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Grace y su verdad edulcorada

Martes, 27 Noviembre 2012

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No quería abordar el tema de la biografía de Grace Coddington sin haberla leído previamente. No la he terminado, he ido a capítulos de su vida que me interesaban especialmente, y así contrastar qué grado de similitud encontraba con lo que públicamente se sabe de ella y aquellos episodios que han construido su mito. Sí, mito, por mucho que Grace insista en recalcar desde el principio del libro que ella era una persona anónima hasta la irrupción en su vida del documental The September Issue, lo cierto es que ella ya era un personaje con dimensiones de leyenda dentro de la industria.

Me ha parecido en líneas generales que su relato de la historia es bastante honesto, incluso reconociendo que ella no es precisamente una persona fácil. Si bien parece que en el imaginario popular se ha forjado la idea de que el tándem Wintour/Coddington es un arquetipo del poli bueno/poli malo, lo cierto es que quienes trabajan con ellas saben que el poli bueno debe estar de baja por depresión desde que ambas arribaron a Vogue USA. Pero Grace no lo esconde, y eso le honra.

Para ser franco lo que más me interesaba de la historia (aunque a posteriori me ha enriquecido mucho otros pasajes) es la relación que mantuvieron Coddington y Wintour en la etapa final de la primera en Vogue (Reino Unido) y su reencuentro en Nueva York cuando Anna está a punto de coger las riendas de Vogue USA. Mi principal fuente de contraste es la polémica biografía no autorizada de Anna firmada por Jerry Openheimer (Front Row. Anna Wintour: What lies beneath the chic exterior of Vogue’s Editor in Chief). Lo primero que contrasté fueron los motivos de que Grace abandonara su reino dorado como directora de moda en Londres para convertirse en la directora de diseño de Calvin Klein. Y aunque el motivo de fondo es el mismo, Grace tiende a edulcorarlo y banalizarlo porque supongo que pretende seguir trabajando y no recibir el finiquito.

Grace dice que cuando Anna llegó a Vogue (UK), como paso preparatorio a su derrocamiento de Grace Mirabella en Nueva York, todo cambió en la revista. El nivel de exigencia de Anna y su obsesión por el control de cada foto, su total cambio de métodos en una revista de empleados hasta cierto punto relajados… Todo eso hizo que Grace aceptara la propuesta de Calvin, a la vez que, dice, aprovechaba para afianzar una relación incipiente con su actual pareja. Grace tiene la suficiente habilidad para soltarnos el mote que la prensa le puso a Anna y que tanto la molestaba, “Nuclear Wintour”, sin que Anna pueda molestarse puesto que lo hace como reproche a esos medios que la atacaron (aunque si de verdad la apreciara simplemente lo hubiera omitido, ¿no os parece?).

Lo cierto es que Openheimer recoge una serie de declaraciones de ex-empleados de Vogue y amigos de Grace de aquella época que ponen nombre a lo que Anna hizo con Grace: moving. Anna allá donde llegaba marcaba su territorio, y en Londres se encontró con la reina Coddington y la ambiciosa Liz Tilberis aliadas como viejas amigas. A las dos les terminó haciendo la vida lo suficientemente “agradable” como para que aceptaran otros puestos en otros lugares. Incluso humilló a Grace en una ocasión (que se sepa), que se cuenta en el libro de Openheimer, sacando a la directora de moda de un almuerzo para que acudiera al despacho como si fuera una simple asistente.

No sorprende que Grace saliera pitando de allí, lo alucinante es que cuando se enteró de que Wintour se hacía con el control de Vogue USA se precipitara en llamarla y pedirle estar en su equipo. Anna no lo dudó, la citó en Da Silvano a las seis y fue directa al grano: “Empiezo el lunes. ¿Quieres empezar conmigo?” ¡Qué generosa! ¿O no? No. Hay que verlo de esta forma: Simplemente Anna había amaestrado a un buen perro de raza y rebelde. Lo había apaleado para que aprendiera quién mandaba y cuando el perro había bajado la testa y suplicado su mano en el lomo, no dudó en aceptarlo en su indudable posición de dominación. (Anna siempre ha tenido tendencias dominadoras, o así lo cuentan quienes vivieron la relación con Georgia Gunn, su asistente en Viva y New York Magazine).

Hay que leer ambos libros mencionados. Imprescindibles.

Olivia de Borbón, imagen de Aristocrazy: “La moda es un sueño y estamos siendo demasiado sobrios”

Lunes, 28 Mayo 2012

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La pasada semana tuve la suerte de entrevistar a Olivia de Borbón, que ejercía una vez más como imagen de la firma de joyería Aristocrazy, la hermana joven y atrevida de Joyería Suárez. Personalmente tengo cierto desafecto por los personajes populares y trato de centrarme en el núcleo empresarial o creativo de las firmas de moda y soslayar el terreno de la ‘imagen’. Pero Olivia tiene demasiados puntos de tangencia con la moda como para considerarla una celebridad más. Ser hija de la primera directora de Vogue España, Beatriz von Hardenberg Zü Furstenberg, modelo de dilatada carrera, y asidua del front row de la moda nacional, hacen de Olivia una espectadora de excepción de la moda que nos ha tocado vivir. De ella, en verdad, sabía poco más que esto, a lo que añado algunos titulares que ha protagonizado en la prensa del corazón, pero tengo la costumbre de no juzgar los libros por la portada y procuro de cargarme de prejuicios frente a mis propios prejuicios a la hora de enfrentarme a un personaje popular. ¿Qué me encontré? Una mujer serena, de mirada muy inteligente, de esas miradas que te dicen que sabe lo que quiere y no está dispuesta a dejarse manipular, y una sonrisa medida y comedida, propia de la gente con una excelente educación. Siempre ha creído que a un aristócrata se le detecta por su sonrisa, esa sonrisa tan peculiar que no puedo explicar ahora mismo. Empezamos hablando, cómo no, para eso nos habíamos encontrado, de joyas:

