Blogs

Entradas con etiqueta ‘Rafael Riado’

EL CRACK (el serial) - Capítulo XXXI

Viernes, 29 Mayo 2009

¿Así que soy rico?   

 exhorcista.jpg

Pues sí, sin duda era rico. Habíamos analizado los papeles de arriba abajo, de delante a atrás, la letra grande y la pequeña… y sin lugar a dudas no se trataba de una broma o error. ¡Era rico! Los documentos que debía firmar eran ciertamente el compromiso de mi padre de pasarme una pensión vitalicia, sí, pero (ahí estaba la sorpresa) a cambio de toda una serie de acciones, participaciones y propiedades que en algún momento de mi vida habían sido transferidas a mi patrimonio particular (que yo creía inexistente). Todos me preguntaban que en qué momento había recibido todo aquello y se negaban a creer que no tuviera ni la más pajolera idea.

Sobre las cuatro de la mañana empecé a tener pequeños flashbacks. Comencé a recordar cómo en cada visita que papá hacía a mi sucursal traía una pila de documentos que me hacía firmar en su presencia, como si fuera algo rutinario. Nunca leí ningún papel, me limitaba a estampar mi rubrica. ¡Era mi padre, no iba a querer mi mal! (Y ciertamente no me hizo ningún mal, sólo me enriqueció sustancialmente mientras yo lo ignoraba). Y tal como me había dado todo aquello ahora pretendía quitármelo. ¡Por eso había tantos abogados en la reunión que insistían que firmara en aquel preciso momento y que no me llevara los papeles! No querían que los leyera. Todos esos abogados del Club Yale no estaban allí por el acuerdo de divorcio de mi madre, o al menos no sólo por eso, ¡estaban por mí!

—¿De veras que no sabías nada? —me preguntaba incrédula Belinda.

—Ni idea.

—Pero al pagar los impuestos…

—Nunca me he ocupado de eso, Bel. Todos mis asuntos burocráticos los llevaban desde la empresa. Jamás he visto una declaración de renta, por lo que a mí se refiere no sé siquiera si he pagado alguna en mi vida.

—No lo entiendo —apostilló Warren—, si intentaban colártela ¿cómo es que han dejado que te traigas los papeles y no te han hecho firmarlos allí mismo?

¡Ahí está la cuestión! Los abogados estaban dispuestos a matar si era preciso con tal de que los documentos no salieran de sus manos. Fue mi padre el que les ordenó que dejaran que me los llevara porque estaba seguro de que no los leería. Me cree tan descerebrado y perezoso como para no repasar los papeles antes de firmarlos. Y lo más triste es que estaba en lo cierto. Si no hubiera dejado a Puppy sola con los documentos durante horas yo nunca los hubiera leído.

—¿Pero para qué cederte todo este patrimonio para después simplemente quitártelo? —dijo Bel.

¿Para qué? Piensa, ¿qué no encaja de esta historia? ¡Ajá!

—¿Dónde vas, Rafe? Son las cuatro de la mañana —escuché a Warren gritarme mientras salía corriendo de mi apartamento.   

***

Eran las seis de la mañana cuando regresé. Todos estaban dormidos en el sofá, unos encima de otros. Estaba agotado y cabreado, aletargado por el continuo estrés de las últimas veinticuatro horas. Me puse a hacer café, necesitaba despejarme, desafortunadamente no tenía ni idea de cómo funcionaba aquel cacharro. Estaba a punto de estrellarlo cuando las manos de Bel me quitaron la cafetera de las manos. La desenroscó y la cargó de café molido.

—¿Tienes café y no sabes usar la cafetera? —me dijo con una sonrisa tierna.

—No es mío. Ni la cafetera ni el café, no sé ni siquiera si está caducado o no. Todo estaba ya aquí cuando alquilé el apartamento.

—¿Qué vas a hacer? —me dijo tras una pausa tensa.

—No lo sé.

—No te puedes quedar con todo eso, no te pertenece.

—Legalmente sí. En España hay un refrán que dice que “el que roba a un ladrón tiene cien años de perdón”. Mi padre me ha manipulado, quizás debería recibir un poco de su propia medicina.

—El rencor no es buen consejero.

—¿Tanto te defraudaría que me quedara con todo eso?

—Me defraudaría que fueras avaricioso y codicioso, porque no es ese el hombre del que me enamoré.

