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EL CRACK (el serial) - Capítulo XX

Viernes, 6 Marzo 2009

¿Qué puede salir peor? 

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–¿Estás ocupado? –pregunta Mr. Traill asomando la cabeza por la puerta del pequeño despacho con glamour que me he montado en medio de la montaña de sordidez que es la Funeral Home de Mr. Traill. Es lo único que no huele a muerto.

–Estoy liado, pero pasa, pasa –le hago una seña con la mano para que pase mientras cierro el buscaminas del ordenador.

–Quería consultarte sobre ciertas facturas.

–Dispara.

–Tengo un montón de cuentas de restaurantes.

–Gastos de representación.

–¿Una botella de Terrier-Jouet?

–Gastos de representación.

–¿Centro de estética?

–Gastos de representación.

–¿“China Loto Massage House”?

–Gastos de representación.

–¿Masajes como gasto de representación?

–No seas absurdo, Traill, no eran masajes, sino putas –me mira estupefacto, quizás no entienda mi concepto de ‘gastos de representación’–. Fue para una pequeña reunión de “negocios” con una de las mayores fortunas de la ciudad. Ya sabe, cliente contento en vida, mucha pasta para nosotros una vez muerto. Y es una inversión a recuperar a corto plazo. Cáncer de colon. Yo iría reservando hueco para mayo.  

Sigue mirándome estupefacto, debe pensar que soy totalmente insensible a la tragedia humana que supone la muerte, pero lo cierto es que no lo soy. Bueno, sí, soy insensible a cualquier tragedia humana de cualquier muerte que no sea directamente la mía. Parece salir del shock y decide continuar con las facturas. 

–¿Y esta factura de servicios médicos?

–Déjame ver… Sí, a partir de ahora recibirás una cada mes.

–Tenemos seguro médico.

–No, no, no se trata de que me estén tratando, ni nada así. A ver cómo le cuento esto sin embarrarlo demasiado. Digamos que yo tengo un amigo, y que este amigo trabaja en el servicio de oncología de un prestigioso hospital para ricos. Este amigo de vez en cuando me llama para preguntar cómo estoy y de paso se le escapa, accidentalmente por supuesto, quién se está tratando allí. Entonces yo, casualmente me doy cuenta de que tengo a ese posible cliente en mi lista de visitas pendientes… lo que nos lleva a reuniones en China Loto Massage House, o sitio similar, donde aprovecho para cerrar un sustancioso contrato para hacernos cargo de su sepelio. 

De nuevo me mira con la boca abierta. A insensible se le unen los adjetivos de amoral e ilegal en su cabeza. 

–Riado, esto es lo más…

–Sí, lo sé, lo sé, no tiene porque darme las gracias –por su cara veo que no es precisamente lo que me iba a decir–, ya estará más agradecido cuando todos esos contratos se hagan efectivos.

–Así no es como yo he hecho negocios toda mi vida, y antes que yo mi padre.

–¡Cierto!, por eso me necesitaba. Soy un visionario, Traill, estoy cambiando el modelo de negocio de las pompas fúnebres. Mi gran drama personal es que no puedo contar al mundo la genialidad de mis técnicas, por aquello de la competencia…

–Y por miedo a la cárcel, ¿no? 

*** 

Mamá me espera sentada en una mesa de la terraza del Rise, uno de los restaurantes del Ritz-Carlton con magníficas vistas a la Estatua de la Libertad. Está pensativa, raro en ella que siempre está en actitud vigilante, descubrir los eternos 100 errores que la rodean y de los que no deja de quejarse continuamente. Al sentarme me pregunta “¿no son las vistas maravillosas?” en vez de algo más característico de ella como “los camareros son unos patosos insufribles” o “¡Dios sabe con qué limpian la cubertería!” u “odio los espacios abiertos, deberían hacer el mar más pequeño”. Definitivamente está rara, está como… ¿feliz?  

–Rafael, cariño, la verdad es que he venido a Nueva York a contarte algo –¡oh, oh, la confirmación de que algo pasa!–. Comprenderás que el divorcio de tu padre y yo no ha sido nada traumático, sólo en el terrero económico, único motivo por el que seguíamos juntos. Creo que no hacíamos el amor desde mediados de los noventa –esa es más información de la que necesitaba– y cada uno hacíamos nuestra vida como bien podíamos. Discretamente, pero cado uno con su vida. Este viaje es para…

–¿Interrumpo? –pregunta un caballero de unos 35 años, bronceado y apuesto, con bigote y media sonrisa.

–Me temo que sí –respondo agriamente sin comprender porque un extraño se entremete en una conversación madre-hijo.

–¡Rafael, tus modales! Por supuesto que no –le dice al extraño, que parece no ser tan extraño para ella–, siéntate. Rafael, quiero presentarte a Xavier. 

¿De qué va esto? ¡¿De qué va esto?! ¡¡¿De qué coño va esto?!! 

