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Un tinto chileno encabeza el Top 100 de Wine Spectator

Sbado, 9 Mayo 2009

Un año más, el mundo del vino ha recibido con expectación y espíritu deportivo –por no decir ansias comerciales, en medio de la crisis– el ranking más famoso e incluyente de cuantos se elaboran en este ámbito: el Top 100 que elabora la revista estadounidense Wine Spectator. El listado tiene sus limitaciones, ya que está elaborado a partir de los vinos distribuidos en los Estados Unidos, pero esto no le quita trascendencia como barómetro de las tendencias del mercado y el potencial comercial de las diferentes marcas. Después de todo, no solamente los lectores de Wine Spectator se dejan guiar por el Top 100, sino también muchos sumilleres, tiendas y restaurantes de todo el mundo.

Los críticos de la revista elaboran este listado a partir de todos los vinos catados por su equipo durante el año (en el 2008, fueron nada menos que 19.500). El primer requisito para entrar en el Top 100 es superar una calificación de 90 puntos sobre 100. Pero la posición que alcanza cada vino tiene que ver con otros tres criterios: precio (a mayor puntuación y menor coste, mejor posición en el ranking), disponibilidad (los vinos de mayor producción y bien distribuidos tienen más posibilidades que las cuvées más minoritarias y elitistas) y, por último, el intangible “factor X”,  tal como denominan los responsables de Wine Spectator a la emoción que despierta cada vino. Un cuestión sin duda subjetiva, pero que aporta una faceta romántica a la fría calificación numérica.

El Top 100 del 2008, que acaba de darse a conocer, está encabezado por un tinto chileno: el Clos Apalta 2005, que elabora la familia francesa Marnier-Lapostolle en el valle de Colchagua con la emblemática variedad carmenère, cabernet sauvignon, merlot y un pequeño porcentaje de petit verdot. Este vino fue calificado por los críticos de Wine Spectator con 96 puntos y se vende en Estados Unidos por 75 dólares.

No es un chollo, desde luego, pero es más barato que el segundo de la lista, el bordelés Château Rauzan-Ségla 2005 (Margaux), que obtuvo en la cata un punto más (97), pero cuesta 100 dólares en ese mercado. Hete aquí un buen ejemplo de cómo influyen los diferentes criterios para elaborar este Top 100.

El resto del “podio” del Top 10 lo integran el portugués Quinta do Castro Reserva Old Vines 2005 (del Douro, en 3º posición), el Sauternes Château Guiraud 2005 (4º), dos tintos de Châteauneuf du Pape –Domaine du Vieux Télégraphe La Crau 2005 (5º) y Château de Beaucastel 2005 (8º)–, el Barolo Pio Cesare 2004 (6º), el bordelés Château Pontet-Canet 2005 (de Pauillac, 7º), el festivo shiraz australiano Carnival of Love 2007 (de la bodega Mollydooker, 9º) y el californiano Seghesio Zinfandel 2007 (de Sonoma County, 10º).

La presencia española tiene un cariz ligeramente decepcionante. Este año, sólo seis vinos aparecen en la lista (uno menos que en el top del 2007), y el primero que asoma lo hace en el puesto 34: Condado de Haza Crianza 2007. El año pasado, teníamos un español, Torre Muga 2007, en el 11º lugar. Aunque Muga puede estar conforme, porque repite con otro vino, el Muga Reserva 2004 (65º). También vuelve a aparecer un vino de la bodega riojana Lan –por lo visto, una de los favoritas de Wine Spectator–, el Lan Reserva 2004 (52º). Completan la representación española los tintos San Román 2004 (Toro, 36º) y Sierra Cantabria Crianza 2004 (Rioja, 71º) y el blanco Legado del Conde 2007, de Adegas Morgadío (Rias Baixas, 2007).

Una aportación paupérrima para una viticultura como la española, rica en excitantes novedades y marcas con magnífica relación precio-calidad que bien pueden hacer blanco en el famoso “factor X”. Pero probablemente estos vinos aún no llegan a las manos, paladares y narices de los especialistas del Wine Spectator.

Sirva esta reflexión como consuelo.  

Un restaurante intrépido… e inexistente

Lunes, 22 Septiembre 2008

Hace unas semanas, reseñaba en este blog la importancia del premio Award of Excellence, que entrega la prestigiosa revista estadounidense Wine Spectator y que este año recayó en siete españoles, entre 4.129 locales seleccionados en 14 países y 16 estados de EEUU.

Pues bien, en los últimos días se supo que uno de los restaurantes galardonados con este premio en Italia, L’Osteria L’Intrepido de Milán, no existe: es un invento del escritor de vinos Robin Goldstein, quien colgó en la web la supuesta carta del intrépido local –nunca mejor dicho– y pagó los 250 dólares que la revista exige a los establecimientos que quieren competir. Lo mejor de todo es que Goldstein fue aún más lejos: la carta de vinos del restaurante fantasma incluye los vinos peor valorados por Wine Spectator en los últimos 20 años. La intención de este catador no era otra que la de poner en entredicho la fiabilidad de los premios gastronómicos. Y vaya si lo ha conseguido. Tanto como para que Wine Spectator se viera obligada a explicar el desaguisado: “No visitamos cada uno de los restaurantes que se presentan a nuestros premios. Nos comprometemos a evaluar la carta de vinos, asumiendo que esa bodega existe”.

