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Tres latidos vivificadores en el corazón de la semana de la moda parisina

Martes, 8 Marzo 2011

París se ha convertido en estas fechas en el corazón de la moda. De pronto, cuando estamos sumergidos en la habitual rutina de presentaciones, nuestra presión arterial se altera gracias a que París nos bombea adrenalina. Lo más esperado sucedía allí, y no me refiero precisamente al Caso Galliano, que también ha contribuido a que esta ocasión sea ‘inolvidable’. De todo lo que llevamos visto me gustaría destacar tres momentos, tres colecciones sinceramente espectaculares:

El debut de Christopher Lemaire al frente de Hèrmes lo ha consagrado como uno de los creadores más versátiles del momento. Si bien supo revitalizar el sport chic de Lacoste, ahora ha sabido adaptarse perfectamente al lujo discreto (pero inequívoco) de Hermès. Una propuesta exquisita, sublime, de las que hacen la boca agua…

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Otro debut, el del polifacético Nicola Formichetti al frente de la dirección creativa de Thierrry Mugler (una casa desaparecida del mapa) nos ha traído otra agradable sorpresa, que no es precisamente ver a Lady Gaga (su musa y ‘producto’) sobre la pasarela. La colección realmente es fantástica, divertida y recoge el espíritu Mugler al milímetro.

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Y para cerrar quiero señalar la colección de Haider Ackermann como una de las más solidas, creativamente hablando, del momento. Su nombre es uno de los más repetidos en las quinielas para elegir sucesor a Galliano, pero quizás esta colección en concreto esté más cercana al espíritu de Yves Saint Laurent, entre otros motivos por el exhaustivo estudio que hace del smoking y el uso de blanco y negro como eje vertebrador.

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Tres propuestas magistrales que nos devuelven la ilusión por la moda en un momento en que la pasión parece haber sido olvidada en aras de la comercialidad.

Mi opinión sobre el caso Galliano

Sbado, 5 Marzo 2011

Tenía previsto este post para ayer viernes, día del desfile de Dior donde se esperaba la ausencia de Galliano. Pero el periódico (elEconomista, ¿hace falta explicitarlo?) me encargó un artículo sobre ‘el caso Galliano’, así que como buen profesional retrasé este post para que coincidiera. En el artículo analizo la situación vivida, en este post doy mi opinión.

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Esta semana hemos padecido el shock de la salida de John Galliano de la casa Dior. No he querido escribir sobre el tema hasta que las aguas dejaran de fluir turbulentas y creo que ese momento ha llegado. Muchos son los que me han preguntado mi opinión sobre el tema y mis incertidumbres se sobreponen a mis certezas.

Lo que ha de quedar claro desde un principio es que pienso y pensaré que John Galliano es un genio y lo será, que ha hecho historia en la moda, que revivió la casa Dior y que la deuda de LVMH con él siempre será impagable. Dicho esto debo condenar las terribles declaraciones racistas del diseñador que en ningún caso puede escudarse en que estaba borracho, porque esa es una situación también provocada por él. Cualquier declaración o actuación antisemita merece el más firme repudio.

Ahora bien, yo tengo mi propia hipótesis sobre los hechos. Te encuentras a John Galliano ebrio en un café parisino y tienes la mala fortuna de que se te ocurra dirigirte a él. Él contesta groseramente y tú respondes. La cosa va a más y al diseñador no se le ocurre mayor ofensa, increpación más hiriente, que meterse con toda tu raza y desearle el exterminio. Mi hipótesis es que Galliano simplemente buscaba una ofensa fulminante y que no comparte ciertamente lo que expresó. Es como cuando tu hijo te tiene desesperado porque no quiere comer la comida y exclamas “¡qué harta estoy, que razón tuvo Herodes!” No significa en ningún caso que admires al exterminador de infantes ni que quieras que le corten la cabeza a tu hijo.

Vuelvo a reiterar que Galliano no tiene disculpa, porque cuando eres un personaje público (y tienes grandes réditos por ello) debes ser responsable cuando bebes y sobre todo moderado en tu comportamiento. También creo que ‘el asunto Galliano’ no hubiera ido a más si el diseñador hubiera  salido a la palestra desde el primer momento y declarado: “sí, señores, tengo un problema con la bebida, me avergüenzo profundamente de mi comportamiento, pido disculpas, en ningún caso siento odio por la raza judía ni amor por Hitler, solo trataba de ser hiriente de la peor forma posible”. Y quizás todo hubiera pasado con un velo de extravagancia y cierta lástima por una víctima del alcohol. Cuando lo ha hecho ya era demasiado tarde.

