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Slimane y Simons me defraudan

Mircoles, 3 Octubre 2012

¡Qué desencanto de temporada primavera/verano 2013 en París! Bueno, en esa afirmación estoy siendo maximalista. Me estoy refiriendo a los dos grandes debuts del prèt-â-porter de esta temporada: Hedi Slimane en Yves Saint Laurent y Raf Simons en Dior. Revisen las reseñas de pasarela y percibirán que casi todo lo escrito es laudatorio en referencia a estos dos creadores (aunque alguna excepción hay). El potencial anunciante de Dior e Yves Saint Laurent hace que las críticas sean veladas, a la espalda o inexistentes. Yo no puedo decir más que:

1) Lo que Raf Simons hizo para Dior me gustó, pero no lo considero Dior en absoluto. Es más creo que es una apuesta facilona y falta perspectiva amparada en el minimalismo que tanto gusta al diseñador. ¿En qué punto se puede discernir si el minimalismo es una preferencia estética o una falta de recursos? Creo que en este caso es claramente una preferencia porque tiene a sus espaldas al experimentado equipo de maestros de la aguja de Dior. Ahora Simons ponen paños calientes diciendo que sí, que las prendas de Christian Dior iban de estructuras impecables, pero que también supuso un paso más en la libertad de la mujer dentro de su ropa, y que eso es precisamente lo que él persigue. Personalmente no comprendo que una firma de tan alto prestigio y precios exorbitados venda plomo a precio de oro. Si las tres primeras salidas del desfile (abajo) no son para recoger tus cosas y salir corriendo… no sé qué podrá indignar a un periodista de moda. ¡Qué falta de sentido del espectáculo! Un traje de pantalón negro se puede comprar de cualquier marca sin la rimbombancia de Dior y te sale por una décima parte de su precio. En tiempos de crisis hay que justificar cada euro que se carga por una prenda. Aún así la colección me gustó, me repito, pero hay que ver el contexto.

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2) Hedi Slimane se ha desinflado en su primera colección. Tengo la impresión que ha querido ser “demasiado” respetuoso con el legado del diseñador que da nombre a la firma y no ha conseguido más que aburrir (a pesar de los aplausos y las buenas críticas). La única que ha levantado una voz discordante ha sido Cathy Horyn (y en cierta medida Suzy Menkes, que al final de su reseña lo conmina a evolucionar y no ser tan fiel al legado YSL). Ahora se ha puesto de moda que los diseñadores respondan a las malas críticas con ataques personales, así el diseñador escribió en su Twitter que Horyn no volverá a tener un asiento en YSL pero que puede pillar un dos por un en Dior, haciendo alusión a la adhesión de Horyn a Simons y la vieja rivalidad que separa a Slimane y Simons. Slimane es un excelente publicista capaz de crear una estética que marque, pero sus prendas una a una, y descontextualizadas de la puesta en escena global, no soportan una revisión minuciosa. Querido Slimane, si Pierre Bergé ha declarado que está encantado con que alguien haya comprendido y recogido el legado de Yves como Dios manda, ¿no deberías plantearte qué estás haciendo mal?

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En fin, para echarse a llorar. Afortunadamente nos queda McQueen, Balmain, Givenchy, Castelbajac, Watanabe, etc… Que al final solo hablo de lo que no me gusta y parece que odio la moda.

Mi encuentro con Loulou

Lunes, 7 Noviembre 2011

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Este sábado llegó la luctuosa noticia. La que fuera gran musa de Yves Saint Laurent, Loulou de la Falaise, había muerto con solo 63 años tras “una larga enfermedad”, tal y como más tarde anunciaba un comunicado lanzado por la Fundación Pierre Bergé-Yves Saint Laurent. Podría hablaros de cómo Loulou odiaba que se la tildara de ‘musa’, porque ella lo entendía con connotaciones pasivas y ella era todo lo contrario, muy activa; podría hablaros de cómo su influencia sobre Yves marcó todo el allure bohemio y hippy que impregnó buena parte de su carrera; o podría hablaros de su trabajo como diseñadora de joyas y bisutería, de prensas u objetos para el hogar… Pero todo eso ya estará dicho a estas alturas en los obituarios que se habrán publicado en estos dos últimos días.

Yo lo que puedo aportaros desde este humilde blog es mi percepción personal de esta figura esencial del diseño del siglo XX, y puedo así mismo compartir con vosotros mi experiencia, de aquella vez que me la presentaron y yo creí estar tocando el cielo.

Estaba en París en pleno transcurrir de las presentaciones de Alta Costura (¿esto fue en enero de 2005 o 2006?) cuando mi buena amiga Elisabetta, por aquel entonces redactora en una revista parisina muy chic e independiente que ya pasó a mejor vida, me dice que ha ligado con un fotógrafo australiano con pinta de neandertal y que da por terminada su jornada laboral para salir de copas y tratar de llevarse al huerto al australiano con pinta de jugador de rugby. Saca entonces de su boso un tarjetón y me pregunta si quiero ir en su lugar a la fiesta que daba Loulou de la Falaise.

