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YUPPILANDIA o el AVE de las 7:45

Mircoles, 5 Mayo 2010

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Ayer subí a Madrid. Ida y vuelta en el día vía AVE. Un suplicio, sí, más cuando durante todo el viaje me tocó justo delante un grupo de cuatro ejecutivos que se pasaron todo el viaje hablando de toldos y tinturas. Sólo me dejaron descansar media hora cuando se levantaron para tomar café en el vagón restaurante evitando de paso que los estrangulara uno a uno con el cordón de mis auriculares.

En el AVE de las 7:45h va repletido de ejecutivos que aun usan la palabra “yuppie” para autodenominarse, cuando más bien lo que son no es más que comerciales con el muestrario en las maletas, vendedores por catálogo. Me dediqué a observarlos, a ver qué tenían realmente de ejecutivos, y mi conclusión fue que si de verdad eran ejecutivos lo estaban haciendo TODO mal. Los había que se pasaron todo el trayecto sentados, dormitando y babeando con ¡la chaqueta del traje puesta! Imaginad qué impresión cuando llegaron a su reunión:

-Buenos, día, Juan Martín, representante de la empresa Arrugas y Compañía.

-Excelente, ya veo que se ha traído el muestrario puesto.

-Pues sí.

Otro gran error radica en los móviles. ¿Por qué todos dejamos los tonos que vienen preconfigurados en el móvil? Cuanda suena uno inmediatamente  todos empezamos a escarbar en nuestras bolsas, bolsillos, etc… Eso en medio de una reunión es mortal. Ejemplo: consejo general, todos con los móviles en los bolsillos. Suena un tiroriroririrorí y todos se echan la mano al corazón como si sufrieran un ataque cardiaco colectivo:

-¿Sí?

-¿Hola?

-Es el mío.

-No, creo que es el mío.

-¿Quién es?

-No es el mío.

-Creo que te está vibrado el móvil en el pantalón

.-No llevo móvil.

-Ummm, ¿tomamos algo cuando salgamos?

-Es el mío… ¿Sí? No, no quiero cambiar de compañía ¡pesada! Es la novena vez que me llaman en la mañana los de Bocafone.

Volviendo a los terrores que vi en el vagón 07 del AVE: puedo comprender que lleven ojeras y bolsas en los ojos, respeto a los que aún creen que la cosmética afecta a la virilidad más que los pollos de Bebo Valdés, pero no tolero esas barbas supuestamente bohemias que son un quiero y no puedo. “Estoy tan ocupado que no tengo tiempo de afeitarme ni lavarme la cara, mira esta rala barba de dos días que me he dejado y las legañas que hacen juego en los ojos”. Pero el colmo de lo intolerable son LOS PELOS QUE ME LLEVAN. Señores, ¡dónde van con esos pelos de loco! Los que no tienen cuatro pelos y tratan de disimular la calvicie dejándolos extralargos y colocándolos estratégicamente, resulta que tiene una gran pelambrera salvaje que no ha visto un peine desde que dejaron la facultad. Y después están los que se peinan y que tratan a base de peinar y reipenar y aplicar gomina y más gomina en un vano intento de disimular que hace siglos que no han ido a la peluquería.

Aquí dejo un código deontológico para peinados de ejecutivos eficientes:

1. Cabeza mal peinada, credibilidad comprometida.

2. Cuanto más corto y estructurado mejor imagen de pulcritud y eficiencia.

3. Canas sí, tiente admisible (pero integral, no es admisible pelo negro como la brea y barba blanca como la nieve)

4. Frecuencia ideal para visitar al peluquero: cada quince días, pero es admisible hacerlo de mes en mes. Peluquero quiere decir profesional diplomando, no esposa con ínfulas de podadora de setos.

5. Pelo limpio siempre. Gomina demodé.

6. La calvicie lucirla con dignidad.

Y un consejo a todos: lo de YUPPIE está super pasado de moda, bórrenlo de su vocabulario. ¡¡Y menos cuentos, Caperucitas, que íbais todos en clase turista como yo!!