¿Cómo es tu relación con las joyas? Es una relación que me viene desde niña. Me recuerdo buscando en el joyero de mi madre y probándomelo todo, para mí era como el cofre del tesoro. Me llamaba sobre todo las joyas con brillo. Con los años he tenido la suerte de encontrarme con Aristocrazy, que tiene una joya para cada momento, piezas verdaderamente indispensables.

¿Qué es lo que más te identifica con Aristocrazy? Yo soy muy camaleónica, lo mismo me ves en vaqueros y camiseta blanca que vestida de gala, tengo mucha tendencia a cambiar de look, y con Aristocrazy siempre encuentro la pieza adecuada para complementarlo.

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¿Y por la moda? ¿Cómo nace tu interés? Esa es una relación que viene desde que yo tenía cuatro años. Mi madre fue la primera editora de Vogue en España y recuerdo que me llevaba a la oficina. Siempre estaba rodeada de modelos, fotógrafos, diseñadores. Cuando la propietaria falleció la edición cerró y tardó en renacer como diez años. En aquel momento que le tocó vivir a mi madre no había, por así decirlo, moda en España. Ni existían los diseñadores de hoy, y los que había estaban empezando, ni fotógrafos. Allí se buscaban la vida como podían, incluso haciendo las fotos ellos mismos.

¿Y cuál es la principal lección que ella te ha transmitido en cuanto a moda? Que hay que vestirse según tu personalidad, nunca perder tu esencia. Aquí en España tenemos ese problema, parece que todos salimos de una fábrica, hay miedo a romper el look imperante. Tienes que ser consciente de quién eres y no ponerte lo que no te haga sentir cómodo. Y hay que innovar.

¿Qué te pareció la última edición de la pasarela madrileña? Se ha notado mucho la crisis sobre la pasarela. Hemos sido demasiado… No sé cómo expresarlo. He notado cierta falta de ilusión. La moda es un sueño y estamos siendo demasiado sobrios.

Tú desfilaste en Nueva York hace años, ¿verdad? Por todo el mundo. Con seis años hice mi primer anuncio de Schweppes y desde entonces no he parado.

¿Cómo recuerdas el tiempo que viviste en Nueva York? Como una etapa muy divertida. Yo estudiaba interpretación en el Lee Strasberg Theatre and Film Institute y mientras trabajaba de modelo buscándome la vida. Era un sueño hecho realidad: estudiaba lo que siempre había querido y estaba siempre rodeada de actores.

¿Cómo va el proyecto de las camisetas? (Serial Lover se llamaba, ¿no?) Ahí está. Abrimos hace unos meses, quizás no en el mejor momento, pero era un proyecto que venía de largo y había que tirar para adelante.

En contra de lo que muchos piensan llevar un apellido famoso, como Borbón, debe ser pesado a veces, ¿cierto? Bueno, y no hablemos de mi apellido materno, que es muy importante en Alemania. Por suerte pasé la infancia en Estados Unidos y allí no tenían ni idea de quién era yo, así que no viví con presiones y pude desarrollar mi personalidad.

Ser un personaje público debe hacer que muchos se te acerquen con prejuicios. Sí, es cierto, es muy común enfrentarte a gente que hace juicios y críticas sin conocer mi vida. Pero a estas alturas tengo mis escudos, aunque sí que ha habido momentos donde me ha dolido mucho.

¿Y no hiciste un ejercicio de reflexión previo a lanzarte a la palestra pública? No lo tuve. El periodo de reflexión fue después. Me retiré dos años de la vida pública. No quería enfocar mi carrera a ser conocida por mi apellido, sino por mi trabajo. Es duro darte cuenta que todo el mundo piensa que te conoce cuando ni se acercan lo más mínimo a lo que realmente eres. Ahora, con la perspectiva del tiempo, soy capaz de recordar aquello incluso con cariño… pero fue muy duro.

Pero volver a empezar de cero es un lujo que no siempre nos está permitido. Afortunadamente la prensa es efímera. Dejas de salir en prensa y desapareces del mundo. No me costó trabajo volver a empezar desde cero.

Fassbender hasta en la sopa

Mircoles, 16 Mayo 2012

fassbender-vogue-usa.jpg¿Os habéis dado cuenta las campañas que despliegan ciertos grupos editoriales entorno a la figura de algunos artistas? A mi me crean un sentimiento inverso al que persiguen… termino odiándolos. Sin ir más lejos ayer veía la portada que el Esquire británico le ha dedicado a Michael Fassbender y casi me hizo gracia porque en mi fuero interno creía que Fassbender era un producto ‘Conde Nast’. No, no me voy a poner a despotricar contra Fassbender, es un actor que me encanta porque tiene un físico hipnotizante donde la perfección y la imperfección se mezclan de una forma magistral. Yo lo descubrí en Hunger, antes de que saltara a los editoriales de moda, y enseguida vi supotencial. Pero es que la campaña que Conde Nast ha desplegado entorno a su persona en lo que llevamos de año empieza a crearme cierto rechazo.

