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Rhythm ’n’ Gym

Viernes, 10 Diciembre 2010

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Por motivos que no vienen al caso me veo obligado hacer ejercicio en estos días (y a hacer dieta en plenas Navidades). Yo, que siempre recrimino a los amigos de mi quinta que sigan practicando deporte porque “a ciertas edades un hombre en calzonas en un atentado al buen gusto”. Pues al final me las voy a calzar yo, vueltas que da la vida. Y en estas me he acordado de algo que leí hace tiempo sobre qué música era la más adecuado para hacer ejercicio, y de lo que hice un fantástico artículo que finalmente no vio la luz y que me parece pertinente recuperarlo. 

Hay malos hábitos y buenos hábitos a la hora de hacer ejercicio, eso está claro. Por ejemplo, terminar una sesión de footing parándote a recargar fuerzas con un montadito en el bar de la esquina de tu casa es un mal hábito. Sin embargo, en lo que todos los expertos coinciden, es que escuchar música mientras te ejercitas es algo muy conveniente, ya no sólo porque la música motiva, sino que es un importante elemento de distracción frente a aspectos negativos como la fatiga. “La música nos ayuda a evadirnos de posibles problemas externos y centrar toda la atención en el esfuerzo físico que estamos haciendo e incluso la sensación de esfuerzo pasa más desapercibida” me explicó Fredy Gil, director deportivo del Gimnasio La Perla de San Sebastián. “En el campo del gimnasio, y más concreto de las clases dirigidas, es evidente que es la característica que identifica esta actividad y ayuda al aprendizaje de habilidades motoras. En todas las tendencias y estilos (hi-lo, step, latino, dance…) la música es imprescindible, es la herramienta de trabajo del instructor y marca los niveles de intensidad de la clase. Gran parte del éxito de una clase dirigida está en la elección de la música teniendo en cuenta las características de la sesión y del perfil de la gente que nos vamos a encontrar”. 

Elegir la música adecuada para un programa de entrenamiento es casi una ciencia. El doctor Costas Karageorghis, profesor asociado de Psicología del Deporte de la Universidad Brunel, Inglaterra, ha dedicado 20 años al estudió de los efectos que tiene la música sobre el rendimiento físico y el resultado práctico de esta dedicación es el diseño de la Escala Brunel de Calificación Musical, un cuestionario elaborado para calificar las cualidades motivacionales de una canción en la práctica deportiva o la actividad física recreativa. 

Esta escala establece la idoneidad de cada pieza musical tomando como referencia la medición del ritmo. Para aquellos que caminan sobre siete kilómetros y medio por hora la música ha de tener un ritmo de 115 a 118 bpm (pulsaciones por minuto), mientras para los que llegan a los llegas a los 11 kilómetros las pulsaciones han de estar entre 137 y 139 por minuto. Un corredor por el contrario no debiera bajar de los 147 bmp.  

La música se ha integrado en el programa de ejercicios de los centros de fitness de tal manera que la mayoría de las nuevas disciplinas que surgen están basadas en ejercicios aeróbicos, es decir, que combina música y ejercicios. Existen dos tipos de entrenamiento aeróbico: de bajo impacto, sin saltos, cuya finalidad es acondicionar y fortalecer los músculos, y de alto impacto, para el acondicionamiento cardiovascular. “La música siempre la programamos en función de la frecuencia cardiaca” me aclaró Ignacio Peralta, Director Técnico del centro O2 Centro Wellness Piscina Sevilla. “En las actividades de alta intensidad empezamos con una fase más lenta, para subir a continuación de 120 a 140 bpm, y terminamos el programa volviendo a una música más relajada de 80 a 90 bpm. Nunca debe ser una música que estrese sino que incentive. Para actividades como el Yoga, Taichi o Pilates recurrimos jazz o música instrumental que sirve como base ambiental”.  

A las actividades aeróbicas clásicas como el Aerobic, la Batuka o el Gym Jazz se le han unido una gran gama de bailes que se han convertido en una oferta fundamental de estos centros de fitness, especialmente de carácter latino como el merengue, la salsa, cha-cha-chá, o la cada vez más en auge danza del vientre. Un sin fin de razones para desvincular el hecho de ir al gimnasio con el concepto ‘machacarse’, y sustituirlo con el de pasarlo bien. Yo, personalmente, no tengo claro en qué me puede ayudar la Batuka o la danza del vientre, a mantener la dignidad obviamente no, pero sé cuestió de encontrar la clase que me sea más afín… cuanto más cerca de la cafetería mejor.

¿Y vosotros?, ¿qué música utilizais al hacer ejercicio?