Blogs

48 horas en Milán

Segundo mandamiento del decálogo cool: dejarse caer al menos un vez al año -preferiblemente dos- por Milán. Et voilá! He aquí un resumen un tanto apresurado de lo que ha dado de sí mi peregrinación al templo de las tendencias del diseño.

Efectivamente, y como dijo no recuerdo qué gran director: Italia es un país de buenos actores y si hay alguno malo, éste se dedica al cine. En este gran plató que es Milán, 48 horas dan para un buen largometraje. Paisaje, personaje y atrezzo de primera. Imposible ponerle título a la película (¿Milagro en Milán?, como aquel clásico del neorrealismo) En calidad de turista y sin necesidad de recurrir a ninguna acreditación como periodista, he visto en acción a Berlusconi en plena ”Fiesta de la libertad” (léase mítin); a su Eminenza el Cardenal Arzobispo de Milán, Tettamanzi (papable en su día), oficiando en un Duomo repleto de uniformados, en la misa del 150 Aniversario de la creación de la Guardia Urbana; a un montón de anónimas y escuálidas top models en las postrimerías de la Semana de la Moda de Milán comiendo media hoja de lechuga en el sushi bar de La Rinascente. Anónimas y no tanto. ¿Será posible que en el plazo de tres semanas haya visto en dos ocasiones a Naomi Campbell en dos ciudades distintas y por casualidad? Esta vez  no ha sido en el Cipriani, sino en el Bulgari Hotel, otro resort que es una auténtica joya a tiro de piedra de Montenapoleone. 

Como no podía ser de otra manera, aproveché para ver algún hotel que otro. Maison Moschino abrió hace unos meses en la antigua estación de tren que unía Milán con Monza. Interesante y divertido. Lleno en la Fashion Week. Finalmente me alojé en el NH Touring, excelente relación calidad-precio y muy bien situado. Buen ambiente urbanita cool y fauna fashion sin caer en excesos. Para bolsillos con más poderío y logo-victims pronto abrirá el Hotel Armani. Visité la tienda y el café. Nada que resaltar, excepto la interesante librería junto al Café Armani, dentro del complejo, dedicada al diseño y a la moda. Si en la época de Coco Chanel, las grandes firmas de moda comenzaron a explotar el filón de la perfumería, ahora es el turno de los cafés, hoteles y “sitios de experiencias”. En Milán convive el logo a gogo de las grandes marcas con exquistios establecimientos pequeños, tan creativos como recónditos, que merece la pena visitar en calles como Via Brera o el barrio de los antiguos canales. Y lo mejor de todo es que uno puede encontrarse a la vuelta de la esquina con una tienda como Skitsch, con todas esos diseños alucinantes de los que tanto hablo en este blog. Pero esta vez, sí, los he visto en vivo y en directo. Como la fantástica bicicleta estática Ciclotte, de Luca Schiappati…. diré que tomen nota en mi centro de rehabilitación. Por de pronto, me compré un paraguas asimétrico del que hablé en una ocasión y cuya forma permite que puedas ver por delante y que no te mojes por detrás. Y como broche final: la visita al templo de los templos, 10 Corso Como. Alucinante, naturalmente. Lástima que exploten tanto su propio brand…. lleva camino de dejar de ser tan cool.  

Comparte este post:
  • Meneame
  • Digg
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google

Deja tu comentario