Respiré hondo. En mi vida jamás había tenido claro qué era aquello de ‘hacer lo correcto’. Siempre me había dejado llevar por mis impulsos y había satisfecho mis deseos sin preocuparme de las implicaciones. Ahora me debatía moralmente y eso era síntoma de que no era el mismo Rafael Ridao de hace meses, algo había cambiado en mí. Me moría de ganas de desplumar a mi padre y quedarme con todo, vivir como un maharajá y sentir mis ansias de venganza saciadas. Pero por otro lado se había despertado en mí cierta necesidad constructiva, de hacer algo útil, y sobre todo ser mejor persona.

—He tomado una decisión —le dije a Bel—, y necesito que confíes en mí.

Cerro los ojos como enfrentándose a un gran sacrificio y asintió con la cabeza. En mi fuero interno yo sabía que era una confianza provisional, a la espera de ver el signo de mi decisión, pero estaba seguro de que no la defraudaría a pesar de no ser la decisión más ética tomada en mi vida. Enseguida pegué un grito que despertó a toda la casa y le ordené a Warren que se espabilara, que teníamos mucho que hacer antes de la reunión con mi padre.   

*** 

Vi llegar el coche de papá desde la ventana. Lo había llamado bien temprano y lo había citado a primera hora de la tarde para darle los papeles. No entendía por qué le había citado en un edificio de oficinas de la séptima avenida. Era un espacio diáfano, de paredes blancas y grandes ventanales. Elegante y minimalista pero con cierto sabor retro. Me encantaba. Suelo de parquet. Escuchaba mis propios pasos mientras deambulaba esperando la llegada de papá, y allí estaba ya, subiendo el ascensor.

Llegó con su cara de “no me hagas perder el tiempo” pero yo estaba preparado. Lo había ensayado mil veces en mi cabeza.

—¿Por qué me has citado aquí? —me soltó a bocajarro, ni “hola, hijo”, ni ningún otro formalismo.

—Estoy viendo oficinas y quería tu opinión. ¿Qué te parece?

—Oficinas para qué —me dijo suspicaz.

—Creo que voy a montar un negocio. No, no te preocupes, no voy a volver a las finanzas, ya tengo claro que no es lo mío. Últimamente he descubierto que se me dan bien las relaciones públicas y la organización de eventos. He pensado que ahora que mi amigo Warren está sin empleo quizá podríamos establecernos por nuestra cuenta. ¿Qué te parece?

—Bien, bien…

—Tendremos que pedir un préstamo para ponerlo en marcha, ¿pero para qué tiene uno a un padre banquero, no?, no creo que haya problemas en pedirte un préstamo, ¿verdad?—Claro, claro, lo estudiaremos… ¿Y los papeles? Tengo un poco de prisa.

—En la ventana —le señalé el alfeizar de uno de los ventanales. La oficina estaba vacía, lista para alquilar, totalmente desamueblada, el poyete de la venta era el único sitio donde había podido dejar la carpeta. Mi padre dio dos zancadas y se hizo con la carpeta.

—No están firmados.

—¿No? —dije con sorpresa fingida—, espera, qué torpe, tienes un boli.Claro que tenía un boli. Me lo extendió e hice el amago de firmar pero me detuve en el último momento.

—¿Sabes? Acabo de recordar que no había firmado los papeles… porque no pienso firmarlos.

—¡¿Qué?! —su cara se descompuso.

—Es que da la casualidad que los he leído y he llegado a la conclusión de que 3000 dólares al mes es mucho menos de lo que renta todo este patrimonio que quieres que te traspase.

—Chantaje —me espetó rechinando los dientes.

—Que palabra más fea. Pero la prefiero a estafa, evasión de capitales, o más concretamente… ¿cómo es el término que se usa en España?, levantamiento de bienes.

—¿Qué quieres? —por fin salió a flote el mítico Rafael Ridao, hombre de negocios ante todo. En su rostro se veía que estaba calculando como minimizar daños.

—No te preocupes papá, no quiero quedarme con todo lo que me habías “regalado”. Digamos que vamos a firmar un acuerdo que he redactado yo. Tómatelo por un juego. Podrás recuperar tu patrimonio poco a poco pero con mis reglas.

—¿Y si no estoy dispuesto?

—Entonces tendré que quedarme con todo y tomar las riendas de tu maravilloso imperio financiero.

—No tienes acciones suficientes para tomar decisiones, nunca podrías arrebatarme el control.

—¿Yo sólo?, claro que no, pero no estoy sólo.