Una cronología rápida sobre sus principales apariciones en las principales cabeceras de este grupo editorial:

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NOVIEMBRE 2011. Fassbender es una de las portadas de GQ USA con motivo de su edición de los hombres del año.

DICIEMBRE 2011. Fassbender ocupa la portada de GQ Italia.

ENERO 2012. L’Uomo Vogue le dedica una de las tres portadas creadas para este número.

FEBRERO 2012. Conde Nast en el Reino Unido se postra a los pies de Fassbender sacándolo en la portada de GQ y en páginas interiores de Vogue.

MARZO 2012. Vogue Italia lo muestra a través de la lente de Bruce Webber y GQ Rusia le da la portada.

ABRIL 2012. Fassbender ocupa la portada de GQ Sudáfrica.

MAYO 2012. Ya es toda una estrella de moda y lo demuestra que Anna Wintour lo elija para un editorial de moda en el que acompaña a Natalia Vodianova en Vogue USA.

JUNIO 2012. Portada a ambos lados del atlántico, en GQ USA y GQ Francia.

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Lo que en su momento fue admiración se me está tornando hastío con tanta sobreexplotación de la imagen de este irlandés de ascendencia alemana. Seguro que habeis detectado en alguna ocasión esta especie de campaña en favor de algún personaje en el mundo de la moda. ¿Qué personaje te ha saturado a tí?

¿Piedra, papel o… Internet? ¿La comunicación en moda pasa por los soportes on-line o estamos volviendo a valorar el papel?

Mircoles, 1 Junio 2011

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Y siguiendo la línea de reflexión que habría en el post anterior quiero profundizar en la autocrítica que apuntaba sobre los medios tradicionales, los de papel. ¿Por qué no terminamos de encajar en los gustos de ese nuevo público usuario de internet y las redes sociales? ¿Está el papel obsoleto? Hace relativamente poco leía en el WWD un artículo en el que prestigiosas directoras de publicaciones que habían dado el paso del papel a lo digital estaban recorriendo el camino inverso un tanto desencantadas de la experiencia vivida. Profesionales de la talla de  Tina Brown, Pilar Guzman (Cookie Magazine) o Deborah Needleman (Domino Magazine) ahora volvían su mirada de nuevo a los medios en papel en cierta manera defraudadas porque el dinero de la publicidad sigue estando en el papel. Sin mencionar el movimiento involucionista que abandera Tom Ford que rechaza que sus colecciones estén informativamente quemadas antes de llegar a las boutiques. Por eso he querido saber qué opinan tres profesionales de este país que pueden arrojar un poco de luz sobre el asunto:

Creo que digital y papel son medios complementarios, con ritmos diferentes, y que el mayor privilegio es poder trabajar en ambos, aprovechando las sinergias y las posibilidades de cada uno de ellos” reflexiona Natalia Gamero, Directora General de Condé Nast Digital España. “Es la línea que ha adoptado Tina Brown, a la que mencionas, que fundó el portal The Daily Beast en 2008 para fusionarse, en 2010, con la revista Newsweek manteniéndose como editora de ambos soportes. A mi juicio, y es lo que indican los últimos estudios internos que hemos hecho, cada medio es una vía de ampliar el espectro de audiencia al que llegamos. También, y eso es innegable, los nuevos medios digitales nos ayudan a estrechar el vínculo con lectores existentes, que aumentan la frecuencia de consumo y pueden entrar en contacto con la marca a través de nuevas vías, y en distintas situaciones”. 

Esa es la teoría, vale, lo malo es que la fusión digital-papel no se da con la fluidez necesaria y en muchos casos en vez de crear sinergias crean competencias entre un mismo medio en diferentes soportes. Justo la crisis que nos azota ha despertado la conciencia de los medios sobre cómo han cambiado las reglas del juego. “La consolidación de los medios digitales ha supuesto un trasvase de parte de la audiencia y la inversión de los medios de comunicación tradicionales a los nuevos medios (Internet es ya el tercer medio en inversión, por detrás de la televisión y la prensa diaria). El escenario competitivo ha cambiado radicalmente y también lo han hecho las reglas del juego” me explica Natalia. “Ahora, cuando pensamos en competencia, lo hacemos en términos mucho más amplios, e incluimos en el espectro tanto a los medios consolidados, como a las redes sociales, o a los buscadores. También ha cambiado el papel del periodista y la forma de trabajo de las redacciones que, cada vez más, son redacciones multimedia que manejan varios ritmos al mismo tiempo”. 

