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Estilo ‘Reina’

Viernes, 29 Abril 2011

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Era el momento justo. Toda España pegada al televisor analizando cada look de la boda real (¿“del siglo” la han llamado? ¡Qué manera de subestimar al siglo XXI!). Estaba seguro que no habría ama de casa que se aventurara a la calle antes de ver desvelado el vestido de la novia. “ –pensé– este es el momento idea”. Así que cogí el carrito de la compra y me fui a recargar la despensa de casa con la esperanza de evitar las largas colas del super. Claro, no tuve en cuenta que todas esas mujeres pegadas al televisor tienen maridos que saben leer una lista de la compra y que habían sido mandados al super para que las dejara tranquilas con su boda. Mi gozo en un pozo.

Justo en estos momentos me estoy empapando de los estilismos reales y plebeyos concurrentes a la ceremonia. La gran sorpresa del día, el vestido de la novia, no era tal sorpresa porque ya se rumoreaba en mil sitios que Catalina (que ya no Kate) había visitado a la reina regente de la casa McQueen, Sarah Burton. Así que cuando hemos visto el precioso vestido, porque sinceramente pienso que es un vestido precioso, lo primero que salta a la vista es que es un diseño hecho para realzar su naturalidad, su frescura… no es pomposo ni pretencioso. El vestido que toda princesa del pueblo desearía. Ya no corren los tiempos de aquella otra boda real, la de la madre del novio, en que el perifollo estaba de moda. Recuerdo que tras aquel vestido de David y Elizabeth Emanuel las bodas no fueron ya lo mismo. Una competencia en cuanto a mangas farol a cuál más grande y colas a cuál más larga se desató en la moda nupcial de momento. El de Catalina es todo lo contrario, un vestido muy pegado al momento al que vive, a su edad, a su personalidad…

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Pero fijémonos en nuestra Letizia. Con ese vestido de muselina bordado ultra discreto en rosa terracota de Felipe Varela que la posterga en un segundo plano en la foto oficial cediendo protagonismo a la reina y su traje de Margarita Nuez en tonos azules. Los comunicados sobre las indumentaria no están corriendo, sino volando. Mascaró ya se lanzó a anunciar a primera hora que los zapatos de las reina son unos “peep toe de piel metalizada, con plataforma interna y 10 cm de tacón” de su colección. Sabemos que el sombrero de Letizia es de la firma Pablo y Mayaya y los zapatos de Magrit. Había otro vestido español en la ceremonia, concretamente de Miguel Palacio, lucido por Miriam González, mujer del vicepresidente de Reino Unido, Nick Clegg.

¿Y qué aporta este post respecto a lo que los múltiples medios vienen ofreciendo desde primera hora de la mañana? Bueno, pues nada, absolutamente nada. No hay lugar a la innovación. Porque las reinas y princesas se deben a un estilo que no tiene nada que ver con la moda. ¡Como tiene que ser, qué diablos! Igual que nuestra reina tiene a Margarita Nuez que ha creado lo que podría llamarse el estilo ‘Reina Sofía’, Isabel II es una de las mujeres con el estilo más acentuado, estudiado y milimetrado que he visto hoy. El estupendo abrigo amarillo lucido por Isabel II está firmado por Angela Kelly (abajo junto a la reina), asistente de la reina y que es para ella “como una hermana” en palabras de la monarca.

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Lo cierto es que la figura de Angela Kelly no tiene desperdicio, creedme. Su carácter intransigente y despótico, sus prebendas y el favor de la reina, la han hecho una figura odiada en palacio. Todo estalla en 2009 cuando Alison Pordum, su socia en la firma Kelly and Pordum creada en 2002, deshace la sociedad por sentirse ofendida en unas declaraciones públicas de Kelly en que decía algo como que en el día a día de la firma “yo diseño y Alison hace los vestidos”. A partir de aquello la prensa empezó a airear episodios palaciegos de mal gusto como una pelea a tirones de pelo con otra empleada de palacio por estar ambas liadas con el cocinero, y otras cosas por el estilo.Poco me importa la vida personal de Angela Kelly, solo me importa darle la enhorabuena por el buen trabajo al crear el estilo “Isabel II”… que le cuesta al año a la reina unas 250.000 libras (un presupuesto en indumentaria de unos 280.000 euros).

