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Estoy en deuda con Sudáfrica 2010

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No sé por dónde empezar: contaros aquello de que aún estoy excitado, exaltado o en cualquier estado de ‘subidón’ no tiene mucha gracia porque intuyo que todos flipamos con la grandiosa victoria de anoche. En este preciso momento, tecleo desde la habitación de mi hotel de Johannesburgo cualquier tontería que se me pasa por la mente; ha sido un  sueño del que mi compi Edu me hizo despertar de sopetón (la foto es bastante explícita). Mi centro de trabajo ya es historia; lo desmontamos de arriba abajo durante la pasada madrugada porque este mediodía la empresa de logística se encargará de recoger los embalajes y llevarlos a Madrid. Mientras recogíamos los ordenadores, equipos electrónicos y todo el material de oficina (por cierto, ¿alguien quiere un par de tonners de impresora?), la FIFA se portó como nunca y nos brindó una amable fiestecilla en el patio central del IBC, por donde miles de periodistas han transitado durante todo el mes de competición.

Miles de litros de cerveza, kilos de carne de ternera y sacos gigantes de patatas fritas fueron engullidos en poco más de dos horas al ritmo autóctono del waka waka. Hasta hubo un grupillo musical que se molestó en interpretar la canción en varias versiones diferentes. Fue divertido.

Este mediodía volveré para cerrar con logística el tema del equipamiento y por la tarde me iré de compras por la ciudad, al tiempo que estaré pendiente del teléfono por los fastos que Madrid ha preparado a los héroes. ¡Por fin unos días de ocio sin fútbol metido por succión! Aquí he comprendido que me apasiona el Mundial, y más desde dentro, pero también saturan sesenta y cuatro partidos en un mes…imaginaos los tostones que he tenido que cubrir.

El domingo por la mañana volví  al gigantesco barrio de Soweto; quizá me quedé fascinado por su sencillez y por esa folclore que desafortunadamente arrastra desde los tiempos del apartheid. Es obvio que sus residentes olvidaron este mes aquellos infaustos recuerdos, ahora tocaba su Mundial y a ello se amoldaron. Tanto es así que no  les importa mezclar fútbol y religión: Lauren, vecino de Soweto, me confesó que habían rezado por los Bafana Bafana hasta con vuvuzelas. Quizá ése fuese el fallo, el estridente sonido de las trompetitas que marea hasta el de más arriba. Total, que la selección sudafricana no ha llegado muy lejos en su torneo.

Y como en toda despedida, yo también me he dicho adiós a gente a la que he cogido cariño: periodistas y presentadores de otros países con los que he charlado no sólo fútbol, sino de la vida y casi el más allá. Mi más sincero abrazo al inagotable Martín de la RRP peruana; al glamouroso Jean Mari, de Canal Plus Francia; a la intrigante Louise, productora de la BBC; a Néstor, el argentino que más colillas tiraba al suelo en todo el centro y, por supuesto, a mi queridísima presentadora Lilia Luciano de Univisión, con quien he mantenido pláticas hasta de cirugía torácica…será porque sus padres y los míos son médicos. Ya veis lo que hacen los ratos muertos en el centro de prensa.

 

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