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Adrover ha vuelto… pero no el que conociamos.

Domingo, 12 Febrero 2012

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Ha vueltoooooooooo. Casi nos pilla por sorpresa, sí. Pero no, ya estábamos avisados de que Miguel Adrover volvía a renacer de sus cenizas cual ave Fénix en Teatro Latea, el mismo teatro del Lower East Side donde prensentó su colección Manaus-Chiapas-NYC, que hoy por hoy ha pasado ya a la Historia (con mayúsculas) de la moda. Y volvió un día 11, no sé cómo no le dio mal rollo, teniendo en cuenta que los atentados del 11-S jugaron un papel muy decisivo en su declive empresarial en aquella primera etapa de su carreta.  

Sí, estoy excitado por su vuelta. Adrover es al reconocimiento internacional del diseño español en los 90s lo que Sybilla fue en los 70s, salvando las distancias, claro. Y ahora que lo pienso, ¿por qué hablo de “diseño español” cuando Adrover siempre ha sido un verso suelto. De hecho creo que le debe repatear que insistamos en otorgarle el papel de buque insignia del diseño patrio. Pues nada, que me perdone, que me desdigo, que Adrover solo representa a Adrover.

Pero eso no evita que esté excitado con la vuelta de su firma después de ocho años de ausencia. Bueno, es cierto que una excitación similar a la viví hace unos años cuando Adrover reapareció en Nueva York de la mano de la firma alemana de eco-moda Hessnatur. Con motivo de su reaparición lo entrevisté para B-Guided y me resuena en la cabeza una frase que cobra sentido ahora: “La paciencia y el saber esperar son virtudes olvidadas y para mi armas de doble filo”. Bueno, sinceramente la segunda parte no lo comprendo aún… pero dejémoslo estar.

La aglomeración de primeras espadas del periodismo de moda y el estilismo en la presentación de Out of my mind, su colección otoño/invierno 2012/13 ha sido estremecedora. Se notaba que había hambre de Adrover. Y no ha defraudado, porque ha hecho lo que se esperaba de él, lo que lo encumbró: ha deconstruido ropa para recontruirla en algo totalmente diferente. Él describe este proceso como si la bodega de un avión se abriera en pleno vuelo y los equipajes de su interior cayeran en medio de la Amazonia y el pueblo Yanomami adoptara la ropa que fuera en su interior para su uso personal y a su manera. A mí el resultado de esta colección me ha dejado un poco frío, porque si bien se basa en los mismos principios que aquellos vestidos creados a partir de trenchs de Burberry despiezados que lo catapultaron a la fama, lo que presentó ayer adolece de estructuración, de elaboración… no hay trabajo de diseñador. Por mucho que quiera, Anna Wintour no encontrará justificación para sacar esta colección en las páginas de Vogue en esta ocasión. Pero si lo que Adrover intentaba era presentar un punto de reflexión sobre el consumismo salvaje que opera en el mundo de la moda sí creo que es la colección adecuada para servir de revulsivo. 

En una entrevista que ha otorgado a WWD estos últimos días decía: “Un día, abrí mi armario, ví mi ropa y casi me puse a llorar. Después de haber estado con mis amigos de Cuba y Egipto, felices con apenas nada, me sentí triste. Tenía demasiadas cosas. Y me dije, me niego a comprar telas, me niego a utilizar las máquinas de coser y me niego a hacer patrones. Tengo que encontrar una manera de trabajar diferente y hacer algo nuevo. La moda tiene que cambiar“. 

Bueno, a mí también me entró ganas de llorar al ver esta colección. Pero él más feliz que un rucho salió a saludar con su melena suelta tocado por una pluma cual indio navajo más que como Yanonami.