Todos hemos cambiado: los medios, los profesionales de la información, el interés de los anunciantes… pero sobre todo el público objetivo. La gran avalancha de información, la puesta en valor del criterio individual y las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías han hecho que algunos usuarios descontentos con lo que reciben por parte de los medios establecidos, o con necesidades creativas concretas que necesitan compartir, se han lanzado a la aventura de crear sus propios medios de comunicación. Un buen ejemplo de esa nueva generación de usuarias de medios digitales que se plantearon crear su propia publicación para dar respuestas a las nuevas necesidades del sector es Beatriz Vera Poseck, creadora y directora de la revista Atelier. “Nunca he sido lectora de revistas de moda tradicionales. Siempre he tenido la sensación de que no de dirigían a mí, de que yo no era su público. No he llegado nunca a conectar con los contenidos que presentan y mucho menos con su lenguaje, que siempre me parecía como dirigido a una mujer que por interesarse en la moda es tonta o no tiene otras inquietudes. Desde hace muchos años uno de mis sueños era editar una revista propia, que reuniera todo eso que sentía que les faltaban a las que había en los kioscos. Editar en papel es imposible sin hacer un gran desembolso pero la llegada de internet cambió eso por completo. Cuando descubrí issuu.com supe que por fin podía hacer realidad ese sueño. El formato digital es el futuro, todas las revistas, en plena crisis del sector, lo saben y están jugando sus cartas (Yo Dona y Telva acaban de lanzar aplicaciones ipad que son claramente una apuesta a futuro muy cercano). Con Atelier la idea es llenar ese hueco de personas que buscan en una revista de moda algo más que bazares, collages e imágenes potentes. La idea era generar un contenido de calidad, sin lenguaje tópico ni machista, dirigido a mujeres amantes de la moda, sí, pero también con otros intereses culturales y artísticos que no quieren ser tratadas como objetos ni como tontas”. 

Otras fórmulas se han implantado en el mercado como alternativa a a los medios en papel y digitales que conocíamos. Ese es el caso de la comunidad y magazine Redfashion que nace en 2009 de la mano de Patricia Díaz como red social de habla hispana pionera en poner en contacto e informar a profesionales y amantes de la moda. “Creo Redfashion en su momento porque siento la necesidad de llevar mi punto de vista en la moda a un sector demasiado lleno de necesidad de ‘famoseo’, mientras que mi propósito era alcanzar a un público profesional y darles una plataforma donde dar a conocer su trabajo y expresar su punto de vista”.

La pregunta es: ¿qué aleja a los lectores de hoy de los formatos tradicionales?Creo que la crisis del sector no viene tanto de la falta de lectores sino de la falta de anunciantes” explica Beatriz Vera. “Las páginas en papel se han estado pagando a precio de oro, internet ha cambiado eso, y las revistas no pueden hacer frente a los gastos. La revista en papel carece además de la frescura de internet, los números se hacen y cierran meses antes de salir al kiosco y eso a la gente cada vez le vale menos, muchos son contenidos que ya han leído en blogs, en Facebook o Twitter, se han pasado sin más. El papel nunca va a poder competir con la inmediatez del digital, es una batalla perdida”. Con ella coincide Patricia Díaz: “En las revistas falta el sentido de inmediatez que ofrece internet (y he de decir que en internet falta el sentido de dirección de arte que tiene las revistas)”. 

Natalia Gamero no está de acuerdo con la afirmación de que ese público joven viva ajeno  las marcas y a los grandes referentes de la información. “Creo que las revistas tradicionales están adaptándose a esta nueva forma de trabajo y a las exigencias de esta audiencia más joven. Según un estudio reciente de Hewlett-Packard sobre el contenido de los ‘Trending Topics’ de Twitter, estos se generan en un 31% a través de los ‘retweets’ y el 71% de esos ‘retweets’ son de artículos de medios tradicionales. Un ejemplo claro es Vogue, que cuenta con 4 millones de fans en Facebook y Twitter a través de sus diferentes páginas de Facebook y Twitter, y que se ha convertido en un referente claro para una nueva generación de mujeres interesadas en la moda”. 

Trabajando en medios tradicionales como yo trabajo si tengo claro algo: la supeditación a la publicidad que nos da de comer a todos ha llegado a un extremo que resta frescura a los contenidos. Yo comencé especializándome en diseñadores emergentes, pero hoy por hoy, a pesar de que conservo mi interés intacto por ellos, las revistas demandan temas en que estén implicados sus anunciantes. Deberíamos dejar claro a los anunciantes que la calidad de una revista es directamente proporcional a su independencia en los contenidos, y que si quieren que se anuncien y que si no… bueno, la verdad es que eso no se puede decir, ¿no?  

En mi opinión, el gran reto de los grandes grupos editoriales pasa por preservar la independencia editorial en todos sus medios (tanto offline como digitales)” corrobora Natalia. “En Condé Nast se parte de la premisa de que nuestro lector/a es una persona inteligente, con criterio propio y que no se deja manipular fácilmente por la información sesgada. La relación con la audiencia siempre tiene que partir del respeto; sólo de esta forma se pueden crear productos que tengan sentido en el largo plazo. Nuestros anunciantes valoran eso, y se sienten cómodos con mostrar sus productos en nuestras publicaciones”. 

Si te digo la verdad hasta que no he empezado a editar Atelier y me he metido en este mundillo no he sido consciente de que las revistas tradicionales vendieran sus contenidos” me confiesa Beatriz, “ingenua de mí pensé que tenían su publicidad tradicional y sus publirreportajes pero nada más, no que supeditaban editoriales y contenidos a anunciantes. De todas formas, siendo consciente de lo que cuesta sacar una revista adelante no soy especialmente crítica con la publicidad en las revistas (como sí lo soy en los blogs, por ejemplo). Ojalá el dinero lloviera del cielo y no hiciera falta buscar anunciantes, pero mientras no sea así, no hay otra manera de sobrevivir”. Patricia de RedFashion apunta una cierta saturación publicitaria del público: “Siempre me han gustado profesionales de moda como Suzy Menkes, o como tú mismo [esto he estado por quitarlo porque que me mencione en la misma frase que Suzy Menkes me viene muy grande], que han sabido expresar su sincero punto de vista sin presión publicitaria. Hoy en día somos nuestros propios gurús de moda, estilistas, fotógrafos… Ya no nos gusta que nos vendan cosas, queremos ser nosotros quienes las descubramos”. 