Ahora que lo recuerdo sí que era 2005 porque esto ocurrió a la salida del desfile de Christian Lacroix y había trascendido que LVMH acababa de vender o tenía la pretensión de vender la firma a unos californianos, a Falic Group. Lacroix estaba enfadado y lanzando pullazos a Arnault, así que fue una semana muy movidita.

A lo que íbamos. Allí estaba yo con una invitación para una fiesta en una mano y unos pies destrozados en… bueno, en los pies, ¿dónde los iba a tener? La decisión era coger el metro para refugiarme en el hotel hasta la mañana siguiente o echar el resto y presentarme en una fiesta en la que no conocería a nadie y donde todos serían más chic, elegantes, divertidos, carismáticos y delgados que yo. Una vez más decidí ser la nota discordante y me encaminé a la rue Cambon, a la boutique que Loulou inauguraba esa noche, que estaba muy muy cerca de Chanel.

Cuando llegué ya abandonaba el sarao un espectro enlutado de moño altísimo, la mismísima Diana Pernet (este mes editora invitada en Neo2). Hacía un frío terrorífico pero previendo que la tiendecita se quedaría pequeña para tanta concurrencia habilitaron ¿setas se llaman?, ya sabéis, esas estufas de exteriores como la de las terrazas de los bares, para que la gente pudiera charlar en la calle más cómodamente y dejaran sitio a los que iban llegando.

La boutique la habían decorado en rojo lacado y había espejos por todas partes, por lo que parecía que no solo era cuatro veces más grande, sino que había cuatro veces más gente, sin contar con lo que abultaban aquellas señoras que habían sacado todas las pieles para la ocasión, era un poco claustrofóbico. Yo husmeaba por todas partes y hacía fotografías mentales a cada una de las piezas de joyería que Loulou exponía en aquellas delicadas vitrinas art decó. No sé cómo establecí conversación con una deliciosa criatura de pelo ensortijado que se mostró de lo más amable con este españolito aturdido y desubicado. Le enseñé un número de Neo2 que llevaba como tarjeta de visita (en aquel momento trabajaba mucho con ellos) y le fascinó, así que sin pensárselo dos veces requirió la atención de su madre (aunque no supe que era su madre hasta más tarde porque la llamó Loulou y no mamá en aquel momento). Me presentó a la protagonista, a uno de mis mitos, y a mí me flaquearon las piernas. ¿Era realmente yo el que estaba dándole la mano a Loulou de la Falaise? Tuvimos una conversación breve, la anfitriona debía circular, pero recuerdo que elogió un alfiler que llevaba en la solapa, dijo que le encantaba la revista, que España le fascinaba, en concreto Barcelona y toda la arquitectura de Gaudí… Entonces la reclamaron y yo continué allí, inmóvil, aún preguntándome si aquello había ocurrido en realidad.

Aquello me dio confianza y emprendí otras conversaciones con asistentes con los que coincidía admirando una vitrina o un maniquí, y a lo largo de la noche pude ver llegar a Olivier Theyskens, a Gianbatista Valli, a la modelo del momento Audrey Marnay, a Christian Louboutin, a Marisa Berenson, y cuando ya me iba, justo cuando franqueaba la puerta, casi me desmayo de nuevo porque arribaba el maestro, Yves.

Aún hoy recuerdo a Loulou, con su mirada lánguida y su sonrisa cómplice, su voz cascada pero aguda, con un acento peculiar en su inglés sesgado por el francés, y cómo saboreó mi nombre sílaba a sílaba y me dijo que tenía un nombre muy puissant. Yo le respondí que el suyo era realmente divino y me pidió que ‘le guardara un secreto’, que en realidad se llamaba Louise Vava Lucia Henriette Le Bailly de La Falaise (no debía de ser tan secreto pues para recordarlo he recurrido a la Wikipedia).

Esto es todo lo que puedo decir… os doy lo más precioso que tengo, lo que me regaló Loulou: un gran recuerdo.

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El futuro de la Alta Costura: Maxime Simoëns

Lunes, 31 Enero 2011

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La Federación de la Costura Francesa (Fédération Française de la Couture du Prêt-à-Porter des Couturiers et des Créateurs de Mode) lleva ya tiempo abriendo sus puertas a nuevos creadores que quieran arriesgarse con la Alta Costura dado que los clásicos cada vez ven menos claros y rentables los esfuerzos por mantener viva la tradición de la Couture. Con la semana de la Costura finiquitada llega el momento de poner el foco en esos creadores que tratan de posicionar sus colecciones entre los clásicos de esta pasarela.