Tom Ford ya ha soltado el rumor…

Mircoles, 21 Octubre 2009

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Tengo tantas ganas de que Tom Ford vuelva al circuito de la moda femenina que estoy por prestarle por 50 millones de dólares que necesita. Espera un momento. ¿He dicho dólares? Espera, espera. ¿¡¿He dicho millones?!? Pues va a ser que no. Al final esperaré que consigan el inversor que busca para expandir su línea de negocio. Yo “siempre he confiado en la bondad de los desconocidos”, como dijo Blanche de la obra de Tenesse Williams ‘Un tranvía llamado deseo’ (aunque ella terminó en un manicomio, no sé si es buen ejemplo para parafrasear).

Esa es la noticia que nos ha asaltado esta semana: The Tom Ford Return. Ya no le basta con la moda masculina, las gafas y la cosmética/perfumes…. Ahora quiere volver a donde se hizo famoso, al mundo femenino. Bueno, seamos sinceros, no es un tema de esta semana, el rumor (en formato noticia) lo soltó Drapers hace un mes, pero hasta ahora no ha salido en WWD la notica (en formato rumor). Y yo no me hago eco de nada mientras no salga en el WWD. La cuestión es que son palabras textuales de Ford que afirma que no tiene prisa, que es algo que puede llevar su tiempo, pero que la decisión está tomada. Ve ‘brotes verdes’ por doquier y confia en que los inversores llamen a su puerta.

En esto de la moda hay que sutil, cual Oráculo de Delfos, y recoger señales que están en el aire. “Los ánsares vuelan hacia el Este formando la punta de una flecha… ¡Stella McCartney va a introducir una línea de ropa para tiro con arco en su colaboración con adidas!” (por hipotético ejemplo). Por eso cuando hemos visto a más de una editrix paseando palmito por las pasarelas recién celebradas enfundadas en lo que puede denominarse Tom Ford Vintage nos hemos preguntado qué significaba. ¿Coincidencia? ¡Por favor! Las coincidencias no existen! Y menos cuando una de las protagonistas es Carine Roitfeld.

Sí, la directora de Vogue París fue atisbada (perdonen lo de ‘atisbada’, no quería usar la desgastada palabra ‘vista’… nada más que por esto merezco un Pulitzer) con una falda de la colección de Yves Saint Laurent de 2003 durante la London Fashion Week. Días más tarde nos encontramos que en Milán a Anna Dello Russo, del Vogue nipón, luciendo esa misma colección vintage en varias ocasiones. Yo no me di cuenta hasta que los ‘cabroncetes’ (¿me van a quitar el Pulitzer por usar la palabra ‘cabroncetes’?) de los bloggers empezaron a reseñar la coincidencia (y que los zapatos de esa colección también se veían repetidamente). ¡No puede ser casualidad!

Argumentos a favor de la no-casualidad: Carine fue la estilista que trabajó con Ford en Gucci y creo aquello que se llamó la ‘guccimanía’. ¿No sería lógico que si Ford quisiera crear un estado de expectación frente a su vuelta recurriera a su amiga para que demostrara en público -a través de sus estilismos- que lo que más desea en el mundo es poder volver a llevar un Tom Ford de temporada y que lo apoyará decisivamente desde su Vogue? Yo creo que Tom Ford está haciendo su personal campaña de imagen a través de trendsetters muy selectas para posicionarse para una ampliación del negocio.

Me he dedicado a confeccionar una larga lista de “por qué el mundo necesita a Tom Ford”. He escrito 42 razones bien argumentadas, pero después de descartas todas las que se pueden resumir en que es muy guapo y está muy güeno me he quedado con motivos:

-Porque ha sido capaz de cambiar el modelo de negocio imperante en el mercado de la moda.

-Porque es uno de los pilares del paradigma de ese ‘nuevo lujo’ que tanto hemos preconizado.

-Porque es un showman en estado puro que ameniza el panorama de la moda con su visión teatral de las colecciones, la comunicación y su función de creador.

-Porque ha revolucionado todo lo que ha tocado… y lo seguirá haciéndolo.

-Y porque entiende la feminidad y la masculinidad, la identidad de género en la moda, y el erotismo visual como nadie.

Please, Tom, ¡vuelve!

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