Pero no. El diseñador se parapetó en su abogado, Stephane Zerbib, que declaró a WWD que “John Galliano no es culpable, ni está metido en ningún problema legal. Suspenderlo de Dior fue una decisión que se tomó sin verificación de los hechos y el está muy sorprendido por esto“. Upssss, no contaban con el video que luego apareció. Creo que los diseñadores de la talla de Galliano se vuelven unos inválidos funcionales y emocionales, incapaces de tomar una decisión correcta sin que una legión de leguleyos sopese los pros y los contras. Al final, en casos como estos, solo funciona la sinceridad y el arrepentimiento. Las escapadas hacia delante, negar la mayor y entrar en el punto muerto que supone “tu palabra contra la mía” nunca es beneficioso para nadie.

Comprendo la decisión de Sidney Toledano, jefe de la ‘maison’ Dior, y ya no porque sea de origen judío sefardita y pueda hacerse sentido ofendido. Cuando se es ejecutivo al nivel que lo es Toledano duele más un balance contable que el que te mienten a la madre. Lo comprendo porque como muchos sabéis soy licenciado en Economía y por tanto estoy adoctrinado para pensar en clave numérica, y sinceramente a mí no me saldrían los números si de pronto el poderosísimo lobby judío de Norteamérica decidiera vetar a la casa Dior. Si miramos las grandes fortunas de las finanzas neoyorquinas hay mucho origen judío en ellas. Y a mí me daría terror que esas damas que invierten su capital en bolsos y zapatos carísimos decidieran pasarse a otra de las mil firmas de lujo que tienen escaparate en la Gran Manzana. En estos casos hay que salvar al barco aunque suponga defenestrar por la borda al timonel.

Ya por de pronto, habiendo atajado la situación con un despido, LVMH está liderando las caídas del Eurostoxx tras marcha de Galliano. Ahora toca dar un golpe de efecto con un fichaje estrella que vuelva a entusiasmar el parquet, alguien tipo Pilatti o Ghesquière, que seguramente ahora esté negociando leoninamente. (En verdad la opción A es Tisci y la B Elbaz). ¿O quizás van a apostar por un diseñador independiente como fue Galliano en su día? ¿Quizás Roland Mouret? (Aunque el nombre que más suena en plan independiente es el de Haider Ackermann).

Mi buena amiga Cathy Villota, directora de Fashion Radicals News, me preguntaba qué diferencia había entre el caso de Galliano y el de Kate Moss, por qué ella salió reforzada y él parece que va en caída libre. Eso da para una buena reflexión. Por su parte mi admirada Clara Guzmán en su blog Tela de Moda nos deja caer esta pregunta “¿hay algún interés oculto; es decir, una excusa que le ha venido como anillo al dedo a la Casa  Dior para quitarse de encima a un creador costoso y poco rentable en época de crisis no sólo económica sino de la alta costura?”. También es interesante reflexionar sobre ello.

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Tendencias para el próximo otoño vistas en París: Slouchy Pants

Martes, 25 Enero 2011

Esta es una de las prendas más chic que puedo concebir. En la era del culto al cuerpo y el pantalón pitillo los slouchy son un soplo de aire fresco. Perniles anchos y corte oversize que cobra sentido en una cintura bien ajustada. Cada vez que el slouchy pant se impone un cierto aire de años 30 nos invade, ya que este tipo de pantalones (no tan exagerados, claro) era el corte predominante de la época de la era dorada de Hollywood. Con ellos se puede jugar a la estética homeless deluxe combinándolos con chaquetas también amplias, como en el caso de la propuesta de Yohji Yamamoto, o se puede buscar el refinamiento al conjugarse con exquisitas chaquetas entalladas, caso de Dries van Noten. Una combinación con la que no se puede fallar es un traje de slouchy pants y chaqueta entallada en tweed y jersey de cuello alto debajo. ¡Queda tan aristocrático-decadente! Y si encima lo aderezas con algo de peletería, como en el caso de Dries van Noten que vemos debajo, ¡¿qué más quiere?! (Propondría un cigarrillo humeante y una mirada lánguida, pero seguro que debe estar prohibido hacer mención al tabaco en los blog con la nueva ley, así que mejor no fumad).

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Alta Costura O/I 2010 - DIOR

Martes, 6 Julio 2010

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Apertura de la Alta Costura con una orgia floral a cargo del maravillosos John Galliano para Dior. Sin Galliano la Alta Costura estaría avocada a extinguirse, o reformularse, pero ya no sería Alta Costura.