No puedo decir que fuera una entrada magistral improvisada, porque lo habíamos ensayado hasta la extenuación. Unos tacones sonaron en el umbral de la oficina y una silueta forrada de Chanel entró en escena.

—Mamá, pasa. Precisamente estaba hablando de ti. Le estaba diciendo a papá que con las acciones que te corresponden por el divorcio más las que él tan generosamente me ha cedido podríamos quedarnos con el control de todo.

EL CRACK (el serial) - Capítulo XXV

Viernes, 17 Abril 2009

Nos vamos de boda 

puntacanaaeropuerto.JPG

–Clase turista, clase turista, ¿qué modo de viajar es este, en clase turista? –protesto.

–Es el modo que de viajar que tiene la gente sin trabajo, mi caso –responde Warren hiperventilando–. Es como viajan la gente que no logra mantener un trabajo más allá de una semana, tu caso.

–Pero tú sí tienes dinero, podrías haber comprado billetes con un poco más de clase.

–Dado que he perdido mi trabajo por ausentarme de él sin justificación por tu culpa, que me llenaste la cabeza con paranoias persecutorias, y que tus palabras textuales fueron “tío, vente conmigo a la boda de mi madre, necesito tu apoyo”, pensaba que tú corrías con los gastos del viaje, no imaginaba que tenía que pagar tu billete, el mío y el de esta –dijo refiriéndose a Belinda.

–¡Ey, un respeto, “esta” es mi novia!

–No, te equivocas, tu novia es este –replica Belinda refiriéndose a Warren.

–¡Ey, tía! –protesta él.

–¿Pero qué pasa con vosotros dos? Estáis así desde que llegamos al aeropuerto. Antes no os llevabais mal.

–Antes no lo conocía, simplemente –responde ella ojeando una revista.

–Si llego a saber que viene ella paso de la boda de tu madre.

–¿Alguien me va a explicar de qué va todo esto? –pido anonadado de la agresividad que se masca en el ambiente.

–Paso de ti y de su culo –zanja él.

–Yo sí que paso de él y de esa relación tan gay que tenéis –zanja ella. 

El resto del viaja hasta Punta Cana lo pasamos en absoluto silencio salvo por los continuos jadeos de angustia de Warren, que no logra superar su pánico a volar. Algo ha pasado, de eso estoy seguro. Cuando recogimos a Warren en taxi todo iba de perlas, parecían hasta seres civilizados. Esto es un expediente X. 

Cuando aterrizamos Warren besa el suelo (literalmente) y jura que nunca más volará a países del tercer mundo, y todo por unas pequeñas turbulencias y dos minutos de caída en picado al aterrizar.

–Bolivia no es el tercer mundo –le explico condescendiente.

–Estamos en Republica Dominicana –apostilla Belinda, que por fin sale de su mutismo.

–¿Esto es Republica Dominicana? –le pregunto sorprendido y pone los ojos en blanco ante mis descolocación geográfica–. Bueno, da igual, no estamos en el tercer mundo, Warren, ¿estás segura que Punta Cana está en República Dominicana?

–Si no es el tercer mundo, ¿por qué el aeropuerto es de madera? –ahí Warren me ha pillado. 

Seguimos los pasos de Puppy y Mr. Chow. ¿Que en qué momento ha entrado Puppy a formar parte de esta historia? Pues en el momento en que Warren quiso tirarse del avión pero una azafata lo sujetó porque primero tenían que desembarcar los pasajeros de primera. Estábamos allí de pie como pasmadotes cediendo el paso a los que habían tenido la buena idea de comprar billetes de verdad cuando vemos descender a Puppy. “¿Ey, qué haces tú aquí?” le grito, pero me ignora y desembarca. Cuando pisamos el aeropuerto allí nos está esperando. 

–Puppy, ¿por qué me ignoraste en el avión?

–No es correcto que los pasajeros de primera hablen con los de turista, ¿no has aprendido nada de protocolo?

–Eso es absurdo –escupe Belinda, que desde que ha aparecido Puppy está aún de más mala leche si cabe.

–¿Quién es? –pregunta Puppy a Warren ignorándola.

–La novia.

–¿Novia de quién?

–De este –dice refiriéndose a mí. 

Puppy se quita las gafas de sol y la examina de pies a cabeza con detenimiento, y tras su examen pregunta a Warren: “no, en serio, ¿quién es?”. 

