Blogs

Archivo de Noviembre, 2010

Blanca Navidad

Lunes, 29 Noviembre 2010

El título del post (precisamente hoy) no va con segundas. De hecho, chez Vilches hay merengues y cules, como ya he comentado en alguna otra ocasión. El caso es que hoy me ha llegado el espíritu de blanca Navidad porque he recibido del chocolatero más cool y en rigurosa primicia, su felicitación para estas fiestas. Y ya se sabe que Pancracio, lo hace todo, blanco, blanco. Este año, Pedro Álvarez se ha inspirado en las viejas viñetas del New Yorker. Como siempre, da muestras de su exquisito buen gusto.

Y hablando de buen gusto y felicitaciones, este blog da la enhorabuena, naturalmente, a Ramón Freixa (nuestro cocinero preferido) por su segunda y merecida estrella Michelin. Porque como ya hemos dicho en otras ocasiones, no sólo cocina maravillosamente y es una persona encantadora, sino que además lleva la chaquetilla de chef más cool que he visto en mi vida. Blanca naturalmente.   

Galeries Lafayette abrirán en Pekin

Mircoles, 24 Noviembre 2010

Esta noticia puede parecer baladí con la que está cayendo en Irlanda, los mercados, las Coreas y demás…. O quizá no lo sea tanto. Desde que oí a un Premio Nobel de Economía decir que parte de la actual crisis financiera se debe al exceso de ahorro de los chinos, estas noticias me las tomo de otra manera. ¿Y qué mejor para alentar el consumo amarillo que sembrar en Navidad la Plaza de Tiananmen con lucecitas de colores (rojas, preferiblemente)?, ¿Qué mejor medida de reajuste económico global que el emergente desembarco de buques insignia del shopping occidental como Ikea o Galeries Lafayette? Los grandes almacenes parisinos abrirán en Beijing en 2014, gracias a una joint venture con una empresa de Hong Kong. Y luego vendrán otras ciudades. Lo dicho en otro post: Háohuá! Y olvidémonos del G-20, el Fondo Monetario Internacional y los planes de rescate.

Pardons y otras criaturas

Domingo, 21 Noviembre 2010

Hacía tiempo que no escribía una de esas palabras que dejar caer en una conversación cool. Así es que, ahí va una: Pardons. Y no, no es ningún plural para excusarse en la lengua de Sarkozy, sino un “neologismo” que refleja el creciente número de urbanitas que reparte su vida entre Paris y London: voila los ”Par-dons”. Según leo en la prensa inglesa, el número de “ultra-frequent commuters” entre ambas capitales ha subido de forma espectacular en el último año. Razones de trabajo, académicas, personales y de pareja, o simplemente, el interés por disfrutar de forma asidua de lo mejor de ambas ciudades, están detrás de un fenómeno que, en España, se puede encontar en gente que vive a golpe de puente aéreo entre Madrid y Barcelona o de AVE entre Madrid y Sevilla. Y conozco unos cuantos. Durante un vuelo de Madrid a Lisboa, mi compañero de asiento me comentó que repartía su vida entre ambas capitales semanalmente y que cada vez había más profesionales en su caso. Le podríamos incluir en la categoría de Madboas…. Su empresa le destinó a Portugal, allí compró una casa y echó raices. Al cabo de unos años, le ”repatriaron” a España. Hizo números: con los vuelos low-cost y las ventajas del tele-trabajo, prefirió conservar su casita en Cascais y disfrutar de la calidad de vida del litoral luso de jueves a lunes y vivir en Madrid el resto de la semana. Entonces me pareció un planteamiento de vida un tanto complicado. Luego conocí al arquitecto Shigeru Ban y me explicó lo sencillo, interesante y enriquecedor que le resultaba vivir a caballo entre entre Paris y Tokio. Tras lo cual, esta pandilla emergente de “euro-commuters” me resultó casi, casi provinciana.   

Te escucho ergo apago mi iPhone

Jueves, 18 Noviembre 2010

El otro día comí con un persona que, entre bocado y bocado,  no dejó de chequear ni un segundo su BlackBerry (bien apodada “crackberry”, dicho sea de paso), incluso llegó a contestar unos cuantos e-mails. Y no, el teléfono no era rojo ni estábamos en medio de la crisis de Bahía Cochinos. Afortundamente no era fumador ni de cohibas ni de cigarrillos, porque sino, además de lo dicho, hubiera abandonabo el comedor entre plato y plato para echar un pitillito, como luego me sucedió con otros comensales en una cena de trabajo. Fantástico. Por eso he pensado en este estupendo complemento como regalo de Navidad para algunos de mis colegas-jefes-conocidos-clientes….. Esto si que es una prenda inteligente y no los tejidos ergo-ciber-futuristas que fabrican para los uniformes de las fuerzas especiales de la US Army.

