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El futuro de la Alta Costura: Alexandre Vauthier

Viernes, 4 Febrero 2011

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Alguien quien no se resigna a esa nueva tendencia de la Costura-realista que me trae de cabeza es el francés Alexandre Vauthier (arriba), del que soy un rendido admirador por ser continuista del estilo de sus mentores, Mugler y Gaultier. Es obvia la influencia mugleriana y gaultieriana en su trabajo, no lo niego, pero con los tiempos que corren, en esta era de lo anodino, el despliegue de glamour y feminidad extrema se agradece.

En esta colección Vauthier ha puesto su mirada los setenta más discotequeros, en los tejidos brillantes, en mujeres de sinuosa melena a lo Jerry Hall, en sofisticadas amazonas a lo Studio 54… Vauthier va a contracorriente y le importa bien poco, porque tiene el apoyo de la industria audiovisual que reclaman sus prendas para los estilismos más provocadores.

También hay que concederle a Vauthier el mérito de reivindicar la artesanía francesa, el espíritu Haute Couture que se está perdiendo. Él recurre a los bordados de François Lesage, las joyas de Goossens, los zapatos de Louboutin…

Pero a pesar de todo lo que me gusta el despliegue glamuroso de Vauthier también he de reconocer que tuvo momentos muy ‘reality’ en este desfile, con vestidos cortos y combinación de pantalón y chaqueta deliciosos… deliciosos, pero que lo logra cruzar esa barrera del lujo extremo que representa la Alta costura.

¿Qué razón de ser tiene la Alta Costura si cuando entra en un sitio la mujer que la vista no consigue cortar la respiración de todos los presentes? Un vestido, por muy maravilloso que sea el tejido empleado, por muchas que sean las horas invertidas en coserlo a mano, sino tiene un impacto visual contundente no justifica su denominación de Alta Costura. Si la Couture está tan protegida por los franceses, deben exigir que sea un producto diferenciable, que no existan momentos en que no sepas si estás viendo costura o prêt-à-porter, que no quepa la más mínima duda en la irreplicabilidad de los diseños. Para mi gusto los dos únicos couturiers (al nivel que yo entiendo la Alta Costura) que actualmente pasean por la pasarela parisina son Riccardo Tisci (Givenchy) y John Galliano (Dior). Y ahí no admito discusión porque estoy hablando desde mis criterios personales, cada uno puede poner el listón donde quiere, y yo (lo lamento) soy ultraexigente en este terreno.

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Tendencias para el próximo otoño vistas en París: Trencas

Lunes, 24 Enero 2011

Y de este somero vistazo a Milán pasamos a analizar lo que se ha visto en París. Esta semana la dedicaremos a señalar cinco tendencias o apuestas estéticas que se han podido ver de forma reiterada en las presentaciones que han tenido lugar en la Ciudad de la Luz. Sin más dilación empezamos con…

TRENCAS

Si una prenda se ha impuesto con personalidad propia en las pasarelas parisinas esa es la trenca. Nombre más horrible no puede tener, pero estéticamente me delita. La trenca es muy años 70 con un fuerte componente college. A mí personalmente siempre me recuerdan a Ryan O’Neal en Love Story, y la verdad es que no tengo ni idea si Mr. O’Neal llegó a lucir una en ese film, pero el cerebro hace extrañas asociaciones. Por definición la trenca en un abrigo corto con capucha que se abrocha con un tipo de botones cilíndricos que se pasan por alamares (las presillas típicas de esta prenda y de algunas indumentarias militares). Es una prenda muy british porque su origen se remonta a 1890 cuando el fabricante John Partidge inició su comercialización y que fue rápidamente adoptada por la marina británica. Unas curiosidades: ¿Por qué se usan este tipo de botonadura? Porque estaba pensada para ser fácilmente manipulada con los guantes puestos. ¿Y por qué las capuchas suelen ser tan amplias? Porque facilitan que debajo se lleva un gorro. Diseñadores como Roland Mouret o Junya Watanabe  le dan un toque muy urbanita para el próximo invierno, mientras que firmas como Balmain le dan un aire genuino marino.

