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El cortejo descomunal

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Son las doce menos cuarto de la noche y todavía sigo tecleando en mi ordenador del IBC. Hoy no ha sucedido nada fascinante, pero se me olvidó contaros que esta semana estuve en el Brasil-Corea del Norte. El partido en sí no tuvo mucho misterio, pero insistí en ir porque quería pisar el mítico Ellis Park. Bueno, tampoco os voy a mentir: el verdadero campo, donde los springbocks vencieron contra todo pronóstico a la todopoderosa Nueva Zelanda de Jonah Lomu en la Copa del Mundo de rugby de 1995, se ha quedado en reliquia. Ni siquiera eso, ahora es un ‘campucho’ que pisotea cualquier transeúnte de la ciudad. El nuevo Ellis es un estadio cualquiera, sin más.

La selección brasileña arrastra un cortejo descomunal allá donde va; no exagero si calculo un número de periodistas de entre trescientos y cuatrocientos para cada partido, ¡qué barbaridad! Inmediatamente después del pitido final, unos cuantos españoles salimos pitando a la zona mixta (la sala en la que los jugadores son entrevistados por los medios) para agarrar literalmente a algún protagonista. La espera fue pesada y los nervios me atenazaron hasta tal punto que ya no podía enchufar la grabadora. Entonces, salió Julio César a la palestra y una marabunta de micrófonos engulló al portero. La espeluznante imagen me pilló a varios metros; ya me podía olvidar de entrevistar a alguien en exclusiva.

Pero he aquí que tuve suerte y pude atrapar a Dani Alves justo en un momento en el que nadie le incordiaba. Aunque, claro, fueron tres preguntas rápidas, respuestas aún más cortas, y cuando le quise pedir opinión sobre Sandro Rosell, su jefe de prensa me apartó el micrófono. Ya no recordaba cómo se las gastaba la corte de aduladores, amiguetes y demás ‘asesores’ que se encargan de exprimir la imagen de los cracks del baloncito. Total, que con tres tonterías de Alves grabadas, me fui a por Felipe Melo, otro titular indiscutible que pasó por España sin pena ni gloria.

Ahora viene el clímax (naturalmente, lo tenía que dejar para el final): el gran Kaká, el fracaso más sonado de la Liga, todavía es el más mediático de su selección. Por supuesto, tuvo que atender mil y una entrevistas hasta que me cayó mi oportunidad. Grité a Kaká al oído y le supliqué un par de declaraciones para todo Madrid. Fue escuchar ‘Madrid’ y el tío se acercó a mí sin refunfuñar. Rodeado de otros presentadores, conseguí preguntarle cuatro veces consecutivas; así que ya tenía mi entrevista. Tampoco dijo nada fascinante, como la mayoría de futbolistas, pero me pude colgar una medallita de la que podré fardar…no sé cuándo.

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2 respuestas a “El cortejo descomunal”

  1. Toni pirulas dice:

    si sabes cuando podrás fardar…ya lo estás haciendo! un abrazo y ponte abrigo, que allí parece que se necesita

  2. kopese dice:

    ¡¡Cuelga alguna foto de las periodistas extranjeras para que las veamos!!

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