Cocinando con Santi Santamaría

Martes, 16 Noviembre 2010

Ayer soñé no que volvía a Manderley, sino con otros fuegos más exquisitos, creativos y menos peligrosos. Ayer soñé que cocinaba con Santi Santamaría, porque de hecho fue lo que hice unas horas antes y se conoce que la cosa me causó tanta impresión que luego lo rememoré en estado de vigilia, eso sí, con alguna variante interesada: era yo y no él la que daba masajes al hígado de pato sin “asustarle”, le extraía con singular destreza las venas y los nervios, lo condimentaba como pimienta mignonette, lo marinaba con armagnac… Vaya por delante que mis conocimientos de cocina son nulos, lo que parece confirmar de nuevo las teorías de Freud. Hace tiempo hice un curso de cocina al microondas y desde entonces el señor Vilches presume de que ahora se algo de electricidad. Ayer tampoco creo que aprendiera mucho, no por falta de capacidad pedagógica del chef catalán con siete estrellas Michelin , sino por mi nula aptitud para convertirme algún día en un cordon bleu. Y como dijo ayer Santamaría, “la cocina no tiene demasiado mérito: hay que tener el don y luego practicarlo”. Pues eso: ni lo tengo ni lo practico.

Ayer se clausuró el ciclo “Conversación y cocina” con una clase magistral-taller dedica al foie. Las sesiones, organizadas por NH, pues Santi Santamaría es el responsable de los restaurantes Santceloni y Evo, en sendos hoteles Hesperia en Madrid y Barcelona, se han venido desarrollando en ambas ciudades a lo largo del año. Y el año que viene habrá más. Un grupo reducido y variopinto de hombres y mujeres seguía la clase con atención, casi sin pestañear. Algunos ejecutivos trajeados y jóvenes aprendices en vaqueros tomaban buena nota sobre cómo desenervar un hígado. Le comenté a una joven colega soltera allí presente que sin duda éste era un buen sitio para buscar marido. Un cocinitas capaz de preparar para la cena de fin de año una deliciosa terrina de foie de pato es sin duda un partidazo… En definitiva, lo pasamos muy bien y la cena posterior nos supo a gloria.

Afortunadamente el chef de Santceloni no se dedica a contar chistes malos mientras oficia, sino a responder a las preguntas de sus entregados “pupilos” y a reflexionar sobre cuestiones variadas e interesantes. Al hilo de la frase de que los cocineros “tienen que cocinar con las manos” se planteó la eterna cuestión sobre las relaciones entre lo físico y lo intelecual, la mente y nuestras extremidades superiores. Nos recomendó dos libros al respecto: “La mano”, de Frank Wilson y “El artesano”, de Richard Sennet. La cosa me recordó a Felipe González y su “necesidad vital” de trabajar tallando sus célebres pedruscos. También a mi amigo y colega Alvaro Castro, que dos veces por semana se llena los dedos de barro junto a un torno… y quizá en ello esté el secreto de sus excelentes crónicas. Conforme avance la sociedad digital y sus enemigos, tal vez se cree algún tipo de “gimnasio” donde los e-ejecutivos hagan figuritas de plastilina. O de mazapán

En definitiva, me pareció que Santi Santamaría está en la onda. Primero había que ir a comer a un buen restaurante. Luego había que estar entre bastidores y se inventó el emplazamiento más cool:  “la mesa del chef”, dentro de la propia cocina. Luego surgieron los talleres ocasionales con los grandes maestros en el backstage de sus santos santorums. Y, finalmente, los starchefs dejan sus fogones, abren pop ups en lugares inesperados y allí imparten a un exclusivo grupo de aprendices magia, oficio y conversación, mano y mente… Santi Santamaría ha hecho lo propio este año en medio de Mercamadrid y Mercabarna, entre otros. El año que viene volverá con nuevas sorpresas y no menos originales ubicaciones… Quizá para entonces yo ya haya aprendido a comprar un higado de oca de la forma fetén: fijarse en sus andares y deducir si está fresca como una lechuga o ha estado media vida comiendo piensos compuestos elaborados con restos de otros animales… Casi nada, querido chef.

Háohuá

Jueves, 11 Noviembre 2010

 

Algún día no demasiado lejano, tendremos incorporado un aparatito en la laringe de tal modo que hablaremos nuestro propio idioma pero nuestro interlocutor nos escuchará en su lengua materna. No, no es ciencia ficción, leí hace tiempo en Wired un reportaje al respecto sobre un prototipo que utilizan ya en la US Army y que será muy útil en las misiones del futuro compuestas por contingentes de tantos países. Mientras tanto, lo mejor es aprender el lenguaje que hablan los poderosos. Me ha llamado la atención en Florencia la cantidad de asiáticos que trabajan en las tiendas de lujo. Japoneses, supongo… ¿o tal vez chinos? En Galerías Lafayette pude comprobar hace poco que ya tienen sus célebres mapas de Paris impresos en chino y que han incorporado empleadas de esta nacionalidad a sus departamentos más lujosos. Hermes acaba de lanzar una nueva marca, Shang Xia, orientada a este prometedor mercado oriental, convertido ahora en la gran esperanza para la industria del lujo. El Museo de Arte Contemporáneo de Shanghai celebrará próximamente una macro exposición sobre Coco Chanel y a nadie se le escapa que la muestra es una estrategia de la marca para posicionarse entre los potenciales consumidores locales. No deja de sorprender que el gigante comunista sea visto ahora como la tabla de salvación de los productos “high end” europeos. Lujo se dice en chino háohuá (transcripción fonética, más o menos) y la verdad es que la palabra suena justamente a jauja, que es precisamente lo que las marcas del viejo continente esperan encontrar en el paraiso amarillo.