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París de a A a la Z: de Peachoo+Krejberg a Zucca

Mircoles, 20 Octubre 2010

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Y con este post llego al final de mi repaso visual a lo que se ha visto en París para la primavera/verano 2011. Un total de 69 diseñadores o firmas, que no dejan de ser una pequeña muestra de lo que se pudo degustar en la capital del Sena. Muchos os preguntareis por qué decidí escribir relatos en las entregas anteriores en vez de analizar las colecciones. Muy fácil: por pereza. Es tal el flujo de imágenes, tendencias, información, propuestas… que analizarlo todo hubiera sido agotador.

Una crónica parisina de esta edición pudiera haber empezado así:

Y llegó él. El joven prodigio, el preciado couturier a la amercaine, Zac Posen, dispuesto a conquistar París cual un Yves Saint Laurent reencarnado…”

Pero eso me gustaría dejarlo para otro momento (que no otro lugar).

Con los relatos de los post anteriores he querido hacer un homenaje a todos aquellos que viven la moda plenamente, no como espectadores, sino como protagonistas, aunque fuera de foco. Editoras de moda, fotógrafos, fashionistas, costureras, transportistas, chóferes, recepcionistas de hotel… incluso el señor que le trae a Lagerfeld los glaciares al centro de París, que me gustaría saber quién es.

Y también he querido con este experimento, dejaros a todos vosotros el papel protagonista: ved las fotos y juzgad, no necesitáis el dictado de ningún intermediario.

Bueno, eso ha sonado como una despedida, cuando lo cierto es que estoy más ilusionado que nunca con mi trabajo y nuevos proyectos que iréis viendo próximamente. Os lo advierto… en marzo cumplo 10 años en el mundo de la moda. Habrá que celebrarlo de alguna forma especial, digo yo, pero eso también es otra historia que dejaré para otro momento.

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París de a A a la Z: de Ingrid Vlasov a Paule Ka

Lunes, 18 Octubre 2010

-Soy incapaz de detectar ni una tendecia.

-Claro, es que estos están todos locos, hay de todo. Faldas largas, cortas, pantalones, años 50, años 60, años 70, años 80…

-¡Y los 90! Hay futurismo, retro futurismo , post futurismo…

-Construccionismo, deconstruccionismo, deconstruccionismo constructivista…

-¿Y eso qué diablo es?

-Yo que sé, pero se lo leí a Agustín Velasco en el blog. Es que yo leo blogs en español porque quiero irme una temporada a Móstoles, donde está trabajando mi novio.

-¡Tía, no leas blogs, son tóxicos! Lee a Suzy Menkes.

-El otro día la vi entrando en Balenciaga y pegó un tropezón que se le deshizo el tupé.

-Como que ser redactora de moda es un deporte de riesgo.

-¡Y qué lo digas!

-¿Y tú qué tendencias vas a destacar?

-No sé, estoy por anexionarme a la proclama de ‘las tendencias han muerto, todo vale’.

-¿Esa chorrada quién lo ha dicho?

-Se lo leí a Agustín Velasco.

-No digas más, en el blog.

-Pues sí.

-Si es que la gente ya no sabe qué inventar.

-Si publicas algo sobre el geometrismo Bauhaus yo escribo algo para apoyarte.

-¿Ah, sí? ¿Dónde ves tú geometrismo Bauhaus?

-Pues por todas partes.

-Dame el nombre de un diseñador que lo haya sacado.

-Yo es que sin el ordenador y las fotos por delante no sé decirte.

-Pues yo no voy a publicar una tendencia que al menos no vea en tres diseñadores.

-¿La coincidencia en tres diseñadores ya hace para ti tendencia?

-¡Y me doy con un canto en los dientes!

-Oye, el otro día en el desfile de Limi Feu dijiste algo del ‘patetismo’ que me gustó, ¿qué era?

-¿En Limi Feu? Pues no me acuerdo.

-¡Anda que no, si lo dijiste muy inspirada! Eso es que no quieres que te lo copie. Pero yo no te lo ‘copio’, yo refuerzo tu perspectiva.

-No, en serio, que no me acuerdo. Si no lo apunté en el cuaderno seguro que se me olvidó al salir por la puerta.

-Que sí, haz memoria, vino a cuento porque estábamos sentadas en la última fila…

-Bueno, es que eso es muy patético.

-Sobre todo porque había bloggeros en primera.

