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Desayuno en Bang&Olufsen

Sbado, 26 Abril 2008

Algo está cambiando en la trinchera femenina cuando tres de cada cuatro mujeres prefieren un monitor de plasma a un diamante como regalo, según se desprende de una encuesta reciente sobre las preferencias de consumo de los más jóvenes.

La versión contemporánea de Desayuno en Tiffany’s no podría arrancar ya en la mítica joyería neoyorkina, sino en una de esas tiendas de Bang&Olufsen donde, efectivamente y como escribiría Truman Capote, da la sensación de que dentro nunca podría pasar nada malo. En el revival, (por favor, no se atrevan a hacerlo), Audrey tendría que pegar su linda naricita no ya al cristal de la mítica joyería neoyorquina sino tal vez a uno de esos cuidados establecimientos de la firma danesa o quizá al cristal de la magnífica tienda de Appel de la Quinta Avenida, ese cubo transparente que hace las delicias de los geeks de todo el mundo sin distinción de sexo. Con su croissant y su café, tras una noche loca, trataría de huir del vacío de los días grises soñando con el plasma de 24 kilates. En su interior, tal vez no huela a plata ni a cartera de piel de cocodrilo, pero se respira un aroma de refinamiento tecnológico muy del gusto de la Eva del siglo XXI.

Este viraje fundamental podría hacer cambiar todo el concepto de regalo de compromiso, de aniversario, incluso los iconos del romanticismo de los tiempos futuros. “Cariño, cierra los ojos, tengo algo para ti”, y te planta un pedrusco digno de la Reina Victoria cuando en realidad lo que una quiere es un de esos equipos de música que sólo con mirarlos ya te crees que estás en la Sala Dorada de Viena; uno de esos iBook que te hacen olvidarte de ese par de Manolos dignos de Sarko.

Es cierto que los diamantes son para siempre, pero qué importa eso a la generación cortoplacista criada en el tiempo real, incubada en la cultura Messenger y el “must have” de la temporada. El plasma de 24 kilates cotiza al alza en la economía de la experiencia y deja atrás a las viejas divas enamoradas de los diamantes. Bueno, a todas no, porque Audrey es para siempre.