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En las habitaciones del Kaiser

Domingo, 2 Mayo 2010

Estos día se habla mucho de la apertura del primer hotel Armani en Dubai, una “joint venture” de logo de luxe y petrodolares que sin duda funcionará muy bien como reclamo, especialmente entre las nuevas fortunas de Rusia y Asia. Aunque personalmente no soy partidaria de esta clase de alianzas con buenas dosis de marketing, a veces reportan muy agradables sorpresas si se hacen con mesura y “comme il fault”. Es el caso del Schlosshotel en Grünewald, que he aprovechado para visitar durante mi escapada a Berlín. El hotel, un espléndido palacete de principios del siglo XX decorado por Karl Lagerfeld en la década de los noventa, fue adquirido hace cinco años por el veterano hotelero español Joaquín Ausejo como germen de la cadena de hoteles-boutique urbanos de lujo Alma Hotels. (La cadena está de actualidad porque acaba de abrir en Sevilla el Palacio de Villapanés y prepara aperturas inminentes en Pamplona y Barcelona). Pero volvamos a Berlín. El equipo de Ausejo ha rebajado un poco el tono excesivamente barroco que el kaiser de la moda imprimió al palacete y ha añadido toques de diseño contemporáneo. El resultado es soberbio: elegante, acogedor y con este punto de disseny que parece ser está en las señas de identidad de Alma.

Cuando acometió el interiorismo del Scholls, el director creativo de Chanel se reservó unos “aposentos” para su uso y disfrute durante sus estancias en la capital alemana y que decoró más a su antojo. Sin llegar a ser la mítica habitación de Coco en el Ritz de Paris, la suite hace las delicias de los mitómanos y amantes de la moda, así como de cuantos puedan permitirse el capricho de alojarse en ella, abierta para los huéspedes del hotel la mayor parte del año. Es lo que podríamos llamar una suite de autor, concebida como un apartamento dentro del hotel y llena de carácter, una tendencia que veo en alza. Con personalidad: o la amas o la detestas. Me llamó la atención el impresionante cuarto de baño totalmente retro con azulejos de porcelana de Limoges color aguamarina,  una auténtica joya. La suite está decorada con fotografías realizadas por el propio diseñador (otra de sus grandes aficiones), muebles del primer propietario del palacio, Walter von Pannawitz, abogado y hombre de confianza de Guillermo II (por lo que se ve, todo queda entre “kaisers”) retratos y fotografias de sus antiores propietarios y otros detalles que contibuyen a transmitir esa peculiar sensación de “estar en un hotel sin estarlo”, que es a lo que ahora aspiran los viajeros más sofisticados. Inolvidable.

Nota a pie. Lo bueno de los hoteles de lujo es que uno puede disfrutarlos por pocos euros. Muchas veces merece la pena tomarse un café o una copa en sus espléndidos salones y practicar el deporte preferido de Ferrán Adriá: observar a la gente. Y me pareció que el Scholls es uno de esos sitios llenos de historias -pasadas y presentes- por contar.