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Thatcher y su sentido de la moda

Lunes, 15 Abril 2013

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Ding Dong! The Witch Is Dead” cantan los detractores de Margaret Thatcher a su muerte catapultando este clásico de El Mago de Oz al top de las canciones más descargadas, mientras que la BBC veta esta inocentona melodía para no herir susceptibilidades. Es indudable que La Thatcher ha sido y será una de las figuras más controvertidas del siglo XX en muchos sentidos… ¿Pero de qué va este blog? De moda, sí señor, pues de moda hablaremos.

Es indudable que para una mujer que es centro de la vida pública, su imagen puede convertirse en una pesadilla, cosa que no pasa con los hombres, a los que se les permite casi todo, incluso el resultar anodinos, como es el caso del 99% de los políticos. Thatcher supo construirse una imagen sólida a base de unas señas de identidad muy marcadas, inconfundibles, que configuraron su efectiva armadura política en un mundo de hombres de poder, pero sin renunciar jamás a su feminidad.

Por ejemplo, si bien llevó los pantalones en Downing Street nunca se los puso ante la opinión pública, prefirió el llamado Power Suir, con falda pero de corte sartorial. No necesitaba disfrazarse de hombre y bien que reivindicó el papel de la mujer en la sociedad a lo largo de su vida política. Llegó a decir aquello de que “si necesitas que algo se diga encárgaselo a un hombre, pero si necesitas que se haga encárgaselo a una mujer”.

Ella que fue la lideresa del liberalismo económico leonino siempre fue ultraconservadora tanto en ideología como en el vestir, aunque en su fuero interno tenía una fashionista frustrada. O al menos es lo que cuenta Romilly, la que fuera esposa de Lord McAlpine, un Tory de los pies a la cabeza, que en su día solo vestía de Vivienne Westwood, y que confesaba que Lady T siempre se sentía fascinada por su indumentaria.

Hija de una modista, Margaret y su hermana Muriel, crecieron llevando ropa hecha en casa. No fue hasta conocer a su acaudalado marido, Denis, cuando empezó a poder permitirse invertir en su guardarropa. Sus trajes de corte sastre pero con colores contundentes, sus blusas de lazada al cuello, sus vestidos de estampados florales y sus indefectibles perlas, tanto al cuello (Denis se lo regalo cuando nacieron los mellizos en el 53) como en sus orejas, la convirtieron en epítome de la Power Woman de los 80. Mano de acero en guate de seda. Una mujer que podía dirigir un país y declarar la guerra con guantes y un bolso de Asprey que le perteneció durante 30 años y que terminó subastándose en Christie’s en 2011 alcanzando las 25.000 libras.

Mark & Spencer le mandaba una selección de modelos periódicamente para que eligiera, aunque para momentos especiales como su visita a la URSS se decantaba por firmas británicas con historia como Aquascutum. Para la noche la vistió en muchas ocasiones Tomasz Starzewski, más conocido por ser modisto de Diana de Gales. Y sobre todo, como una de sus más marcadas señas de identidad, su casco de laca, indestructible como el sobrenombre que se granjeó de Dama de Hierro, que viniera después de que un avezado asesor de imagen la convenciera de que desistiera de seguir llevando ridículos sombreros.

Y a pesar de todo ello llegó a estar en listas oficiales de las mujeres mejor vestidas. Pero claro está, no es por eso por lo que la Historia la recordará, para bien o para mal.