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Entradas con etiqueta ‘Kate Moss’

Corinne Day lo cambió todo. Su ausencia lo cambia todo.

Mircoles, 1 Septiembre 2010

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El sábado se nos fue una mujer que cambió la faz estética de la moda, ¿y por qué no?, de nuestro TIEMPO también. Hablo de Corinne Day, que perdió la lucha encarnizada contra un tumor cerebral que terminó por privarnos de su talento… pero no para siempre, porque su legado perdurará durante generaciones, aunque los que vengan no sean conscientes de su influencia. Muchos os preguntareis: “¿Corinne Day, quién es?” Pues como respuesta solo puedo decir que fue la fotógrafa que lo cambió TODO en los 90.

Su estilo era descarnado, a veces crudo, pero siempre cargado de  honestidad. No pocas críticas recibió en su momento, pero los verdaderos visionarios de la moda apostaron por ella. Yo diría que su obra tiene un toque documental que evita todo edulcoración, fue a la moda lo que Nan Golding ha sido a la fotografía del inframundo urbano. Supo retratar como nadie a la generación ‘Trainspotting’.

Pero sobre todo, se la recordará por ser la descubridora de Kate Moss, que tan solo era una chica que dejaba la infancia cuando Day la hizo protagonizar la portada de la revista-icono del momento, The Face, con sus pecas, su sonrisa imperfecta de chica de suburbio inglés y un tocado de pumas a lo indio. El editorial se llamó ‘3rd Summer of Love’ y dio el pistoletazo de salida para la estética grounge que tantos otros replicarían para las más glamurosas publicaciones después. Corría 1990 y se habían confabulado algunos de los nombres más influyentes de la moda futura. Por un lado la estilista Melanie Ward (actualmente trabajando en Harper’s Bazaar y que sería decisiva para el éxito de Helmut Lang, donde fue durante 13 años directora creativa cuando el diseñador aún estaba al frente de la compañía); Kate Moss, la que no es necesario repetir lo que ha significado para la moda en los últimos 20 años; y el director artístico de The Face, Phil Bicker (ahora en The Fader), que le dio aquella increíble oportunidad.

En 1993 volvería a fotografiar a Kate Moss en su propio piso londinense para el Vogue británico. Aquello fue la confirmación: ya nada sería lo mismo, no había marcha atrás, los códigos habían cambiado. Por aquel entonces yo empezaba a estar interesado en la moda, así que sin duda que puedo decir que le debo a Corinne Day los esquemas estéticos que me han acompañado en mi carrera profesional.

Corinne dejó el colegio pronto, no se le daba bien, así que empezó a hacer de modelo y terminó viviendo en California durante dos años. Mark Szaszy, director de cine prometedor por entonces, puso una cámara entre sus manos. Le enseñó a manejarla, en todo lo demás fue autodidacta. Sus fotografías fueron las que dieron lugar al famoso término ‘heroin chic’ que Bill Clinton acuñó en un duro ataque a esa estética con estas palabras: “No es creativo. Es destructivo. No es bello. Es feo. Y no es algo sobre el arte. Es sobre la vida y la muerte. Y glorificar la muerte no es bueno para ninguna sociedad”.

Su vida transcurriría siempre relacionada con Vogue (UK, Italia y Japón). Alexandra Shuman le comisionó las fotos de Kate Moss de 1993 y el resultado levantó ampollas, llegaron a clasificarlas de porno infantil. Demasiada polémica para Day. Cambió de vida, dejó la moda, empezó a seguir a la banda de indie rock, Pusherman. Poco después le fue diagnosticado un tumor cerebral en 1996, el que nos ha dejado sin ella, pero algo positivo salió de aquello, le hizo dejar las drogas. La única droga que le quedaba era la fotografía: “soy una yonqui de la fotografía” llegó a decir…

… Y yo soy un yonqui de Corinne Day. Estoy seguro que su ausencia me va a crear síndrome de abstinencia. El clima creativo de principios de los 90 no volverá. No volverá Corinne. La inocencia salvaje y pervertida de aquellos años tampoco volverá. Solo nos queda rendir tributo a una excepcional fotógrafa y mirar al futuro con el coraje que ella demostró en su vida.

Chapoteando, chapoteando, vivo la vida chapoteando

Martes, 1 Diciembre 2009

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Venecia está inundada. Eso lo vi ayer en los informativos, y de pronto recordé algo sobre lo que quería escribir aquí: botas de agua. Todas las temporadas nos empeñamos en afirmar que las botas de agua son chic, que están de moda, pero la verdad es que lo chic para las revistas es conservar a jugosos anunciantes que de manera poco disimulada piden que sus productos sean ‘tendencia’. A mí me parecen horrorosas las clásicas katiuskas, todo sea dicho de paso, porque no hay manera de que peguen con nada. Y eso que los fabricantes se afanan por darle mil colores, mil estampados y mil actitudes… pero al final siguen siendo botas de agua.

Pero parece que aquello de que “las botas de agua están de moda” amenaza con ir en serio en esta ocasión, porque si Prada se toma la molestia de sacarla en sus desfiles… ¡échate a temblar! Todo empieza así: Miucca tiene una visión, Miucca manda que la hagan realidad, Miucca se empeña en sacarla a pasarela, en una o dos temporadas todos los diseñadores están haciendo revisiones de la idea de Miucca. ¡Y mira que me parecen horribles las ideas de Miucca en multitud de ocasiones! Pero ya he aprendido de no ir a contracorriente y si Miucca dice que es cool ir con los pantalones por las rodillas, pues prepararos para verme los calzoncillos.

