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Orgullo ‘gordo’… ¿cuántas veces habré de volver sobre este tema?

Jueves, 13 Mayo 2010

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Me he resistido (no mucho), pero al final he sucumbido a la tentación del ‘autobombo’. Es una práctica muy extendida en el mundo editorial porque todos sabemos cuán cierta es esa máxima que dice que si no hablas tú bien de ti mismo, quién lo va a hacer… o algo así. Yo no espero que nadie hable bien de mí, eso me ahorra muchas desilusiones, así que me dedico a inflarme el ego yo mismo (que ya va por una talla 62, no sé por qué mi ego se ha tenido que situar en la cintura… ¿o no es el ego lo tengo inflado?).

El martes salió el número 3 de la revista Atelier, un magazine digital creado por Beatriz Vera Poseck, una chica que me da miedo lo lejos que puede llegar porque reúne todo lo necesita una buena editora de moda: criterio, visión, ímpetu y curiosidad. Atelier es un proyecto que se ha demostrado como una fórmula de éxito por estar dirigido a una nueva generación de consumidores de moda relacionados con Internet y realizado por las figuras más señeras de la era blog. Pues bien, Beatriz me ha dedicado uno de los artículos de este número (ya decía yo que esta chica tiene buen gusto) y me ha propiciado un momento ‘celebrity’ impagable.

Beatriz se desplazó hasta Sevilla para cerrar dos de los temas de este número. Por un lado una entrevista con Carmen Cachero. ¿Qué no os suena su nombre? ¿Y si digo El diablo viste de Zara? Sí, el famoso blog alojado ahora en Elle.es que se hizo popular por ese ojo crítico desenmascarador de “replicantes” (es decir, de prendas asequibles que se “inspiran” en otras de firmas más exclusivas). Carmen trabaja en el departamento de prensa de una caja de ahorros de día y ejerce de justiciera de la moda cuando el sol se pone. No tengo ni idea de dónde saca el tiempo ni las visitas de su blog, porque la cifra marea… la odio, la odio, la odio, la odio. No, no, que es un cielo.

La otra cita de Beatriz era conmigo. Planeamos que en vez de una entrevista convencional le ejercería de cicerone y le enseñaría lo más interesante de la moda sevillana. Y así lo hicimos en una jornada en que me perdí en mi propia ciudad y ella tuvo que sacar su móvil con GPS (sí, lo sé, soy absurdo y patético, y todavía me sorprende que la gente aproveche sus móviles para algo más que llamar por teléfono, yo aún no sé ni grabar en la memoria los teléfonos). Ella quedó encantada y yo quedé con dolor de pies, y ambos quedamos en que el fotógrafo Fernando Mañas me citaría para hacerme unas fotos para ilustrar el tema. Antes de continuar aclarar que Fernando es el autor de Chic too chic, blog de street style alojado en la web de Telecinco y que viene a ser el The Sartorialist nacional. Las fotos las planeamos entre Semana Santa y Feria, con un frío del copón y yo tenía el estilismo superclaro, pero las realizamos después de Feria en un día realmente tórrido (pero con el estilismo original, de ahí que muchos os preguntéis qué hacía yo con un paraguas con ese sol cegador). Todo se fue un poco de las manos, con deciros que terminé en medio de la calle toreando con el sombrero por muleta y el paraguas por estoque…

Al ver la revista me he sentido muy orgulloso con el resultado final, no por mis fotos (que no me veo tan mal), sino porque este número es un alegato a la diversidad, a la dignidad de las tallas grandes, al fin de la dictadura de la delgadez… y me parece muy acertado que yo esté ahí tanto por estética como por principios. Soy de los que abogan por la dignidad de los gordos (no voy a usar eufemismos como “fuertes”, “anchos” o “gruesos”). Sí, soy gordo, y sólo me preocupa por motivos de salud, NUNCA POR IMAGEN. Creo que los gordos no tenemos problemas con la moda, es la moda la que tiene problemas con nosotros. No es un problema real que la moda no nos siente bien o que seamos un segmento de población no rentable para esta industria. Son los diseñadores los que no saben vestir a los gordos (mirad como los sastres no tienen ese problema), son las grandes cadenas las que están perdiendo un gran pastel del negocio (mirad como El Corte Inglés hace negocio con tallas grandes). Me aburre entrar en una tienda y que me digan aquello de “no tenemos su talla”. Pues mientras no haya tallas para mí, en España no habrá INDUSTRIA DE LA MODA, solo tendremos un escaparate superficial para maniquíes de clavículas saltonas y mujeres a las que no les importa que les machaquen la autoestima obligándolas a adelgazar para meterse en esas prendas NO-pensadas para ellas. Por favor, erradiquemos conceptos como “operación bikini”, ¿Qué hay de malo en llevar un bonito bañador que ponga las carnes en su sitio? Erradiquemos la cultura de la dieta e instauremos la de la comida saludable. No estás gorda, eres voluptuosa. Los huesos para el puchero, en las mujeres lo que tiene que haber es carne que los recubra, y creen silueta. Y en los hombres igual, ¡basta el culto al gimnasio! Porque no es culto al cuerpo lo que se realiza, sino culto al gimnasio. No digo que estemos orgullosos de ser gordos, porque tiene riesgos para la salud, pero sí que dejemos de sentir vergüenza por no responder a los deseos de una industria que crea más culpa y remordimientos que la religión.

Todo esto está escrito mientras saboreo unas galletas con trocitos de chocolate deliciosas. Nunca sacrificaría un placer así para meterme en un traje que el diseñador creó sin tenerme en cuenta. Repito lo de siempre: la moda debe estar a mi servicio, no yo al servicio de la moda.

PD. ¿Sabéis que en mi armario tengo una camisa naranja de manga corta de Zara? A alguien debió de írsele la pinza y confundir las medidas de confección de esa camisa, pero el caso es que me está bien. Imagino que al responsable lo despedirían ipso facto. ¡Por favor! ¡Zara vistiendo a un gordo! ¡¿Dónde vamos a llegar?! (¡Chúpate esa Amancio!)

PD2. Mil gracias al EME Hotel por dejar hacer las fotos allí, que es un lujo, porque es el hotel más chic de Sevilla, el mejor posicinado y el más fashion. Y gracias a su relaciones públicas Antonia Rodríguez por su profesionalidad, que hace que siempre salgas de allí con el mejor sabor de boca y la impresión de profesionalidad extrema.