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Staycation, las vacaciones más caseras

He de confesar que no he perdido la esperanza de volver este verano al Hotel Abama, en Tenerife, ese objeto de deseo en forma de cinco estrellas GL donde la cadena Ritz-Carlton se esmera por mimar a los amantes de la buena vida. Y lo consigue. La atención al cliente más personalizada y con un toque de exclusividad se ha convertido en el paradigma del lujo, algo que en realidad no debería ser noticia, pero que lo es. Me comentaba el otro día su director, Pep Lozano, que los clientes no quieren otra cosa que sentirse cuidados, mimados y especiales. La verdad es que a todos nos priva sacar ese VIP que llevamos dentro (aunque sólo sea unos días en vacaciones).

Aunque prácticamente todos los hoteles de lujo han bajado tarifas este año y hay ofertas en todo el mundo casi tan buenas como las de Cancún sin necesidad de exponerse a ningún tipo de virus, antes de hacer mis planes de vacaciones he de consultar primero con mi hucha de cerdito (espero que no haya sido ningún pariente de mi pobre animalito famélico el que me haya transmitido la gripe, dicho sea de paso). Si el resultado de la investigación en las tripas del porcino de barro es desolador, quizá no pueda bañarme en una de las extraordinarias infinity pool del Abama, pero mi Plan B será igualmente cool. Porque este verano, pese a la crisis, la deflación, el paro, y demás maldiciones bíblicas que se ciernen sobre el capitalismo de consumo, nada de decir que nos quedamos en casa, que eso queda muy cutre. El palabro de moda para dejar caer en una conversación este verano no es otro que “staycation” (de stay y vacation, es decir de quedarse y vacaciones, explicación para los que no tienen los conocimientos políglotas de Esperanza Aguirre). La expresión no es nueva, según leo en la Wikipedia, tiene unos cinco años y su origen no era tanto la crisis económica como una actitud un tanto distante ante el ajetreo y estres que causan los viajes, los aeropuertos, etc.. o bien motivada por la consabida fiebre ecolo. Ya se sabe, para no contaminar, mejor quedarse en casa y promover el turismo local. Pero eso era en los años de las vacas gordas. Leo en el Newsweek un interesante reportaje sobre la staycation como tendencia vacacional derivada de la actual situación económica. Las previsiones nos son buenas para las economías dependientes del turismo, como la nuestra. Pero la cuestión es cambiar el chip y algunas ciudades europeas empiezan a orientar sus campañas de publicidad en materia de turismo hacia su propio público local. Lo ha hecho París y lo hará Berlín, con el objeto de dar a conocer su oferta cultural y otros atractivos urbanos. Así es que Gallardón, toma nota. Ya sabes, Madrid, en agosto, Badem Badem.

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2 respuestas a “Staycation, las vacaciones más caseras”

  1. Gato Dice:

    No, si nuestro querido alcalde ya lo hace: este verano, también, la ciudad despanzurrada, sucia, ruidosa y polvorienta: como para quedarse -igual que él, por cierto: se admiten apuestas sobre la singladura estival del yate de Fefé…

  2. Palmatum Dice:

    Curioso qué rápido nos adaptamos a la crisis: no solo no vamos de vacaciones, de repente el coche que está que se cae, pues con un lavadito y aspirado (casero) pues tira un par de añitos hasta que escampe. Se alquilan más videos que nunca y se va menos al cine. A la ropa se le da una segunda oportunidad. Y como esto dure mucho tiempo, uno se planteará para qué tanta clase particular de inglés, francés, baile, deportes varios a los niños, si en el fondo lo que les mola es esto del bloggear, que ellos llaman “tuenti”…

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