Blogs

Entradas con etiqueta ‘humor’

EL CRACK (el serial) - Capítulo XXV

Viernes, 17 Abril 2009

Nos vamos de boda 

puntacanaaeropuerto.JPG

–Clase turista, clase turista, ¿qué modo de viajar es este, en clase turista? –protesto.

–Es el modo que de viajar que tiene la gente sin trabajo, mi caso –responde Warren hiperventilando–. Es como viajan la gente que no logra mantener un trabajo más allá de una semana, tu caso.

–Pero tú sí tienes dinero, podrías haber comprado billetes con un poco más de clase.

–Dado que he perdido mi trabajo por ausentarme de él sin justificación por tu culpa, que me llenaste la cabeza con paranoias persecutorias, y que tus palabras textuales fueron “tío, vente conmigo a la boda de mi madre, necesito tu apoyo”, pensaba que tú corrías con los gastos del viaje, no imaginaba que tenía que pagar tu billete, el mío y el de esta –dijo refiriéndose a Belinda.

–¡Ey, un respeto, “esta” es mi novia!

–No, te equivocas, tu novia es este –replica Belinda refiriéndose a Warren.

–¡Ey, tía! –protesta él.

–¿Pero qué pasa con vosotros dos? Estáis así desde que llegamos al aeropuerto. Antes no os llevabais mal.

–Antes no lo conocía, simplemente –responde ella ojeando una revista.

–Si llego a saber que viene ella paso de la boda de tu madre.

–¿Alguien me va a explicar de qué va todo esto? –pido anonadado de la agresividad que se masca en el ambiente.

–Paso de ti y de su culo –zanja él.

–Yo sí que paso de él y de esa relación tan gay que tenéis –zanja ella. 

El resto del viaja hasta Punta Cana lo pasamos en absoluto silencio salvo por los continuos jadeos de angustia de Warren, que no logra superar su pánico a volar. Algo ha pasado, de eso estoy seguro. Cuando recogimos a Warren en taxi todo iba de perlas, parecían hasta seres civilizados. Esto es un expediente X. 

Cuando aterrizamos Warren besa el suelo (literalmente) y jura que nunca más volará a países del tercer mundo, y todo por unas pequeñas turbulencias y dos minutos de caída en picado al aterrizar.

–Bolivia no es el tercer mundo –le explico condescendiente.

–Estamos en Republica Dominicana –apostilla Belinda, que por fin sale de su mutismo.

–¿Esto es Republica Dominicana? –le pregunto sorprendido y pone los ojos en blanco ante mis descolocación geográfica–. Bueno, da igual, no estamos en el tercer mundo, Warren, ¿estás segura que Punta Cana está en República Dominicana?

–Si no es el tercer mundo, ¿por qué el aeropuerto es de madera? –ahí Warren me ha pillado. 

Seguimos los pasos de Puppy y Mr. Chow. ¿Que en qué momento ha entrado Puppy a formar parte de esta historia? Pues en el momento en que Warren quiso tirarse del avión pero una azafata lo sujetó porque primero tenían que desembarcar los pasajeros de primera. Estábamos allí de pie como pasmadotes cediendo el paso a los que habían tenido la buena idea de comprar billetes de verdad cuando vemos descender a Puppy. “¿Ey, qué haces tú aquí?” le grito, pero me ignora y desembarca. Cuando pisamos el aeropuerto allí nos está esperando. 

–Puppy, ¿por qué me ignoraste en el avión?

–No es correcto que los pasajeros de primera hablen con los de turista, ¿no has aprendido nada de protocolo?

–Eso es absurdo –escupe Belinda, que desde que ha aparecido Puppy está aún de más mala leche si cabe.

–¿Quién es? –pregunta Puppy a Warren ignorándola.

–La novia.

–¿Novia de quién?

–De este –dice refiriéndose a mí. 

