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Archivo de Junio, 2010

¡¡Porque esto es África!!

Viernes, 11 Junio 2010

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Terminé el trabajo entre bambalinas y me puse el esmoquin de gala, ya tocaba que empezara la función. El estadio Soccer City, muy cerquita de mi centro de operaciones, abrió sus puertas para dar el pistoletazo de salida al mundial en que se concitan por primera vez todos los campeones del mundo. Y se ha notado que Johannesburgo ha vivido el prólogo de una fiesta apasionante. Desde la mañana, cientos de miles de vuvuzelas han atronado sin cesar por todos los rincones de la ciudad; no es para menos, el mundo entero ha escudriñado a Johannesburgo para darles su aprobación.

Ciertamente Johannesburgo se lo ha montado bien. Cuando esta mañana venía al IBC (International Broadcasting Center) en el autobús de la prensa, me he cerciorado que el Mundial no se vive igual aquí que en Europa. La población está sobreexcitada por la bonita oportunidad que les ha concedido Joseph Blatter. La selección sudafricana ha despertado un interés inusitado que seguramente apabullaría a las ganas de Mundial de otros países, incluido España. No me imagino las calles de Madrid abarrotadas de aficionados a primera hora de la mañana y sin pausa hasta la noche, animando y encandilando a los turistas. Ellos lo han conseguido; han aparcado (que no olvidado) sus graves y dilatados problemas sociales y económicos, y se han entregado a la fiesta. En serio, sé que es imposible ponerme en su lugar, con todo el trasfondo que ello implica, pero sí que he intuido la jovialidad con la que van a colorear cada día de competición. Desde que empecé a cogerle gustillo a esto del fútbol y por lo que me han contado compañeros que han cubierto otros mundiales, jamás había percibido tanta algarabía en masa. Los sudafricanos, por lo menos los de Johannesburgo, conciben el Mundial como si pudiese cambiar sus vidas. Es peligroso, pero te hace esbozar una sonrisa.

Pero sonrisa, irónica en este caso, la del guardaespaldas de Shakira. Esta mañana se ha dado una vuelta por el centro de emisiones porque debía conceder unas entrevistas programadas con anterioridad. Así que me he ido decidido con mi compi Isaac Fouto a sacarle un saludo. Claro, intentar hablar con una superestrella se las trae: hemos podido sortear al primer vigilante porque el hombre se ha hartado de nosotros y no quería aguantar más barrila. A continuación llegaba lo gordo: un sudafricano controlaba quien estaba autorizado para subir al plató donde estaba la cantante colombiana. Le hemos podido sobornar con un simple grito de ‘¡Bafana, Bafana! Y cuando habíamos enchufado la grabadora para robarle un ‘hola’ a Shakira (y por qué no un beso), ha aparecido el guardaespaldas personal y nos ha mandado a casa con un simple gesto. No ha hecho falta que dijera nada, su sola presencia lo decía todo. En fin, nos hemos cansado de repetirle hasta la saciedad que sólo queríamos un saludo de Shakira para la COPE y para toda España. Quizá si hubiésemos venido con un regalito, como el resto de medios que habían concertado el encuentro, el guardaespaldas no nos habría acojonado. Lo siento, amigos, pero no os preocupéis que vendrán más celebrities.

Tierra de oportunidades

Jueves, 10 Junio 2010

La cita que podéis leer en el cabecero del blog Objetivo Sudáfrica la descubrí durante el vuelo que me trajo a esta tierra de oportunidades. La genial frase la he sacado de Gary Jennings y su fascinante Viajeros, una oda al infatigable espíritu aventurero de Marco Polo; sin duda, os la recomiendo, porque dan ganas de echarse la maleta a cuestas y ver qué depara el mundo. Pero aludo a Sudáfrica como una tierra de oportunidades porque atina más o menos con lo que el país quiere reivindicar al mundo. Irlandeses, italianos y demás inmigrantes de ese lado del Atlántico se obsesionaron hace un siglo con América, por entonces la verdadera tierra de oportunidades, o así se creía entonces. Hoy ya es 2010 y Sudáfrica quiere explotar el apelativo para con su gente, la que hoy lo necesita.

Johannesburgo va a ser mi hábitat de trabajo durante los próximos cuarenta días. Es una ciudad curiosa porque asoma infraestructuras impresionantes con suburbios de gente negra que se hacinan en la periferia. Tal contraste no se disimula por el día ni por la noche: ricos y pobres conviven en una urbe que ya se sobreexcitó hace quince años, cuando Nelson Mandela solidarizó a todo un pueblo en torno a un balón de rugby. Entonces, Sudáfrica expuso al mundo un Mundial (de rugby) inolvidable. Década y media después,  la FIFA ha querido dar otra oportunidad a África para demostrar que aquí también se puede entender al occidentalismo. Me ha encandilado observar desde un autobús como se agolpaba la gente en las calles con sus  vuvuzelas (trompetas muy ruidosas, demasiado para mi gusto) para proclamar la venida del Mundial. Precisamente, este miércoles ha sido el día de la selección anfitriona, apodada Bafana Bafana. Sus hinchas han sincronizado manifestaciones por toda la ciudad a las doce del mediodía para saludar al fútbol, otro más de los protagonistas concitados aquí este verano.

Porque Sudáfrica 2010 no es sólo una Copa del Mundo, es la máxima expresión de una cultura lejana(para mí, al menos); es la llamada de atención de un país con el que Mandela ha dado ejemplo a la ONU y, finalmente, la reválida de un país y por ende un continente a los que se les puede fiar un acontecimiento de tan vastas dimensiones.

Hoy comienza mi segundo día recluido en el Centro de Emisiones. Nunca había visto una colmena de estudios de televisión y radio tan desmesurada como ésta. Miles de periodistas de todos los continentes (bueno, creo que de la Antártida no ha venido nadie) comparten espacio y se exprimen diariamente para narrar los partidos y escudriñar la actitud de nuestros anfitriones. Por el momento, sólo puedo hablar de una hospitalidad exagerada; ni una mala cara, ni un gesto enfurruñado. La llegada ha sido una bienvenida complaciente. La gente no ha olvidado su dudoso pasado y el duro presente; pero estos días se están volcando con lo que puede ser la bisagra a un estado de bienestar más agraciado. Que así sea.