Empezaremos por un joven de 26 años y de aspecto frágil que ya muchos han apodado el nuevo Yves Saint Laurent porque les recuerda la estampa del finado diseñador en sus años mozos, cuando con 21 años se hiciera cargo de la casa Dior: Maxime Simoëns, que ha debutado (casi surgido de la nada en la pasarela más cara del mundo) y que ha creado una ola de interés y entusiasmo muy peligrosa, ya que la expectativas estaban altas.

Evidentemente, y visto lo visto, Simoëns ni es Yves Saint Laurent ni los tiempos que corren son buenos para depositar grandes esperanzas en ninguna joven promesa, aunque su colección resultó muy correcta y estéticamente interesante, pero para nada levantó entusiasmos. Demasiado conservadora, diría yo, para alguien de 26 años que viene avalado con un premio del Festival International de Mode et de Photographie in Hyères de 2009. Y es que esta ha sido una apuesta arriesgada de la Federación, ya que Simoëns no había mostrado previamente ninguna colección formal.

Este diseñador se formó en la Chambre Syndicale tras darse cuenta que su destino en la moda cuando vio el vestuario de Madonna en su gira mundial Browned diseñado por Gaultier. Allí terminó en sus primeras prácticas, después pasaría por Dior y Balenciaga. En Hyères vivió un boom increíble dado el potencial comercial de su colección y finalmente llegó la varita mágica del estilista (y en otro tiempo modelo) Eric Daman que eligió su colección para la célebre serie Gossip Girl.

Será porque creo que la Alta Costura hoy ha de ser otra cosa (Galliano pone el listón muy alto siempre) o porque no me gusta nada ese movimiento de Alta Costura realista que estamos viviendo (para eso dejémoslo en Costura y nada más, sin lo de ‘Alta’), a mí personalmente la propuesta de Simoëns me ha parecido falta de chispa y llena de clichés. Eso sí, le auguro un futuro espléndido.

Au revoir, Monsieur Saint Laurent!

Lunes, 2 Junio 2008

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Uno de los más grandes diseñadores de todos los tiempos nos ha dejado. El modisto francés Yves Saint Laurent falleció ayer domingo a la edad de 71 años en París después de una larga enfermedad. Las apariciones del creador durante el último año fueron escasas y su estado de debilidad era evidente, cayendo en cama en la última etapa de su enfermedad. Los más cercanos comentan que en la última semana no era capaz de comer o beber. Saint Laurent siempre sufrió de una salud precaria que se traducía en su frágil aspecto, siempre acompañada por su timidez casi patológica. Pero no por esperada, su desaparición resulta menos impactante. 

Apareció en escena por todo lo grande, cómo sólo él sabía hacer, reemplazando con tan solo 21 años a Monsieur Christian Dior al frente de su casa de Alta Costura. Sólo un genio podría reemplazar a otro genio, y así lo demostró en su carrera, revolucionando el mundo de la moda a cada paso, que le debe entre otras cosas el concepto de prêt-a-porter que lanzó en 1966 en su colección Rive Gauche. Cambió la concepción de la mujer en el vestir popularizando el pantalón, e introduciendo en su armario adaptaciones femeninas del esmoquin y la sahariana. Hacer un inventario de sus proezas sería agotador.  

Yves Henri Mathieu Saint Laurent nació en Oran, Argelia, el 1 de agosto de 1936 en el seno de una familia de colonos franceses. Las ambiciones de sus padres de que estudiara derecho se frustraron cuando un joven Yves, con tan sólo 17 años, decide marchar a París para estudiar Arte. Tan sólo un año después apareció providencialmente en su vida Michel de Brunhoff, director de la edición francesa de Vogue, que le compró unos bocetos y le sugirió que se presentara al concurso esponsorizado por la International Wool Secretariat, cuyo jurado contaba con la presencia de Christian Dior. Monsieur Dior enseguida detectó el talento en sus bocetos y lo cogió como asistente. 

El 24 de octubre de 1957 muere Dior en Montecatini, Italia, a los 52 años de edad. Un mes después un Yves Saint Laurent de 21 años ocupa sus zapatos en su casa de Alta Costura, de la que saldrá a causa de la llamada del ejército. Su regreso se produce bajo su propio nombre el 29 de enero del 62, cuando presenta su primera colección, y empieza a fraguarse la leyenda que lo coloca en el panteón de los elegidos hasta su retiro en 2002

Fue un gran apasionado del arte, que inspiró muchas de sus creaciones, y un exquisito coleccionista que poseía obras de Goya, Matisse, Munch, Klee, Picasso o Cezanne, entre otras. Pero su gran capricho de los últimos tiempos eran su casa en Marrakech y la más reciente en Tánger, oasis de tranquilidad a las que se unían sus casas de París y Nueva York, y el château de Normandía. 

Hoy se me vienen a la memoria sus últimas palabras antes de dejar su atelier, en su último día al frente de la casa que lleva su nombre: “No estoy triste, sólo nostálgico”. Hoy la tristeza y la nostalgia acompañan a todo amante de la moda en este día marcado por la despedida.  Au revoir, Monsieur Saint Laurent! À jamais YSL.