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Vuelve el Power Suit… el renacer de Armani

Lunes, 3 Febrero 2014

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Giorgio Armani Primavera/Verano 2014

Aparece Rajoy en su convención y lanza su mensaje: “Alguien tiene que decirles a los españoles que lo están haciendo bien, que sus sacrificios no son en balde y que entre todos estamos dando pasos para recuperar lo que nunca deberíamos haber perdido“. Vale, te creo, estoy seguro que ‘algunos’ ya se han recuperado… o es que jamás cayeron y ahora corren de nuevo el velo que ocultaba su tendencia natural a la ostentación.

Pero no voy a hablar de España, sino del panorama internacional, y más concretamente de moda, que es para lo que estamos aquí, ¿no es verdad? Parece ser, tal y como se ha ido fraguando lentamente en las pasarelas, que la recuperación está en marcha y que aquellos que dejaron el traje y la corbata vuelven a investirse de sus símbolos de poder. Podríamos decir, sin rubor alguno, que esta primavera el Power Suit, el traje de los negocios, vuelve al sitio que siempre le ha correspondido.

Y no, no es un ‘volvamos la vista a los 80’s’ que muchos interpretan a tenor del furor estético que ha levantado el film ‘El lobo de Wall Street’, donde un perfectamente acicalado Leonardo DiCaprio con los trajes de Giorgio Armani nos recuerda el glamour de los yupis y tiburones financieros que nos hizo amar a esa raza de superhombre que en España encarnó el engominado presidente de Banesto, Mario Conde.

Armani siempre se vanagloria de cómo su traje deconstruido se convirtió en el símbolo de poder y elegancia en Wall Street de Nueva York y la City de Londres. Esta primavera volveremos a desempolvar trajes con estructuras que pensábamos superadas. ¿Abominaremos de las siluetas más ajustadas al cuerpo que ha estilizado tanto al hombre en la última década? Lo cierto es que las pasarelas parecen preconizar una vuelta a los hombros bien anchos, los trajes cruzados de doble botonadura y la silueta holgada.

Nos costó acostumbrarnos a ser ese nuevo hombre que sentía el traje ajustado a su cuerpo, sobre todo aquellos cuya silueta no es precisamente la de un modelo de pasarela, y ahora nos veremos extraños mirándonos al espejo y observando cómo nos caen esas nueva-viejas hechuras que vuelven a marcar estilo. ¡¡Qué feliz serán los viejos sastres que torcían el gesto cuando el cliente les preguntaban si la chaqueta no podía ir un poco más entallada!!