde que ambas arribaron a Vogue USA. Pero Grace no lo esconde, y eso le honra.

Para ser franco lo que más me interesaba de la historia (aunque a posteriori me ha enriquecido mucho otros pasajes) es la relación que mantuvieron Coddington y Wintour en la etapa final de la primera en Vogue (Reino Unido) y su reencuentro en Nueva York cuando Anna está a punto de coger las riendas de Vogue USA. Mi principal fuente de contraste es la polémica biografía no autorizada de Anna firmada por Jerry Openheimer (Front Row. Anna Wintour: What lies beneath the chic exterior of Vogue’s Editor in Chief). Lo primero que contrasté fueron los motivos de que Grace abandonara su reino dorado como directora de moda en Londres para convertirse en la directora de diseño de Calvin Klein. Y aunque el motivo de fondo es el mismo, Grace tiende a edulcorarlo y banalizarlo porque supongo que pretende seguir trabajando y no recibir el finiquito.

Grace dice que cuando Anna llegó a Vogue (UK), como paso preparatorio a su derrocamiento de Grace Mirabella en Nueva York, todo cambió en la revista. El nivel de exigencia de Anna y su obsesión por el control de cada foto, su total cambio de métodos en una revista de empleados hasta cierto punto relajados… Todo eso hizo que Grace aceptara la propuesta de Calvin, a la vez que, dice, aprovechaba para afianzar una relación incipiente con su actual pareja. Grace tiene la suficiente habilidad para soltarnos el mote que la prensa le puso a Anna y que tanto la molestaba, “Nuclear Wintour”, sin que Anna pueda molestarse puesto que lo hace como reproche a esos medios que la atacaron (aunque si de verdad la apreciara simplemente lo hubiera omitido, ¿no os parece?).

Lo cierto es que Openheimer recoge una serie de declaraciones de ex-empleados de Vogue y amigos de Grace de aquella época que ponen nombre a lo que Anna hizo con Grace: moving. Anna allá donde llegaba marcaba su territorio, y en Londres se encontró con la reina Coddington y la ambiciosa Liz Tilberis aliadas como viejas amigas. A las dos les terminó haciendo la vida lo suficientemente “agradable” como para que aceptaran otros puestos en otros lugares. Incluso humilló a Grace en una ocasión (que se sepa), que se cuenta en el libro de Openheimer, sacando a la directora de moda de un almuerzo para que acudiera al despacho como si fuera una simple asistente.

No sorprende que Grace saliera pitando de allí, lo alucinante es que cuando se enteró de que Wintour se hacía con el control de Vogue USA se precipitara en llamarla y pedirle estar en su equipo. Anna no lo dudó, la citó en Da Silvano a las seis y fue directa al grano: “Empiezo el lunes. ¿Quieres empezar conmigo?” ¡Qué generosa! ¿O no? No. Hay que verlo de esta forma: Simplemente Anna había amaestrado a un buen perro de raza y rebelde. Lo había apaleado para que aprendiera quién mandaba y cuando el perro había bajado la testa y suplicado su mano en el lomo, no dudó en aceptarlo en su indudable posición de dominación. (Anna siempre ha tenido tendencias dominadoras, o así lo cuentan quienes vivieron la relación con Georgia Gunn, su asistente en Viva y New York Magazine).

Hay que leer ambos libros mencionados. Imprescindibles.

Literatura de verano: fresquita y sin riesgos

Jueves, 6 Agosto 2009

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-Nena, he visto la última foto que has colgado en Facebook –le digo a mi amiga Nani por teléfono- y si no has pasado por el hospital todavía deberías ir ipso facto, porque esa piel parece tener quemaduras de extrema peligrosidad.

Por lo visto se había quedado dormida en la playa porque estaba leyendo no sé qué tocho de Juan Manuel de la Prada. Para mí, que soy capaz de desentrañar hasta las… (¿puedo decir ‘pajas mentales’ en el blog?, ¿no?)… Para mí, que puedo desentrañar hasta las diatribas filosóficas-estéticas de la obra de Yukio Mishima, cualquier breve opúsculo de Juan Manuel de la Prada me parece soporífero. Así que comprendo que Nani cayera irremediablemente en el sopor de su lectura. ¡Pero cómo se le ocurre! Cuando te vas a la playa te tienes que llevar libros ligeritos, como el pareo, el tinto de verano y las canciones de chiringuito. No he escuchado de nadie que se lleve en el iPod la ópera Die tote Stadt de Korngold.

