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Me posiciono al lado de Cathy Horyn

Jueves, 20 Septiembre 2012

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No soy un gran fan de Cathy Horyn pero la respeto profundamente. Tenemos puntos de vistas muy discordantes a veces, pero aprendo mucho leyéndola. Representa el paradigma de lo que yo entiendo como ‘crítico de moda’ precisamente por esa habilidad que tiene para resultar incómoda. Es cierto que no es simpática ni cercana, pero en este oficio no se está (o no se debería estar) para hacer amigos. He coincido con ella en pasarelas e incluso he hablado con ella en alguna ocasión. No es amigable como Suzy Menkes, que sin ser abierta sí te atiende con su corrección británica. No es, evidentemente, la divertida Hilary Alexander, tan abierta y espontánea. La mirada de Cathy tiene un no-sé-qué peligroso, ¿ironía?, ¿retranca? (como decimos por acá por el sur)… Evidentemente su palabra no es ley y el lector tiene el derecho y la obligación de estar o no de acuerdo con ella. Pero tiene lo único y más importante que hay que exigirle a un crítico de moda: criterio.

Por eso el ataqué frontal y pirotécnico del dominicano Oscar de la Renta es, en mi opinión, una afrenta a la profesión que ejercemos. Más cuando Horyn ha salido al paso y ha señalado que “hot dog” es un término surfero y no un insulto como piensa el diseñador. Estos malos entendidos ocurren por lo que ocurren, porque muchas veces escribimos con un sentido de la lingüística que no se aprecia en un sector no muy dado a las florituras literarias. Pero me niego a asumir que los críticos de moda escribimos para una audiencia lerda y poco leída, todo lo contrario. Yo presupongo a mis lectores un nivel cultura bastante alto, y  lo testifica la manera en que mis críticas más mordaces e irónicas son compartidas en las redes sociales (aunque también el morbo por la crítica punzante también hace mucho).

Yo, al igual que Cathy, también he recibido ataques frontales, aunque no siempre tan públicos, por parte de diseñadores y personajes vinculados a la moda de alguna manera por escritos que no han sido acogidos con profesionalidad. Creo que nunca he entrado en la descalificación personal, tal y como pide el señor De la Renta en su carta abierta publicada a página completa en el WWD, pero muchas veces es difícil separar al diseñador de su trabajo, pues suele ser una extensión de él. Es más, algunas de mis críticas más sangrantes han ido dirigidas a profesionales que me caen bien en el terreno personal y tenemos buena relación. Siempre he dicho que el periodista no puede ser amigo del diseñador porque este último siempre se siente con derecho a exigir una crítica benévola del primero. Yo, en todo caso, el mayor favor que le he hecho a un diseñador alguna vez es no escribir sobre su colección, porque de haber escrito…

Mi principal responsabilidad es para con mi lector y eso significa ser fiel a mi criterio caiga quien caiga. Ahora bien, siempre he sabido ser constructivo (o eso creo) en mis críticas, y a los diseñadores siempre trato de transmitirles que no critico su trabajo globalmente, sino a una colección concreta que puede ser desafortunada por alguna razón que se me escape. Siempre les doy el beneficio de la duda cuando transcurren seis meses.

Por mis manos han pasado muchos jóvenes periodistas que daban sus primeros pasos y el único consejo que siempre les doy es que cultiven su criterio, que no todo puede ser maravilloso, excelso y estimulante. Lo bueno solo se puede definir por confrontación con lo malo. Pero también hay que tener en cuenta que la valoración que has de hacer ha de estar contextualizada. No puedes valorar una colección de una firma comercial teniendo por referencia la Alta Costura. No puedes valorar la originalidad del trabajo de un diseñador si no tienes cultura y conoces un poco de Historia de la moda. No puedes exigir lo mismo a jóvenes diseñadores emergente que a sus colegas consagrados con buenos recursos a sus espaldas.

Y si a los periodistas se nos ha de pedir todo eso, a los diseñadores hay que exigirles fair play, que no se tomen las críticas como personales. Yo he recibido mails con los peores insultos, me he cruzado con diseñadores por la calle que se han hecho los locos y no me han saludado porque he criticado un desmán organizativo en una de sus presentaciones, he dejado de recibir mailings e invitaciones de otros que piensan que no aprecio lo que hacen, me han llegado rumores de lo que van diciendo de mí por ahí ciertos individuos… Un buen diseñador, un profesional, es el que asimila la crítica y extrae de ella lo que pueda serle útil. Pero al fin y al cabo lo que escribe un crítico es solo una opinión, puede estar equivocada, ¿no? La profesión de diseñador es más grande e importante como para reducirla a una vendetta contra los periodistas que no comulgan con sus ruedas de molino.

Ten cuidado diseñador, la soberbia es mala consejera. Si te requiero una entrevista y me la niegas (y percibo una afrenta comparativa) corres el riesgo a que te ignore de ahí en adelante. Si tu equipo de prensa no es competente y me supone una batalla conseguir una simple imagen de tu colección, es posible que no me moleste en contactarte una segunda vez. Si me tratas como ganado e intentas manipularme, lo más seguro es que me pongas en tu contra.

Ahora que lo pienso la crítica de moda sí que tiene mucho de personal. Como he dicho el diseñador, su comportamiento y su trabajo son indisociables (que se lo digan a Galliano). Así que una mala relación periodista-diseñador puede que no convierta una buena colección en mala, pero sí en invisible. Solo en moda masculina tengo una base de datos de 2321 marcas o diseñadores, ¿crees realmente que me es imprescindible tu trabajo para ilustrar mis puntos de vista?

Meditad sobre esto.