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El test del placer

Pues sí, en este planeta, nos gusta medirlo todo, ya lo observó el Principito. Hemos desarrollado toda clase de sistemas de pesas y medidas; tenemos todo tipo de índices de fertilidad, fecundidad, producto interior bruto, neto y mediopensionista, en definitiva, un sinfín de indicadores convencionales a los que se suman ahora enfoques novedosos. Desde hace tiempo vengo observando que la felicidad ocupa portadas en publicaciones donde antes ni siquiera era mencionada, como The Economist o Time. Pasado el boom de la inteligencia emocional, parece que llega la hora de hacerse una pregunta tan sencilla como evidente ¿Somos felices? El pequeño Reino de Bután ha establecido el índice de la Felicidad Nacional Bruta y una organización inglesa el Indice Internacional de la Felicidad (Happy Planet Index). Hemos relacionado tanto el dinero con la felicidad  que al revisar el resultados de estos baremos se nos rompen los esquemas. El Cociente Emotivo o emocional empieza a ser mencionado en informes junto al convencional Cociente Intelectual. La capacidad de asimilar conocimientos y comprender conceptos abstractos es importante, pero también lo es la capacidad individual para las emociones, los afectos y los sentimientos. En esta línea, me llama la atención un estudio de la Universidad de Leicester patrocinado por Magnum que ha desarrollado un test para medir el placer. Y es que ni todos tenemos un CI de 160 ni todos experimentamos los pequeños o grandes placeres  de la vida con la misma intensidad, es decir, cada uno tenemos un cociente de placer propio. El proyecto, dirigido por el profesor Alex Linley, director del Centro de Psicología Aplicada, pretende convertirse en el mayor estudio sobre el placer a nivel mundial, un campo sobre el que se ha investigado muy poco, segmentando información por países y detectando los placeres más normales y los más inusuales y sus relaciones con diferencias culturales y antropológicas. La victoria, el poder, el aplauso, el sexo, un helado en verano, una tarde de compras o en el spa…. El placer, como la felicidad, es subjetivo e inherente a cada persona pero yo le auguro un buen futuro a esta clase de iniciativas académicas que permiten cuantificar el placer que se experimenta en la vida y el potencial de cada individuo para disfrutar más. Sobre todo si, como es el caso, nos faciliten consejos personalizados para maximizarlos. (Aquí se puede participar en el test). En fin, si al soldado se le exige un mínimo de CI, y a la modelo cierto índice de masa corporal, tal vez llegará un día en que querramos saber qué tipo de capacidades emociales tienen más desarrolladas nuestros compañeros y cuáles son sus capacidades para disfrutar. ¡Y Dios nos libre del jefe permanentemente insatisfecho aunque se haya doctorado en Harvard!

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