-Es que eso es muy fuerte. Ya nadie nos respeta.

-Eso es lo que tiene la libertad de expresión, que se la das al populacho y se te suben a las barbas.

-Oye, a todo esto, ¿qué paso con la chaqueta de Gaultier?

-Que me pillaron. Cuando iba a salir del backstage una asistente me paró y me dijo que a dónde pensaba que iba con la chaqueta.

-¡Qué corte, yo me muero!

-Yo no sabía cómo salir del paso. Le dije que como era roja como la mía le debía haber dado el cambiazo en algún momento. Entonces la hice que buscara mi chaqueta roja…

-¡Pero si no llevabas chaqueta ese día!

-Eso lo sabes tú, pero ella ni idea. Y como no apareció monté un escándalo y los llamé cueva de ladrones.

-¡Qué fuerte!

-¿Ponemos el rojo como color de la próxima primavera?

-Vale, pero rojo Valentino, que después dicen que no especificamos y que proclamamos tendencias que son un cajón de sastre en que todo vale.

-Oye, ¿y cómo es el rojo Valentino?

-¡Pues cómo va a ser! ¡El rojo tomate de toda la vida!

-Ummm, tomate…

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París de a A a la Z: de Eley Kishimoto a Helmut Lang

Jueves, 14 Octubre 2010

Aquellos fueron otros tiempos. Y vaya por delante que no me considero una persona nostálgica. He vivido lo mío y no cambiaría nada de lo que he hecho, pero tampoco repetiría nada de lo hecho, porque la rutina me enerva. Es por eso que me gusta el paso del tiempo, porque no te permite volver atrás y repetir momentos de tu vida.

Me preguntas si el París es de hoy es como el que yo viví como editora de moda. Definitivamente no… y afortunadamente. Hoy todo es más chispeante, más vivo, es una jungla donde el mercado y la competitividad creativa prevalecen. Entonces, en los 60 y 70, cuando yo estaba en mi mejor momento profesional, antes de casarme y dejar el mundo editorial, existía una especia de fair play entre casas de moda –de cara a la galería– que hoy no es tan evidente.

Hoy todo es más racional, nadie es capaz de guardar luto por un diseñador. Si muere o retiran a un diseñador, lo lloran el tiempo justo, los tres minutos previos a que ‘la pregunta’ que eleva el ritmo de tu corazón se dibuje en tus labios: ¿quién le sucederá? Solo importa en presente, el futuro, el pasado tiende a eso… a ser pasado. Por eso me gusta tanto este momento que se vive en la moda. Es una lástima estar retirada y no poder vivirlo desde dentro.

Recuerdo la despedida del gran Cristóbal. Era un hombre adusto. Poco dado a los afectos, aunque no es que te hiciera sentir incómoda en absoluto. Tratar con él era como ir al médico. Sabías que estabas en las mejores manos pero no podías esperar cariño en su trato, tan solo (que ya era bastante) esmero.

Cuando se retiró yo acababa de entrar a trabajar en Harper’s Bazaar. No es que fuéramos el colmo de las vanguardias en aquel momento. No éramos siquiera una remedo de aquel Vogue obsesionado por la modernidad de Diana. Ni queríamos serlo, claro. Nancy White era una editora de la vieja escuela, una dama de guantes blancos. Diana dejó Bazaar cuando Carmel Snow eligió a Nancy, en vez de a Diana, para quedarse al mando de la revista. Después Diana empezó a decir que los últimos años de Carmel fueron un desastre, que era una figura ausente en Bazaar y que ella lo hacía todo, que todo se debía a que Carmel era demasiado aficionada a achisparse desde primeras horas de la mañana. En verdad algo de injusticia si hubo en el nombramiento de Nancy ya que era sobrina de Carmel… pero tampoco era para ponerle el sello de borracha, creo yo. Aunque no sé, yo no conozco nada de eso, yo llegué a la redacción ya en los últimos años de Nancy antes de que se quedara con su puesto James Winston Brady. En eso Bazaar siempre ha sido muy abierta, no le ha importado tener hombres al mando.