Puppy se quita las gafas de sol y la examina de pies a cabeza con detenimiento, y tras su examen pregunta a Warren: “no, en serio, ¿quién es?”. 

Me lleva casi media hora tranquilizar a Belinda y conseguir que me jure que no va a matar a Puppy en ningún momento de este viaje. Me lo jura, pero sólo en lo que dure el fin de semana. Nos arrebujamos en la limusina que Puppy tenía preparada para ella y nos dirigimos a Tortuga Bay, donde mamá celebra su maldito enlace. Todos creen que he madurado de pronto y que voy a respetar la decisión de mi madre de casarse con el primer gigoló que pase por su vida, pero tengo mi propia agenda en este viaje y mi principal misión es impedir la boda. 

La escena dentro de la limusina es dantesca. Belinda mirando por la ventanilla para no cruzar la mirada con ninguno de nosotros, Warren luchando con Mr. Chow que vuelve a su afición de olisquearle la entrepierna. Puppy colgada al móvil discutiendo con alguien que se supone será su asistente personal en el hotel. Y yo perplejo por la escena en si. 

–No me contestaste, ¿qué haces aquí? –le pregunto a Puppy.

–Tu madre me invitó.

–¿A santo de qué?

–Por ser tu novia.

–La novia es…–empieza la frase Warren.

–Dilo una vez más y eres hombre muerto –le advierte Belinda–. ¿En qué idioma he de decir que no soy la novia de nadie?

–¿Y no se te ocurrió aclararle a mi madre que ya no estamos juntos?

–Bueno, la verdad es que lo intenté, pero ya sabes cómo es: habla, habla, habla, y no escucha. Así que me pareció más rápido y cómodo decirle que sí a todo. Después de todo, ¡es un fin de semana en Tortuga Bay! Yo nunca digo que no a una invitación a pasar unos días en el Caribe.

–Genial –decimos Warren, Belinda y yo a la vez, pero cada uno con un tono bien distinto. 

Nos instalamos en el alojamiento que mamá nos ha asignado. Tenemos algún problema porque sólo disponemos de una habitación para cuatro personas, ya que mamá pensaba que sólo iríamos Puppy y yo. A ella le encanta Puppy, son dos caras de la misma moneda, una joven y otra vieja, ambas ricas, aburridas y sin saber donde gastar su fortuna. Ambas comprando hombres. La única diferencia radica en que Puppy nació en el seno de una familia podrida de dinero y el ser millonaria forma parte de su genoma, mientras que mamá se ha tenido que hacer a si misma al nacer en el seno de una familia de la burguesía empresarial catalana no sobrada de dinero (eso es la versión oficial, la verdad es que de burgueses poco, su padre, mi abuelo, la única empresa que ha tenido en su vida ha sido una chatarrería, pero eso mamá ha sabido ocultarlo hábilmente al dominio público). Mamá fue Miss algo, de la quinta de Tita Cervera, creo que hasta coincidieron en el certamen de Miss España, o al menos eso cuenta ella reafirmando su pedigrí, pero hay que darle tanta veracidad como a lo de su origen burgués. Asociarse con Tita le viene estupendo porque legitima su posición social tras pasar por concursos de belleza (si a la baronesa se lo perdonan, a ella también) y se quita algunos años de paso, ya que es ‘algo’ mayor que la otra. En las discusiones con papá siempre se reprochaba haber preferido el mundo financiero, “tenía que haber elegido al barón, ¡con lo que me gusta a mí el arte!” 

Al final Puppy consigue a golpe de tarjeta de crédito y una muy buena propina, que nos provean des otras dos habitaciones, una para Warren y otra para ella.  

Belinda deshace la maleta manteniendo un mutismo estremecedor. Yo no le dirijo la palabra por miedo a que se lance y me cuente todo por lo que está enfurruñada. Si no le hablo no tiene motivos para estallar.

–Voy a ver si localizo a mi madre –le digo.