Así que desde aquí quiero hacer unas recomendaciones literarias (asociadas a la moda) que estoy seguro harán las delicias de todos aquellos que leen Fondo de Armario:

Front Row – Anna Wintour: What lies beneath the chic exterior of Vogues’s Editor in Chief. Esta biografía no autorizada de Jerry Oppenheimer hizo que Anna montara en cólera, y cuenta la trayectoria de nuestra idolatrada editrix Wintour desde su adolescencia en el Londres de Mary Quant a su ascensión a los cielos de Vogue USA. Quizás lo que más enfadara a la Wintour es la manera en que Oppenheimer (y las fuentes consultadas) la presentan como una manipuladora de hombres. En las páginas de este libro descubrimos por ejemplo que Anna se ha empeñado en borrar de su biografía pública y oficial una etapa laboral importante. Su paso por Viva, una revista erótica para féminas publicada por la editorial de Penthouse. Reproduzco una anécdota de cómo la Wintour siempre ha de salirse con la suya: cuenta Andrea Blanche, una fotógrafa que trabajaba con Vogue cuando Anna estaba a la cabeza de Vogue UK, que esta le hizo un par de encargos. Uno de ellos era de una modelo con trajes de cóctel en distintos escenarios londinenses. Comenta que había una foto en que la modelo, con una actitud muy natural, cogía un taxi con una gran sonrisa y con los brazos al aire. Blanche siempre editaba las fotos y sólo mandaba una pequeña selección, y la editora de moda encargada le advirtió que Anna querría ver esa foto. A lo que Blanch le dijo que ella era la fotógrafa y que aquel era su trabajo, y que esa foto concretamente no le gustaba, así que la desechó. Finalmente mandó unas tres fotos de cada look, como solía hacer, y el resto del material fue metido en ¡tres bolsas de basura! Eso es un montón de diapos (antes se hacían estas cosas con diapositivas) desechadas. La reacción de la terrible Wintour no se hizo esperar, la llamó por teléfono y le dijo que quería esa foto. Blanche se negó, Anna (que suele ser muy flemática) perdió los papeles, y la fotógrafa no volvió a trabajar con Conde Nast. Lo curioso de la historia es que meses después, ojeando Vogue, ¡se encuentra la famosa foto publicada! La Wintour le habría dicho a la editora de moda: “no me importa, no quiero escusas, consigue esa foto” y la pobre muchacha debió de cogerle las vueltas a Blanche y rebuscar en las tres bolsas de basuras hasta dar con la puñetera foto.

Este tipo de exigencias son propias de Anna Wintour y así se relata en El diablo viste de Prada de Lauren Weissberger. Habréis visto la película. Pues olvidadla, el libro en infinitamente mejor, colosal, magistral, divertidísimo… Sería un pecado que no lo leyerais pensando que con la película ya lo habíais visto todo. Weissberger que fue asistente de Anna relata episodios kafkianos camuflados de ficción. Como cuando Miranda Priestly pierde un pendiente (no recuerdo si en París o en Nueva York) y sus asistentes, desde Nueva York, son encargadas de dar con él. En un momento del libro Emily, la otra asistente afirma: “Yo puedo encontrar un pendiente en menos de diez minutos en cualquier ciudad del mundo (…) sólo constituiría un reto si no nos dijera en qué ciudad lo ha perdido. Pero apuesto a que incluso entonces lo encontraríamos”.

Pero Anna Wintour no tiene sólo detractores. Aunque Oppenheimer afirma que sólo se lleva bien con los hombres, hay algunas mujeres que se convierten en sus ‘favoritas’, como Plum Sykes. Sykes es una colaboradora de Vogue, socialité, y escritora. Tengo una anécdota divertidísima con Plum Sykes en Nueva York pero la contaré otro día (qué malo soy). El mejor libro de Sykes para mi gusto es Bergdorf Blondes (traducido en España como Rubias de la Quinta Avenida). Es un libro divertidísimo sobre las descerebradas herederas de la Quinta Avenida cuya vida gira en torno a la perfección de sus mechas y conseguir el novio perfecto. En un momento dado la protagonista le manda un mail a su buena amiga Julie revelándole que ha descubierto que estar prometida proporciona una piel maravillosa, lo que hace que Julie entre en crisis y le diga (perdonad la traducción, es mía): “he tenido todos los bolsos de Vuitton que Marc Jacobs ha realizado, ¿pero qué sentido tiene si en mi otro brazo no cuelga un fiancé que los complemente? ¡Y mira! (…) ¡Llevas medias de rejilla! ¿Están las medias de rejilla de moda? ¿Por qué nadie me lo ha dicho?” Si eso no es una crisis de identidad en toda regla que alguien me saque de mi error. La novela es simplemente deliciosa y jamás se hubiera esperado que una amiga de Anna Wintour tuviera tanto sentido del humor.

