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¡Que siga la jarana!

Acabo de llegar al centro de emisiones de Johannesburgo aterido de frío; pensaréis que esto es Sudáfrica, pero es que el día ha amanecido con cuatro grados de temperatura y fuertes rachas de viento huracanado. Así pinta la jornada en la que me voy a  cubrir el Brasil – Corea del Norte. Sí, sé que el partido no es muy apetecible porque los brasileños hacen de todo menos jugar bien, y de los norcoreanos ha salido un tal Jong Tae-se diciendo que pueden ganar y que él, personalmente, se parece a Wayne Rooney y Didier Drogba, ¡toma ya! Aunque, pensándolo bien, a veces también me he gustado tanto como José María García o Matías Prats. Por imaginar, que no quede.

Estoy un poco ansioso porque entre en liza España; más que nada, para ver si me divierto con algún partido. Por el momento, me he tragado tostones abominables como el Japón-Camerún o el Argelia – Eslovenia…y los que todavía faltan. Pero, aparte de nuestra selección, me apetece que vuelva a jugar Sudáfrica para vivir otra fiesta tumultuaria, con la gente histérica soplando las dichosas vuvuzelas desde el amanecer. La trompetita tiene gracia un rato, pero los sudafricanos nos van a dar ración de soplidos para un mes. Con razón hay mercadillos ambulantes en las carreteras en las que el stock de tapones para los oídos se agota continuamente.

Otros que han montado un buen jaleo en el IBC son los brasileños. He contado hasta una veintena de teles y radios que siguen a la ‘canarinha’. Tampoco me extraña porque allí, en Brasil, les va la vida con su selección. Si Johannesburgo es una jarana permanente, Río no le debe andar a la zaga. Ya os contaré mañana cómo me las arreglo esta noche para intentar ‘incordiar’ a Kaká, Dani Alves o Luis Fabiano. Me han informado que centenares de periodistas se han acreditado para el debut de Brasil; quizá pueda engañar a alguien en el estadio para que me consiga una entrevista en exclusiva. Difícil, ¿verdad?

¡Ah!, se me olvidaba: esta mañana en el hotel, cuando estaba esperando al ascensor en el descansillo de mi segunda planta, he empezado a oír cánticos tribales. Una vez en el ascensor el ruido se acrecentaba hasta que he aparecido en la recepción y todo el servicio de empleados amenizaba a los huéspedes con cánticos y palmas. Me dicen que lo hacen varias veces a la semana, así que para la próxima lo grabaré en vídeo para que lo podáis ver en Ecodiario. Sinceramente, me gusta mucho el ánimo de esta gente, deslumbrada por el acontecimiento que la FIFA les ha servido. Lo están aprovechando bien; saben que pueden pasar décadas hasta que el mundo vuelva a prestarles atención.

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