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Jarabe de Delfín

Ya habíamos comentado en este blog acerca de la sonora irrupción del modisto David Delfín en el mundo de la repostería, con una receta tan genial como intragable: unos huevos fritos que, bajo una inocente apariencia de huevos fritos, esconden en realidad un empalagoso postre. Y ahora nos vemos obligados, claro, a comentar la incursión de este diseñador el mundo del vino. Obsesionado por el trompe l’oeil, la argucia visual del ornamento que simula ser otra cosa, ahora Delfín se descuelga con una botella de vino –Pagos de la Sonsierra 2006– que simula un enorme frasco de jarabe. No contento con la dimensión del esperpento, Delfín ha metido la botella-frasco en una caja que simula la de los medicamentos y ha añadido una suerte de prospecto donde no sólo se describen las características del vino, sino también su “posología” y “efectos secundarios” (beneficiosos, claro: la paciencia del cliente tiene su límite).

La “broma” se repite en las 7.947 botellas de Pagos de la Sonsierra que este año llegarán al mercado, como edición limitada. ¿El vino? Es lo de menos: correcto, con notas de fruta muy madura, la madera en primer plano y una boca ligeramente astringente. Desde luego, no está a la altura de los 35 euros que cuesta el artilugio.

La culpa, desde luego, no es de David Delfín, sino del bodeguero que le da rienda suelta para conseguir lo más difícil: que su vino atraiga la atención de un consumidor atareado entre tantas novedades y etiquetas novedosas. Y vaya si consigue sus objetivos: aún criticando la iniciativa, tal como hacemos ahora mismo desde este rincón del ciberespacio, colaboramos con su difusión.

Al fin y al cabo, a las Bodegas Sonsierra y David Delfín les une la misma filosofía, la que promovió Oscar Wilde: “Lo importante es que hablen de uno, aunque sea mal”.

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