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JAVIER FERNÁNDEZ DE ANGULO (DIRECTOR DE GQ)

Lunes, 11 Enero 2010

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Quince años no son nada, y a la vez son muchos. Quince años son los que celebró hace nada, en noviembre, la edición española de la revista GQ. En un par de meses tendrá oportunidad de celebrar otro aniversario más íntimo, el quinto aniversario de su director, Javier Fernández de Angulo, al frente de la cabecera masculina de Condé Nast.

Un profesional con unas señas de identidad muy singulares, como el sentido del humor que evidencia en los retratos que acompañan cada mes su editorial en la revista, a veces en el papel del niño subacuático de la portada de Nevermind de Nirvana, otras veces sustituyendo John Lenon en un remake de la famosa foto de Annie Leibovitz… Parece que su dilatada trayectoria en el mundo editorial (seis años como subdirector de Vogue antes de tener en sus manos GQ, y antes en Elle, también como subdirector…) no ha conseguido castrar su capacidad ironizar, ni el cargo de director le ha apartado del ejercicio periodístico.

Cuando llegas a GQ, ¿cuál es el principal reto que te impones? Convertir a la revista en líder del mundo de la moda y la cosmética masculina y situarla como una de las mejores revistas de Europa, tanto para lectores como para anunciantes.

¿Y eso se traduce…?, es decir, ¿cuál crees que es tu principal aportación a la construcción de GQ? Aportar mis conocimientos de moda de Vogue, elevarla a la máxima categoría y exigencia, reforzar contenidos periodísticos y cuidar que desde la primera página a la última, cada página tenga fuerza y aporte algo.

¿Cuáles crees que son las señas de identidad de GQ como revista, ya no solo la edición española, sino a nivel internacional? Es el emblema del hombre moderno, del llamado hombre cool, pero con el reto y el  estímulo que es un hombre que cambia, que se reinventa y está lleno de sentido del humor y de curiosidad por cuanto le rodea.

Seguro que hay una parte ingrata que se asume con el puesto de director. Sí, pelear con las cifras, las ventas, los presupuestos, los gastos…

¿Y la parte más gratificante, a la que no se le puede poner precio? Ver a alguien en el quiosco comprando tu revista. Y las cartas de cuantos nos apoyan y nos siguen…

Personalmente siempre me ha sorprendido como te implicas en la revista con trabajo de campo, es decir, realizando personalmente entrevistas, cosa que la mayoría de directores no suelen hacer, son más ‘puestos políticos’. ¿Existe un lado oscuro en el puesto de director que puede terminar asesinando al periodista? Hay un peligro, el gestor puede dejar dormir al periodista y eso no es bueno, si te gusta mucho este oficio, hay que hacer músculo y estar cerca de los personajes y de las páginas… Un cocinero nunca debe dejar de cocinar aunque sea el mejor chef del mundo.

¿Qué has tenido que sacrificar por tu carrera profesional? Mucho tiempo y mucho rato con mis hijos, porque todo lo que estés con ellos es poco.

¿De qué número, producción o reportaje te siente más orgulloso? De casi todos, quizá especialmente del de nuestro 15 aniversario y cuando celebramos los 50 años de la cabecera.

¿Cómo ha afectado esta crisis al enfoque de la revista, ya sea por movimientos publicitarios o por un posible viraje del público objetivo? Siempre hemos trabajado muy de cerca con las firmas, no es ningún trauma para una revista como GQ hablar de las firmas de moda, apoyarlas y defenderlas, creo que en ese aspecto estamos en el mismo barco, aunque el símil marinero esté muy usado.

¿Ves brotes verdes? Bastantes, veo una nueva mentalidad, donde más brotes veo es en la imaginación, todo el mundo se ha puesto a pensar ideas y no necesariamente caras, creo que esta crisis ha sido un frenazo al crecimiento, pero a todos nos ha dejado grandes lecciones… Seremos más pobres, pero más sabios… Buena cosecha para el futuro.

¿Crees que el paradigma masculino está rotando de nuevo hacia el conservadurismo estético? Siembre hay un ir y venir de las tendencias, pero creo que el hombre está en una situación de no retorno respecto a su papel como hombre, en el sexo, en la familia, en la moda, en el espejo, y es positivo el cambio.

A veces tengo problemas para usar imágenes de pasarela porque los modelos no conectan con nuestros lectores. ¿Qué piensas del casting masculino que se emplea en las pasarelas, consigue conectar con el cliente potencial de las firmas? No olvidemos que la pasarela es una exageración, es una caricatura o un símbolo de algo que las revistas deben traducir, pero creo que la pasarela masculina está muy cerca del hombre, en Paris está Paul Smith, Hermès, Vuitton, Lanvin… con cosas que todo lector de elEconomista quisiera tener en su armario.

¿Qué opinas de la debilidad comparativa de la moda masculina española? Creo que es una industria con pocos recursos pero que poco a poco puede crecer, hace falta tirar del carro. Con Mango, Zara y Custo hemos demostrado que podemos y sabemos exportar moda, ahora faltan nombres propios de influencia internacional… Paciencia, pero creo que hay cantera para que el futuro nos de una alegría. Ojo a nombres como Lander Urquijo o El Ganso…

Hablando de diseñadores españoles, ¿qué opinión te merece el patronage de las ‘intentonas’ que hacen los clásicos de Cibeles por vestir al hombre? Creo que esos clásicos no se han renovado, que la moda va por otro camino, pero cada uno es libre de hacer algo comercial y seguro o de crear moda.

Que coste que me encanta que cambies tu foto en todos los números y que juegues con ello, pero eso me hace pensar que para ser un buen director de revistas hay que tener un puntito exhibicionista. Hay que tener un punto disparatado, trabajamos con muchas expresiones artísticas y creadoras. Hablamos de fotografía, de moda, de pintura… y debemos contagiarnos de ese espíritu  creador, insolente, transgresor, con humor y nada convencional, que es lo que empuja al arte y a la vida.

¿Crees que hace falta más sentido del humor en la moda? Hace falta más humor en todo, en la medicina, en la Iglesia, en la moda, en el periodismo, en la economía…

¿Qué tendencias o actitudes crees que son determinantes este invierno? Las firmas han vuelto a sus orígenes, y creo que la clave es defender la obra bien hecha de quien ha demostrado que sabe hacerlo: el jersey de Hermès, la chaqueta de Dolce&Gabbana o sus vaqueros, los accesorios de Prada, los trajes de Lanvin, los detalles de moda de Gucci… ya no basta con hacer de todo, tienes que ser el mejor.

¿Qué diseñadores te parecen indispensables esta temporada? Tom Ford, por la fuerza  de sus propuestas, Lanvin por su Elegancia,  Prada por la fuerza de sus accesorios, el optimismo de Etro, las gabardinas de Burberry, los abrigos de Zegna, el look de Vuitton, pero quizá los grandes motores de la moda masculina son Raf Simons, innovador de verdad, Elbaz por su elegancia  y Pilati de Yves Saint Laurent por su revolución llena de argumentos con una moda distinta.

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