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Semana del ejecutivo: el traje

Jueves, 20 Mayo 2010

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El secreto de la imagen de un buen ejecutivo radica principalmente en su traje. Un buen traje, bien cortado, de buenos materiales, siempre marca la diferencia. Ahora abunda lo que yo llamo los BUFAVIS (Bussines Fashion Victims), que son aquellos ejecutivos que le dan más importancia a sus conocimientos en moda que a la cuenta de resultado de sus negocios. Los conocerás por ir de ejecutivos sin querer parecer ejecutivos, con marcas de pasarela y prendas que no son a priori muy adecuadas apara el conservador mundo de los negocios. Me parecen terribles, pero que no se diga que soy yo el que desanima la ‘innovación’ en el vestuario ejecutivo.

Pero ciñámonos a la realidad, y la realidad es que lo que mejor funciona en los negocios es el traje gris. ¿Aburrido? Eso lo dirá quien no conozca las mil y una variantes que la temporada nos deja. En cuanto a tonos las posibilidades son infinitas: gris claro u oscuro, marengo, plomizo, tirando a azul, tirando a beige, etc… Con cuadros, rayas (en todas sus versiones), dibujos como la pata de gallo (aunque yo la pata de gallo la dejaría para el otoño), cruzados, sin cruzar, de un botón (muy en boga), dos botones, ¿tres? (mejor abstenerse), solapa ancha o estrecha, etc… y sin entrar en los tipos de tejidos, que entonces la variedad se dispara exponencialmente.

Un buen ejecutivo sabe lo importante que es definir su uniforme de trabajo. No puede asumir riesgos de levantarse con un mal día y optar por una mala combinación. Una vez que encuentran su ‘uniforme’ llenan su armario con él manteniendo el fondo y variando en pequeños detalles.

Yo soy muy de la manufactura italiana: Zegna, Brioni, Canali o Paoloni (esta última me gusta especialmente por su ratio calidad precio). Aunque sea dicho de paso tengo algunos fetiches como la línea London de Aquascutum (aunque yo ya puesto optaría por su servicio de sastrería y me pegaría una escapada a Londres) y tampoco me desagrada el corte de firmas francesas como Façonnable, mucho más asequible por tener distribución en El Corte Inglés.

¿Qué firmas creo que están sobrevaloradas en cuanto a trajes? Principalmente las americanas como CH Carolina Herrera o Calvin Klein, y sobre todo Armani, no puedo con los cortes de los trajes de Armani, me parecen de abuelete, sobre todo en el patronaje de los pantalones que serían delicioso si siguiéramos anclados en 1987.

Mis consejos a la hora de comprar un traje:

1. La marca no lo es todo. Hay marcas que tienen justificado su prestigio, caso de Ermenegildo Zegna que tiene su propio lanificio y usa unas telas de infarto, y otras que realmente lo que cargan en sus desorbitados precios es el coste del desfile y el caché del nombre del diseñado. Hay que pararse a pensar: ¿este traje vale lo que me piden sin saber cuál es su firma?

2. Hay que ser muy conscientes de las limitaciones físicas de casa uno. Si eres gordo o bajito, o demasiado alto, o demasiado delgado. Párate a pensar: ¿Si me arreglan los bajos y las mangas el resto del patrón se amolda a mi cuerpo? Es muy posible que la respuesta sea no, por lo que es casi mejor pasar al plan S (de Sastrería). Al final, y si comparamos con trajes de buenas firmas, el traje no suele salir mucho más caro y siempre tenemos la seguridad que nos va como un guante. Más vale un armario con poco y bueno que con mucho e imponible.

3. Cultívate en cuanto a tejidos. El saber no ocupa lugar y conocer las cualidades de los tejidos te ayudará a mejorar tu criterio.

4. Se fiel a tu estilo cuando lo encuentres. Deja los experimentos para fuera del trabajo. Minimiza el impacto visual de los complementos. Ejerce la sobriedad.

5. Vive el traje con naturalidad, que nunca sea un corsé, sino una herramienta al servicio de tu cuerpo y tu estilo de vida.

Y en cuanto a los complementos ya citados, me extenderé en el próximo post.

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Milán Hombre… el triunfo del traje gris

Lunes, 25 Enero 2010

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En esta ocasión no me he currado las pasarelas masculinas que presentan las propuestas del próximo otoño/invierno 2010/2011, es decir, no he asistido a los desfiles. No se puede estar en misa y repicando, y a veces (no, siempre) hay que sacrificar pasarelas. Pero afortunadamente Internet ha hecho posible que podamos juzgar desfiles sin movernos de casa. Claro está que se pierde información como el ambiente, las reacciones de la audiencia… pero no se omite nada realmente esencial. Es más, contemplar las colecciones vía ‘foto’ siempre te da una perspectiva más detallada de la ropa, que estando in situ en la pasarela pasa a un ritmo frenético frente a tus ojos y que si te embobas con la celebrity que está sentada enfrente tuya o apartas la vista para apuntar algo en tu cuaderno… ¡y voilá!, ¡ya te perdiste un modelito que ha pasado por delante a traición!