Durmiendo con Brunelleschi

Lunes, 8 Noviembre 2010

La gente muy viajada hace cosas extrañas. Se le llama turismo experimental y lleva ya unos años funcionando. La idea consiste, básicamente, en salirse de las rutas establecidas, los parajes plagados de guías y japoneses ojipláticos cargados de cámaras y dejarse sorprender por lugares sin interés “oficial”. Lo inesperado es un valor en alza en la economía de la experiencia. Una de las opciones que más me atraen de las que propone el padre oficial del invento, el periodista Joël Henry, es practicar el “double-travel”, es decir, visitar aquellos lugares cuyo nombre se repite: Pago Pago, Baden Baden, Mala Mala… (por cierto, he averiguado que se llaman oficialmente topónimos-eco y hay unos cuantos). Con esta lógica -que no estoy segura si alguien la ha seguido pero que suena muy cool- podría estar ahora en Bora Bora (lo que suena fantástico) o en Boom-Boom Room (la discoteca de las celebrities en Nueva York). Ahora bien, ¿qué hago yo en Sing Sing, Pela Pela,  Tin Tin, Zapo Zapo o Walla Walla pudiendo estar en Florencia? Et voilá! Es cierto que hay unos cuantos turistas en la Plaza de la Señoría, pero no por eso uno va a dejar de disfrutar de esta joya universal. Nada nuevo en la ciudad toscana, excepto lo antiguo, afortunadamente. El motivo de mi viaje es la presentación en sociedad de uno de los “alberghi” más antiguos de Italia, la Locanda del Cammello, que vuelve a la vida tras una cuidada restauración en forma de NH Porta Rossa. Hace poco estuve en Venecia visitanto lo último de Philippe Starck en la ciudad de los canales, Palazzina Grassi, y he de decir que no me convenció. Quizá a un decorado clásico, le va más un hotel clásico. Y éste es el caso. Lo mejor del hotel, increíblemente bien situado en medio del casco histórico, es la Torre Monalda, del siglo XIII igual que el resto del edificio. En ella se acaba de abrir la mejor suite del Porta Rossa y probablemente una de las mejores de Florencia. Con ventanas en sus cuatro gruesas paredes de piedra y una altura de 51 metros, sus vistas son inmejorables. De tal modo, que recostado en la cama se disfruta de la sensacional cúpula de Brunelleschi del Duomo, del Palazzo Vecchio, del Palazzo Pitti, de los extraordinarios campaniles, palacios, fachadas… Renacimiento en estado puro.  Un buen lugar para leer ”Una habitación con vistas” o mejor todavía, para, con permiso del diario inglés al que le cogí el título, escribir una crónica que se llame “A view with a room”. 

Chicles, códigos QR y Twitter

Martes, 2 Noviembre 2010

En una reciente conferencia de innovación tecnológica, un joven programador ha presentado un prototipo de máquina de bolitas de chicle que permite el pago a través del teléfono móvil. El invento utiliza el sistema PayPal, códigos QR (una especie de cógido de barras bidimensional muy popular en Japón), un móvil 3D con cámara y Twitter. La verdad es que la cosa parece muy complicada teniendo en cuenta que antes el proceso se limitaba a introducir un monedita por una pequeña ranura y girar una especie de llave que se atascaba con frecuencia y que, en realidad, nos fascinaba. Era casi más divertido tratar de obtener la bolita de chicle que masticar la -generalmente dura- golosina.

Quizá los jóvenes de hoy encuentren precisamente divertido todo eso y quizá lo sea. Pero también detrás de todos estos ingeniosos prototipos hay “big business”. El llamado “mobile money” me parece una de las grandes tendencias en el ámbito del consumo futuro, aunque lo cierto es que el móvil no termina de despegar como medio de pago directo. Tiempo al tiempo. En 2011 se calcula que 37.000 millones de transacciones financieras se realizarán por medio de dispositivos móviles, el llamado “mobile money” o m-money está revolucionado las finanzas en Africa, donde no existe el modelo de banca comercial (es decir, basado en sucursales) que tenemos aquí. Las alianzas estrategias entre los sectores financieros y tecnológicos (como Visa y iPhone) dan idea de por donde van los tiros. En definitiva, yo estoy deseando que el prototipo japonés de los chicles deje de ser precisamente un prototipo. Y plantarme fascinada delante de esa máquina de cabeza de cristal transparente llena de bolitas de colores y darle a un botón de mi móvil a ver qué pasa… Igual hasta se atasca.