Lo que está claro es que existe todavía un gran desfase entre medios tradicionales y nuevas tecnologías que hay que superar, hay que saber integrar. El nuevo profesional del periodismo debe manejarse con soltura en los distintos ámbitos de la nueva comunicación y saber hablar los distintos lenguajes de cada medio. No es lo mismo escribir un reportaje que el post de un blog, hay códigos de expresión diferentes, y eso los periodistas de la vieja guardia no lo tienen aún claro y se centran en despotricar en contra de las nuevas generaciones que saben twittear. Por el contrario, el saber hacer un post de blog que levante el interés no es garantía para saber escribir un buen artículo publicable en papel. Os lo digo yo que me manejo en esa esquizofrenia estilística todos los días. Coincido con Natalia en que “otro gran reto de los grupos editoriales es crear contexto, orientar y guiar al lector; hacer un filtro de lo más importante en un mundo saturado de información. Esto, por supuesto, integrando las nuevas tendencias del mundo de la comunicación. No hay que ver a las redes sociales como un enemigo, sino como un aliado que te permite llevar tu producto a una audiencia mayor. Nosotros tenemos comprobado que el usuario que viene de Facebook o Twitter es un gran consumidor de contenido, que pasa el doble de tiempo en nuestros portales que el que llega a través de otras fuentes”. El criterio de un editor cualificado siempre es una garantía, ¿no creéis? 

Tom Ford vuelve a vestir a la mujer

Jueves, 18 Noviembre 2010

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La vuelta de Tom Ford a la moda femenina ya tiene ‘cara’, el secretismo de esta colección que solo un ramillete de afortunados puedo presenciar en Nueva York será desvelado en las páginas de la revista Vogue del próximo mes. Afortunadamente para los más ansiosos, entre los que me incluyo, por la red ya pululan avances del editorial de moda realizado por Steven Meisel para dar a conocer el nuevo trabajo de Tom Ford [foto que ilustra este post].

Cuando Tom Ford dijo que volvía a la moda con un modelo de negocio personal y diferente no sabíamos cuánto de realidad tenía esa afirmación. Primero nos sorprendió que empezara a trabajar la cosmética, perfumes y gafas… cuando eso normalmente es algo que llega una vez está consolidado el prêt-à-porter. Después empezó por la moda masculina cuando su gran fama estaba asociada a la femenina. Decidió que sus colecciones masculinas tendrían un cariz ‘sastre’ y su producción estaría en consonancia: “¿Tom Ford un sastre?” nos dijimos todos. Y ahora que por fin vuelve a la moda femenina resulta que realiza una presentación básicamente para la clientela y algunos representantes de la prensa muy destacados, sin nube de fotógrafos (solo Terry Richardson tomó fotos), sin cobertura digital… no le interesaba la difusión de su colección. ¡¡He aquí el cambio de modelo!! O mejor dicho, la vuelta al modelo existente previo a la era de las comunicaciones y la irrupción de la confección en serie.

Tom Ford afirma que no comprende ese interés de conocer las colecciones seis meses antes de que llegue a las tiendas. Que él quiere que sus clientes vuelvan a sentir ese pellizco de ansiedad en el momento en que sus prendas se pongan a la venta. No quiere que las celebridades puedan llevar sus prendas meses antes de que cualquiera de sus clientas pueda portarlas… en definitiva: que él es más chulo que un ocho, que sabe que los medios lo necesitan más a él que él a los medios, y que puede hacer lo que le de la gana.

Pero que conste que esto sólo lo pueden hacer grandes como Tom Ford, no vaya a ser que cualquier modista de barrio se piense que menospreciando a la prensa va a conseguir que nos interesemos más por sus colecciones… puede llevarse un chasco.

No hay que sorprenderse de que un diseñador ceda en exclusiva una colección a un medio de comunicación. Esto es una práctica que cada vez es más frecuente. Cuando un gabinete de prensa te diga que en ese momento el diseñador “no concede entrevistas” debe plantearte qué hay detrás de esa excusa. La primera vez que me tropecé con esta práctica fue intentando entrevistar a Christopher Kane en un momento en que aún no era extensamente conocido pero que ya se rumoreaba que era el nuevo niño bonito de Anna Wintour. Cuando hablé con su responsable de prensa me dijo que tenían que salvaguardar una exclusiva que le habían dado a Vogue, que en cuanto saliera la entrevista el diseñador estaría encantado de responder a mis preguntas. Jamás volví a llamar: el interés que demuestro por cualquier tema es efímero, si no consigo plasmarlo en el momento en que me interesa lo relego al olvido.