–¿De verdad quieres que te diga qué me pasa? –me suelta de pronto, ¿quién le ha preguntado qué le pasa?, yo no–, ya que lo preguntas te diré que un fin de semana con el obseso sexual de tu amiguito Warren y la esnob de tu ex-novia no es precisamente el viaje idílico que me habías pintado. ¿Sabes qué hizo tu amiguito en el aeropuerto? ¡Me cogió una teta! Y cuando le dije que qué coño estaba haciendo me suelta que tú y él sois como hermanos y que lo compartís todo. Pues que sepas que si os gustan ese tipo de jueguecitos lo lleváis claro conmigo.

–No me lo puedo creer, Warren es un idiota salido, siempre ha intentado acostarse con mis chicas, pero no creía que lo intentara contigo, él sabe que me gustas de verdad.

–¡Ah, está bien, eso me tranquiliza! Mientras que sea sólo con chicas que no te gustan “de verdad” no hay problema –espera, ¿eso es un sarcasmo?, como no estoy seguro mejor no respondo–. ¡Tú eres idiota! Idiota y machista. Ya te hago saber que no te voy a consentir que me trates así, y a tu amiguito se lo dejé bien claro… a él y a lo que queda intacto de su entrepierna.

–Salgo.

–No hace falta que vayas a defenderme, ya le ajusté las cuentas a ese majadero.

–No, voy a ver si encuentro a mi madre.

–¡Pero no ibas a partirle la cara a ese idiota! Claro, tonta de mí, pensar que querías defenderme.

–Me has dicho que no hacía falta, pero si quieres que le parta la cara se la parto y ya está.

–No, no quiero, quiero que seas maduro y actúes como un hombre. 

Llaman a la puerta, ¡gracias a Dios! La miro pidiéndole permiso para abrir (¿porqué le pido permiso?, ¿en qué me he convertido?). Me hace un gesto dando la conversación por terminada. Así que abro la puerta y… 

–¡¿Tú?! –la sangre ha dejado de circular por mis venas.

–Hola, Rafael, hijo.

–¡¿Papá?!

EL CRACK (el serial) - Capítulo X

Viernes, 19 Diciembre 2008

Cuatro entrevistas y un funeral 

funeral-crack.JPG 

Pues va a ser verdad que hay crisis. En el periódico no viene ninguna oferta laboral de cuerdo a mis capacidades. ¿Cuáles son estas? No lo tengo claro, pero que se olviden de que voy aceptar nada que no implique aprovechar la experiencia adquirida en estos años al frente Ridao-Blackman Global Investors. Bueno, esa es la versión oficial, la verdad es que no pienso reparar cañerías, descargar cajas, o cualquier otra actividad física para lo que mis clases de Tai Chi no me han preparado. 

Empiezo mi búsqueda de trabajo con un periódico bien trabajado (subrayado, con anotaciones a los márgenes) bajo el brazo. Wall Street es inmenso, seguro que hay un hueco para mí. 

ENTREVISTA 1

Tipo de empresa: Firma de gestión de fondos.

Lunes – 9:43 h

Entrevistador: mujer, no llega a los 35, blanca, soltera (no anillo), que merece una psicópata para compartir piso, ¡zorra!

Tiempo aprox. de la entrevista: 13 minutos.

Impresiones: ¿Por qué preguntan cuánto quieres ganar? Yo creía que la sinceridad era un valor positivo. Yo creía que empezaríamos a regatear. No me llamarán, cuando yo le digo a una mujer que la voy a llamar nunca lo hago, por qué iba a ser diferente en este caso.Nota: Tengo hambre y 47 dólares en el bolsillo. 

ENTREVISTA 2

Tipo de empresa: Banco nacional.

Martes – 11:04 h

Entrevistador: hombre, unos 55 años, pinta de abuelete amable, en realidad es un capullo sádico.

Tiempo aprox. de la entrevista: 8 minutos.