Lo que no explica la revista es por qué siempre ha asegurado que para entregar sus Award of Excellence contempla, además de la carta de vinos, otros factores, como la armonía con el menú, la calidad de los vinos ofertados, la variedad, procedencia, selección y presentación de los mismos. ¿Cómo es posible analizar todo esto sin visitar el establecimiento?

Pues sí, mister Goldstein, los premios gastronómicos han quedado en entredicho.

Las mejores mesas españolas (para beber)

Sbado, 6 Septiembre 2008

No todo el mundo elige el restaurante por lo que se sirve en los platos, por el ambiente o por el precio. Algunos también tenemos en cuenta especialmente el asunto líquido: nos gusta seleccionar los restaurantes por su carta de vinos. Finalmente, no hay nada más triste que acompañar un buen plato con un vino mediocre.

Por suerte, los enómanos empedernidos no estamos solos. La revista Wine Spectatorbiblia de la prensa vinícola estadounidense– publica en su número del mes de agosto una Dining Guide donde destaca los restaurantes del mundo que mejor tratan el vino. Entre un total de 4.129 locales seleccionados en 14 países y 16 estados de EEUU, hay siete españoles. 

El único de los españoles que obtiene la máxima calificación (el Best of Award of Excellence) es el cacereño Atrio, lo cual no es una novedad: el restaurante extremeño se mantiene en la cima desde el año 2003, con una selección de 2.750 marcas y una bodega de 38.500 botellas. En cambio, sí hay novedades en la segunda categoría, donde aparecen Adolfo (Toledo), con 1.950 referencias; Baby Beef Rubaiyat (Madrid), con 1.040; El Bohío (Illescas, Toledo), con 960; Lágrimas Negras (Madrid), con 715 y El Olivo (Deia, Mallorca), con 400.

Además del número de vinos, los críticos de Wine Spectator también observan otros factores: la armonía con el menú, la calidad de los vinos ofertados en la carta, la variedad, procedencia, selección y presentación de los mismos.

Argentina gana en el master del vino

Jueves, 3 Abril 2008

Aunque la España vinícola no deja de crecer –se acaba de confirmar la cifra récord en exportaciones durante el 2007: 1.833 millones de euros, con un incremento del 12,4% respecto al año anterior, según los datos de Federación Española del Vino (FEV)– muchos bodegueros se resisten a abandonar el tono lastimero en su discurso y otros tantos se ven obligados a beberse un buen pico de su producción, achacando sus males al impulso que han ganado los vinos del llamado Nuevo Mundo en los mercados internacionales.

MendozaYa se sabe: Chile, Australia, Argentina, Sudáfrica… La situación no es nueva, y además estos lamentos son los mismos que se escuchan entre los productores de otros países de larga raigambre vinícola, como Francia o Italia.
Como las quejas no van a frenar el impetuoso avance de las nuevas potencias vinícolas ni influir en la libre elección del consumidor a la hora de escoger entre un tinto español u otro australiano, lo mejor que pueden hacer estas magdalenas del vino es darse una vuelta por los viñedos del Nuevo Mundo, para comprobar lo que allí se cuece.

Hace unos días, sin ir más lejos, concluyó en Mendoza –la capital vinícola de Argentina– la segunda edición del Masters of Food & Wine South America, que organiza la cadena hotelera Park Hyatt a parir de una iniciativa similar que viene realizándose en los Estados Unidos hace 21 años, con la participación de la prestigiosa revista Wine Spectator.

En pocas palabras, el master es un encuentro de carácter hedonista, en el que participan tanto las bodegas locales como una larga serie de cocineros internacionales –este año, estuvieron la española Montse Estruch y el francés Nicolas Le Bec–, que ofrecen clases magistrales y catas temáticas. Aunque acuden enólogos, sumilleres y demás profesionales del vino, el master está orientado a satisfacer la curiosidad de un público pudiente, que viaja exclusivamente a Mendoza para alojarse en un hotel de lujo –el mismo Park Hyatt– probar los mejores vinos argentinos y comer en las bodegas menús de grandes chef, con el imponente marco de los Andes.

No es, desde luego, un encuentro masivo que vaya a recuperar la cuantiosa inversión con los aportes de las bodegas y las cuotas de inscripción. Pero sí un evento en el que todos ganan: las bodegas dan a conocer sus vinos, Park Hyatt obtiene una importante repercusión mediática –superior a la que obtendría con publicidad– y los visitantes viven unos días de pleno disfrute. Y aunque se trata de una iniciativa privada, el gran ganador del master es el vino argentino, que prosigue su difusión convirtiendo a todos los participantes en desinteresados “embajadores” de las bondades vinícolas del país.

¿Por qué no se puede realizar una acción similar en España? Desde luego, un master como este tendría un eco muy distinto al de tantos salones, ferias y congresos vinícolas que tanto interesan a los expertos pero que aburren inevitablemente al bebedor de a pie. Al fin y al cabo, nadie necesita un magisterio en un asunto donde lo que vale es el placer.