*** 

Quiero llamar a Belinda y contarle la cena con mamá, pero por alguna razón me siento sucio y evito su contacto. ¡Ah, sí! Porque se supone que estamos saliendo y me he acostado con Catherine Maxwell. En mi laxo sistema de valores no debería contar, porque ni siquiera me terminaba de gustar, pero por alguna razón inexplicable siento un desasosiego inédito en mí. ¿Será lo que llaman remordimientos?  

*** 

Asisto a una reunión de negocios. Tengo una nueva oferta de trabajo. He decidido organizar algunos eventos de manera freelance para hacerme un nombre fuera del terreno funerario. Después de todo tengo mucho tiempo libre ya que el trabajo duro de la funeraria lo está llevando todo Ayako solita. Es una joya de chica. Debería pagarle algo, pero va en contra de mis principios pagar por algo que puedo conseguir gratis. Me reúno con el mandamás de la firma Ron Akran Events Planners. Me hago un poco el interesante pero acepto sin condiciones el encargo: una acto de presentación de un fondo de inversiones nuevo que según lo quieren publicitar va a ser un blindado anticrisis financiera. Me tengo que poner a las órdenes del responsable que Capitalia Investors. ¿De qué me suena la dirección que me da? 

***

Me sonaba la dirección sobre el papel, y me suena cuando estoy en la puerta del edificio. ¡Aquí he estado yo antes! ¿Pero cuándo?  

Subo hasta la planta de Capitalia Investors. ¡Cómo me suena la recepción! ¡Y la recepcionista estilo voguette que la custodia! ¿Habrá sido un ligue mío? 

Me apoyo en su mesa y le digo con una de mis sonrisas patentadas que vengo a ver al director de eventos (o puesto equivalente) de parte de Ron Akran Events Planners. Hace una llamada por teléfono y me sugiere que me siente a esperar. Yo permanezco de pie y me afano en descifrar dónde he visto yo antes el cuadro impresionista que tienen colgado en la pared. 

–¿Rafael? 

¡Cómo me suena esa voz! Me vuelvo y allí está él, con su cara de “me alegro verte” a la que respondo con una mirada de “ojalá te mueras”.  

*** 

Son las tres de la madrugada cuando llamo por fin a Belinda.  

–¿Te he despertado? –pregunto sabiendo por su somnolienta voz que es así.

–Pues me temo que no suelo estar despierta a las tres de la madrugada. Porque eres consciente que son las tres de la madrugada, ¿verdad?

–Yo…

–¡¡Las tres!!– me grita.

–Lo siento.

–Eso después de no dar señales de vida en cuatro días. ¿Por qué me llamas ahora justamente a las tres de la madrugada?

–Los dos últimos días han sido los más horribles de mi vida.

–¿Y me lo vas a contar?

–Sí, para eso llamo –digo quejumbroso como un niño desvalido.

–¿También eres consciente de que hay psiquíatras en Nueva York para este tipo de cosas? Los llamas y te escuchan…

–Pero no a las tres de la mañana.

–¡Ah, vale! No me has llamado porque te salga más barato, sino porque nadie te escucha a las tres de la mañana, salvo una idiota como yo, a la que no debe importarle que no des señales de vidas en cuatro días y reaparezcas de buenas a primeras llamando a las tres de la mañana.

–No ha sido buena idea –digo para colgar.

–Déjalo. ¿Por qué ha sido tan horrible estos dos últimos días? –me pregunta.

–Todo empezó cuando quedé con mamá…

–No, no –me interrumpe–, la versión corta, máximo dos minutos. 

Me quedo callado, a lo que me advierte que el tiempo corre, y a lo que respondo que necesito ordenar ideas para sintetizar. 

–Está bien, allá va el resumen: Mi madre se casa con un tipo 20 años más joven que ella y que evidentemente va por mi… quiero decir, su dinero. Obviamente tendré que matarlo, pero aún no tengo claro cómo no terminar en la cárcel. Tengo que montar un evento para Capitalia Investors, ¿y sabes a quién debo rendir cuentas?

–Las preguntas retóricas consumen tiempo innecesario.

–A Robert, mi ex-asistente, el traidor de Robert. Evidentemente también debo matarlo, lo que me complica las cosas muchos, ya que no es lo mismo hacer desaparecer un cadáver que dos. Por lo visto Ridao-Blackman, mi antigua empresa, se ha disuelto y ahora lo que queda se ha renombrado como Capitalia Investors. Esto me pasa por no leer el Wall Street Journal.  

Suena un aviso de llamada entrante. 

–No cuelgues, Bel, enseguida vuelvo.

–Rafe –la voz llorosa de Warren–, van a presentar cargos, me van a mandar a la puta cárcel. ¿Sabes qué hacen en la cárcel con los tíos guapos como yo?

–Enseguida estoy contigo –cambio de nuevo a Belinda–. Bel, cariño, te tengo que dejar, me tengo que ir a Brasil con Warren para que no lo metan en la cárcel.