Sin embargo la estrategia de Ford me parece encomiable. Esa sobre explotación de las colecciones que los medios hacemos seis meses antes de que realmente se puedan adquirir no hacen más que elevarlas (o rebajarlas) al mass market. Cuando un cliente llega a la boutique para renovar su vestuario tiene la impresión de que la prenda novísima que tiene en la mano está realmente quemada a base de reseñas en medios digitales, revistas y blog. Tom Ford no puede evitar que eso ocurra con su ropa, pero si puede aducir que si ello termina ocurriendo es algo “ajeno a su voluntad”.

Corinne Day lo cambió todo. Su ausencia lo cambia todo.

Mircoles, 1 Septiembre 2010

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El sábado se nos fue una mujer que cambió la faz estética de la moda, ¿y por qué no?, de nuestro TIEMPO también. Hablo de Corinne Day, que perdió la lucha encarnizada contra un tumor cerebral que terminó por privarnos de su talento… pero no para siempre, porque su legado perdurará durante generaciones, aunque los que vengan no sean conscientes de su influencia. Muchos os preguntareis: “¿Corinne Day, quién es?” Pues como respuesta solo puedo decir que fue la fotógrafa que lo cambió TODO en los 90.

Su estilo era descarnado, a veces crudo, pero siempre cargado de  honestidad. No pocas críticas recibió en su momento, pero los verdaderos visionarios de la moda apostaron por ella. Yo diría que su obra tiene un toque documental que evita todo edulcoración, fue a la moda lo que Nan Golding ha sido a la fotografía del inframundo urbano. Supo retratar como nadie a la generación ‘Trainspotting’.

Pero sobre todo, se la recordará por ser la descubridora de Kate Moss, que tan solo era una chica que dejaba la infancia cuando Day la hizo protagonizar la portada de la revista-icono del momento, The Face, con sus pecas, su sonrisa imperfecta de chica de suburbio inglés y un tocado de pumas a lo indio. El editorial se llamó ‘3rd Summer of Love’ y dio el pistoletazo de salida para la estética grounge que tantos otros replicarían para las más glamurosas publicaciones después. Corría 1990 y se habían confabulado algunos de los nombres más influyentes de la moda futura. Por un lado la estilista Melanie Ward (actualmente trabajando en Harper’s Bazaar y que sería decisiva para el éxito de Helmut Lang, donde fue durante 13 años directora creativa cuando el diseñador aún estaba al frente de la compañía); Kate Moss, la que no es necesario repetir lo que ha significado para la moda en los últimos 20 años; y el director artístico de The Face, Phil Bicker (ahora en The Fader), que le dio aquella increíble oportunidad.

En 1993 volvería a fotografiar a Kate Moss en su propio piso londinense para el Vogue británico. Aquello fue la confirmación: ya nada sería lo mismo, no había marcha atrás, los códigos habían cambiado. Por aquel entonces yo empezaba a estar interesado en la moda, así que sin duda que puedo decir que le debo a Corinne Day los esquemas estéticos que me han acompañado en mi carrera profesional.

Corinne dejó el colegio pronto, no se le daba bien, así que empezó a hacer de modelo y terminó viviendo en California durante dos años. Mark Szaszy, director de cine prometedor por entonces, puso una cámara entre sus manos. Le enseñó a manejarla, en todo lo demás fue autodidacta. Sus fotografías fueron las que dieron lugar al famoso término ‘heroin chic’ que Bill Clinton acuñó en un duro ataque a esa estética con estas palabras: “No es creativo. Es destructivo. No es bello. Es feo. Y no es algo sobre el arte. Es sobre la vida y la muerte. Y glorificar la muerte no es bueno para ninguna sociedad”.

Su vida transcurriría siempre relacionada con Vogue (UK, Italia y Japón). Alexandra Shuman le comisionó las fotos de Kate Moss de 1993 y el resultado levantó ampollas, llegaron a clasificarlas de porno infantil. Demasiada polémica para Day. Cambió de vida, dejó la moda, empezó a seguir a la banda de indie rock, Pusherman. Poco después le fue diagnosticado un tumor cerebral en 1996, el que nos ha dejado sin ella, pero algo positivo salió de aquello, le hizo dejar las drogas. La única droga que le quedaba era la fotografía: “soy una yonqui de la fotografía” llegó a decir…

… Y yo soy un yonqui de Corinne Day. Estoy seguro que su ausencia me va a crear síndrome de abstinencia. El clima creativo de principios de los 90 no volverá. No volverá Corinne. La inocencia salvaje y pervertida de aquellos años tampoco volverá. Solo nos queda rendir tributo a una excepcional fotógrafa y mirar al futuro con el coraje que ella demostró en su vida.

Director de arte vs director de publicidad

Viernes, 7 Mayo 2010

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¡Qué mala memoria tengo! Ayer por la tarde se me ocurrió una idea genial para este post y hoy solo queda la impresión de que era genial y brillante. No queda ni rastro de la idea ni de mi humildad. Así que vuelta a empezar… porque este blog siempre es un nuevo inicio.

Hoy repasaba las portadas de mayo de las distintas revistas de moda americanas y si algo me producían era SOPOR, un terrible aburrimiento. Siempre las mismas caras. Una enésima portada de Vogue para Sarah Jessica, otro soso primer plano de Gwyneth en Harper’s Bazaar, una socarrona pero previsible y poco imaginativa imagen de Fergie en Elle, y W se decanta por una leonada Julianna Margulies. Yo no soy de los que piensan que cualquier época pasada fue mejor, pero en cuanto al tema de las portadas de las revistas… sin duda.