Pues como decía, recuerdo cuando Balenciaga en 1968 decidió no competir con el prêt-à-porter. Todas sentimos un gran vacío, un sentimiento de orfandad, y eso que muchas de las jóvenes que andábamos en la moda por entonces no podíamos aspirar a una cita en su atelier, nosotras estábamos más en la onda londinense por estilo y por presupuesto. Recuerdo cuando la modelo Cathee Dahmen, que en aquellos tiempos era asidua a en nuestras páginas y portadas nos contó el rumor de que el español tiraba la toalla. Nos conmocionó, claro que no tanto como a Mona von Bismarck, que se encerró en su villa de Capri tres días en señal de luto.

Hoy nadie se encerraría en ningún sitio porque un diseñador de se fuera. Es más, lo primero que piensa es en el valor que adquirirán con el paso del tiempo las prendas que de este guarda en su armario. Aún así hoy por hoy, y como dijo Enrique IV, París bien vale una misa”.

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París de a A a la Z: de Cacharel a Dries van Noten

Martes, 12 Octubre 2010

Estaba totalmente frustrada. Llevaba cinco días de puerta en puerta reclamando un mínimo de atención pero ninguno de aquellos miopes paparazzis reparaba en ella. Había sacado su mejor artillería estilística, sus tesoros más preciados del armario, e incluso había arrasado el vestidor de Tumi, su mejor amiga, adicta a los clones de Chanel que su madre le cosía en su vieja Singer. Había asumido 20 identidades distintas en las últimas 120 horas (se cambiaba cuatro veces en el día) pero ninguna de ellas había captado el interés de las lentes de los fotógrafos o bloggeros que se apelotonan a la entrada de los desfiles en busca del estilo singular. Lo más cerca que estuvo de conseguirlo fue cuando Garance Doré le preguntó de qué firma era los zapatos que llevaba. “Parecen cómodos” le dijo, y ella supo que ‘cómodos’ es igual a no merecer un disparo que los inmortalizara. Quizás ella también era una chica ‘cómoda’ y por eso los fotógrafos de street style no terminaban de interesarse por ella y su concepto de la moda.

Había pasado la noche en lo que le parecía una continua vigilia, aunque lo cierto es que había dormido perfectamente. Tenía esa sensación porque sus sueños habían dado continuidad a su preocupación y se preguntaba oníricamente qué fallaba… ¿Qué estaba mal en ella? Se duchó dándole vueltas al asunto y en su pequeña habitación alquilada de la Rue Pernelle se posó frente al espejo de cuerpo entero en que se daba cada mañana el visto bueno. Se miró y se volvió a remirar. ¿Qué fallaba? Arrastró el espejo hasta ponerlo frente a la cama, se sentó en el filo del colchón frente a él y se siguió mirando y preguntándose dónde estaba el problema. Le dolían mucho los pies del trasiego en los cinco días anteriores como para darle vueltas a su problema de pie, tenía que ahorrar fuerzas.

¿Es que acaso no era lo suficientemente ‘fantástica’? Sus amistades siempre le decían que tenía mucho estilo y muy buen gusto. ¿Sería el pelo? ¿Debía pasarse por la peluquería Carpy que había en los bajos de su edificio antes de intentarlo de nuevo?

Sacó un viejo Alaia encontrado por casualidad y sin etiquetas en una pequeña tienda de moda vintage del Quartier Saint Gervais. Era ajustado como una segunda piel, lila, de hombros muy marcados, con un pequeño desgarrón en el pecho que se disimulaba con un broche de cristales tallados como diamantes. Se calzó unos zapatos de puntera mortal de H&M y se lanzó a contrarreloj al metro para llegar a la Place du Trocadéro antes de que empezara el primer desfile del día.

Cuando divisó el Palais de Chaillot allí los vio, cámara en ristre. Los fotógrafos abordaban a editoras de moda, invitadas, modelos… las flasheaban y apuntaban unos someros datos en sus cuadernos. “Isabella. Modelo. Italiana. Vestido de Rick Owens. Ha desfilado esta semana para Watanabe, Gaultier y Mouret”. Se acercó con paso decidido a donde los fotógrafos se concentraban segura de que ella era material de primera para sus blogs y páginas webs. Pasó por delante de ellos pero, para su asombro, ninguno le pidió que posara. Se detuvo indecisa, debía dar la vuelta porque no tenía invitación para el desfile y no podía franquear la entrada. Nuca tenía invitaciones, tan sólo era una estudiante de Ciencias Políticas en primer curso sin contactos en el mundo de la moda ni apellido que le abriera las puertas de los grandes salones. Sacó de su bolso su desfasado móvil de pantalla arañada y fingió responder a una llamada, giró sobre sus talones y comenzó a deambular dando una segunda oportunidad a los fotógrafos de reparar en ella.