Me lleva casi media hora tranquilizar a Belinda y conseguir que me jure que no va a matar a Puppy en ningún momento de este viaje. Me lo jura, pero sólo en lo que dure el fin de semana. Nos arrebujamos en la limusina que Puppy tenía preparada para ella y nos dirigimos a Tortuga Bay, donde mamá celebra su maldito enlace. Todos creen que he madurado de pronto y que voy a respetar la decisión de mi madre de casarse con el primer gigoló que pase por su vida, pero tengo mi propia agenda en este viaje y mi principal misión es impedir la boda. 

La escena dentro de la limusina es dantesca. Belinda mirando por la ventanilla para no cruzar la mirada con ninguno de nosotros, Warren luchando con Mr. Chow que vuelve a su afición de olisquearle la entrepierna. Puppy colgada al móvil discutiendo con alguien que se supone será su asistente personal en el hotel. Y yo perplejo por la escena en si. 

–No me contestaste, ¿qué haces aquí? –le pregunto a Puppy.

–Tu madre me invitó.

–¿A santo de qué?

–Por ser tu novia.

–La novia es…–empieza la frase Warren.

–Dilo una vez más y eres hombre muerto –le advierte Belinda–. ¿En qué idioma he de decir que no soy la novia de nadie?

–¿Y no se te ocurrió aclararle a mi madre que ya no estamos juntos?

–Bueno, la verdad es que lo intenté, pero ya sabes cómo es: habla, habla, habla, y no escucha. Así que me pareció más rápido y cómodo decirle que sí a todo. Después de todo, ¡es un fin de semana en Tortuga Bay! Yo nunca digo que no a una invitación a pasar unos días en el Caribe.

–Genial –decimos Warren, Belinda y yo a la vez, pero cada uno con un tono bien distinto. 

Nos instalamos en el alojamiento que mamá nos ha asignado. Tenemos algún problema porque sólo disponemos de una habitación para cuatro personas, ya que mamá pensaba que sólo iríamos Puppy y yo. A ella le encanta Puppy, son dos caras de la misma moneda, una joven y otra vieja, ambas ricas, aburridas y sin saber donde gastar su fortuna. Ambas comprando hombres. La única diferencia radica en que Puppy nació en el seno de una familia podrida de dinero y el ser millonaria forma parte de su genoma, mientras que mamá se ha tenido que hacer a si misma al nacer en el seno de una familia de la burguesía empresarial catalana no sobrada de dinero (eso es la versión oficial, la verdad es que de burgueses poco, su padre, mi abuelo, la única empresa que ha tenido en su vida ha sido una chatarrería, pero eso mamá ha sabido ocultarlo hábilmente al dominio público). Mamá fue Miss algo, de la quinta de Tita Cervera, creo que hasta coincidieron en el certamen de Miss España, o al menos eso cuenta ella reafirmando su pedigrí, pero hay que darle tanta veracidad como a lo de su origen burgués. Asociarse con Tita le viene estupendo porque legitima su posición social tras pasar por concursos de belleza (si a la baronesa se lo perdonan, a ella también) y se quita algunos años de paso, ya que es ‘algo’ mayor que la otra. En las discusiones con papá siempre se reprochaba haber preferido el mundo financiero, “tenía que haber elegido al barón, ¡con lo que me gusta a mí el arte!” 

Al final Puppy consigue a golpe de tarjeta de crédito y una muy buena propina, que nos provean des otras dos habitaciones, una para Warren y otra para ella.  

Belinda deshace la maleta manteniendo un mutismo estremecedor. Yo no le dirijo la palabra por miedo a que se lance y me cuente todo por lo que está enfurruñada. Si no le hablo no tiene motivos para estallar.

–Voy a ver si localizo a mi madre –le digo.

–¿De verdad quieres que te diga qué me pasa? –me suelta de pronto, ¿quién le ha preguntado qué le pasa?, yo no–, ya que lo preguntas te diré que un fin de semana con el obseso sexual de tu amiguito Warren y la esnob de tu ex-novia no es precisamente el viaje idílico que me habías pintado. ¿Sabes qué hizo tu amiguito en el aeropuerto? ¡Me cogió una teta! Y cuando le dije que qué coño estaba haciendo me suelta que tú y él sois como hermanos y que lo compartís todo. Pues que sepas que si os gustan ese tipo de jueguecitos lo lleváis claro conmigo.

–No me lo puedo creer, Warren es un idiota salido, siempre ha intentado acostarse con mis chicas, pero no creía que lo intentara contigo, él sabe que me gustas de verdad.