Las portadas dependen en gran medida del Director de Arte, puesto que yo quitaría y sus funciones las pasaría al departamento comercial, ya que vienen ejerciéndolo con asiduidad. Para ser Director de Arte ya no es necesario tener espíritu artístico, sentido estético y carácter innovador. Ahora hay que conocer de marketing y psicología del consumo. Hace años, por no decir décadas, que las portadas británicas, americanas y españolas de las revistas no me dicen nada. Celebrity tras celebrity, me siento estafado porque las portadas son simples nos han partícipe del ciclo de las campañas promocionales de la maquinaria de Hollywood o la industria musical. Sí, lo sé, soy muy naïf, la vida es así… pero no deja de ser aburrido.

Os animo a que buceéis por Internet y comparéis con las portadas de los años 40 y 50. No hace falta remontarse más en el tiempo, aunque a mí me enamoran las portadas con ilustraciones de principio del siglo XX. Basta con ver portadas que se creaban en plena era de la fotografía, totalmente conceptuales, que te vendían una idea, te vendían el trabajo integral de un número de la revista. Y si bien es cierto que en esa época surgieron los mayores genios de la historia de la fotografía, como Richard Avedon o Irving Penn, lo cierto es que mucha culpa tuvieron de ese momento de creatividad efervescente los directores artísticos de las publicaciones, que siempre quería más, un giro de tuerca, un concepto impecable.

La portada de Harper’s Bazaar que reproduzco abajo es de Avedon y está concebida junto al director de arte austriaco Henry Wolf, que antes que en esta cabecera trabajó en Esquire, y sucedió al grandísimo Alexey Brodovich en Bazaar. Brodovitch, por su parte, es considerado uno de los pioneros del diseño gráfico en el siglo XX y reinó en Harper’s Bazaar durante dos décadas (1934-58) descubriendo a toda una nueva generación de fotógrafos que escribieron sus nombres con oro en la historia de la moda. Otro ruso, Alexander Liberman, marcó su estilo en las páginas de Vogue de los 40 a principio de los 60, y bajo su liderazgo la revista publicó las famosas fotografías de las cámaras de gas nazi tomadas por Lee Miller. También hay que atribuirle que Anna Wintour esté donde está hoy, porque él fue quien puso el ojo en la jovencita que despuntaba, primero en Viva  y después en New York Magazine. Antes que él ostentaba el cargo Mehemed Fehmy Agha, que también fue responsable de la dirección de arte de Vanity Fair, dejando insigne muestras de arte gráfico del siglo XX. Este era Ucraniano y utilizó a la vanguardia pictórica en sus revistas: Matisse, Derain, Covarrubias, Picasso… Es indiscutible que el comunismo y su maquinaria propagandística tuvieron un efecto colateral muy provechoso para el diseño gráfico del siglo XX.

Que hay buenos directores de arte en la actualidad es indiscutible. Ahí está Fabien Baron. Este es un genio entre genios que lo demuestra cuando le dejan… pero su lugar está en las revistas europeas ya que a las americanas, la creatividad, les trae al pairo. A Baron ya le dedicaremos un post otro día, que se lo merece.

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Tom Ford ya ha soltado el rumor…

Mircoles, 21 Octubre 2009

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Tengo tantas ganas de que Tom Ford vuelva al circuito de la moda femenina que estoy por prestarle por 50 millones de dólares que necesita. Espera un momento. ¿He dicho dólares? Espera, espera. ¿¡¿He dicho millones?!? Pues va a ser que no. Al final esperaré que consigan el inversor que busca para expandir su línea de negocio. Yo “siempre he confiado en la bondad de los desconocidos”, como dijo Blanche de la obra de Tenesse Williams ‘Un tranvía llamado deseo’ (aunque ella terminó en un manicomio, no sé si es buen ejemplo para parafrasear).

Esa es la noticia que nos ha asaltado esta semana: The Tom Ford Return. Ya no le basta con la moda masculina, las gafas y la cosmética/perfumes…. Ahora quiere volver a donde se hizo famoso, al mundo femenino. Bueno, seamos sinceros, no es un tema de esta semana, el rumor (en formato noticia) lo soltó Drapers hace un mes, pero hasta ahora no ha salido en WWD la notica (en formato rumor). Y yo no me hago eco de nada mientras no salga en el WWD. La cuestión es que son palabras textuales de Ford que afirma que no tiene prisa, que es algo que puede llevar su tiempo, pero que la decisión está tomada. Ve ‘brotes verdes’ por doquier y confia en que los inversores llamen a su puerta.

En esto de la moda hay que sutil, cual Oráculo de Delfos, y recoger señales que están en el aire. “Los ánsares vuelan hacia el Este formando la punta de una flecha… ¡Stella McCartney va a introducir una línea de ropa para tiro con arco en su colaboración con adidas!” (por hipotético ejemplo). Por eso cuando hemos visto a más de una editrix paseando palmito por las pasarelas recién celebradas enfundadas en lo que puede denominarse Tom Ford Vintage nos hemos preguntado qué significaba. ¿Coincidencia? ¡Por favor! Las coincidencias no existen! Y menos cuando una de las protagonistas es Carine Roitfeld.