La reina sin vestido

Mircoles, 7 Abril 2010

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La mujer parece no ser ya negocio.  La firma Hardy Amies, fundada hace más de 50 años y cuyo fundador falleció en 2003 a los 93 años, ha decidido centrar su actividad en el hombre, en concreto en la sastrería tanto de trajes como de esmóquines. Atrás quedan décadas en cuya más famosa y fiel clienta ha sido The Queen, a la que le han hecho muchos de sus apreciados trajes rosa chicle.

Esta que es una de las más reconocidas casas de moda de Savile Row, ya fue rescatada de la bancarrota por dos empresarios de Hong Kong y la salida hacia delante y expansiva en que se embarcaron fue un desastre. El prèt-â-porter masculino y  femenino no funcionó. No es tan fácil hacer que una firma anclada en el clasicismo, con años de esplendor, sí, pero que estaba en el olvido, consiga repuntar en un mundo tan competitivo como en el que se mueve la moda contemporánea. Por eso ahora vuelve al concepto original de Sir Hardy Amies, enfocado a la alta artesanía de la costura. El precio de un traje a medida partirá de unos 4000 euros.

Eso no significa que rompan lazos con la casa real británica, ya que si bien pierden a la Reina de Inglaterra como clienta e ‘imagen’, Lord Freddie (Frederick Michael George David Louis Windsor), un joven miembro de la familia que ocupa el puesto 28 a la sucesión del trono será el “embajador” de esta sastrería. Para hacernos una idea Lord Freddie viene a ser un Rafael Medina a la inglesa.

No sé, no sé. Reflotar una casa de moda no es algo que se pueda hacer poniendo una cara joven al público, hace falta una reestructuración profunda y mucha inversión: en captar un buen diseñador (en este caso van a jugar la baza de la sastrería, así que se lo ahorran), una buena campaña de comunicación que no siempre da frutos inmediatos (no sé hasta qué punto Lord Freddie es la estrategia adecuada), cultivar la relación con los retailers… y mucha paciencia, porque los milagros no existen y menos los “instantáneos”.

En España hemos vivido dos intentonas importantes que fracasaron antes de levantar el proyecto. La primera la de Elio Berhanyer, que consiguió entusiasmarnos con la propuesta que Roberto Diz hizo para él, pero desgraciadamente Elio no estaba dispuesto a ceder el cetro y cuando llegaron la hora de los aplausos salió solo a saludar, con su batita de costura, y todos nos preguntamos, ¿y Roberto? Egos encontrados y catástrofe a la vista. Roberto no tenía necesidad de hacer de ‘negro’ (y disculpen expresión tan políticamente incorrecta) para Berhanyer por mucho que este le ofreciera. Un lugar a la sombra solo es deseable en medio del desierto. La otra intentona de revivir un nombre olvidado fue el de Pertegaz que contrató a Ion Fiz, pero antes de que viera la luz la primera colección va Doña Letizia y le encarga su traje de novia, y no sé qué pasó, debió pensar el hombre que aquello haría revivir su carrera y su marca sin necesidad de la sangre joven… nunca más se supo.

¿Se habrá planteado alguien proponerle a Margarita Nuez lanzar una línea de prèt-â-porter con un joven diseñador a la cabeza? Ella como responsable de costura y supervisándolo todo, claro. No sé, imaginad por ejemplo una ‘Margarita Nuez por Karlota Laspalas’ (esto es por fantasear). Ufff, me ha dado un escalofrío de emoción. Pero esas cosas en España… como que no pasan.

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