En este primer post sobre la moda masculina que nos llegará en seis meses se lo dedico a Milán, primero por rigor cronológico, pero sobre todo porque voy a intentar remarcar la actitud de las dos grandes pasarelas: Milán, el hombre real y la masculinidad clásica, y París, tendencias y vanguardia. Indudablemente en ambas capitales sedan todas estas cualidades pero tuviéramos una balanza para pesar los valores el resultado sería el que acabo de esbozar.

Con Milán en perspectiva podemos afirmar que el próximo otoño es el momento del traje sartorial gris. Pero gris no significa en este caso anodino, sino todo lo contrario, significa distinción. Un excelente ejemplo de ello fue la colección Ermenegildo Zegna, que para gusto de un servidor, fue una muestra magistral de cómo el hombre de toda la vida no ha pasado nunca de moda. Sólo había estado un poco escondido detrás de la cortina de las tendencias esperando su ocasión para descorrer esa capa de superficialidad y gritar al mundo que hay cosas que ni han cambiado ni cambiarán, porque lo excelsior no tiene rival.

Tú, hombre de negocios, ejecutivo, financiero… Tú, hombre que cada mañana sale al mundo con la responsabilidad de comértelo, necesitas una buena armadura que te haga prevalecer. Y esa armadura no es sino un traje bien cortado, con las mejores telas, los detalles más cuidados. Un traje que te distinga. Si eres de lo que gustan sentirse arropado por un chaqueta cruzada quizá sea conveniente que eches un ojo a Brioni o a la línea más joven de Zegna, Z Zegna. Si buscas un corte urbano y versátil, y con un punto hasta bohemio, mejor pásate por Prada o presta atención a las propuestas de Caruso. Si estás alto de los tejidos lisos y quieres ver la vida a cuadros, la gama es inabarcable de Canali a Ferré. Quizás busques colores innovadores menos previsibles pero sin llamar la atención, ¿qué tal un borgoña de Marni?

Una de las cosas de las que más me arrepiento de no ir a Milán es que no he podido ver las propuestas de tejidos de los fabricantes del lugar, es como un pequeño vicio oculto: visito lanificios, me explican cuáles son las tendencias que proponen, e incluso me hago de algún que otro corte de tela para un traje o trench. Lo difícil es después, de vuelta, encontrar quién te haga un traje con esa tela porque los sastres, por supuesto, quieren trabajar con sus telas. Tengo muchas ganas de conocer las instalaciones de Reda, en el Piamonte, y siempre me prometo reservar un día de mis idas para hacer una excursión… pero siempre voy con prisas. Prometo dedicarle un tema a los tejidos de esta primavera.

Mientras tanto… id eligiendo traje:

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Mi uniforme navideño… el Uniforme Rudnick

Mircoles, 26 Noviembre 2008

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Cada persona tiene iconos visuales y emocionales vinculados a la Navidad, sea creyente o no. En mi caso, cuando se colocan las luces de colores, que ya no desean Feliz Navidad sino Paz y Amor en un ejercicio de ‘corrección’ política, me entran unas ganas irrefrenables de vestir totalmente de negro salvo por un blazer gris claro. ¿Qué tiene que ver ese look en especial con la navidad? Pues para encontrar la asociación hay que hacer casi una labor freudiana: todo viene de un reportaje de un número de diciembre de Vogue USA de mediado de los 90 en que aparecía el escritor Paul Rudnick de esta guisa cargado de paquetes en medio del tráfico de Nueva York (iba sobre shopping o algo así, hasta ahí no llega mi memoria, lo que recuerdo perfectamente es la imagen). Aquello debió parecerme de lo más sofisticado. La bohemia literaria mezclada con el chic neoyorquino. Pantalón negro, jersey de cuello vuelto negro, blazer gris de cuadritos casi imperceptibles…  

Lo cierto es que no sólo es un clásico para mí, sino que los diseñadores, sobre todo los americanos, reinterpretan este estilismo cada temporada. Pueden sustituir el jersey de cuello alto por una camisa negra, pueden permutar el blazer por una chaqueta cruzada, o puede jugar con la gama de los grises llevándola del claro más claro al marengo más oscuro… pero la base de ese look siempre se puede encontrar en la temporada invernal. 

Si nos paramos a pensar, no es más que una combinación de básicos, un look de fondo de armario. Cada pieza descrita es un comodín que no puede faltar en ningún armario. El conjunto resulta de lo más urbanita y sofisticado a pesar de integrar solo básicos, después de todo es una variante práctica del minimalismo, y este, mal que le pese a muchos, sigue siendo la quintaesencia de la elegancia sin dramatismo. 

No sé qué sabor tendrá, o a qué olerá la Navidad para aquellos que lean estas líneas, pero para mí, por extraño que parezca la Navidad se viste del ‘Uniforme Rudnick’.