Impresiones: El tipo sabía quién era yo (lo presiento). Me pidió que me sentara muy amablemente y al ver en su ficha mi nombre me preguntó que cuál eran mis responsabilidades en Riado–Blackman. “He sido el director de…” Y no me dejó terminar con un “¿perdona?” bastante capcioso. Me levanté y me fui. No estaba dispuesto a que me humillaran con mi pasado de ‘director ficticio’. Busco una empresa que me quiera por lo que soy, no por lo que he sido. Bueno, en verdad busco una empresa que no sepa ni quién soy ni quién he sido.

Nota: Tengo mucha hambre. La búsqueda de trabajo ha disparado mi metabolismo. Sólo me quedan 13,34 dólares y un caramelo de fresa que cogí en la recepción de la empresa donde me he entrevistado. 

ENTREVISTA 3

Tipo de empresa: ¿¿¿Por qué son tan ambiguos en los anuncios clasificados???

Martes – 13:20 h

Entrevistador: Por teléfono, una voz muy sensual.

Suena el teléfono.

Voz: Golden Boy, ¿dígame? [No me suena para nada esta empresa]

Yo: Buenas tardes, llamaba por el anuncio del periódico.

Voz: ¿Cuál de ellos, por favor? [¿Hay más de un puesto vacante?]

Yo: Por el que dice que buscan una persona con buena presencia, don de gentes, universitario…

Voz: Muy bien. ¿Cuánto mide? [¿Eh?]

Yo: 1’83.Voz: Ummm, alto, eso está bien. ¿Buena forma física? [¿¿Eh??]

Yo: Uh… bueno… sí, hago ejercicio regular.

Voz: Deberás pasarte por aquí y dejarnos tu book. ¿Experiencia? [¿¿¿Book???]

Yo: Eh… Sí, he sido…

Voz: La agencia trabaja con clientes de ambos sexos, ¿algún inconveniente?

Yo: Creo que no. [¿Por qué voy a tener inconvenientes de tratar con hombres y mujeres?]

Voz: ¿Sabes? Debería ver primero tu book, pero las Navidades son fechas terribles, la gente se siente sola y estamos desbordados. Tengo un cliente en el Upper East Side en estos momentos. Si me aseguras que eres guapo te mando para allá ahora mismo. [¿Guapo?]

Yo: Bueno… ¿Guapo?… Sí, creo… ¿Pero qué tengo qué hacer?

Voz: ¿No dices que tenías experiencia?

Yo: Sí, pero necesito saber un poco al menos sobre el perfil de la empresa y sus productos. No sé. No hemos hablado de qué puesto buscan cubrir, ni de remuneración.

Voz: El cliente es convencional, no quiere nada raro, son unos 350 dólares. Nosotros nos quedamos el 40% el resto es tuyo. Eso sí, si te pide algo raro me llamas y te doy tarifas. No pongas precios tú ni intentes quedarte con los extras, al final nos enteramos de todo.

Yo: ¡Oiga! Que soy un profesional serio.

Voz: Eso espero. Tienes que llevar los…

Impresiones: 1) Soy idiota y no me fijo en los encabezamientos de las secciones de los anuncios clasificados. 2) Los anuncios que buscan escorts profesionales están demasiado cerca de las ofertas de trabajo que no exigen llevar condones cuando visitas a un cliente. 3) Los anuncios que buscan escorts se redactan de forma muy muy ambigua. 4) Ahora comprendo el problema que suponía tener clientes de ambos sexos. 5) Me guardo el teléfono de la agencia para cuando se me acaben los 5,14 dólares que me quedan (el caramelo me lo he comido ya).

Nota: Tengo hambre. 