La puesta en escena de la casa Dior fue espectacular, dejando impresa en la retina una colección cromáticamente explosiva, con pétalos, faldas con forma de tulipanes, flores, flores y más flores… Exquisitas imágenes como sacadas una vez más del mítico trabajo de Irving Penn, quizás el fotógrafo que mejor ha plasmado el universo Dior. La peluquería se centró en recrear en la cabeza de las modelos enormes bulbos y el sombrerero Stephen Jones envolvió sus cabezas como si fueran ramos de flores enviados desde la floristería de tu barrio.

Valgan lo que valgan las piezas de esta colección está sobradamente justificado.

¿Alta Costura, costura o confección a medida?

Mircoles, 8 Julio 2009

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Hoy tocaba hablar sobre la Alta Costura y podría haber rendido tributo al emocionado ‘adiós’ que ha protagonizado Lacroix con un desfile magistral, de los pocos que se pueden considerar Alta Costura de verdad (sigo sin entender esas colecciones que nos muestran como Alta Costura y que son replicables desde el prêt-à-porter), pero no, no hablaré de Lacroix, eso lo dejo para un artículo para el periódico. Podría hablar de cómo la crisis ha afectado a las presentaciones de Haute Couture, pero también lo dejaré para plasmarlo en papel. Prefiero usar la Alta Costura como punto de partida de una reflexión personal.

Hace poco me invitaron a formar parte de un comité que evalúa las propuestas que se presentan en una pasarela regional con el propósito, no tanto de determinar si un diseñador merece o no estar en el programa del evento (cosa que sí debería hacerse), sino para opinar sobre si un diseñador merece tener un desfile para él solo o debe compartirlo en plan colectivo. Pues bien, muchas de las propuestas vistas se trataban del trabajo de modistos que cosen a medida y esto, como experto en moda, te pone en un serio dilema: ¿debe estar la confección a medida sobre la pasarela? Es evidente que lo que conocemos como Alta Costura sí, porque es una expresión más (una ramificación, si se quiere) de la actividad de una firma de moda que raya en el arte. Pero cuando se trata de modistos/as cuya actividad se reduce a la BBC (Bodas, Bautizos y Comuniones), y que en verdad no aportan nada nuevo, pues sinceramente pienso que mejor nos lo ahorren.

“¡Qué fascista!”, me llamaran los aludidos. Pues mire usted, con su dinero monte todos los desfile que quiera, pero es que usted está jugando con dinero público (¿he comentado que la pasarela está muy bien subvencionada… como todas las españolas?). Y a colación de eso se me ocurren unas reglas básicas para saber quién debe desfilar en una pasarela institucional:

1. Diseñadores con actividad comercial (se sorprenderían cuántos montan un desfile y luego viven de otra cosa, es una cuestión de ego).

2. Que respondan a unos estándares cualitativos (ahí eliminamos los que encojen las costuras y cometen errores garrafales de patronaje, porque tienen muy claro lo que quieren construir, lo que no tienen  tan claro es cómo).

3. Que aporten algo nuevo, una mirada artística o un sello distintivo (cuántos hay que se creen diseñadores cuando repiten una y otra vez los modelitos del catálogo de El Corte Inglés del 85 con telas cada vez más estrambóticas… sí, se vende bien en la boutique de barrio, pero no es moda).

Y entonces, me dirán, “estás discriminando a la Alta Costura, que es un sector muy importante en este país”. Oiga usted, lo primero es que se tiene que lavar la boca con jabón de Marsella antes de pronunciar el nombre de la Alta Costura en vano. Alta Costura es un término protegido por la legislación francesa así que absténgase. En todo caso lo suyo es costura, y ni eso, llamémoslo confección a medida. Cuando sea usted capaz, ya no de confeccionar chaquetas como las presentadas por Galliano en el desfile de Dior de Alta Costura de esta semana, sino simplemente de imaginarlas, entonces ya hablamos. Cúrrese las telas, busque proveedores exclusivos, trabájese el tema de bordados y demás filigranas, y salga de los patrones básicos superados hace más de dos décadas, y podremos discutir hablando el mismo lenguaje.

No me impresiona que venda usted mucho en la Conchinchina, más ropa vende el mercadillo ambulante de los domingos que se pone en mi barrio y no por ello me vuelve loco. Y si usted se considera diseñador debe controlar ese desfile por el que tanto clama y no usar los primeros zapatos que alguien le presta, debe ser consciente de los estilismo, que deben tener un hilo conductor, crear una narrativa visual, etc…

¡Qué cansado estoy con este tema! Y vuelvo a él porque todo lo que se habló en aquella comisión a puerta cerrada se ha filtrado (no me sorprende, contaba con ello) y sé que hay gente muy molesta con mis opiniones (que no sólo eran mías, lo que pasa es que yo siempre hablo más alto y claro). Así que mejor dejar las cosas claras desde ya y desde este púlpito que es Fondo de Armario. Y si no le gusta, o no está deacuerdo con mis opiniones, recuerde aquello de la libertad de opinión.

