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Salones de belleza masculinos

Viernes, 18 Julio 2008

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Y digo yo… Si los hombres hemos de copiar comportamientos femeninos, que sean al menos los más placenteros. Estoy pensando en concreto en los salones de belleza. Que levante la mano aquellos que han sentido envidia alguna vez de cómo las mujeres se abandonan una o dos horas en el salón de belleza, dejándose hacer, centrándose sólo en disfrutar. Masajes, limpiezas de cutis, manicura, pedicura… y pueden que sigan siendo las mismas al salir de allí, pero por un par de horitas han tenido la sensación de ser el centro del universo. 

Bueno, sí, los hombres tenemos nuestras barberías, en las que ya no se suele rasurar la barba (o nadie lo pide) y que se han quedado en simples peluquerías masculinas. Y ya ni eso, porque el negocio peluquero tiende a ser bisex, o unisex, como prefieran. En ese paso de la barbería de antaño a la peluquería moderna hemos perdido el componente masculino: el barbero era un hombre que hablaba de cosas de hombres, mientras hacía cosas de hombres, como afeitar, y las mujeres no eran bien recibidas. Con la peluquería moderna hemos ganado en variedad de servicios (depilación, manicura…) y una mejora sustancial en el ambiente en términos decorativos y delicadeza en el trato. ¿Pero por qué no lo podemos tener todo? 

En París, la firma de cosmética masculina Guest, ha abierto en el 103 de la Rue du Faubourg Saint-Honoré, cerca del parque Monceau, el primer Concept Store & Spa de la firma dedicado al hombre. Un espacio exclusivo para nosotros de atmósfera sofisticada pero muy masculina, pensado para someter al cliente a los rituales de belleza diseñados para el hombre, desde un afeitado a la antigua usanza (30 €) a todo tipos de masajes, como el de pies, que sigue los principios de la reflexología (40 €). Para los que prestan atención a sus uñas se pueden decantar por la manicura (45 € - 40 minutos) o la pedicura (40 € - 40 minutos), o probar el pack de 65 minutos que engloba ambas cosas (65 €). 

Un pequeño paraíso donde abandonarse por unas cuantas horas a las manos expertas de sus esteticistas y salir sintiéndose un hombre nuevo, libre de stress, porque eso sí, allí no se puede ir con bullas, que es algo que las mujeres ya aprendieron hace mucho: cuando se trata de belleza, el reloj se ha de parar.

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