***

Miércoles – 8:15 h 

Se ha muerto Clifford Randsey III. Tenía 34 años. Iba al gimnasio, comía sano, no fumaba. Salía con las mismas chicas que yo. No me refiero al mismo ‘tipo’ de chicas, sino a las mismas chicas textualmente. En Nueva York habemos una especie de club secreto de solteros que van a los mismos locales nocturnos y se acuestan con las mismas chicas. Eso nos une mucho. Por eso he venido a su sepelio, a presentar mis respetos a uno de los nuestros. Podríamos haber sido cualquiera de nosotros. Ninguno estamos libres de sufrir un día, como Clifford, un colapso cardiaco mientras somos humillados en un sórdido cuarto de un hotelucho por una enana dominatrix y un travestí sesentón. Bueno, la escena tal cual puede que sea un poco irrepetible, pero la idea del colapso siempre es posible. 

El padre de Clifford, Clifford Randsey II, está muy afectado. Fin de la estirpe. En verdad tenía un hermano que se llama Jay y es cantautor en Tucson, trabaja en bares de carretera. Pero ya nunca habrá un Clifford Randsey III, porque el hermano no puede heredar el ‘III’ porque no se llama Clifford (es obvio) y el vástago superviviente de los Randsey nunca tendrá un hijo al que llamar Clifford Randsey III porque perdió los testículos en una accidente de caza en Europa. Se los voló su propio hermano en un episodio bastante escabroso que segó el interés de Jay por estudiar Derecho y continuar en el negocio de las finanzas internacionales como su padre, y antes de su padre su abuelo. Por el contrario la voz se le afinó y aprendió a componer. “Los caminos del Señor son inescrutable” decía el cura presbiteriano que daba sepultura al último Clifford Randsey. ¡Es comprensible el dolor que estaba viviendo su padre en aquellos momentos! 

Me acerco a darle el pésame. Nos miramos sin pronunciar palabra. Comprende que comparto su dolor. Nos abrazamos. 

–Era un hombre excepcional –le dijo y él asienta secándose el llanto–, como pocos. Un amigo de los que siempre estaba ahí –“tirándose a la tía que te gusta” pienso– y nunca te defraudaba. Y como Presidente de Randsey Co. no tenía parangón. ¡Qué ingenio! ¡Qué intuición! ¿Está pensando en alguien concreto para ocupar su puesto? Yo, casualmente, estoy buscando… 

***

ENTREVISTA 4

Tipo de empresa: Auditores financieros.

Jueves – 10:10 h

Entrevistador: Hombre, caucásico, en los 40, pinta de contable.

Tiempo aprox. de la entrevista: 3 minutos.

Buenos días, Sr. Ridao” me dice el cuatro ojos, “qué mal aspecto tiene ese ojo, ¿se lo ha visto un médico?”. Me levanto y lo mando al cuerno.

Nota: Aquél hombre estaría muy triste por lo de su hijo fallecido, pero no le importó en absoluto montar una escena dándome un puñetazo en todo el ojo. ¡Qué poco respeto por la memoria del muerto!

*** 

Llego a casa (bueno, a casa de Warren) y lo encuentro sentado en el sillón, de brazos cruzados, esperándome. Rezo porque no empiece otra vez con lo de que si oigo gemir en su cuarto no entre a ver qué pasa. Espero que se le haya pasado la crisis de falta de intimidad que atraviesa últimamente. Está serio, mirándome.

–¿Qué tal la entrevista? –me pregunta.

–Ufff, ni preguntes –me cojo la nariz como diciéndole “aquello apestaba, tío”, pero no el hace gracia.

Sigue serio. Veo junto a él un gorrito de Papá Noel. Es buena señal, el espíritu navideño ha llegado al apartamento y todo los malos rollos se irán por la chimenea (bueno, tenemos calefacción central).

–Ho, ho, ho –le digo imitando a Papá Noel.No se ríe.

Lo repito y le señalo el gorro. Sigue sin reírse.

–¿Y eso? –le pregunto con mi mejor sonrisa señalándole el gorro.

–Eso es tu nuevo uniforme de trabajo.

Ahora soy yo el que no se ríe.