Pero si encima se mete en liza la mismísima Kate Moss… porque ahora todo el mundo empieza a sacar imágenes de aquella vez se calzó unas Hunter para andar por un fangal. Todo un acto de sensatez que no tiene porque ser un acto de estilo, pero como somos tan borregos, pues todos a comprarnos Hunters.

Mi aversión a las botas de aguas debe venir de pequeñito. Jamás tuve unas botas de agua. Mi madre nunca me compró unas botas de agua. Y en cuanto empezaba a llover todos los niños se ponían a chapotear despreocupadamente mientras yo me moría por poder meterme en los charcos, pero no podía, porque yo llevaba bonitos zapatos de vestir. ¡Dios, cómo odio la infancia!

Me reconcilié con las botas de agua cuando surgió mi amor por la moda. No precisamente por el producto en sí, sino por un anuncio de una revista. Corría el aciago mes de abril de 1992. Yo empezaba a empaparme de revistas internacionales. Aún no sabía por qué, ni que sería mi destino profesional. Acababa de descubrir la New York Magazine que conseguía a través de un pequeño kiosco que me la encargaba ex profeso. En ese número había un anuncio de los grandes almacenes neoyorquinos Barneys donde unos ejecutivos llevaban cañas y botas de pescar. ¡Me pareció una imagen tan chic que todos mis prejuicios contra todo lo hecho de goma, como las botas!

Volviendo a Prada. Ha tenido la inteligencia de garle una vuelta de tuerca a las botas de agua (de media caña, de caña completa y hasta el muslo) y las ha dotado de estructura de zapato de vestir, le ha puesto tacón y plataforma. ¿Es ese el misterio para conseguir un complemento de tendencia?

Encuesta: ¿Tienes botas de agua? ¿Te gustan las botas de agua? ¿Llevarás este invierno botas de agua? Y lo que es más importante, ¿le comprarás a tus hijos botas de agua para que puedan chapotear con los otros niños?

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Carta a Kate Moss

Mircoles, 30 Septiembre 2009

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Querida Miss Moss, 

Eres todo un portento empresarial. Quién iba a pensar que aquella niña de 16 años que aparecía como una india en la portada del nº 22 (julio de 1990) de la extinta revista The Face iba a ser una potentada de la moda hoy. Aquellas fotos de Corinne Day en blanco y negro son hoy de coleccionista, y sin embargo, tras tantas portadas de Vogue y Harper’s Bazaar, sigues siendo la misma, solo que con un poco más de curvas. ¿Recuerdas cuando te acusaban de anoréxica cuando la verdad era que estabas a medio desarrollar? Eso es lo que tiene ser la supermodelo/antimodelo de los 90, que te cayeron todos los halagos… pero también todas las críticas.  

Por favor, cásate conmigo, soy capaz de irme a vivir a Londres por ti (y por la posibilidad de un acuerdo de divorcio como el de Guy Ritchie y Madonna, porque Forbes te posiciona en el número 74 de su ranking de celebridades con más pasta, y la segunda modelo más rica por detrás de Giselle). ¿Que por qué quiero casarme contigo y no con Giselle? Pues porque Giselle sólo hace chanclas y tú sin embargo tiene toda una línea de ropa con el gigante británico TopShop. He leído en el Vogue USA que te paseas por el despacho de Philip Green (propietario de la firma) como ‘Periquillo por su casa’ y que te pagan un pastón por ir de vez en cuando al estudio e “inspirar” a las diseñadoras que hacen tu colección. ¡Pero qué arte!, como los diseñadores consagrados de dimensión industrial pero con sólo 34 años. Ya sé que Green negoció directamente contigo tu caché en este proyecto, y que te pagó 4.4 millones de euros, otro motivo de peso para quererme casar contigo.

Pero es que todo lo que te rodea tiene halo de superproducción, como cuando el 30 de abril de 2007 se lanzó tu colección y se previó tener preparados 2000 paraguas para los que se acercaran a la première porque las noticias daban agua para esa noche. Hiciste tu aparición de 10 segundos en el escaparate de la tienda de Oxford Street y acto seguido la gente pudo pasar en pequeños grupos, sin poder permanecer en la tienda más de 20 minutos, pudiéndose probar hasta 8 prendas y comprar sólo 5 como máximo. Todo pensado para que no se produjeran “acaparaciones” y se montara un lucrativo mercado negro en eBay.  

Ya sé que no soy Johnny Depp ni Pete Doherty, ni salgo de marcha por la noche para ser inmortalizado por The Sun, pero puedo esperarte en casa y acompañarte a rehab si hiciera falta. Kate, me gustas porque eres un icono y porque has roto las barreras de la hipocresía y mojigatería de la moda. Después de tu escándalo nadie podía suponer que tu carrera cogería más fuerza, y que grandes voces del sector defenderían tu derecho a meterte lo que quisieras por tus orificios nasales en tu tiempo libre (eso de ser modelo debe ser como ser policía: ‘nada de beber de servicio’). Lo más sorprendente es que los muy temidos consumidores no te volvieron la espalda y compraron voraces todo lo que tú anunciabas después de prometer “intentar” ser buena chica. Por favor, Kate, cásate conmigo.  

PD. Pero si no puede ser, ¿puedes decirle a tu amiga Claudia que me llame? ¿Sigue teniendo el villorio en Mallorca?