–¡Ah, está bien, eso me tranquiliza! Mientras que sea sólo con chicas que no te gustan “de verdad” no hay problema –espera, ¿eso es un sarcasmo?, como no estoy seguro mejor no respondo–. ¡Tú eres idiota! Idiota y machista. Ya te hago saber que no te voy a consentir que me trates así, y a tu amiguito se lo dejé bien claro… a él y a lo que queda intacto de su entrepierna.

–Salgo.

–No hace falta que vayas a defenderme, ya le ajusté las cuentas a ese majadero.

–No, voy a ver si encuentro a mi madre.

–¡Pero no ibas a partirle la cara a ese idiota! Claro, tonta de mí, pensar que querías defenderme.

–Me has dicho que no hacía falta, pero si quieres que le parta la cara se la parto y ya está.

–No, no quiero, quiero que seas maduro y actúes como un hombre. 

Llaman a la puerta, ¡gracias a Dios! La miro pidiéndole permiso para abrir (¿porqué le pido permiso?, ¿en qué me he convertido?). Me hace un gesto dando la conversación por terminada. Así que abro la puerta y… 

–¡¿Tú?! –la sangre ha dejado de circular por mis venas.

–Hola, Rafael, hijo.

–¡¿Papá?!

EL CRACK (el serial) - Capítulo XXII

Viernes, 20 Marzo 2009

Prófugos desprofugados 

001898_ph2.jpg 

Puppy se ha montado una corte en toda regla. No creo que ni Maria Antonieta ni Catalina de Aragón tuvieran nunca tanto séquito a su alrededor como esta pobre niña rica de Park Avenue: masajista, monitor de fitness, pedicura, manicura, dermatólogo, asistente personal, gigoló… bueno, en verdad son relaciones públicas del hotel, dos, que se van turnando para tenerla entretenida y que gaste, gaste y gaste… en España teníamos algo parecido en las pelis de Alfredo Landa y Lina Morgan, las chicas de whiskería que iban al descorche pero que después eran muy decentes como para acostarse con los clientes. Pero aquí en Brasil no sé qué palabra hay en portugués para ‘decencia’, ni creo que los ‘relaciones públicas’ encomendados a Puppy conozcan el concepto, porque van en micro speedo, totalmente bronceados, con dientes que parecen blanqueados mediante láser y no creo que estén programados para negarle NADA a una clienta tipo “Ms. Manirrota”. 

–Esto no es ser discreto –me dice Warren mirando a Puppy en la piscina desde la ventana de su habitación. 

Lleva encerrado en su suite desde que llegamos y me preocupa. Tiene manía persecutoria. Sí, vale, seguramente le busque el Gobierno de los Estados Unidos para enchironarlo, pero no es para que te obsesiones con una cosa así. ¡Por Dios, que estamos en un paraíso paradisíaco! (Espera, eso es redundante). Ya sé que Puppy ha convertido el resort en su harén particular, pero llamar la atención tampoco es tan malo. ¿No dicen que el mejor sitio para ocultar algo es a simple vista? ¿Quién se va a imaginas que hay un prófugo de la justicia en medio de este aquelarre de lujo, masajes y baños de sol? 

–Tío, deberías bajar a la piscina, tomar un poco el sol, no es sano enclaustrarte en la habitación, por muy de lujo que sea, y pasarte el día oteando por la ventana como Steve McQueen en la Ventana Indiscreta de Kubrick.

–James Stewart.

–¿Qué?

–Que la Ventana Indiscreta es de James Stewart.

–¿James Stewart dirigía películas?

–No, el director era Hitchcock, Stewart la protagonizó.

–¡Ah, sí, de Kubrick era la Ventana Mecánica!

–¡¡La Naranja Mecánica, memo!!

–Pues a mí me gustó más la versión de McQueen que la de James Stewart. 

Warren me ha echado de su habitación. Esto no está resultando tan divertido como cuando me imaginé fugándome de la justicia con él. Yo esperaba algo más como dos solteros atractivos en una playa de Rio tomando el sol, con bigotes falsos para despistar, y rodeado de brasileñas de culitos prietos. Tener a un paranoico parapetado en una habitación de un resort de lujo y una ninfomaníaca millonaria acaparando a todo el servicio del hotel no es mi idea de un entorno ideal.  