Para terminar, una recomendación casi imposible de conseguir porque está descatalogada en castellano, pero me parece una lectura obligatoria que deberían mandar en la ESO. Ya que los chicos de hoy no logran pasar de la primera página del Quijote, al menos que se lean algo terriblemente divertido: Gente fabulosa (Fabulous nobodies) de Lee Tulloch, que al igual que Plum Sykes es colaboradora de revistas como Vogue (Australia). Su novela es una divina parodia de la Movida neoyorquina de los 80, esa que Giuliani se empeñó en exterminar. Su protagonista, Reality Nirvana Tuttle, es una fashionista convencida que se dedica al noble oficio de ‘puerta’ (aquella que decide quién entra y quién no) de un prestigioso club de moda. Pero un día tiene mala suerte: “… una mujer que lleva un cárdigan azul marino y pantalones azules, caros pero de mal gusto, avanza resueltamente por la escalinata como si tuviera clarísimo que le voy a franquear la paso aquí y ahora. Hay que ver el valor que tienen esta gente. –Venga, lárgate –le ladro”. Desafortunadamente era Jackie O y eso le cuesta el puesto de puerta a Reality y se enzarza en una serie de descerebradas aventuras por mantener su estatus de fabulosa.

Pues eso, que con este tipo de lecturas no te quedas dormido al sol. En verano hay que minimizar riesgos, no vaya a ser que en el futuro aparezca en los informativos una noticia como la de los Rayos UVA que ahora son cancerígenos, y que diga: “los libros de Juan Manuel de la Prada llevarán a partir de ahora prospecto que advierta que no deben ser usados bajo el sol a riesgo de contraer cáncer de piel”.

La política y la moda: Primera Dama en portada

Mircoles, 11 Febrero 2009

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Y volvemos con los Obamas. Ya dijimos en este blog que estaban abocados a convertirse en iconos del estilo. Y no es que uno tenga la famosa bola de cristal “que a todo el mundo le mola” y que ve el futuro. No, simplemente es que seguí la campaña y leí entre líneas. Sabiendo que Vogue (el americano, el resto no cuenta) dicta qué es estiloso y que su directora, la inefable Anna Wintour, junto con su fiel amigo y colaborador André Leon Talley dieron el pasado verano varias fiestas para recaudar fondos para el por entonces senador por Illinois. Anna, que bien ha aprendido la lección ‘racaudatoria de fondos para campañas políticas’  de su tempestuosa relación con el millonario tejano Shelby Bryan que rompió su matrimonio y que la introdujo a los Clinton. ¿Recuerdan aquel cambio de imagen de Hillary durante la presidencia de su marido? Sí, cuando de pronto se volvió más femenina y suavizó su maquillaje… Obra de Anna Wintour. De hecho Hillary fue la Primera Dama que apareció en la portada de la revista en diciembre de 1998 [en aquel mismo número se anunció la quiebra de Mizrahi, del que hablábamos en el post del lunes].

Pero en la política americana ‘quien la hace la paga’ y en enero de 2008 estaba previsto que Hillary apareciera en Vogue fotografiada por Annie Leibovitz (a nadie más le comisionan este tipo de encargos de altura). Las fotos de Clinton fueron hechas pero finalmente rehusó salir porque, según explicaron desde Condé Nast, “estaban preocupados de podría parecer demasiado femenina”. Ni que decir tiene que La Wintour cogió el berrinche de su vida y en el número de febrero escribía en el editorial “imaginen mi sorpresa cuando me dijeron que Hillary Clinton, nuestra única candidata presidencial mujer, había decidido bajarse de nuestras páginas en este punto de la campaña por miedo a parecer demasiado femenina”. Y continuaba diciendo: “Esto es América, no Arabia Saudí. Estamos en 2008: Margaret Thatcher pudo estar estupenda en un traje chaqueta azul, pero era hace 20 años”.  

La prensa encontró un filón jugoso y repetía por doquier que Hillary Clinton se había granjeado una poderosa enemiga que no pararía hasta destruirla. Exageraciones, claro. Pero lo cierto es que Anna volcó todo su esfuerzo y sus esperanzas en el matrimonio Obama sacándolo a él ¡dos veces! en la portada del Men’s Vogue. Y Anna Wintour nunca apuesta a caballo perdedor, y vaya si ganó: Michelle Obama es la portada del número de marzo de Vogue (fotografiada por Annie Leibovitz y entrevistada por André Leon Talley). 

Esa portada era algo muy rumoreado en el sector y en la recta final de la campaña presidencial muchos se rieron de que Michelle había salido en las portadas de Ebony y Essence que en la de Vogue. ¡Pero que pardillos! Anna Wintour nunca hubiera puesto a una “esposa del candidato” en la portada, ella quería a una Primera Dama. Y voilá! Aquí está la primera portada de la Primera Dama Michelle Obama… en Vogue. 

Por cierto. El vestido es del mismo diseñador que en la toma de posesión, Jason Wu. ¿Adivinan de quién es un ‘protegido’ Jason Wu? ¡Bingo! De Anna Wintour.    

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