NADA. Entonces vio a una chica con pinta grounge, envuelta en poco más que harapos, con un bombín, que con un café en baso de cartón miraba curiosa el barullo formado a la entrada del desfile. Su curiosidad no era efecto del deseo de poder pasar a los salones donde Akris presentaría su propuesta para la siguiente temporada, era más bien asombro ante lo absurdo de la parafernalia del mundo de la moda. Tenía los ojos muy marcados con kohl, un piercing en la nariz y el pelo sucio, apelmazado. Era totalmente inconcebible que Scott Schuman, el más grande entre los más grandes, The Sartorialist, se estuviera acercando a ella. La cara de sorpresa y diversión de la chica lo dejaba claro: le estaba pidiendo que se sometiera a su cámara.

No lo podía creer. Preferían harapos y pelos mugrosos a un Alaia y una perfecta coiffeture. A su espalda escuchó a otro fotógrafo lamentarse de que The Sartorialist se le había adelantado. Ella se volvió y sin salir de su asombro le preguntó al fotógrafo por qué, “¿por qué esa chica?”. Afortunadamente se mordió los labios antes de añadir “y no yo”, ya que la respuesta fue: “porque es auténtica, no como ese broche” dijo señalándole el pecho…

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París de a A a la Z: de 28.8 a Bless

Lunes, 11 Octubre 2010

Adeline mira atónita el desfile de feas beldades que trasiegan por el Pont Alexandre III camino a la presentación del joven couturier, el modisto de las nuevas generaciones de Haute clientas, Alexander Mabille. Apoyada en la veranda del puente, sentada junto a la enorme boca de un pez cabalgado por una amenazante efebo, se lamenta de su genética anodina propia de Chambéry que la hace invisible cada vez que está cerca de aquellas mujeres claramente feas pero portadoras del indiscutible chic parisien. Querer ser periodista de moda no es un buen propósito cuando tu genética te ha negado pómilos altos, figuras espigadas y una altura colosol que reforzar con altísimos estiletos. 

La pobre Adeline se siente miserable, no tanto por sentirse sin pedgrí rodeada entre tanta Anna dello Russo y Carinne Roitfeld, sino porque es su sexto día pateándose las calles de París a la caza del momento mágico que se produce en los codiciados desfiles de moda franceses. Sus pies claman compasión, le gritan que abandone. Pero Adeline, si no ha claudicado ante la desesperante genética que la hace una chica del montón entre diosas de la moda, tampoco se rendirá por unos pies que parecen llegados de la guerra, tatuados de rozadoras y heridas por haber optado el primer día por unos hermosisimos zapatos nuevos, sin testar, y a la postre asesinos.  

La joven redactora de moda rebusca en su enorme bolso de Mulberry en busca de la invitación que le franquee el paso al Pavillon Alexandre III donde Mabille tiene pensado conquistar los corazones de su público. Repasa su cuaderno de notas y se siente una vez más frustrada porque sabe que el medio para el que trabaja, un periódico de provincias, sólo publicará una escueta esquela sobre la exhuberancia de Dior o el flair de Chanel, no más allá de un pie de foto bien documentado y anónimo. Ella espera ese momento en que su voz tome forma en largas crónicas donde la poesía del espectáculo sea reflejada fielmente en la poesía periodística…  

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París Hombre: Hyper-baggy pants

Lunes, 28 Junio 2010

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Ya terminaron los desfiles de París y pocas cosas quedan claro, pero entre las pocas que podido entresacar está el tema pantalones: Si en Milán la regla general es el traje sartoria, los patrones estructurados, el clasicismo innovador… En París todo es imagen de vanguardia. Y en esta línea hemos podido ver que los pantalones masculinos que nos llegan son holgadísimos, no me atrevería ni a llamarlos baggy, porque van mucho más allá. Son pantalones de tejidos con caída libre que bailan en libertad alrededor del cuerpo, muy en plan ‘oriente’.