Llamo a Belinda por teléfono pero no hay nadie en su apartamento. Me siento triste. Llamo a Ayako a ver cómo se la maneja sin mí y me contesta un tal Clive que afirma ser su asistente. ¿Para qué necesitará mi asistente un asisten…? ¡Un momento! ¡Pequeña bruja traidora! Le ha faltado poco tiempo a la pérfida asiática para hacerse con mi puesto. Empiezo a pensar que me precipité en mi fuga del país. Debería haberme quedado a defender el fuerte. ¡Ay, Dios, cómo me jode! No, no puedo decirlo…. Pero “mamá tenía razón”. Le dedico una llamada a Ron Akran para saber si sigue en pie mi colaboración como freelance en su firma de organización de eventos. 

–¡Hombre, Ron! ¿Qué tal?… Yo muy bien, pasando unos días de relax fuera del país. Precisamente te llamaba para saber qué día tenía que reunirme con los de Capital Investors para planifi… ¿Cómo? ¿Qué te hizo pensar que no estaba interesado?… No, no, creo que ha habido un error, Ron, en España, de donde yo soy, “que se metan su puto encargo por el culo” es una expresión de júbilo, de estar muy contento… Sí, ha sido un error, a veces mis raíces latinas me juegan malas pasadas con el lenguaje… Que sí, que sí, estoy interesadísimo, me tienes a tu disposición… Ya me ocupo yo de cerrarlo, no te preocupes. 

Trabajar codo con codo con Robert (mi ex-asistente) está en mi lista de prioridades justo debajo de que me extirpen un testículo usando un boli BIC como bisturí, y por encima de verme otra vez en la indigencia más absoluta. Como no puedo soltar este tren laboral que he cogido, y puesto que si vuelvo al negocio mortuorio tendré primero que matar a Ayako, no me queda otra que apechugar y ser profesional y tragar con Robert. ¿Por qué tengo tan mala suerte con mis asistentes? ¡Todos me traicionan! ¡Con lo bien que los trato! Les doy trabajo, una identidad… estamos de acuerdo, no les pago y les exijo demasiado, pero es por su bien. (Nota: A Ayako la mataré de todas formas, por simple placer, no puedo con las traidoras, dejé vivo a Robert y he sentado un mal precedente.) 

Llamo a Robert (con desdén) y cierro una cita para empezar a planificar el evento de Capital Investors y quedamos en vernos a principio de la próxima semana. Me duele mucho tener que abandonar a Warren en su desgracia, pero la vida real continúa y yo tengo que volver a Nueva York, mientras tanto disfrutaré de la maravillosa vida de prófugo que nos está brindando el fondo fiduciario de Puppy.  

Puppy ha montado una pequeña fiesta para la que va a venir un selecto grupo de gente desde Nueva York este fin de semana, unos cien invitados. En la cara del director del resort se ve el símbolo del dólar marcado, está encantado con Puppy, así que le ha puesto otro PR/gigoló más a su disposición. Compro algunas revistas y periódicos, porque no todo va a ser tomar el sol y beber cóctel tras cóctel. Las revistas me las quedo, los periódicos se los voy a subir a Warren, pero se me caen al suelo y el destino quiere que se desprenda la página en la que hablan del escándalo de la compañía de Warren. Lo ojeo por encima. ¡Oh, Dios mío! 

*** 

Por fin logro hablar con Belinda: le digo que la quiero, que la quiero, que lo estoy pasando muy mal (mientras una guapa mulata me sirve otra copa) y que la echo de menos. Pero vayamos al grano: ¿qué está pasando con el caso Warren?, el periódico era muy escueto. 

–Han detenido al director de la firma, que era el que estaba desviando fondos y maquillándolo con la contabilidad.

–¿Entonces Warren no está siendo buscado?

–¿Por qué?

–Por desfalco.

–Que yo sepa, no, la estafa está en la cúpula de la organización. 

¡Uy, empiezo a pensar que me precipité al sugerir una fuga del país! La culpa es de Warren por dejarse llevar por el pánico y hacerme caso, sabiendo que mis ideas no suelen ser muy sensatas. Pero me alegro mucho, cuando sepa que no está acusado ni buscado dejará de ser el zombi que es ahora. El miedo lo está consumiendo, es una sombra del hombre que era. ¡¡Quién iba a imaginar que decía la verdad cuando afirmaba su inocencia!! De todas formas no se lo diré hasta después de la fiesta de Puppy porque seguro que se quiere volver enseguida a los EEUU y me chafaría la diversión.