PD. No me puedo resistir a señalar la febril imaginación de Lacroix al diseñar la novia que cerró su desfile. Miren. ¿A qué les recuerda? Sí, a las vírgenes que procesionan en la Semana Santa de Sevilla.

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Compro todo lo que Jude Law me venda

Lunes, 29 Septiembre 2008

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Estamos muy acostumbrados a que una modelo o actriz se convierta en un cara omnipresente en publicidad que vende todo tipo de productos. Ejemplo: Kate Moss. Esta temporada de otoño invierno la chica es la imagen de Donna Karan, David Yurman, Rimmel London, Longchamp, sus propios perfumes y su línea de ropa para Topshop. A lo que no estamos tan acostumbrados a que un hombre sea en una misma temporada la faz de dos productos de moda. 

Este otoño el actor británico Jude Law es el hombre que lo vende todo. Por un lado ha sido fichado por Dior para interpretar la actitud del nuevo perfume masculino de la casa, Dior Homme Sport, que se presenta como la quintaesencia de una nueva masculinidad que “aúna una energía masculina en estado puro y una sofisticación absolutamente refinada” explica el dossier de prensa, que para estas cosas es ley. “Con toda naturalidad compagina frescura y lujo, intensidad y desenvoltura”. Y Jude debe ser un poco así como este perfume con notas olfativas de limón de Sicilia, jengibre y sándalo. Justifican la selección del actor como imagen del producto porque “encarna esta nueva masculinidad dual, a la vez sensible y conquistadora” y por su “elegancia natural y belleza radiante y sin afectación”. Es decir, y por lo que yo entiendo, que buscaban un hombre hombre, de los de toda la vida, nada de escuálidos imberbes tan al gusto de Hedi Slimane (ex-diseñador de la línea masculina de Dior). ¿Se habrá dado cuenta la casa francesa cuánto daño ha hecho al concepto de masculinidad durante el reinado Slimane? 

Los que siempre han tenido claro que el hombre tiene que ser hombre son los británicos Dunhill, que por segunda temporada consecutiva toman como modelo a Jude Law para sus campañas de imagen. Dunhill no juega a las ambigüedades sino que apuesta por lo masculino, lo clásico, la elegancia de toda la vida, lo british, una apuesta segura… James Bond. ¿Por qué Jude Law aún no ha hecho de James Bond? 

Resumiendo. ¿Estamos asistiendo a la creación de iconos de la moda masculinos? Espero que sí. Por que con tanta nueva masculinidad predicada cada seis meses estamos confusos. La definición de hombre no puede cambiar más que el tipo del Euribor, así sólo se llega a la crisis… de la masculinidad.

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Feminizando el power suit

Viernes, 2 Mayo 2008

masculino1.JPGDesde la revistas de tendencias no se cansan de preconizar que el armario femenino se masculiniza temporada tras temporada, sugiriendo que un traje de raya diplomática, al más puro estilo ‘hombre de negocios’, lo que los americanos llamar un ‘power suit’, es una opción ideal para ir al dictado de la moda. El problema es que algunas tendencias debieran ir con manual de instrucciones, y el jugar con la estética masculina no significa que haya que renunciar a la feminidad. Si se cae en ello se está cometiendo un gran error, ya que el traje en cuestión pasa de ser un elemento de estilo a un disfraz.  

Para aclarar lo que sí y lo que no se debe hacer partiremos de la elección de un traje de la colección de la firma parisina Georges Rech (precio: 900 €.) que incorpora todos los códigos del traje masculino, sólo que este viene más entallado para lucir la silueta de la mujer. A partir de ahí:

1) Calzado: El pie es uno de los puntos clave para feminizar el resultado final así que entre zapato plano y de tacón, el tacón es la opción correcta, estiletos preferiblemente, como los escarpines que hemos seleccionado de la casa Dior, de plataforma en piel negra y adornos en piel blanca. Taconazos de 14 cm. de singular estructura calada y perfilado en metal plateado. Precio: 760 €. 

2) Bolsos: Macro-bolsos NO. Bolsos que cuelguen en exceso NO. De colorines NO. Flexibles LO MÍNIMO. ¿Nuestra opción? Un semi-bagette de Fendi en blanco para que no pase desapercibido sobre la sobriedad oscura del traje. Un bolso que está de aniversario, 10 años han pasado desde que Silvia Venturini lo creara en 1998. Precio: Alrededor de 640 €. 