Sí, la directora de Vogue París fue atisbada (perdonen lo de ‘atisbada’, no quería usar la desgastada palabra ‘vista’… nada más que por esto merezco un Pulitzer) con una falda de la colección de Yves Saint Laurent de 2003 durante la London Fashion Week. Días más tarde nos encontramos que en Milán a Anna Dello Russo, del Vogue nipón, luciendo esa misma colección vintage en varias ocasiones. Yo no me di cuenta hasta que los ‘cabroncetes’ (¿me van a quitar el Pulitzer por usar la palabra ‘cabroncetes’?) de los bloggers empezaron a reseñar la coincidencia (y que los zapatos de esa colección también se veían repetidamente). ¡No puede ser casualidad!

Argumentos a favor de la no-casualidad: Carine fue la estilista que trabajó con Ford en Gucci y creo aquello que se llamó la ‘guccimanía’. ¿No sería lógico que si Ford quisiera crear un estado de expectación frente a su vuelta recurriera a su amiga para que demostrara en público -a través de sus estilismos- que lo que más desea en el mundo es poder volver a llevar un Tom Ford de temporada y que lo apoyará decisivamente desde su Vogue? Yo creo que Tom Ford está haciendo su personal campaña de imagen a través de trendsetters muy selectas para posicionarse para una ampliación del negocio.

Me he dedicado a confeccionar una larga lista de “por qué el mundo necesita a Tom Ford”. He escrito 42 razones bien argumentadas, pero después de descartas todas las que se pueden resumir en que es muy guapo y está muy güeno me he quedado con motivos:

-Porque ha sido capaz de cambiar el modelo de negocio imperante en el mercado de la moda.

-Porque es uno de los pilares del paradigma de ese ‘nuevo lujo’ que tanto hemos preconizado.

-Porque es un showman en estado puro que ameniza el panorama de la moda con su visión teatral de las colecciones, la comunicación y su función de creador.

-Porque ha revolucionado todo lo que ha tocado… y lo seguirá haciéndolo.

-Y porque entiende la feminidad y la masculinidad, la identidad de género en la moda, y el erotismo visual como nadie.

Please, Tom, ¡vuelve!

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La política y la moda: Primera Dama en portada

Mircoles, 11 Febrero 2009

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Y volvemos con los Obamas. Ya dijimos en este blog que estaban abocados a convertirse en iconos del estilo. Y no es que uno tenga la famosa bola de cristal “que a todo el mundo le mola” y que ve el futuro. No, simplemente es que seguí la campaña y leí entre líneas. Sabiendo que Vogue (el americano, el resto no cuenta) dicta qué es estiloso y que su directora, la inefable Anna Wintour, junto con su fiel amigo y colaborador André Leon Talley dieron el pasado verano varias fiestas para recaudar fondos para el por entonces senador por Illinois. Anna, que bien ha aprendido la lección ‘racaudatoria de fondos para campañas políticas’  de su tempestuosa relación con el millonario tejano Shelby Bryan que rompió su matrimonio y que la introdujo a los Clinton. ¿Recuerdan aquel cambio de imagen de Hillary durante la presidencia de su marido? Sí, cuando de pronto se volvió más femenina y suavizó su maquillaje… Obra de Anna Wintour. De hecho Hillary fue la Primera Dama que apareció en la portada de la revista en diciembre de 1998 [en aquel mismo número se anunció la quiebra de Mizrahi, del que hablábamos en el post del lunes].

Pero en la política americana ‘quien la hace la paga’ y en enero de 2008 estaba previsto que Hillary apareciera en Vogue fotografiada por Annie Leibovitz (a nadie más le comisionan este tipo de encargos de altura). Las fotos de Clinton fueron hechas pero finalmente rehusó salir porque, según explicaron desde Condé Nast, “estaban preocupados de podría parecer demasiado femenina”. Ni que decir tiene que La Wintour cogió el berrinche de su vida y en el número de febrero escribía en el editorial “imaginen mi sorpresa cuando me dijeron que Hillary Clinton, nuestra única candidata presidencial mujer, había decidido bajarse de nuestras páginas en este punto de la campaña por miedo a parecer demasiado femenina”. Y continuaba diciendo: “Esto es América, no Arabia Saudí. Estamos en 2008: Margaret Thatcher pudo estar estupenda en un traje chaqueta azul, pero era hace 20 años”.  

La prensa encontró un filón jugoso y repetía por doquier que Hillary Clinton se había granjeado una poderosa enemiga que no pararía hasta destruirla. Exageraciones, claro. Pero lo cierto es que Anna volcó todo su esfuerzo y sus esperanzas en el matrimonio Obama sacándolo a él ¡dos veces! en la portada del Men’s Vogue. Y Anna Wintour nunca apuesta a caballo perdedor, y vaya si ganó: Michelle Obama es la portada del número de marzo de Vogue (fotografiada por Annie Leibovitz y entrevistada por André Leon Talley). 

Esa portada era algo muy rumoreado en el sector y en la recta final de la campaña presidencial muchos se rieron de que Michelle había salido en las portadas de Ebony y Essence que en la de Vogue. ¡Pero que pardillos! Anna Wintour nunca hubiera puesto a una “esposa del candidato” en la portada, ella quería a una Primera Dama. Y voilá! Aquí está la primera portada de la Primera Dama Michelle Obama… en Vogue. 

Por cierto. El vestido es del mismo diseñador que en la toma de posesión, Jason Wu. ¿Adivinan de quién es un ‘protegido’ Jason Wu? ¡Bingo! De Anna Wintour.    

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