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Brioni es cosa de hombres

Jueves, 25 Agosto 2011

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Hace un par de días se lanzó el comunicado oficial por el que la casa italiana Brioni confirmaba el cierre de su línea femenina. Francesco Pesci salía al paso de lo que se había publicado ya en WWD (noticia filtrada por ellos seguramente porque todos conocemos la política editorial de WWD: publicar las noticias al menos un día antes de que salga el comunicado oficial) y daba las gracias a Alessandro dell’Acqua por su espléndido trabajo de las últimas colecciones de la firma. Creo que de paso podría haberle dado las gracias a Cristina Ortiz, que puso a la firma en primera plana cuando fue fichada en 2006. O podría haberle dado las gracias a Fabio Piras que fue el que lanzó la línea femenina allá por 2001.

Desde la frialdad que proporciona la soledad de un despacho, frente al ordenador, revisando números en la pantalla, la decisión es lógica y loable. En estos 10 años la casa ha tratado a la línea femenina con planteamientos análogos a la masculina, cuando ambos mercados son totalmente diferentes. Si en sus trajes de hombre lo que prima es el tailoring (la sastrería, para que nos entendamos) y puede sustentar su actividad en el bespoke o el semi-bespoke, lo cierto es que una línea femenina, tal y como funciona el sector, requiere pilares complementarios que la hagan rentable: perfumes y complementos que se conviertan en must de temporada (si bien el esfuerzo puesto en los complementos en los últimos tiempos ha sido muy importante).

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Mucho ha evolucionado Brioni desde que el sastre Nazareno Fonticoli y el diseñador de moda Gaetano Savini la fundaran en Roma en 1945. Si hiciéramos una encuesta y preguntáramos qué representa Brioni en el mundo de la moda, seguramente, los que conocen la firma, responderían que “trajes impecables”. E incluso en un alarde de conocimiento se darían nombres de famosos clientes como Gary Cooper, Kofi Annan o el mismísimo agente 007 en el cine. Pero lo que tengo claro es que nadie nos hablaría de la línea femenina a pesar de ser de una belleza y elegancia sin parangón. Eso sería síntoma de que algo falla…

…Así que “renovarse o morir”. Y quizás la casa se hubiera planteado otro camino si no estuviera en conversaciones con el conglomerado francés PPR para la adquisición de la firma italiana. Sanear el negocio es básico para poder negociar ventajosamente y eso significa abandonar a los soldados heridos en el campo de batalla y seguir hacia delante.  

Los daños colaterales están servidos. Solo ha que fijarse en la frase del comunicado en que se dice que “el CEO ya ha informado a la Trade Union sobre su decisión, en orden a preparar la gestión de las consecuencias industriales y para el empleo”. Y es que la planta italiana que produce en exclusiva esta línea femenina dejará de funcionar en septiembre. Además añade que “niega planes previos de expansión de la distribución”, pero lo cierto es que todos hemos leído el año pasado cómo estaban entusiasmado con el trabajo de Dell’Acqua y que preveían abrir no-sé-cuántas tiendas… Ahora resulta que aquello era un rumor infundado.

Hablando de Dell’Acqua, otra víctima colateral. Este mazazo se une al terrible momento que vivió cuando perdió los derechos legales sobre su propio nombre comercial. Recordemos aquel comunicado que mandó el diseñador en junio de 2009 en que decía que la colección de primavera de la casa sería “producida sin su aprobación”. Para él fue un golpe tremendo, durante seis meses no fue capaz de trabajar en nada tratando de asumir que el trabajo de toda una vida pasaba a manos de otros. La realidad se imponía. Un nuevo productor, Mariella Burani Fashion Group SpA, anunciaba finalmente que la firma Alessandro dell’Acqua seguiría produciéndose y vendiéndose a partir de la colección de otoño 2011.Pero Dell’Acqua se sobrepuso y encontró un subterfugio para seguir usando su nombre: crear una línea llamada No. 21 by Alessandro dell’Acqua (ya vimos ese truco con el RM by Roland Mouret). Esta es una línea financiada por él mismo con materiales menos suntuosos, para la que contaba con el dinerito que ganaba en Brioni… ¿Ahora qué?

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Yo os diré qué: que el 25 de septiembre no se celebrará el desfile que Brioni tenía programado en Milán. Y yo me pregunto qué pasará con esa colección fantasma, la que debe estar preparada para el show que se iba a celebrar a un mes vista. ¿Se tira a la basura? ¿Se la queda Brioni de recuerdo? ¿Se venderá a las editoras de moda más afines en plan fetiche de coleccionista?

¿Esmoquin o dinner jacket?

Martes, 22 Diciembre 2009

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Este fin de semana publiqué un extenso artículo en elEconomista sobre moda fiesta que abría con una reflexión sobre cómo vestir el hombre de fiesta de una manera formal, y predicaba la recuperación del esmoquin, algo en lo que no estoy solo, sino que la mayoría de diseñadores relevantes del momento me apoyan. No es que se lo haya preguntado uno a uno: “¡Ey, Giorgio! ¿Tú me apoyas en la recuperación del esmoquin?”, “por supuesto, caro Agustín, lo que a ti te parezca bien para mí va bene”… No, así, justamente así, no lo he constatado, pero no basta más que echar un ojo a las pasarelas masculinas para ver que las firmas más importantes siempre acaban su desfile con propuestas de esmoquin.

En el artículo hacía una clara diferencia entre esmoquin y dinner jacket, pero esa diferencia sólo está en mi cabeza, creo, porque el término se utiliza indistintamente. Así que me voy a poner a la labor de extender esa diferencia conceptual que yo veo y que espero que cale para que homogeneicemos términos:

Esmoquin, lo que tiendo yo por esmoquin, es el conjunto de dos piezas de pantalón y chaqueta a juego. Y cuando digo ‘a juego’ no significan que tenga que ser del mismo color, sino que mantienen una estética común. Arriba muestro tres esmóquines de Brioni y se ve claro lo que quiero decir.

Mientras que por dinner jacket entiendo una chaqueta de fantasía en terciopelo y seda (conjuntada con pantalón esmoquin). Abajo muestro dos propuestas, una de Tom Ford y otra de Dolce & Gabanna. Esta opción es cada vez más recurrente, porque permite a los diseñadores jugar con su creatividad, mientras que un esmoquin tiene unos códigos estéticos más cerrado. Se le puede introducir ribetes en solapas o a lo largo de los perniles, se puede cambiar de color, puede tener solapas de pico o redondas, pueden ser cruzados o no… pero en el fondo hay una estética ‘esmoquin’ invariable.

Repito que esta diferencia la establezco yo, que normalmente se utilizan ambos términos indistintamente, junto al de ‘tuxedo’, que es muy americano y que en el artículo explicaba de dónde viene. Mi apoyo a ambas prendas. Al vestir bien. A la elegancia. A currarse la estética. A regalarle los ojos a la que te que te rodea…

PD. Llamamiento popular. Si a alguno de mis lectores le toca un pellizquito en la Lotería de Navidad esta mañana que se acuerde de su seguro servidor.

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