3) Top: Con este tipo de traje la camisa hay que olvidarla, es justamente lo que hace que en vez de estar vistiéndote parezca que te disfraces. Bajo la chaqueta nada mejor que un top romántico, como el seleccionado de Martin Margiela en tul que juega con las falsas trasparencias. Aunque si de hecho fueran transparencias de verdad poco importaría, ya que bastaría con no desabrochar la chaqueta del traje que afortunadamente es lo bastante cerrado de solapa para sugerir y no mostrar. Precio: C.P.V. 

4) Joyas: Abstenerse o minimizarlas. Quizás unos minúsculos pendientes que pongan un punto de luz en las orejas, pero nunca collares, gargantillas o broches. En la muñeca nos permitimos jugar en esta ocasión con el rol masculino y hemos seleccionado un reloj de la colección veraniega de Fossil pensada para el hombre. Un modelo de estilo muñequera en blanco de esfera extra-large. Precio: 110 €.

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Lorenz Bäumer, la nueva joya de Vuitton

Jueves, 17 Abril 2008

A veces creemos que una firma del calibre de Louis Vuitton está de vuelta de todo, pero no es así. La firma parisina es consciente de tener flancos débiles aún y ha decidido reforzar uno que requiere urgente atención: la alta joyería.

Las grandes firmas de moda siempre han estado interesadas en desarrollar su propia joyería, pieza fundamental en el puzzle del lifestyle de lujo que desean construir y transmitir. En concreto, la alta joyería gana protagonismo dentro de las líneas de producto de las grandes casas a pasos agigantados. Y un buen ejemplo de ese interés se hace evidente en la codiciada figura de Victoire de Castellane, actual diseñadora de las joyas de Dior, en su momento ‘robada’ al ‘Kaiser’, Karl Lagerfeld, que la tenía como mano izquierda en Chanel y musa personal.  

Pero hablábamos de Vuitton, y se sabe (aunque la casa aún no ha confirmado) que han captado a un cercano colaborador de la joyería de Chanel para desarrollar su propia colección. El nombre que dará mucho que hablar es Lorenz Bäumer, un peculiar creador de joyas sito en la mítica Place Vendôme de París que ha colaborado durante mucho tiempo no sólo con Chanel, sino que ha puesto su talento al servicio de casas como Cartier, Piaget o Swatch. Vuitton ha sabido elegir bien, porque si buscaban alguien que comprendiera el concepto de ‘exclusividad’, ese es sin duda Bäumer que siempre ha defendido el concepto de ‘lujo individualizado’.  

Entrar en el salón parisino de Bäumer es como penetrar en un pequeño templo del buen gusto, donde los muebles han sido creados por el mismo joyero, y donde pueden conocer las colecciones que viene realizando desde el debut de su firma en julio de 2004. Pero para los verdaderamente sibaritas el gran valor de este creador reside en su amor por las joyas personalizadas, y cuando entras en ese terreno, el ser cliente de Bäumer deja de ser una opción y pasa a convertirse en un auténtico privilegio.  

Joyas de Lorenz Bäumer. De izq. a dcha. y de arriba a bajo: Broche ‘Lollipop’ en diamantes y zafiros de la colección Poet. Broche ‘Pegase’ en diamantes y oro blanco de la colección Architect. Brazalete ‘Butterfly’ en diamantes y oro amarillo de la colección Gardener. Pendientes ‘Roses’ en oro blanco, diamantes, aguamarinas y turmalinas de la colección Gardener. Gemelos ‘Meteorite’ en oro blanco y diamantes. Anillo ‘Blue Sapphir Instinct’ en oro blanco y zafiro. Alfiler de corbata ‘Skull’ en oro blanco.

Su obsesión es captar la esencia del cliente, al que somete a largas conversaciones en las  que el joyero exprime cada detalle de su personalidad, no sólo sus preferencias en cuanto a joyas y piedras preciosas, sino detalles que parecen menos relevantes pero que harán que la joya que en su imaginación se forme sea una extensión natural de su portador.   

A partir de ahí Bäumer no ahorrará esfuerzos para entregar esa joya que defina a su cliente, y si ello significa recorrer el globo en busca de la gema perfecta no hay duda que lo hará, como cuando tubo que ir hasta una pequeña mina de Brasil para encontar el Topacio Imperial perfecto que encajaba en la creación que tenía en mente en aquel momento. 

¡Y es que una joya es algo tan personal que casi debiera estar prohibido ser regalada sin ser consultado su destinatario!