Se evita toda estructuración, por eso no los llamo baggy, porque para que fuera baggy tendrían que implicar una estructura de pantalón clásico de la que estos que hemos visto adolecen. En todo caso lo podríamos denominar hyper-baggy pants. Son pantalones oversize, a veces con pinta de bereberes del desierto, otras de Alí Babá, a veces un poco shogun japonés y otras de indigente con pantalón 8 tallas más grandes de la que le pertenece que se ha ajustado la cintura con un trozo de cuerda que ha encontrado en un contenedor.

También es verdad que la otra gran tónica consagrada en esta semana de la moda parisina han sido los pantalones de corte ultra estrecho, que se ajustan a las piernas cual malla… o convirtiéndose en mallas directamente. Visto lo visto podríamos dar unas nuevas pinceladas entre las semana de la moda masculina de Milán y París. París es la capital de los extremos, mientras que Milán en punto medio equilibrado.

Estos pantalones anchos podrían hacer las delicias de todos aquellos que no cabemos por lo general en las tallas que los diseñadores producen, pero me temo que las cinturas seguirán estando pensadas para tallas exiguas.

París Hombre… tendencias, sí, pero cediendo terreno a la realidad

Mircoles, 27 Enero 2010

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Cuando hablo de París siempre tengo la tentación de parafrasear a Enrique IV de Francia con aquello de Paris vaut bien une messe (París bien vale una misa). Pero sucumbir a la tentación sería repetirme hasta la saciedad… aún así, lo he vuelto a hacer.

Si decíamos que Milán era el espejo del hombre racional, París es la cuna de las tendencias. En esta última edición al hombre pájaro de Ann Demeulemeester, los puritanos de Rick Owens, la nueva versión de Julian Schnabel en pijama y blazer visto por Viktor & Rolf, los tecno-bandoleros de Juun.J, el Sherlock Holmes 2.0 de John Galliano, etc…

Yo comprendo que los mismos que se sintieron encantados con el post anterior sobre el traje gris ahora se echen las manos a la cabeza. “¡Ni jarto de orujo salgo a la calle con esa pinta!” se dirán. Una vez toca hacer un ejercicio didáctico con respecto a la moda: cuando asistimos a una pasarela de tendencias, con un estilista desbocado en el backstage, hay que ajustar la mirada para no ver el efecto final, sino diseccionarlo. Pongamos un ejemplo: el look de Boris Bidjan Saberi que he elegido. Se le quita esa especia de chaqueta con cuello de chimenea y nos quedamos con dos piezas (pantalón y suéter) perfectamente ponibles. Miremos el look de Gaspard Yurkievich. “¡Uy qué modeeellllno!”. Pues no, porque coges el pluma sin mangas y te lo pones con tu traje gris milanés y ya eres el más molón y estiloso de la oficina.

Pero hay que ser sinceros, París ya no es lo que era, las propuestas elegantes y formales se han multiplicado en los últimos tiempos. Vuitton, Balenciaga, Ungaro, YSL, Tim Hamilton, Cerruti, Dunhill, Balmain, Dior, Hermès… todos retoman lo clásico. Definitivamente los ‘modernos’ no son público objetivo nunca más, las firmas van a lo seguro, a la gente con pasta, los de siempre, los no afectados por la crisis. Hasta ahora a estos se los marginaba y se los redirigía a la tienda: “mire caballero, no se moleste en ver nuestro desfile, vaya a la tienda que es donde encontrará todo aquello que necesita y se ajusta a su estilo”. Era un gesto hipócrita total, snob si lo prefieren. De cara al mundo las grandes griffes eran modernas hasta la médula, pero después se sustentaban a golpe de tarjeta de esos clientes que no encontraban reflejo en sus shows.

La pasarela parisina se ha vuelto más honrada, defiende a su cliente real, expone las prendas que definitivamente van a tener salida. Y está aprendiendo que el verdadero espectáculo no está en las imágenes alocadas de sus modelos delgaduchos e imberbes vestidos al tropezón, sino en las prendas bien ejecutadas, de calidad, deseables… ¡reales!

Bienvenidos a la Reality Fashion, los show empiezan a hablar otro idioma, y no necesariamente desfilando.

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